La instantánea de Rodrigo Rato

RatoDestronadoMe fascina la instantánea del agente que agarra con su mano derecha por el cogote a Rodrigo Rato; esa mano que le obliga a bajar la cabeza para empujarle dentro del coche. Es la imagen típica de cualquier detenido que es introducido en un vehículo policial. Sin embargo, aquí, esa mano se transforma en la mano metafísica de los humillados, estafados y desahuciados por el poder económico. Es la mano que doblega la corrupción y que nos devuelve la confianza en la justicia humana, aunque únicamente se manifieste de tarde en tarde poniendo en su justo lugar a la escoria humana.

Me fascina la expresión de Rato, son unos segundos, es todo lo contrario a su expresión pública de hombre sobrado, con su media sonrisa permanente y su mirada de ojos achinados displicente. La expresión de prepotencia, de la soberbia de una casta rancia de señoritos de cortijo, se transforma en la expresión del buey recién acabado de uncir; una mezcla de rabia, resignación y sumisión.

Lo siento Rodrigo, no puedo evitar alegrarme ya que nunca más volverás a recuperar la imagen pública del plutócrata desenfadado y sonriente. Fuiste un pata negra del Partido Popular, ahora eres un apestado para la corte de lamedores de culos, metafóricamente hablando, que te rodeaban. Aupaste en el poder a tus colaboradores-discípulos: Luis de Guindos, Cristóbal Montoro, etc. Esa guardia pretoriana ratista que te arropó en los años de la gloria y que ahora te traiciona. Lo tuyo podría sonar a tragedia shakesperiana, pero, no nos engañemos, simplemente queda reducido al pequeño drama de un pícaro chungo con la mano demasiado larga.

La bestia y el soberano: nuestra yihad cultural

HauteCouture04TransportHoy el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (MACBA) ha cancelado en el último momento la exposición “La bestia y el soberano”, una coproducción con la Württemberg Kunstverein de Stuttgart. Según el comunicado del museo: “a causa de las desavenencias entre el equipo de comisarios y la dirección del Museo sobre los contenidos incluidos en la muestra”.

            A todas luces, la desavenencia es simplemente un acto de censura, un atentado más contra la libertad de expresión, eso sí, hoy no han sido los yihadistas del Estado Islámico, ha sido el director del museo, Bartomeu Marí, que ha decidido no incluir la escultura de la artísta austriaca Inés Doujak, “Not dressed for conquering”, por considerarla inapropiada. La escultura, según la autora, es una representación visceral de la explotación, y podemos ver como un perro penetra por las nalgas (¿sodomiza?) a la líder obrera feminista boliviana Domitila Barrios de Chúngara, la cual, a su vez, penetra a alguien con un gran parecido al rey Juan Carlos I que vomita flores sobre un lecho de cascos de guerra nazis.

            Ignoro los motivos finales de este acto de censura, ignoro si es una decisión personal del director del museo o es un acto que obedece a la lógica siniestra de la obediencia debida al “poder”, según el concepto de Hannah Arendt. Lo único cierto es que resulta patético observar a los poderes y a sus lacayos, los que nos gobiernan y deben garantizar nuestras libertades, imponer directamente o indirectamente la censura y delimitar la libertad de expresión. Son los mismos que, hace casi dos meses, se desgarraron las vestiduras al grito de “Je suis Charlie” en defensa de la libertad de expresión pisoteada por los yihadistas. Son los mismos que se indignan de la destrucción de las ruinas de Nimrud, el despedazamiento de las esculturas asirias del museo de Mosul y otros restos arqueológicos en Nínive y Hatra. Para los yihadistas del Estado Islámico es un acto contra la idolatría, para nuestros “yihadistas” culturales es un acto contra representaciones inapropiadas, en este caso de un presunto miembro de la Casa Real. Es cierto, no son comparables los medios y las formas, unos asesinan y utilizan los mazos, martillos y taladros mecánicos contra los que ofenden al profeta, otros se limitan a prohibir o censurar aquello que puede ofender al poder, sin embargo, en el fondo se persigue lo mismo: Prohibir, censurar, imponer. La dirección del MACBA se ha cubierto de gloria porque la suspensión reafirma la propia alegoría en que se basa la exposición: la bestia, que desconoce el derecho, y el soberano, el poder del cual reside precisamente en su capacidad de suspender el derecho.

El ciclo electoral 2015: ni de derechas, ni de izquierda

2015Podemos y Ciudadanos aparecen como las promesas de la regeneración de la política española y se ofrecen como la alternativa de los partidos que han protagonizado la vida política española desde la Transición. Comparten algo en común: se manifiestan desde un punto de vista ideológico como transversales: ni de derechas, ni de izquierda; ni rojos, ni azules. No son los únicos, hay otros partidos minoritarios que también se manifiestan en la misma línea, sin embargo, de acuerdo con las instantáneas demoscópicas actuales, los partidos citados son los que tienen una alta expectativa de voto.

            Las reiteradas declaraciones sobre la transversalidad como ideología de los principales líderes de ambos partidos no deja de suscitar interés (en todo caso mi interés). Hasta ahora, los planteamientos transversales en las sociedades democráticas se han dado cuando un conjunto de partidos políticos, con diferentes posiciones ideológicas, confluyen para perseguir un determinado objetivo estratégico que puede ser compartido por un amplio espectro ideológico, por ejemplo: la independencia de Cataluña o la lucha contra la corrupción. Por tanto, el que un partido político declare que se encuentra o se extiende atravesado de un lado a otro del espectro ideológico puede considerarse, en la primera década del siglo XXI, como una invitación al fin de las ideologías o, como mínimo, al fin de la dicotomía ideológica izquierda-derecha. Es decir, podemos entender que en el partido transversalmente ideológico cabe cualquier persona con ideas tanto propias como distintas en una variedad de temas, pero, eso sí, alineados en el proyecto político y en las líneas estratégicas para su consecución.

            Ahora bien, para los que tenemos memoria histórica no podemos evitar una cierta desazón, porque son planteamientos que rápidamente evocan a tiempos pasados y son coincidentes, en el núcleo del concepto (“el encuadramiento unitario de una sociedad en crisis dentro de una dimensión dinámica y trágica promoviendo la movilización de masas por medio de la identificación de las reivindicaciones sociales” Noberto Bobbio), con los discursos de los movimientos fascistas o fascistizantes de la Europa de entreguerras (1918-1939) o la retórica simplificadora de algunos populismos y caudillajes de América Latina. Obviamente, con esta observación no intento establecer ningún paralelismo entre el pasado y el presente a pesar de la coincidencia en la literalidad de los discursos sobre la “transversalidad ideológica” y el foco en la clase social objetivo: las clases medias pauperizadas por las crisis. No obstante, por una cuestión de “salud” democrática, es recomendable mantenerse alerta y centrarse en discernir los objetivos estratégicos finales del partido político que invoca la transversalidad, sobre todo en tiempos líquidos. Cuando hablamos de objetivos estratégicos nos referimos al modelo de sociedad que propugnan y la calidad democrática de ésta.

            Profundizando más, con una visión más formal, la transversalidad como ideología instrumental que supera la dicotomía izquierda-derecha intenta eliminar un criterio ordenador de lo ideológico, el cual, tal como señalan diversos investigadores, facilita a actores y observadores ubicar temas políticamente relevantes en un marco comprensible y significativo. El verbo “ubicar” es la clave si consideramos que detrás de muchas de las acciones humanas siempre hay una cosmovisión, un modo de ver e interpretar el mundo de una forma integral que abarca aspectos en todos los ámbitos de la vida. Las doctrinas políticas como las religiones y los sistemas filosóficos forman cosmovisiones aportando un marco interpretativo para interactuar con la realidad y desarrollar ciertos patrones éticos y morales en temas como: el reparto del poder y la riqueza, la justicia o la solidaridad, entre otros. Por lo tanto, es pertinente la diferenciación ideológica y, en consecuencia, la confrontación ideológica entre diferentes cosmovisiones de la realidad. Debemos recordar que izquierda y derecha son términos que surgieron con la Revolución Francesa cuando los parlamentarios de la Asamblea Nacional Constituyente que votaron contra el poder absoluto del rey se situaron a la izquierda del presidente de la Asamblea y los que estaban a favor a la derecha. El termino fue una simple cuestión de ubicación de un grupo de personas en un espacio en un momento dado, es decir, fue una simple casualidad. Lo importante fue lo que dio vida a los conceptos de izquierda o de derecha, su significado: las experiencias y los compromisos de las personas que estaban en contra o a favor del absolutismo monárquico.

            Es cierto, el mundo ha cambiado en mucho aspectos en los dos últimos siglos, sin embargo, en otros aspectos nada ha cambiado. Se mantiene la explotación de hombres, mujeres y niños, en condiciones inadmisibles, ayer en los suburbios de las ciudades de Inglaterra durante la Primera Revolución Industrial, hoy, con la Globalización, en los suburbios de las ciudades de la India, Sudeste asiático, China o Sudamérica. Por tanto, mientras la desigualdad y la injusticia en el reparto de la riqueza se mantenga o se acreciente, tal como está pasando con la actual crisis, sigue siendo pertinente la dicotomía y la confrontación ideológica. En este punto señalar que el neoliberalismo es el principal interesado en reivindicar la transversalidad ideológica con el objetivo de uniformar las cosmovisiones políticas y reducirlas a simples “leyes de los mercados” como única forma de ver e interpretar el mundo.

            Sin embargo, las personas comunes y corrientes no se declaran ideológicamente “transversales”. Pueden manifestar un rechazo a la política motivado por el desencanto que les provoca la falta de coherencia ideológica o la corrupción de los partidos políticos hegemónicos, pero si les preguntamos, en general, se autoubican en el espectro ideológico izquierda-derecha tal como podemos observar en los barómetros del CIS. En efecto, analizadas las series históricas de dichos barómetros, los ciudadanos se ubican, preferentemente, en el segmento que va del centro a la izquierda. Pocas variaciones ha sufrido esta autoubicación ideológica tal como podemos observar si comparamos los datos de la situación actual con los de antes de la crisis (enero 2007) o con los anteriores a las elecciones generales 2011 que dio la mayoría al Partido Popular. Asimismo, es de destacar que más del 50% de los encuestados están claramente situado en el centro y, por lo tanto, éste es el caladero de votos donde se dirige cualquier partido que busca ganar las elecciones. No olvidemos que la alternancia en el poder del PSOE y el PP se ha producido por los pequeños desplazamientos en el centro hacia la izquierda o la derecha y, sobre todo, en la abstención como forma de rechazo o refugio de la decepción.

Autoubicacion_ideologica

            Todo apunta que las declaraciones y reivindicaciones de la transversalidad ideológica de las nuevas fuerzas políticas obedece, principalmente, a planteamientos tácticos para captar la atención del centro ideológico y posicionarse como alternativas al bipartidismo dominante desde la Transacción. Por tanto, para ubicar ideológicamente a un partido, la cuestión es intentar discernir cuales son sus planteamientos y objetivos estratégicos, porque estos, en definitiva, son los que marcan el posicionamiento ideológico en la dicotomía izquierda-derecha. Podríamos concluir que transversalidad ideológica, tal como se está planteando, es como el estribillo de “La Yenka”, aquella canción del verano de hace medio siglo obligatoria en toda fiesta o guateque, que decía: “izquierda, izquierda, derecha, derecha, adelante, atrás, un, dos, tres,…” que acompañaba un baile saltarín sobre un solo pie para terminar brincando con los dos pies juntos.