Fernández Díaz, el piadoso con 15 víctimas en su conciencia

ahogandoseEl Ministro del Interior, Fernández Díaz, ha necesitado más de un mes para admitir que: una vez comprobado lo sucedido en Ceuta hubiese sido mejor no haber lanzado pelotas de goma. ¿Una dosis más de cinismo político y humano? si tenemos en cuenta tal como han ido evolucionando las declaraciones desde aquella en la que afirmó que: las autopsias han demostrado que los inmigrantes fallecieron por ahogamiento y no como consecuencia del uso de ese material antidisturbios; pasando por: Han muerto 15 personas en Ceuta, perdón, formalmente ha sido en Marruecos.

La verdad, no era muy difícil imaginar, para cualquier persona con dos dedos de frente, que unas personas estresadas nadando hacia la playa, a las 5 de la mañana, en las aguas del Estrecho, con una temperatura que rondaría los 10 grados, sin trajes de neopreno, acosados a pelotazos de goma de los antidisturbios de la Guardia Civil (nada que ver con las pelotas hinchables de playa), estaban condenandas  “disuasoriamente” al ahogamiento.  Por supuesto, era una medida que estaba regulada por el protocolo pertinente, según el cual, se debe suponer que, por sus resultados, está por encima del sentido común, la conciencia humanitaria o el respeto de los derechos humanos más básicos. El Ministro siempre ha puesto el énfasis en que se estaba cumpliendo la normativa establecida.

El resultado es que al menos 15 personas murieron en su intento de llegar a la playa del Tarajal.  ¿Cómo calificar esta actuación?: para cualquier persona humanamente sensible es fácil deducir que no tendrá problemas para encontrar el adjetivo que le permitan calificar, sin ambigüedad y con contundencia, dicha acción tan abyecta y, al mismo tiempo, reclamar responsabilidades políticas y penales por actuaciones contra la vida y a integridad física de las personas. Sin embargo, para el Sr. Fernández Díaz, hombre de misa diaria y de rosario, fue simplemente una acción con “carácter disuasorio”.

En estos momentos, me imagino que, por coherencia, el Sr. Fernández Díaz estará realizando su acto de contrición rezando, más o menos: Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío; por ser vos quien sois, bondad infinita, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberos ofendido; también me pesa porque podéis castigarme con las penas del infierno. Ayudado de vuestra divina gracia, propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta. Amén.

Operación Palace o la ilusión de la verdad del 23F

manipulacion_elrotoAyer, tuvimos la oportunidad de ver un excelente documental de ficción o falso documental (mockumentary) en la cadena de televisión privada La Sexta bajo el título de Operación Palace, dirigido por Jordi Évole. En el documental se recreaba la idea de que 23F fue un golpe de Estado de ficción ideado y pactado por los políticos de la época con el beneplácito del Rey y de los militares para salvar una democracia débil y consolidar la institución monárquica. Eso sí, Tejero quedaba como el  tonto de la película. Obviamente, el tema no dejó indiferente a nadie.

Desde un punto de vista de la producción, nos encontramos con un buen guión de ficción que junto con la habilidad de Évole y su equipo de conseguir la complicidad de un buen plantel de periodistas y políticos de la época, consiguió engañar a muchos espectadores crédulos. Entre ellos unos cuantos profesionales de la política o de la comunicación, tal como se evidenció en el flujo de tuis que se generó tal como iba desarrollándose la proyección de la farsa histórica-política. Como escribió Pepe Oneto en Twitter (@oneto-p) a las 22:50:  ”La principal repercusión de #OperaciónPalace es que ha sido el acontecimiento que ha provocado más tuits borrados al conocer el final”.

El primer aspecto a señalar, importante, es que cada vez más estamos inmersos en la era de la comunicación líquida (parafraseando al autor de la Modernidad Líquida, Zygmunt Bauman) o la tendencia, generalizada, a reaccionar ante una frase, declaración, imagen o párrafo sin reflexión ni contextualización; y la necesidad imperiosa de ser el primero en opinar o difundir una presunta información sin ningún contraste que permita garantizar su veracidad.  En definitiva, una forma acrítica de la percepción de la realidad y su análisis. Sin olvidar, la falta de vergüenza, por parte de aquellos que dieron crédito a un relato, lo comentaron y, posteriormente, al descubrir el engaño, su reacción fue borrar inmediatamente lo que habían publicado en las redes sociales. Lo más correcto, lo más honesto intelectualmente, hubiese sido reconocer que habían sucumbido a la trampa del relato y felicitar al autor.

El segundo aspecto tiene que ver con la acusación de manipulación de la audiencia. En mi opinión, no existió manipulación si partimos de la premisa de que como un buen relato, al final, se desvela la trama, en este caso, la falsedad o parodia de algo que no ocurrió, pero que, en nuestro imaginario, podía haber ocurrido. Se podrá invocar que el falso documental se proyectó dentro de la parrilla horaria de un programa dedicado a realizar periodismo critico y veraz (Salvados) y, por lo tanto, podía inducir a confusión o engaño a los espectadores. En mi caso personal, los primeros minutos me provocaron sorpresa e interés, era una invitación a una gran relevación. Sin embargo, al poco tiempo, reflexionando sobre tal como se iba explicando la trama y los guiños a la inverosimilitud percibí que era pura ficción y como tal, me relajé y me dedique a disfrutarlo. En todo caso, agradecer a Évole su invitación a reflexionar sobre la veracidad de las noticias, informaciones o relatos que aparecen en los medios de comunicación. La legión de periodistas o pseudoperiodistas que están arremetiendo contra Évole, deberían dedicar sus energías a denunciar y desmontar las constantes manipulaciones que recibimos constantemente desde el poder político y económico.

El tercer aspecto y último, es que, como se deja entrever en el falso documental, todavía no tenemos un relato veraz de lo realmente ocurrió en la génesis, desarrollo y desenlace del golpe militar del 23 de febrero. Hay muchos documentos clasificados y muchos silencios institucionales que invitan a otorgarle una credibilidad a otros relatos más cercano a una presunta “verdad”.

No debemos de olvidar que, en la sociedad del espectáculo, nuestra memoria es frágil. Al fin y al cabo, las famosas imágenes televisivas de la entrada de Tejero en el congreso no se vieron, en realidad, hasta el día siguiente. Sin embargo, muchas de las personas que vivieron aquellos momentos, hoy, están convencidos que las vieron en directo a las 18:23 de aquella tarde. Una forma de alteración del imaginario colectivo.

¿Para cuándo los guiones verdaderos de los relatos del 23F y de la modélica Transición que nos vendieron?

Lampedusa, la banalización de la tragedia humana

La mirada de una niña

La mirada de una niña

Frente a la isla de Lampedusa, la barcaza con medio millar de personas estaba ardiendo, muchas de los inmigrantes tuvieron que arrojarse al mar y en el caos consiguiente la embarcación se escoró hundiéndose rápidamente. Mientras tanto, un par de docenas de barcos contemplaban el incendio y el posterior naufragio sin acudir a socorrer a las víctimas. Agentes de la Guardia Costera se dedicaban a hacer fotos y grabar videos mientras la gente se moría.

Toda esta gentuza (quiero ser suave en mi más profundo desprecio) que contemplaba la tragedia son cumplidores con la ley. Sí, la ley, la ley Bossi-Fini que penaliza la ayuda a los inmigrantes clandestinos. Toda esta gentuza, gente categorizada como normal, probos ciudadanos, padres ejemplares, gente de misa… estaban acatando la ley, no se apartaban un ápice de la norma establecida, al mismo tiempo que, delante de sus ojos, se desarrollaba un drama humano. Esto es, simple y llanamente, la banalización de la tragedia humana.

Vitor Fiorino, patrón de uno de los pesqueros que avistó la barcaza de inmigrantes, no lo dudó, pese a que sólo tenía capacidad para siete personas, consiguió rescatar a 47.  Cuando su barco estaba lleno de inmigrantes pidió a los agentes de Guardia Costera que los subiera a bordo del barco y la respuesta que obtuvo fue “que no era posible, que tenían que respetar el protocolo”. Fiorino, es ese tipo de persona que dignifica a la humanidad, que nos insufla esperanza en la condición humana, que antepone la solidaridad y los derechos humanos (en este caso el derecho más básico, el más elemental, como es el derecho a la vida) a las leyes injustas, leyes que van en contra de los principios básicos de la Declaración de los Derechos Humanos.

El viernes por la tarde, el primer ministro de Italia, anunciaba que todos los fallecidos en el naufragio recibirán la nacionalidad italiana. Al mismo tiempo, la fiscalía de Agrigento (Sicilia) acusaba a los adultos rescatados de un delito de inmigración clandestina, con la consiguiente multa y la expulsión del país. Hay que morir para alcanzar el sueño europeo. Lo más probable es que los supervivientes del naufragio acaben recibiendo algún trato especial por el impacto mundial de la noticia, aunque el interés será efímero, durará un par de telediarios. Acabarán como el resto de los más de mil que llegaron un día antes, hacinados en los inmundos barracones del centro de acogida de Lampedusa o en cualquier otro lugar.

Hoy, los ministros de Interior de la Unión Europea discutirán lo ocurrido frente a las costas de la isla italiana. Tendremos la consiguiente ración de lamentos y buenas palabras en la búsqueda de medidas para paliar las consecuencias “desagradables” de la represión de los flujos humanos migratorios: “Es necesario que todo cambie para que todo siga igual”, lo escribió Giuseppe Tomasi di Lampedusa en Il Gattopardo. En estos momentos, siento vergüenza de ser europeo.

Ilustración: La tragedia de Lampedusa según Graziella Carvana, escolar de Lampedusa. Sin palabras.