14 horas al día siendo digital y seis siendo analógico

En la tribuna del periódico El País, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, ex presidente de la Junta de Extremadura, ha publicado un artículo de opinión: ¿Crisis económica o de modelo?. En el que analiza de forma muy certera, en mi opinión, la crisis del modelo educativo actual en la era de la Red.

En la introducción de su artículo, realiza una aproximación del impacto de las TICs en todos los ámbitos de nuestra sociedad. Señalando, sobre todo, el desarrollo de la Red y de la Sociedad de la Información.

A continuación, se centra en el campo de la educación y señala que:

Se sigue evaluando al sistema educativo con parámetros de la sociedad industrial, desconociendo que, desde 1995, hemos entrado en una nueva sociedad que podemos calificar de posindustrial. Los informes manejados evalúan resultados pero evitan entrar en contenidos, instrumentos y actitudes de los sistemas educativos analizados.

Para Ibarra, una de las claves en la crisis del modelo, es lo que está pasando en el aula escolar y el rol que tiene asumir el docente en la Sociedad de la Información:

Lo primero es que la información ya no es la fuente de poder y autoridad del docente; durante siglos, el profesor era el depositario de la información que iba trasladando, año a año, a los alumnos sin más ayuda que los libros de texto, la pizarra y la tiza y algunos pocos medios didácticos que el alumno sólo podía utilizar en el aula. El profesor era el brujo de la tribu, sabía lo que había que saber y lo transmitía de la forma que se podía transmitir. En líneas generales, en el aula se sigue con la misma metodología, despreciando la evidencia de que la información ya no es patrimonio del docente sino que, en grado superlativo, esa información está a disposición del alumno en un aparato que te permite buscar en segundos todo lo que se necesita saber; Internet es un magnífico instrumento que vomita información en tal cantidad que el profesor que lo desprecie o pretenda competir con él, está dando palos de ciego y dejando de ejercer su nuevo rol que consiste en convertirse en un agente organizador, capaz de hacer que el alumno sepa utilizar las redes pertinentes para pescar lo que necesite y para que la información llegue al estudiante en forma de conocimiento.

Porque para Ibarra:

Los alumnos infantiles y adolescentes nacidos después de 1995, fecha en que se socializa Internet, son digitales y sólo digitales; nacieron con las nuevas tecnologías y su mundo no es analógico por mucho que el sistema educativo se empeñe en verles como tales

………….

Un adolescente de 12 o 13 años pasa 14 horas de cada día siendo digital y seis siendo analógico: digital cuando se encuentra fuera del aula y analógico cuando se sienta en ella. Esa contradicción choca con los intereses del alumno impidiéndole desarrollar sus potencialidades y aburriéndose ante un sistema educativo que no se comporta con las reglas y normas que el adolescente vive en su casa y en la calle. Alumnos que durante la jornada no escolar tienen la oportunidad de asomarse, a través de una pantalla, al resto del mundo globalizado, en el horario escolar se topan con la limitación de una pared blanca adornada con una pizarra que mata su imaginación y su capacidad de asomarse al mundo, además de romperse las muñecas de sus brazos copiando apuntes o subrayando libros de textos que no interesan, por antiguos, a jóvenes y adolescentes que visitan y viven en otro mundo. A nadie puede extrañar que el sistema fracase mientras sigamos empeñados en aplicar modelos educativos alejados del mundo en el que diariamente se desenvuelve el alumno.

Y concluye:

El argumento de muchos de que la educación siempre fue así es una falacia que evita la responsabilidad de implicarse en el adiestramiento y uso de tecnologías que el alumno usa con toda normalidad en la calle y de las que se ve privado en el aula. Ni un solo ciudadano aceptaría que su diagnóstico sanitario le dictara usando tecnología antigua, cuando la ciencia ha puesto a disposición del sistema nuevas tecnologías que evitan, cada vez más, el error de apreciación. No existe un solo profesional de la medicina que rehúya el uso de las nuevas tecnologías en su profesión; el médico se siente responsable de la suerte de su paciente y, en consecuencia, todo lo que ayude a un mejor y certero diagnóstico será demandado y usado por el sanitario, independientemente de que las cosas se hicieran antes de otra manera o de que en los tiempos en que estudió medicina esas tecnologías no existieran. Por el contrario, estamos dispuestos a seguir aceptando la vieja pedagogía que desprecia lo nuevo, tratando de ocultar la pereza que subyace en el argumento de que siempre fue así y así tiene que ser.

 

Un pensamiento en “14 horas al día siendo digital y seis siendo analógico

  1. Manuederra

    Me parece importante que alguien como Rodríguez Ibarra, por ser una figura pública, afronte este tema en un artículo de alta difusión. Refleja las contradicciones de nuestro tiempo. Y entre esas contradicciones, está sin duda la crisis del sistema educativa. Claro que este “desdoble esquizofrénico” analógic-digital es sólo una parte del iceberg de la crisis del sistema edcuativo. Quizá porque he vivido un auténtico derrumbe de los ideales de la escuela pública por lo que he visto en mi familia, creo que aún no somos conscientes de lo que está pasando hoy (desde hace unos años) y en lo que se convertirá mañana.

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