2010. Nos deseamos una próspera década

Mafalda02

Autor: Quino

Para muchos dejamos atrás la primera década del siglo XXI. Independientemente de la polémica que suscita el hecho de estar o no estar en el comienzo de una nueva década, no deja de ser un hito temporal simbólico que invita a mirar atrás para hacer balance del pasado, de lo hecho, y también a escrutar el futuro, a hacer conjeturas y previsiones sobre lo que se hará y pasará en los nuevos tiempos que vienen.

Con una simple mirada a los registros y noticias sobre el incremento del hambre en el mundo,  los ataques terroristas masivos, las guerras y sus efectos colaterales –la mayoría de las victimas se dan en la población civil-, el avance del cambio climático y, como traca final, la primera crisis financiera global del nuevo milenio.  Con esta breve enumeración, podemos deducir que el balance general de la década 2000-2009 es triste y sombrío.

Vamos a empezar una nueva década sin que los responsables de la gestión de nuestro mundo hayan resuelto los graves problemas que nos afectan a todos. Más bien, los problemas se han agravado y no hay previsiones de que se solucionen a corto o medio plazo.

Con recordar que en la Cumbre Mundial sobre la Alimentación de 1996, los Jefes de Estados y de Gobierno prometieron consagrar su voluntad política y su dedicación común y nacional consideraban intolerable que más de 800 millones de personas de todo el mundo no dispusieran de alimentos suficientes para satisfacer sus necesidades nutricionales básicas y que, por tanto, se comprometían a conseguir la seguridad alimentaria para todos y a realizar un esfuerzo constante para erradicar el hambre de todos los países, con el objetivo inmediato de reducir el número de personas desnutridas a la mitad de su nivel actual no más tarde del año 2015. Hoy, según la FAO son 1.020 millones y que con la crisis económica mundial, al afectar al empleo y profundizar la pobreza, se calcula que al finalizar este año el número de hambrientos podría incrementarse en otros 100 millones.

La reciente Cumbre del Cambio Climático en Copenhague ha servido únicamente para repasar  la evidencia científica sobre la necesidad de controlar las emisiones de gases invernadero, donde se han realizado declaraciones de buenas intenciones, alguna que otra foto de familia y se ha cerrado con un magro compromiso donde se reconoce que el calentamiento climático es un problema grave del planeta y un acuerdo de ayudas financieras y de buenas intenciones que no es vinculante y no fija porcentajes o fechas de reducción de gases contaminantes. El recalentamiento del planeta afectará directamente la agricultura mundial al reducir recursos naturales como tierra, agua y biodiversidad y el incremento de las plagas y enfermedades de animales y plantas. Obviamente, un factor que no ayudará a reducir el hambre, más bien incrementará el número de afectados.

Los poderes económicos y políticos no paran en sus anunciaciones de que la salida de la crisis podría llegar a comienzos del 2010.  El “brote verde”, un término específico de la hortoagricultura ha adquirido categoría de concepto en la “ciencia” económica.  Ignoro si saldremos pronto de esta crisis, pero dudo que muchas personas damnificadas por los efectos colaterales del tsunami financiero vuelvan a levantar cabeza.  La gran ola ya ha cambiado el paisaje socioeconómico de muchos países y regiones, la recuperación y reconstrucción será muy lenta si no se realizan importantes transformaciones en todo el sistema económico mundial. Un cambio de paradigma que no esté fundamentado en un crecimiento ilimitado y un consumo innecesario y superfluo. Por el momento suena a utópico, porque las medidas que se van tomando se limitan a taponar las vías de agua de un crucero económico que navega errante.

En esta primera década las llamadas nuevas tecnologías se han expandido rápidamente y están cambiando, sin que apenas nos hayamos dado cuenta nuestra manera de pensar, de trabajar e incluso la manera en que nos relacionamos los unos con los otros. Nuevas tecnologías que ya son accesibles para un cuarto de la humanidad y que propician, por sus usos, que conceptos como: la cooperación, colaboración, transparencia, … se vayan asentando en muchos ámbitos de la sociedad.  Sin caer en el determinismo tecnológico, podrían ser una de las palancas para una verdadera transformación socioeconómica. Está por ver.

Cada persona, cada comunidad, celebrará estas fiestas a su manera y de acuerdo con sus creencias religiosas de la misma forma que sus más remotos antepasados celebraban el “Dies Natalis Solis Invicti” -el renacer del Sol- y se deseaban prosperidad para el próximo ciclo de la naturaleza. En el fondo no hemos cambiado mucho, han transcurrido miles de años pero nuestras vidas, en el mundo occidental, siguen marcadas por los solsticios y equinoccios  que marca cada estación del año.

Pues eso, felices fiestas y una próspera década a todos.

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