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JMJ Madrid 2011. Manipulación o ignorancia económica en las cuentas

Me sorprende la rapidez con la que se han establecido los potenciales beneficios económicos reportados por los eventos de la Jornada Mundial de la Juventud. La mayoría de los medios de comunicación se han hecho eco de la estimación de 160 millones de euros de beneficio realizada por el presidente de la Cámara de Comercio de Madrid y de la Confederación de Empresarios de Madrid (CEIM), Arturo Fernández Álvarez. Sin embargo, luego resulta que no se trata de beneficios, la estimación de los 160 millones se corresponde a una estimación de la facturación de los hoteles, los restaurantes y locales de comida, el transporte y los comercios madrileños. Por tanto, si recurrimos al análisis de coste-beneficio, el beneficio real sería la diferencia entre el valor que tienen los productos y servicios de la actividad y los insumos que se emplearon en ellos, deduciendo también los demás gastos de operación (los costes de los recursos públicos destinados al evento) nos podemos encontrar con unos “beneficios” muy mermados.

Lanzar con tanta premura dicha cifra de “beneficios” puede obedecer a dos motivos. El primero que se trate de un acto de ignorancia económica supina del Sr. Arturo Fernández o de una manipulación informativa con el objetivo de desacreditar a los ciudadanos que denunciaron el derroche de recursos públicos en los eventos de la JMJ en una época de crisis económica y recortes sociales. Dudo que por parte de Sr. Arturo se trate de ignorancia económica o de un lapsus linguae, como empresario debe tener muy interiorizado los conceptos de ingresos, costes y beneficios y, por tanto, nos queda la segunda opción: la manipulación.

Y es que Don Arturo Fernández además de Vicepresidente de la CEOE y jefe de los patronos madrileños agrupados en torno a la CEIM, presuntamente está en la órbita del Opus Dei, profesa un entusiasmo público hacia las tesis políticas y económicas de la Condesa Aguirre y mantiene excelentes conexiones con la Casa Real. No debemos olvidar que el Opus Dei ha actuado de oficina técnica e ideológica en los preparativos del evento movilizando todos sus recursos e influencias, que son muchas, en el sector económico y político del país y la Condesa Aguirre ha sido una ferviente militante en la promoción de los eventos.

Don Arturo Fernández, es un personaje particular, Caballero de la Real Orden de Carlos V, que recibió el cetro de la presidencia del CEIM de su concuñado, Gerardo Díaz Ferrán, otro inmaculado referente empresarial, gestiona un imperio de restauración omnipresente en las cafeterías de los centros públicos en Madrid, tanto los dependientes del Gobierno regional, como en muchos gestionados por el Gobierno central.  En otras palabras, un imperio levantado sobre las concesiones administrativas.  Como vicepresidente del CEOE, según los sindicatos fue muy activo en el boicot del proceso de negociación sobre los convenios, además de pedir el desalojo por la fuerza de los acampados en la plaza de Sol. Es conocido por ser el empleador de los cargos cesados y amigos íntimos de la Casa Real y de la operación de la compra por 100.000 euros del Maserati Quattroporte valorado en 150.000 euros que le había regalado un jeque árabe al Rey Juan Carlos I. Una venta que se realizó en el 2008 y que no se tuvo conocimiento hasta dos años después, un favorcito a un amigo con problemas económicos.  Igualito que en los Estados Unidos, donde todos los presentes que recibe el inquilino de la Casa Blanca, por ley, son entregados a la Unidad de Regalos de la Oficina de Protocolo y acaban en el Archivo Nacional.

Bueno, al margen de los culebrones del insigne empresario, simplemente quería comentar la valoración económica “independiente” del efecto JMJ 2011 realizada por el patrón de patrones de la CC.AA de Madrid.

JMJ Madrid 2011. El partidismo de nuestros representantes

Me parece muy bien que los jóvenes católicos apostólicos romanos de todo el mundo se reúnan en Madrid durante cuatro días para escuchar a su líder espiritual y convivir entre ellos de acuerdo con sus valores religiosos. Es un derecho que está recogido en nuestra Constitución, la cual garantiza la libertad religiosa y de culto de los individuos y las comunidades.

Sin embargo, me preocupa que las máximas instituciones de nuestro país, desde el Rey hasta el Gobierno pasando por el Presidente del Parlamento español o los representantes del Gobierno de la Comunidad de Madrid se han volcado en cuerpo y alma con Joseph Aloisius Ratzinger y los eventos de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) yendo mucho más allá de las manifestaciones de cordialidad institucional al uso hacia personajes espirituales influyentes o representantes de otros Estados, olvidando que la misma Constitución garantiza que ninguna confesión tendrá carácter estatal.

Los representantes de nuestras instituciones democráticas han actuado con el máximo celo, paralizando la ciudad de Madrid y poniendo todos los recursos necesarios para garantizar el desarrollo de los eventos  de la JMJ, al mismo tiempo que intentaban acallar las protestas de otros colectivos de ciudadanos opuestos al empleo de fondos públicos para un acontecimiento privado en medio de la profunda crisis económica que vive el país,  o las protestas contra el intervencionismo constante de una institución como la iglesia Católica contra derechos individuales que todos los ciudadanos nos hemos otorgado.

El hecho de que un sector  importante de ciudadanos estemos permanentemente “cabreados” con la Institución de la Iglesia católica es simplemente porque una parte importante de ésta todavía le cuesta entender que el Estado español dejó de ser católico el año 1978 y perdió todas las prerrogativas para incidir directamente en la vida social e individual de las personas que le concedió la Dictadura franquista, y a pesar de esto, personajes como Rouco Valera y sus acólitos continúan con el espíritu de Cruzada espiritual y cultural que marco el periodo más sombrío de nuestra historia del siglo XX. Eso sí, ahora no tienen falanges de capellanes castrenses bendiciendo los estandartes de las tropas para imponer a sangre y fuego sus “valores”.  Hoy en día, el peso de la religión católica en nuestro país es el que es, es decir menos de la mitad del total de la población se declara católico practicante, apenas un 13% de los jóvenes españoles dice ir a misa y el número de vocaciones sigue decreciendo constantemente, los poco más de 1.200 seminaristas de este año son  8% menos que hace un lustro.

Los representantes de nuestras instituciones democráticas y constitucionales se han subordinado al guión de los eventos de las JMJ, una campaña de promoción de una Institución con sus estrategias y tácticas marketinianas  particulares para promocionar su marca, al mismo tiempo que han marginado a los ciudadanos laicos que lo único que pedimos es que se respeten nuestros derechos de expresión y  libertades individuales.  Con esto no quiero descalificar a los miles y miles de cristianos y sus comunidades u organizaciones que, con los valores del cristianismo, viven y luchan por un mundo mejor y más justo. Personas a las que respeto y admiro porque en nuestra sociedad actual están cubriendo las necesidades de cientos de miles de personas que los gobiernos de turno son incapaces de cubrir.

Zara, Apple, Nike y otros. Los negreros del siglo XXI

Nuestro consumo de muchos productos está centrado en las ofertas de las marcas, desde las exclusivas hasta las de low-cost. El modelo de negocio de la mayoría de ellas se basa en la gestión directa del marketing, el diseño y la logística de distribución y comercialización. Mientras que la producción está deslocalizada en los llamados países emergentes, recurriendo a una mano de obra muy barata, en bastantes casos con jornadas de trabajo extenuantes, pagos irregulares de salarios, falta de seguridad e higiene en el lugar de trabajo. No es nada nuevo, periódicamente nos vamos enterando de situaciones donde las personas trabajan en condiciones análogas a la esclavitud.

Hoy el Ministerio de Trabajo del Brasil está investigando a Zara y unos cuantos de sus proveedores por utilizar mano de obra esclava en su cadena de producción. El caso no es exclusivo de Zara, casi todo el sector del textil, está salpicado de denuncias sobre las condiciones laborales de sus trabajadores.

Desde hace tiempo Apple es noticia por las condiciones leoninas de los trabajadores en las fábricas de China de productos como el iPad o el iPhone, con salarios mensuales de unos 140 euros por 48 horas semanales de trabajo, obligados a realizar múltiples horas extraordinarias y, además, con sistemas de “motivación” donde la humillación pública por errores al realizar las tareas está a la orden del día  o el hacinamiento en dormitorios múltiples al estar obligados a vivir en la misma fábrica.  El caso tampoco no es exclusivo de Apple, afecta a las grandes tecnológicas como Dell, HP, Nintendo, Sony o Microsoft entre otras, que mantienen la fabricación de sus productos en el país asiático.

Hace un par de años,  salto la denuncia contra Nike por la explotación infantil en sus fábricas en países como Indonesia.  tampoco fue un caso exclusivo de Nike, la mayoría de las grandes marcas de referencia del sector estaban involucradas en mayor o menor medida.

Cuando se hacen públicas las denuncias, en general, las empresas reaccionan siguiendo un guión estándar: escandalizarse, culpar a sus contratas locales de malas prácticas y obligarles, mediante un procedimiento de “buenas prácticas”, al cumplimiento estricto de las leyes laborales locales. Lo hizo Nike en su momento, lo hizo Apple y ahora lo está haciendo el grupo Inditex al que pertenece Zara. Es la doble moral, mientras no suenan las alarmas, todas estas grandes marcas miran hacia otro lado porque los márgenes son sustanciosos y exigen a las empresas locales unos plazos y unos costes difíciles de soportar que conllevan que éstas, en países con legislaciones laborales muy laxas, impongan condiciones draconianas de trabajo.  La realidad es que únicamente de lo pagamos por algunos de estos productos manufacturados,  de media, el 1% se dedica a pagar a los trabajadores.

Es la cara oculta de nuestro consumo desmesurado. Es tomar conciencia de que detrás de mi iPhone, de mi MacBook Pro con el que estoy escribiendo esta entrada, de mí camiseta, mis deportivas o el mueble de IKEA, hay grandes beneficios para las empresas que comercializan dichos productos y miles de historias de esclavitud o pseudoesclavitud para que disfrutemos de dichos productos.

 

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