Archivo por meses: Mayo 2012

Las crisis y el pensamiento “hilitos de plastilina” de Rajoy

Hoy el presidente del Gobierno ha comparecido ante la prensa (es su primera comparecencia en solitario ante los medios de comunicación desde el pasado otoño), tras una reunión con los miembros de su partido en la sede de la calle de Génova en Madrid. Es lamentable que el presidente de toda la ciudadanía no comparezca primero en el Parlamento y explique la nueva deriva de nuestra economía, la cual se traduce en la necesidad de inyectar más de 23.000 millones de euros de los fondos públicos para rescatar Bankia. Es decir, una nueva catástrofe para el erario público, porque no se dispone de dicho dinero y obtenerlo va a requerir nuevos sufrimientos para la economía y la ciudadanía de este país: más recortes, incremento de la prima de riesgo, intervención…

Esta forma de actuar no es nueva en el Sr. Rajoy, porque está gestionando la crisis actual de la misma forma que gestionó, en el año 2002, la catástrofe del petrolero Prestige en las costas gallegas.  Un accidente que provocó una de las catástrofes medioambientales más grandes de la historia de la navegación, tanto por la cantidad de contaminantes como por su extensión geográfica. En aquella época, Mariano Rajoy, coordinador del Gobierno para hacer frente a la crisis del hundimiento del buque, admitió en el Congreso “son unos pequeños hilitos que se han visto en la proa. Cuatro regueros que se han solidificado con aspecto de plastilina en estiramiento vertical” (sus palabras).  Aquellos hilitos de plastilina en estiramiento vertical se transformaron en un flujo continuo de toneladas y toneladas de combustible que contaminó el litoral del norte, desde el norte de Portugal hasta las Landas de Francia, y movilizó a miles de jóvenes llegados desde todos los puntos de España que ayudaron a los marineros y personal técnico a recoger más de 100.000 toneladas de chapapote.

Bankia, es el nuevo Prestige de Rajoy, y está actuando con la misma irresponsabilidad que actuó hace casi 10 años, minimizando la catástrofe de nuestro sistema financiero al mismo tiempo que no informa a la ciudadanía con la transparencia requerida. El sistema financiero español tiene muchas grietas que van a requerir la inyección de muchos miles de millones de euros. Ahora es Bankia, pero en los próximos meses se sumarán nuevas entidades y se está evaluando un coste adicional que podría superar los 30.000 millones de euros adicionales. Sin descartar otras dotaciones adicionales dada la magnitud de un sistema financiero putrefacto, tan putrefacto como el chapapote, que lo contamina todo.

Según Winston Churchill: el político se convierte en estadista cuando comienza a pensar en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones. En el mundo actual, no es fácil identificar a algún estadista y, por tanto, lo mínimo que se le puede exigir al actual presidente de Gobierno que actúe como un político dedicado a su ciudadanía con un mínimo de ética. Lo que no dijo Churchill es que el político se convierte en un sinvergüenza cuando comienza a ocultar de forma sistemática la verdad a sus ciudadanos. Impedir una comisión de investigación parlamentaria sobre Bankia, el órgano competente para esclarecer lo ocurrido, es ocultar la verdad. Presumiblemente, investigar Bankia es abrir la caja de Pandora de la corrupción política-financiera de estas dos últimas décadas (¿Hoy, el Sr. Rajoy habrá estado valorando con la cúpula de su partido, las consecuencias para el PP de una comisión de investigación?), algo que sería saludable para los intereses reales del país (la marca España) y la mayoría de la ciudadanía, pero inasumible para el poder económico-financiero y político que controla nuestras vidas.

¡Venga, pelillos a la mar (que no hilillos), Sr. Rajoy, al menos, sea un político honesto, ya que el traje de estadista le viene muy grande!

Del vivir por encima de nuestras posibilidades a la gran estafa

El ha vivido por encima de sus posibilidades

La famosa frasecita de que “hemos vivido por encima de nuestras posibilidadesse ha instalado en nuestro inconsciente a fuerza de repetición y repetición como si se tratase de un mantra. Es la frasecita que forma parte del preámbulo de la mayoría de los discursos (relatos) de políticos y tertulianos en defensa de las medidas de ajustes y recortes en el sector público. Sin embargo, la realidad es otra, una gran mayoría de los ciudadanos han vivido dentro de sus posibilidades, pagando religiosamente sus impuestos y asumiendo, algunos de ellos, deudas que podrían ser consideradas razonables en un contexto de bonanza económica con unos gobernantes les animaban y excitaban al consumo desenfrenado. Ahora bien, hubieron (hay) unos pocos que actuaron (actúan) como depredadores amasando grandes fortunas gracias a la especulación, la corrupción generalizada y las “estafas de guante blanco” propiciadas por el sistema financiero gracias a la displicencia de los organismos reguladores y de los gobiernos, tanto central como autonómicos.

Con una perspectiva histórica, es cierto que hemos vivido una fase expansiva de la economía española (un incremento medio anual del PIB del 3,5%) que se inició a partir de 1995 y finalizó a principios de 2008.  Los aspectos más relevantes de esa fuerte expansión estuvieron arropadas por la bonanza económica exterior; la bajada de los tipos y la ausencia de riesgo de tipo de cambio dentro de la zona euro que llegó a provocar la existencia de tipos de interés reales negativos; el aluvión de miles de millones de euros de los fondos estructurales y de cohesión de la Unión Europea; el ajuste de las cuentas públicas con la privatización de grandes empresas públicas en un 100% (Seat, Campsa, Endesa, Repsol, Gas Natural, Telefónica, Argentaria…); o las medidas de la liberalización del suelo y los efectos perversos que conllevó (recalificaciones urbanísticas en manos de políticos que propició una extensa corrupción a lo ancho y largo del país). Este entorno alentó el aumento de la confianza de los inversores y un fuerte aumento del crédito que conllevó el aumento de la demanda de viviendas (nos decían que alquilar era tirar el dinero) y de bienes de consumo y posteriormente el aumento de la inversión y el empleo de las empresas favorecidos por esa mayor demanda. Esta expansión fue acompañada de la llegada masiva de emigrantes que provocó un nuevo impulso al consumo y a la inversión española, fundamentalmente a partir del año 2002, atraídos por la creciente demanda de empleo en el sector de la construcción y de los servicios básicos de bajo nivel añadido como la hostelería,  la agricultura y el servicio doméstico.

No hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, hemos vivido un periodo de fraudes, engaños, timos, desfalcos, trampas y farsa que han beneficiado a unos pocos. La clase política gobernante en todo este periodo lo ha permitido (activamente y pasivamente). El grado de irresponsabilidad de los responsables de la gestión del bien común (el de los ciudadanos) sería inaceptable en cualquier país con tradición democrática.

Es obvio que una gran mayoría de los ciudadanos confiaban en unas perspectivas de crecimiento y mejoras en su calidad de vida si tenemos en cuenta los mensajes que les llegaban desde los responsables políticos y económicos. Por ejemplo, el relato autocomplaciente de que España superaría la renta per cápita de Alemania en 2010 (enero 2007) o que el sistema financiero español es el más sólido del mundo (septiembre 2008); o, el efecto del deslumbre de grandes obras públicas (AVE, Aeropuertos, …) y otros equipamientos realizadas por el Estado, los gobiernos de CC.AA. y los Ayuntamientos con criterios basados en el clientelismo político y los delirios de grandezas de algunos responsables políticos, y no con criterios de transformación de nuestro entorno económico. El resultado: miles de millones de euros enterrados en una economía especulativa y no productiva.

No se les puede pedir a los ciudadanos que sean expertos en economía y finanza. La gran mayoría confiaba en las instituciones, se les decía que el país iba bien y se les invitaba a consumir y consumir. Cuando se empezó a evidenciar que todo el entramado económico sobre el que se había sustentado el crecimiento se estaba desmoronando,  aún nos decían que no,  que la crisis no iba con nosotros porque era un problema exterior.

No se les puede pedir a los ciudadanos “responsabilidad” cuando un número importante de ellos fueron literalmente engañados por los empleados de las oficinas de las entidades financieras (la perversión de los incentivos y las comisiones). La gran mayoría se acercaban a dichas oficinas confiados y los empleados les ofrecían hipotecas por el 100% para la compra de una vivienda, con “sólidos” argumentos les decían que no había problemas para concederles el préstamo hipotecario. En algunos casos hasta les ofrecían hasta el 120% para financiar otras compras (un nuevo coche, amueblar la  vivienda, etc.). Unos de los colectivos más afectados fueron los emigrantes (¿Se aprovecharon de su desconocimiento?). Obviamente, todo legal, aunque se estaba armando una bomba de relojería que explotaría en algún momento (ya nos ha explotado).

Lo peor, es que algunas entidades financieras no se limitaron a “engañar”, literalmente estafaron con productos financieros. Como el caso de las participaciones preferentes, un producto financiero complejo,  con cientos de miles afectados, pensionistas y pequeños ahorradores, que fueron estafados con un producto indebidamente “comercializado” con cláusulas abusivas por falta de información suficiente.

Algunos afirmarán que existe la responsabilidad individual de los ciudadano, el cuál es libre en su toma de decisiones, tanto en temas económicos como en la elección de sus representantes políticos. Es cierto, somos “libres” pero sometidos a una estructura ideológica del sistema con todos los instrumentos que permiten la influencia (manipulación) sobre la opinión pública. Tenemos unas estructuras políticas (los partidos políticos) con un sistema de financiación que es uno de los agujeros negros de nuestro sistema democrático por su falta de transparencia y que propicia la corrupción (Filesa, Gürtel, Millet,…) o el sometimiento directo al sistema financiero al depender de los créditos con unos tipos de interés bajísimos, inalcanzable para cualquier ciudadano, o las facilidades en la renegociación de las condiciones que ha conducido a algunas condonaciones de sus deudas. Obviamente este trato de favor siempre ha ido acompañado de importantes contrapartidas al sector financiero, llegando al indulto de banqueros condenados o a la amnistía fiscal encubierta a dirigentes de grandes instituciones y sus familiares. La clase política no actúa con libertad, esta sometida a los intereses de las grandes corporaciones (refugio para muchos cuando cesan sus actividades públicas o para sus familiares más directos) y del propio sistema financiero que los financia.

Desde el poder, hoy se nos está diciendo que como hemos vivido por encima de nuestras posibilidades y debemos aceptar los ajustes, recortes y reformas para equilibrar el déficit público. Son recortes dirigidos a la gran mayoría de la ciudadanía, los que no han vivido por encima de sus posibilidades, y se traduce en menos sanidad, menos educación y menos servicios sociales. Son recortes de los salarios de funcionarios y empleados públicos para reducir las partidas de gasto de los presupuestos. Son reformas que merman derechos laborales y precarizan el empleo en busca de un incremento de la productividad y competitividad centrada únicamente en los costes de los recursos humanos.

Nadie sabe cuanto hay que recortar o ajustar, cada semana aparece un nuevo pufo: deudas no contabilizadas o previsiones erróneas en ingresos en el sector público. Asimismo, se está procediendo al rescate del sector financiero con los recursos públicos en detrimento de los derechos y prestaciones de los ciudadanos. En estos momentos, Bankia es el paradigma de nuestra crisis financiera particular. La de una entidad que declaró unos beneficios de 383 millones hace 3 meses, ha pasado a reconocer que en realidad sufrió perdidas de 4.306 millones antes de impuestos. La de una entidad que recibió cerca de 4.500 millones de dinero público para sanear sus cuentas y hoy, necesita una inyección de 19.000 millones adicionales.  Obviamente, el Gobierno ya ha manifestado que no va pedir responsabilidades a los gestores de Bankia, y dudo que la oposición (PSOE, IU, Sindicatos,..) vaya a presentar una batalla frontal porque, junto al Partido Popular y representantes empresariales, han formado parte del consejo político de dicha institución. Se cumple la máxima: socializar pérdidas y privatizar beneficios. Obviamente, con gobiernos y bancos que mienten y ocultan sus pufos, la credibilidad en el exterior es nula. La “marca” España está bajo mínimos.

No, no hemos vivido por encima de nuestras posibilidades hemos sido víctimas de una gran estafa donde los trileros de guante blanco han actuado con total impunidad con la complicidad de los políticos-ganchos que nos hacían creer que era fácil ganar en el juego que nos ofrecían. Nuestra crisis va más allá de una crisis económica, es la crisis entre representantes y representados.

 

 

Lectura del último libro de Sennett sobre la cooperación

Las estructuras sociales actuales, muy formales e infantiloides, ni nos permiten y ni nos enseñan a cooperar. Este sería una de las conclusiones del último libro del sociólogo Richard Sennett: Together: The Rituals, Pleasures and Politics of Co-operation (Juntos: Los Rituales, los Placeres y la Política de la Cooperación).  Un texto que analiza, con una perspectiva histórica, la evolución de los rituales de cooperación en las iglesias medievales y en los gremios; en los talleres del Renacimiento y en los tribunales; o en los primeros laboratorios modernos y en las embajadas diplomáticas.  Además de dicha perspectiva que nos permite contextualizar históricamente como ha ido evolucionando la cultura de la cooperación, para el momento actual, Sennett explora la naturaleza de la cooperación, identifica las razones por la que se ha debilitado y cómo se puede mejorar analizando las experiencias y las nuevas perspectivas en la cooperación a través de Internet; en los conflictos étnicos; y en otros colectivos profesionales y sociales.

Este nuevo texto de Sennett se corresponde con la segunda entrega de su trilogía sobre la “cultura material” y las competencias que los seres humanos necesitan para una coexistencia feliz. En el primer libro (El artesano), Sennett reivindicaba la concepción humanista del trabajo donde el conocimiento y las habilidades se acumulan y se transmiten a través de la interacción social (atributos fundamentales del capital social) junto con la motivación básica del artesano (como concepto) cuyo objetivo es lograr un trabajo bien hecho por la simple satisfacción de conseguirlo.

En Together (Juntos), Sennett destaca que en nuestra sociedad contemporánea, estamos perdiendo la capacidad de la cooperación, la cual es necesaria para comprender la complejidad de nuestra sociedad. Según él, la cooperación se desarrolla a través de la profundización de los vínculos informales entre las personas y requiere siempre una dimensión voluntaria y subjetiva basada en la confianza. Algo difícil si consideramos, según el autor, la dificultad que tienen las personas en establecer y mantener relaciones informales en nuestra sociedad actual.

Hoy en día, las personas están obligadas a seguir los procedimientos preestablecidos y formalizados en vez de cooperar, al mismo tiempo que se estigmatiza las redes informales: lo formal favorece la autoridad y busca evitar sorpresas. Mientras que las relaciones informales son por definición fluidas e imprevisibles. Para Sennett,  los momentos de crisis evidencian la fragilidad de la organización formal, y, en consecuencia, la fuerza de las colaboraciones informales. En este punto, el autor señala que la investigación sobre cómo las comunidades afrontan los desastres indica que las redes informales son mucho más flexibles que las instituciones formales para responder a esas situaciones.

Sin embargo, la formalización de las relaciones en nuestra sociedad actual busca incorporar las relaciones informales con su propia lógica reciclándolas como una herramienta de trabajo. Lo podemos observar en la orquestación del “trabajo en equipo” en muchas empresas, donde la cooperación efectiva sigue siendo escasa porque las personas siguen estando aisladas en sus trabajos aunque les animen a asumir un cierto rol. Aquí Sennett señala que, en el corto plazo, el trabajo en equipo, con su pretendida solidaridad y el conocimiento superficial del otro, es lo opuesto a la cooperación.

Cooperar no es fácil, no forma parte de nuestra tradición cultural. Asimismo, se asume la premisa que las personas, en general, son incapaces de emprender la cooperación. Sennett es consciente de que no hay soluciones sencillas para el desarrollo de dinámicas cooperativas, el principal obstáculo, es que a las personas no se les enseñan las habilidades requeridas para la conducción de las relaciones humanas, como el caso de la cooperación. Por tanto, el camino es largo, pero, como bien señala Sennett, la cuestión es ponerse en ello.

Para él, es un hecho que las organizaciones y las tecnologías a menudo están mal concebidas para facilitar la cooperación. Sennett analiza el fracaso de Google Wave, un entorno destinado a facilitar la colaboración en línea entre grupos de personas.  Para Sennett, Google no entendió las dinámicas sociales de la cooperación y puso a disposición de los usuarios un aplicativo muy complejo y restrictivo. La razón fundamental del fracaso de la aplicación fue porque “el intercambio de información es un ejercicio de definición y precisión, mientras que en la comunicación se trata tanto sobre lo que no se dice como  sobre lo que se dice. La comunicación busca la realidad de la sugerencia y la connotación … En los intercambios en línea como el caso de Google Wave, donde lo visual domina, es difícil transmitir la ironía o la duda. El mero hecho de compartir la información elimina cualquier expresividad. El estudio de empresas, hospitales o escuelas, que a menudo operan con el correo electrónico o tecnologías similares, muestran que la eliminación del contexto a menudo significa la eliminación del sentido y disminuye la comprensión entre las personas.

Una de las claves que señala Sennett son los caminos diferentes (opuestos) que pueden seguir nuestras conversaciones. Uno de ellos es la dialéctica como forma de juego verbal de los opuestos que poco a poco elabora una síntesis. El otro, es la  dialógica como forma de intercambio mutuo por sí mismo, buscando la sintonía con los demás y rebotando en las experiencias de otros de una manera más abierta.  En este sentido, muchas aplicaciones informáticas interpretan la cooperación bajo el prisma de la dialéctica en vez de la dialógica, produciendo un resultado que tiende a limitar la experiencia e inhibir la cooperación. Y resalta Sennett: la sociedad moderna prima la comunicación utilizando argumentos dialecticos en vez de dejarse llevar por los debates dialógicos (la comunidad como proceso).

Sennett denuncia que en el momento actual, hemos pasado de la concurrencia (cooperación a suma cero) a un capitalismo depredador donde el que gana se lo lleva todo. Es decir el capitalismo actual ha desequilibrado la concurrencia y la cooperación. Reivindicar la cooperación es adquirir ciertas habilidades  como la de escuchar, poder expresarse subjetivamente y la empatía. En esta última competencia señala que la conversación dialógica entre internautas prospera gracias a la empatía y el sentido de curiosidad acerca de otras personas.

Para Sennett, la búsqueda constante de la comodidad y la eficiencia va en contra de la cooperación porque se realiza en detrimento de la diferencia y la empatía; y critica el hecho de que tecnología se utiliza frecuentemente para pulir la “eficacia” como forma de control. Reivindica la necesidad de repensar las tecnologías de una forma más humana, porque éstas, por el momento, están bajo el control de organizaciones cuyo único interés es la normalización y el control.

En fin, un texto denso y provocador con grandes dosis de humanismo que, en mi opinión abre nuevas vías para superar la actual crisis económica y, sobre todo, de valores. Es el pensamiento de un autor crítico con toda la cháchara de la meritocracia, porque esta genera una enorme hostilidad entre pares, o crítico contra indiferencia como forma de manejar la diferencia en una sociedad donde la gente se vuelca a los suyos, no a un complejo tejido social en el que las personas se mezclan.

Después de esta segunda entrega, quedamos a la espera de la tercera que versará, según Sennett, sobre las habilidades necesarias para producir y habitar entornos sostenibles (las ciudades).

 

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