Archivo por meses: Mayo 2013

Nuestro potencial como innovadores

innovarHoy en día, la innovación se ha convertido en una especie de invocación mántrica para enfocar y buscar la iluminación en una época de globalización, crisis financiera y recesión económica. La innovación se presenta como la panacea, la palabra fetiche, que en boca de políticos, “líderes” empresariales y gurús de diversas pelambreras que huelen a chamusquina, solucionará  la mayoría de nuestros problemas, sin embargo, para una gran mayoría, el concepto de innovación les suena a cosa enigmática destinada únicamente a los iniciados.

Olvidamos que uno de los de los aspectos que nos diferencia del resto de los seres vivos es nuestra capacidad de crear, producir y, sobre todo, adaptar el entorno a nuestras necesidades, es decir, nuestra capacidad de innovar. El ser humano no inventó el fuego, éste estaba presente en la naturaleza, pero desarrolló técnicas para encenderlo y conservarlo. El control del fuego, implico una serie de innovaciones que permitió a nuestros antepasados no depender del capricho de la naturaleza para calentarse en los fríos inviernos, mantener alejados a los animales peligrosos y cocinar los alimentos.  Podemos imaginar que nuestros antepasados se dieron cuenta de que la tierra de alrededor de las hogueras se endurecía y comenzó a trabajar el barro, a darle forma moldeándolo y endureciéndolo en las fogatas, abriendo una nueva senda de innovación al obtener piezas de alfarería, vasos, vasijas y recipientes, que a la vez les servían para cubrir necesidades como transportar y almacenar agua y alimentos. El “se dieron cuenta” fue el resultado de ese instinto natural llamado curiosidad combinado con la capacidad humana de pensar de una manera abstracta a través de la observación.

La curiosidad y la observación son las herramientas básicas de la innovación. La curiosidad es la actitud interesarnos por por todo y visualizar el mundo sin prejuicios fomentando la observación, la cual hace que nos planteemos cuestiones y busquemos respuestas. La observación implica pensar, abstraer y relacionar, y, a partir de este punto, poder crear o modificar si detectamos un desajuste, una carencia, una laguna, una posibilidad de mejora, un nuevo objeto o servicio… El campo de la innovación es inmenso.

Innovar es recuperar el espíritu del niño: tocar todo, conocer, investigar. Lamentablemente, cuando vamos creciendo el ecosistema sociocultural y económico con sus cánones de comportamiento subordinados a determinadas estructuras de poder tiende a cohibir a la mayoría de los seres humanos impidiendo desarrollar sus potencialidades libremente, por lo tanto, innovar requiere contar con un ecosistema favorable y, en cierta medida, es la explicación del porqué, en un momento determinado, hay sociedades que son más innovadoras que otras. Simplemente porque son capaces de generar un estado de cosas para que las personas den lo mejor de ellos y sean más creativas (¿Por qué cuesta ser emprendedor en España?.

Decíamos que el campo de la innovación es inmenso, podemos innovar en objetos, servicios o procesos. Podemos innovar individualmente creando, por ejemplo, una aplicación para móviles o elaborando una nueva receta para la cocina. Pero la innovación es cada vez más colaborativa en la consecución de retos compartidos y en el progreso del conocimiento.

Sin embargo, el concepto de innovación está sobreexplotado, se utiliza de forma abusiva, se aborda con estrechez de miras y se instrumentaliza de acuerdo con unos determinados intereses, posiblemente el concepto que debemos reivindicar es el de la transformación que permita abordar la creatividad de una nueva sociedad en la que somos, a la vez, productores y consumidores de valor, lo comentábamos en “la innovación ha muerto, viva la transformación”.

El gran reto para superar la crisis actual es transformar innovando en los modelos de gestión, en el marco jurídico-político, en el desarrollo de dinámicas colaborativas entre todos los actores de una sociedad cada vez más compleja. Transformar innovando es ética, visión, diseño, movilización, catalización, conducción, materialización, participación, gestión de la emoción, gestión de las relaciones de poder, gestión del conocimiento, formación y comunicación (La transformación como proceso de construcción creativa).

Las opciones para que podamos innovar con una visión transformadora son muy variadas y está en nuestras manos. Dos ejemplos: los espacios colaborativos autogestionados (hacker spaces) y nuestra implicación en la mejora de los procesos dentro de la organización donde trabajamos.

Seguiremos escribiendo sobre innovación y transformación, pero lo importante a subrayar es que nuestro potencial como innovadores requiere únicamente que abramos nuestras mentes y exploremos el mundo que nos rodea, porque no se desea ni se consigue lo que no se conoce.  Una actitud bastante simple pero, a la vez, compleja porque requiere madurez, implicación y participación.

 

Los “milenistas” y el nuevo paradigma del mercado laboral

incertidumbreEn síntesis, los “milenistas” o la  “generación del milenio” son los nacidos después de 1980, que han crecido con internet y están preparados para aportar a su actividad profesional una nueva concepción en las actitudes y aptitudes en su quehacer cotidiano gracias al potencial de las herramientas informáticas  y la web social.  Es el tipo de definición que más o menos se maneja para describir un hipotético potencial transformador de una nueva generación que se está incorporando en el mercado de trabajo.

Sin embargo, al margen del gran potencial de las tecnologías de la información y las comunicaciones para empoderar el acceso al conocimiento y la extensión de las interacciones en las relaciones humanas, el hecho de haber nacido en un contexto tecnológico no confiere, a priori, una aureola carismática a un segmento de la población. La historia de la humanidad, nos muestra que la apropiación de una tecnología y la extensión de sus usos económicos y sociales es un proceso pausado, aunque los ritmos tiendan a acelerarse, que va provocando pequeños cambios, en general acumulativos, hasta que se llega a transformaciones sustantivas.

Escribo esto porque en una reciente entrada en el blog de la escritora Natalia Gómez del Pozuelo, se expone una aproximación teórica del nacimiento del nuevo paradigma del mercado laboral que, por los fundamentos y argumentos que utiliza en su texto, invita a una refutación crítica ya que están alineadas, en mi opinión, con un determinado tipo de discurso poblado de hipótesis que se autovalidan y que, por su repetición incesante y monopolista, se tornan en definiciones hipnóticas o simples dictados. En otras palabras, nos encontramos con un cierre del universo del discurso ideológico, con pretensión universal, que nos quieren imponer como pensamiento único los intereses de grandes sectores económicos.

Natalia, en el preámbulo de su texto afirma: “El mercado laboral está en plena revolución. Los jóvenes están redefiniendo sus necesidades y sus deseos (no es solo el mercado, ellos también han tomado las riendas); lo que valía hace unos años, ya no tiene vigencia.” Es cierto, el mercado laboral está en plena revolución, sin embargo, hoy por hoy, lamentablemente los  protagonistas no son los jóvenes, es la financiarización de la economía que conlleva, como tendencia general, una depauperación del trabajo y de la creación de valor en la búsqueda de la maximización del rendimiento financiero en el corto plazo. Las víctimas: 57,2 % de paro juvenil en España, 22,8% en la Unión Europea.

A continuación, se hace eco de los argumentos de la intervención de Sergio Fernández en el pasado Zincshower para reflexionar sobre su trabajo, proyectos y el nuevo paradigma del mercado laboral. A continuación la lista de argumentos nos encontramos con una amalgama donde el “storytelling” del discurso neoliberal, se intercala con la desinformación, ciertas tendencias socioeconómica y, sobre todo, el desconocimiento de los procesos socioeconómicos:

  • No hay crisis, hay globalización
  • Se acabó el capitalismo, comienza el talentismo
  • Ya no se trata de tener un puesto de trabajo sino de participar en proyectos.
  • Del concepto de empresa pasamos al de red de profesionales.
  • De un mundo insostenible a una apuesta por la sostenibilidad.
  • De tener jefes a ser agentes libres asociados.
  • Desaparece el sueldo y aparece la facturación.
  • Desaparece el “de 9 a 7” y aparece la deslocalización horaria y geográfica.

En esta cadencia argumental se afirma que se acabó el capitalismo. También Francis Fukuyama, ideólogo del pensamiento único y del neoliberalismo, afirmó en 1992 el fin de la Historia. Por el momento, el capitalismo, como sistema económico de producción y relaciones sociales no se ha acabado, la globalización es un nuevo estadio de la propia evolución del capitalismo y las crisis económicas son las fases depresivas de la evolución de los procesos económicos recesivos, además, por su propia naturaleza, el capitalismo es incompatible con la sostenibilidad. Con relación al telentismo como sustituto del capitalismo, es simplemente un eufemismo para referirse al ultra individualismo como actitud y aptitud ante la vida y la sociedad. Asimismo, aspectos como red de profesionales, facturación frente a sueldos, deslocalización horaria y geográfica, autonomía frente a jefes… , los cuales se presentan como algo novedoso no aporta nada nuevo en el horizonte: los profesionales liberales y los autónomos, más o menos, lo llevan practicando desde hace décadas.

En el texto, se pone el énfasis en que los milenistas son personas jóvenes que tienen una nueva actitud ante el trabajo; además de un empleo buscan un propósito vital. Se señala como características que los marca como nuevo fenómeno: “no son competitivos porque ya no buscan ganar mucho dinero, ni desean el poder o la seguridad. Ellos quieren: flexibilidad, autonomía, colaboración y creatividad”. ¿Estamos ante un fenómeno nuevo y un cambio sustancial en actitudes y valores?, sinceramente, no creo que en actitudes y valores, estas personas jóvenes difieren, salvo algunos matices condicionados por el contexto histórico, con los anhelos de los jóvenes en otras épocas del siglo XX. Es cierto, hay jóvenes que llevan en su mochila vital algunas de las características que se mencionan en el texto, pero también nos encontramos con una mayoría de jóvenes apáticos atrapados en carreras estudiadas por conveniencia, becas prolongadas indefinidamente, precariedad sentimental y laboral, falta de conciencia política y social y nostalgia de una infancia acogedora y segura. En este punto recomiendo el último libro de la historiadora y filósofa “milenista” Meredith Haaf, Dejad de Lloriquear, en el cual encontramos un excelente radiografía de las miserias, bondades, virtudes y defectos de la tan exaltada generación.

Por último, Natalia identifica que el elemento del cambio de paradigma: son las nuevas tecnologías. Una muestra más del dominio del discurso sobre el determinismo tecnológico dominante en determinados foros (véase determinismo tecnológico y utopismo sobre la Red).

La realidad es que la mayoría de las personas, con independencia de su edad, estamos atrapados en un sistema económico-financiero insolidario, depredador en recursos y especulador, donde el trabajo, sea por cuenta ajena o por cuenta propia, se reduce a la dimensión de su capacidad de producir en el más corto plazo un rendimiento financiero. A partir de este punto, la cuestión es ¿Cómo transformar el modelo socio-económico dominante?.