21N. El paisaje después de la batalla y la tormenta perfecta

Hoy lunes nos despertamos con un mapa político azul que cubre casi la totalidad del territorio del Estado.  El Partido Popular es el ganador con una mayoría aplastante de escaños (186), su mejor resultado. Para ello únicamente ha necesitado incrementar el número de votos que tuvo en las elecciones del 2008, en algo más de medio millón para obtener 32 escaños adicionales.  Este sorprendente resultado obedece al efecto del sistema D’Hondt en la asignación de escaños aplicado a circunscripciones provinciales al romperse la concentración del voto en el bipartidismo, con la debacle electoral del Partido Socialista, y la fragmentación de  los  4,3 millones de votos que ha perdido y que han ido, principalmente, o a la  cesta de la desafección de la política, o a las cestas de una serie de partidos minoritarios.

Podríamos interpretar este resultado como: que el PP sin haberse movido casi nada, con un techo electoral estancado, ha recogido los frutos de la derrota del PSOE.  Una derrota que estaba cantada desde hace mucho tiempo, básicamente por los graves errores de la gestión de la crisis financiera y económica, negándola al principio, minusvalorándola a continuación (los continuos brotes verdes) para acabar con el giro neoliberal en lo económico a partir de mayo del 2010.

Conociendo previamente la derrota, el PSOE intentó salvar los trastos realizando una campaña centrada en una especie de salsa mayonesa cortada sin posible arreglo, cuyos ingredientes fueron: la reivindicación en los avances en materias sociales y calidad democrática que caracterizó la primera legislatura de Zapatero; un giro programático en política económica, con un tufo demagógico, el cual contradecía todas las medidas neoliberales apoyadas por el propio candidato Rubalcaba cuando formaba parte del gobierno; y, por último, la socorrida llamada al miedo para  frenar el tsunami de la “derechona”.  A partir de hoy, el PSOE inicia su particular travesía del desierto donde muchas cosas tendrán que cambiar (desde las personas, hasta los principios programáticos) para poder recuperar la confianza de los ciudadanos, sin olvidar que aún le queda la última estación de su particular Viacrucis, las elecciones andaluzas, dentro de 4 meses, después de que 752 mil andaluces le haya retirado la confianza.

El PSC, en Cataluña, también va a tener que realizar su doble travesía del desierto, como PSOE y como PSC, porque casi 770 mil catalanes le ha retirado la confianza rompiendo su tradicional hegemonía en las elecciones legislativas. CiU, que estaba sufriendo un desgaste político por sus medidas de recortes en sectores tan sensibles como la educación y sanidad, sale muy reforzada posicionándose como la primera fuerza en votos y en escaños. Da la impresión de que una parte del electorado catalanista (desde el independentista, hasta el soberanista) ha querido reforzar a CiU como contrapoder por el miedo a una posible ola de españolismo uniformador de un amplio sector del PP.

En Euskadi, el PSE también ha sufrido el revolcón electoral, con la pérdida de más de 176 mil votantes. Con la particularidad de que irrumpe Amaiur de forma arrolladora amenazando el liderazgo nacionalista del PNV.  El éxito de Amaiur y el fin del terrorismo de ETA, no deja de ser una buena noticia en términos de salud democrática de una sociedad, aunque todavía queda un largo camino para recuperar la calidad democrática después de tantas décadas llenas de violencia y asesinatos.

El PP liderado por Mariano Rajoy asume una gran responsabilidad en un contexto de crisis económica de difícil salida que va a requerir “sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor” por parte de todo el país. La cuestión es como va repartir socialmente los costes para sortear la crisis.  Además, el nuevo mapa político dibuja claramente la realidad de un Estado que debe articular nuevas relaciones entre Euskadi y Cataluña con el resto de las regiones de España que vayan más allá de la solución de “café para todos” que caracterizó la transición española con el intento de diluir las reivindicaciones nacionales de los dos territorios históricos.

Rajoy, será el presidente del Gobierno con más poder en toda la historia de la reciente democracia española. Con sus éxitos en las elecciones municipales, autonómicas y ahora las legislativas, tiene la oportunidad de librarse de la tutela del ala dura de su partido y optar por una política más centrista. Hasta ahora estaba en una barca en las aguas tranquilas de un estanque meciéndose al son de la brisa viendo como los otros se hundían por si mismo, a partir de ahora, tiene que coger el timón de un barco en medio del océano enfrentado a  la tormenta perfecta de una doble crisis económica (interna y externa), los movimientos sociales y reivindicativos que van a conllevar los ajustes y recortes en el adelgazamiento del Estado del bienestar,  y la siempre pendiente articulación del Estado con Euskadi y Cataluña. Todo un reto que va requerir un liderazgo con amplitud de visión.

Por último, señalar la evidencia de que el movimiento ciudadano de 15M empieza a sentirse más allá de las acampadas y las manifestaciones. No tanto en la abstención, con una tendencia similar a otras convocatorias, pero sí en los incrementos significativos del voto nulo y el voto en blanco, como muestra de desafección a un sistema democrático no participativo, y el trasvase de unos cuantos millones de votos, en contra del bipartidismo, a los partidos menores como IU, UPyD o Compromis-Q entre otros.

Simplemente quería compartir mis primeras reflexiones y notas sobre la nueva etapa que se inicia, donde el cambio de Gobierno, por ahora, no altera la situación problemática en la estamos sumidos.

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