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Open Government y el Procedimiento Negociado sin Publicidad

Quiero comentar un caso en el que podemos aplicar la lapidaria expresión de “dime de qué presumes y te diré de qué careces”. Por un lado tenemos a una empresa especializada en consultoría y redes sociales alineada con el modelo de Empresa 2.0 cuyo  leitmotiv es  propiciar  las buenas practicas de Gobierno Abierto (Open Government), es decir, que los temas relativos de gobierno y administración pública deben ser abiertos a todos los niveles posibles en lo referente a transparencia y creación de espacios permanentes de participación y colaboración ciudadana en oposición a la tendencia inherente de los gobiernos hacia el secretismo. Para ello, algunos de sus miembros son muy activos en la blogosfera y redes sociales actuando como evangelizadores de tiempo completo llevando el nuevo mensaje de transparencia y apertura a los diferentes entes públicos para que destierren sus viejas prácticas burocráticas y los secretismos en su relación con la sociedad.

Por otro lado, tenemos aun alto cargo político que, arropado con su cohorte de asesores incluido un community manager hiperactivo,  busca posicionarse como el paradigma del Político 2.0, azote de la oposición y paladín de que los ciudadanos controlen la responsabilidad social de las empresas.

Obviamente, como la blogosfera y las redes sociales en el segmento celtibérico de las AA.PP. es como un patio de colegio, todos los miembros activos se conocen y, por tanto, el combinado de contactos (blended networking) en las relaciones online y en las relaciones del mundo real está servido. No es un hecho excepcional, las TICs  propician nuevas formas de relaciones de todo tipo.

En este escenario de “networking” nos imaginamos que la empresa está en las redes con un objetivo fundamental posicionar la marca y generar negocio. Mientras que el político está para posicionar su “ideario” y posicionarse a sí mismo. La cuestión es que la empresa y el político con sus asesores se encuentran y comparten “conversación”, la empresa quiere venderle unos servicios y consigue convencer a la parte contratante que le adjudique directamente unos servicios recurriendo a la modalidad de contratación más opaca que tienen las AA.PP.: el Procedimiento Negociado sin Publicidad.  Un procedimiento legal recogido en los artículos 153 y siguientes de la LCSP, una figura que permite la contratación de servicios de empresas de una manera sencilla y en ocasiones directa para cuando el importe es inferior a 200.000 euros en los contratos de obras y 60.000 euros en el resto de contratos.  Para los que desconozcan el mecanismo de este tipo de procedimiento, el órgano de contratación debe solicitar ofertas, al menos a tres empresas capacitadas y que la adjudicación recae en el licitador justificadamente elegido por el órgano de contratación, tras efectuar consultas con diversos candidatos y negociar las condiciones del contrato con uno o varios de ellos. En este caso, hace unos meses se le pidió ofertas a la empresa en cuestión, y a dos empresas sin experiencia en el tipo de servicio requerido, una “declinó” presentar oferta y la otra muy relacionada con la primera (lo indica en su sitio Web) presentó oferta pero quedó excluida por no cumplir uno de los requisitos exigidos. Al menos, realizaron el paripé de solicitar tres ofertas para cumplimentar el procedimiento.

Pongo foco en este caso, porque a pesar de que las diferentes AA.PP. suelen recurrir a este tipo de procedimiento con demasiada frecuencia en prácticas más cercanas a los favoritismos, el clientelismo y el intercambios de favores que a los aspectos estrictamente profesionales. No es nada ético que una serie de personajes muy activos en las redes sociales impartiendo lecciones sobre efectividad y transparencia en las AA.PP., en la práctica siguen utilizando los cambalaches y malas prácticas en sus relaciones tanto por la parte contratante como para la parte contratada.  Aún más, cuando alguna persona ha cuestionado en las redes sociales este caso directamente a los implicados, la respuesta ha sido el más absoluto silencio. En este punto decir que este político es un activo “conversador” en las redes sociales sobre los humano y lo divino, pero nunca sobre los temas cruciales que le plantean los ciudadanos sobre su área de responsabilidad.

Lo de menos son los nombres de los implicados, las hemerotecas están llenos de casos similares. Lo importante es tomar conciencia de que las redes sociales están llenas de charlatanes y evangelizadores de todo tipo a los que se les puede aplicar el dicho que encabezaba esta entrada. Porque al final se impone la diáfana realidad de buscarse la vida con todos sus claroscuros, al margen de toda la retórica edulcorante para promocionarse. Son las contradicciones del tan cacareado 2.0, sobre todo cuando los actores mezclan intereses privados con los públicos.

¿Es viable la colaboración 2.0 en las organizaciones actuales?

Cada vez se habla más en la Red de colaboración 2.0 en las organizaciones (empresas y organismos públicos) y la pregunta que nos tenemos que hacer es si ésta es realmente viable.  En mi opinión, la respuesta es NO. Puedo matizar este NO categórico con el añadido de que, hoy por hoy, no es posible con los modelos organizativos del sistema económico dominante que propicia una cultura del individualismo.

El primer problema lo tenemos con el propio concepto de colaboración, el cual tiene diferentes significados según contextos y ámbitos de conocimiento, y, por tanto, es difícil acotar una definición sin contextualizarla en sus mínimos detalles. En el contexto de la Red para un número importante de personas, cuando se refieren a la colaboración, están hablando de tecnología, están hablando de la Web 2.0 y sus herramientas. Y eso es parte del problema porque algunos piensan que con que introducir la Web 2.0 en las organizaciones ya se está desarrollando un espíritu colaborativo. Una premisa que, en mi opinión, es falsa porque las herramientas y tecnologías no crean colaboración si las personas que las usan no poseen una cultura colaborativa previa o están “predispuestas” a asumirla. El hecho de que en la Red han surgido iniciativas colaborativas entre los usuarios, Wikipedia es el paradigma, no quiere decir que en las organizaciones se estén produciendo con la misma intensidad porque no debemos perder la perspectiva de que la cultura organizacional es una derivada de la cultura social dominante, lo contrario es predicar de determinismo tecnológico.

Nuestra cultura social dominante, la que vivimos día a día, la que esta omnipresente en todos los medios de comunicación, sean éstos los tradicionales o los medios sociales propiciados por la Red, está orientada a magnificar al personaje de éxito como individuo, sea en el campo de la empresa, la política o el entretenimiento.  Una cultura social donde predomina, como discurso, el darwinismo social,  es decir , el que está arriba en la escala socioeconómica es el más adaptado el más “brillante” como las estrellas. Sin embargo, salvo excepciones, es un mito porque la mayoría de los individuos que alcanzan el éxito es gracias a la ayuda y el trabajo, directo o indirecto, de otros individuos.

La cultura de las “estrellas” es la antítesis de la cultura de la colaboración y está asentada en la cultura de la competitividad  del sistema socioeconómico dominante. Compiten las empresas para dominar segmentos del mercado, pero también compiten las ciudades, los países, las universidades y las personas en su carrera profesional y social.  Una competitividad que impregna la cultura social donde conceptos como el “ascenso en la pirámide social” o el “techo de cristal”, esa superficie superior invisible y difícil de traspasar en la carrera profesional de las mujeres, están a la orden del día, y obviamente no forman parte de una cultura colaborativa, en el sentido de la contribución de un conjunto de individuos para la realización conjunta de un trabajo o tarea para el logro de un fin común creando valor. El hecho de que, en determinados momentos, colaboren organizaciones y personas para lograr un fin común, son excepciones estratégicas y tácticas.

La cultura organizativa actual dominante está basada en la coordinación con un modelo de mando y control, entendiendo ésta como la acción y efecto de disponer elementos metódicamente y esfuerzos para buscar un objetivo común con arreglo a un modelo organizativo determinado que implica: liderazgo basado en el mando y control, grupos de personas con tareas definidas y procesos, entre otros aspectos. En este modelo organizativo el elemento clave son los procesos que en definitiva son un conjunto de actividades, la gran mayoría estandarizadas, encadenadas unas con otras y con secuencia lógica, donde intervienen grupos de personas especializadas con el objetivo de obtener un resultado final de valor añadido en base a distintos elementos y que requiere una cooperación predeterminada entre los distintos grupos de las personas asignados a las actividades para garantizar el correcto funcionamiento de los procesos.

Esta cultura organizativa está asentada en una sociedad cuya cultura social ha ido reforzando, con el tiempo, el “mando y control” en casi todos los ámbitos y donde se potencia el “pagar” a unas pocas personas para pensar, mandar y controlar, y al resto para ejecutar las ordenes. Es cierto que hoy en día empezamos a encontrar algunas organizaciones, no muchas, donde se están asentando estructuras menos jerárquicas con un liderazgo más proclive a abrir vías de participación en las decisiones con el objetivo de crear un valor mucho mayor aprovechando y, por tanto, potenciando, las capacidades de las personas en entornos cooperativos donde se prima la colaboración para lograr fines comunes. Entornos donde las personas saben que sólo siendo solidarias permitiéndose ser ayudadas y ayudando, obtendrán la finalidad deseada. Queda mucho camino por recorrer para que el modelo en las organizaciones sea más participativo, abierto y transparente y verdaderamente centrado en las personas.

¿Tu entorno organizativo domina el mando-control o tiende a ser colaborativo?

Open Data. La ficción de la transparencia pública

Hace casi dos años, la Administración estadounidense puso en marcha el proyecto data.gov con el objetivo abrir los datos públicos y ponerlos a disposición de la sociedad para que la iniciativa privada pueda desarrollar servicios que aporten valor a la ciudadanía y fomentar la transparencia de las Administraciones Públicas (AA.PP.) facilitando así las iniciativas de análisis y evaluación de la gestión pública.

En este periodo hemos visto como las iniciativas se han multiplicado en varios países en los distintos niveles de sus AA.PP. o en organismos supranacionales como las Naciones Unidas (UNData Api Project), la OCDE (OECEiLibray) o el Banco Mundial (Data Catalog).

En el World Map of Open Government Data Initiatives (vía NicolasKaiser-Bril) puedes ver con detalle el mapa de las iniciativas Open Data y los enlaces a los sitios Web. También se puede consultar la Open Data @ CTIC que también incluye un mapa y sus enlaces a sitios Web.

Que las AA.PP. ponga a disposición del gran público sus datos, la inmensa mayoría series estadísticas, de una forma accesible al público no deja de ser una aportación positiva al desarrollo de la Sociedad de la Información. Sin embargo, en mi opinión, por el momento la transparencia como banderín de la iniciativa brilla por su ausencia.

En efecto, el argumento de que el crecimiento de los conjuntos de datos disponible dará lugar a una mayor transparencia es alimentar una ficción. Porque la mayoría de los conjuntos de datos que se están liberando en la Red ya estaban liberados al público en otros soportes como los anuarios estadísticos que publicaban los diferentes organismos públicos o centros de investigación, y, sobre todo, no debemos olvidar que las AA.PP. de acuerdo con las directrices políticas de sus gobiernos  siguen manteniendo la potestad de decidir lo que es público y lo que se mantiene bajo siete llaves.

Así mismo, hay formas de alimentar la ficción de la transparencia. Por ejemplo, las administraciones nos pueden aportar el presupuesto anual agregado en sus diferentes artículos, es un detalle y no deja de ser un información interesante para conocer grosso modo dónde van nuestros impuestos. Es decir, podemos saber a nivel macro que parte del gasto se destinará a remunerar al personal o que parte se dedicará a inversiones (hasta aquí la transparencia). Pero si queremos conocer a nivel micro las distintas partidas presupuestadas y la ejecución de dicho presupuesto (aquí empieza la ficción) lo vamos a tener difícil, pero que muy difícil.

Al margen de los catálogos de datos puestos a disposición del público y la posibilidad de poder solicitar que se liberen nuevos conjuntos de datos, la realidad es que un ciudadano, un investigador o un periodista que solicita datos concretos a las AA.PP. sin incurrir en aspectos como la privacidad, la seguridad o la propiedad, lo más probable es que se enfrente casi siempre a un rechazo inicial.

Aún mas, la apertura de datos públicos no está pensada en y para los ciudadanos, esta pensada para el sector empresarial.  Se “pide” a las administraciones generar catálogos de datos, de preferencia en un formato “entendible” por las máquinas. Un esfuerzo y, por consiguiente un coste a cargo de los contribuyentes, donde el ciudadano no suele ser el principal beneficiario porque no todo el mundo es capaz de leer o interpretar una tabla o un gráfico en Excel y menos una base de datos organizada en formato RDF semántica.  Por tanto, el principal destinatario es el sector privado que desarrollará aplicaciones con un valor añadido comercial gracias al marshup y el cruce de diferentes conjunto de datos públicos, los cuales, en algunos casos, generarán otros nuevos conjuntos de datos que ya no serán públicos.

En otras palabras, transparencia la que considere oportuna la Administración, beneficiario principal: las empresas que podrán “innovar” y desarrollar sus modelos de negocio gracias a los datos públicos.  ¿El ciudadano?…

Mientras tanto, cada nueva iniciativa de datos abiertos irá precedida de una declaración programática del tipo:  “Con el Open Data X persigue aumentar la transparencia, al permitir el acceso a su información, haciendo un ejercicio continuado de rendir cuentas, universalizar el acceso a los datos permitiendo un uso social y su reutilización, para crear, por ejemplo, servicios basados en información pública por parte del sector privado (complementando los servicios que ofrece X) y, promocionar el tejido económico y la innovación, ofreciendo datos de calidad, la materia prima de la sociedad de la información” con sustituir X por el nombre oficial de tu organización ya tienes la plantilla programática.

¿Qué opinas tú?