Archivo de la categoría: AA.PP.

La Corrala 2.0, el Open Government y la reputación en la Red

Fuente: Urban Idade

La blogosfera española es como una corrala donde casi todos nos conocemos, directamente o indirectamente, donde se consolidan ciertos clanes de “poder-influencia”, donde las fobias y las filias están al orden del día, y donde se tiende a hacer piña con los afines. Nada nuevo en el horizonte porque es muy típico de la condición humana. Pero, como en las corralas de Benito Pérez Galdós, nuestra particular corrala virtual está llena de mirones, cotillas o gente de paso y todo lo que se escribe queda expuesto para bien o para mal en la reputación de los afectados. Como afirman los teóricos de la web 2.0, la reputación de las marcas, sean personas físicas o jurídicas, se tiene que mantener día a día y, por tanto, el silencio en el ecosistema 2.0 no suele ser la respuesta adecuada.

Y en nuestra castiza Corrala 2.0 las relaciones entre el sector público y el sector privado están, cada vez más, bajo el punto de mira de muchas personas porque, en nuestro país, la línea que separa los intereses públicos de los privados está llena de sutilezas y, por tanto, abierta a cualquier interpretación sobre todo en un escenario de crisis económica.

Recientemente, Enrique Castro de RedPeriodista.es y Ricardo Galli de Meneame.net, en sus respectivos blogs, publicaron sendas denuncias contra la empresa Autoritas Consulting y responsables TIC del Govern BalearToni Roig , Director de la Fundación IBIT, y Antoni Manchado, Director General TIC-, acusándoles, cada autor con sus matices y  perspectivas, de falta de transparencia en la contratación de servicios y posible prevaricación, tráfico de influencias y malversación. El primero con una entrada titulada: “Corrupción en la blogosfera. El Pla Anibal de les Illes Balears” y el segundo con una entrada titulada: “La hipocresía de evangelizar la administración abierta y hacer todo lo contrario, en ambas entradas exponen su interpretación de los hechos, y, en el caso de Galli, plantea una serie de preguntas y las ilustras, desde su punto de vista, con las reuniones e intercambios de impresiones entre él y los responsables del Govern Balear. En este punto, ignoro si Castro o Gelli han llevado su denuncia a otras instancias o los denunciados han respondido con una demanda o cualquier otra medida legal. Si ambas partes han tomado medidas en el mundo offline, las instancias pertinentes resolverán de acuerdo con la interpretación de los hechos.

Sin embargo, en la Corrala 2.0 me sorprende el silencio de los afectados considerando que los socios de Autoritas como las personas del Govern Balear son miembros activos en la Web 2.0 y se han posicionado, por sus discursos e intervenciones, como referentes conceptuales en las dinámicas de los procesos de apertura y transparencia de las AA.PP. en lo que denominamos Open Government. Un silencio presente en sus blogs personales y profesionales porque, durante todo este tiempo, ni han mencionado o intentado rebatir las acusaciones y argumentos expuestos por Castro y Galli.

En mi opinión, el Silencio 2.0 no es un buen compañero de la reputación en la Red. Una crítica en un blog o un comentario en una red social tiene, en general, un impacto negativo en la reputación de una persona física o jurídica y no hay que despreciar el alcance de ésta.  En el tema que estamos tratando, acogerse al silencio, socava la reputación de los implicados y no acompaña al principio de transparencia que caracteriza el Open Government, una potente herramienta conceptual de transformación de las AA.PP. Ahora, los implicados, tienen una gran oportunidad para poner en práctica dicho principio.

Inteligencia colectiva para reducir el déficit público

La crisis actual, junto con el impacto de la globalización en la redefinición de los escenarios económicos, está planteando abordar grandes cambios en las estructuras económicas y sociales de los países desarrollados. Uno de los efectos es la reducción del gasto público en una serie de países, principalmente en UE, con sistemas de gestión política-administrativa, servicios públicos y coberturas sociales que tuvieron un gran crecimiento en los últimos 50 años.

Obviamente, la cuestión que se plantea es por donde recortar el gasto para reducir el déficit y, en este punto, las soluciones son diversas, aunque, en general, se tiende a medidas macro efectistas y simplificadoras, tomadas en un despacho manejando unos cuantos indicadores: rebajar la masa salarial de los funcionarios en X puntos, decidir transversalmente reducir en X puntos las plantillas –vía reducción oferta pública de empleo-, eliminar servicios públicos o rebajar las coberturas sociales.

Pero, por el momento, las iniciativas dirigidas a mejorar la eficiencia de los sistemas –incremento de la productividad- y detectar los costes superfluos o innecesarios derivados, a nivel micro, de una mala gestión de los recursos y de los procesos en cada unidad y organismo brillan por su ausencia.

En este contexto, de falta de medidas que vayan al fondo de los problemas, nos parece muy interesante la iniciativa del nuevo gobierno británico de dirigirse por carta a los casi seis millones de empleados públicos para conocer su opinión y recabar ideas acerca de cómo recortar el gasto y reducir el déficit público. Una petición directa en la que les piden ayuda para identificar los recortes, de manera justa y responsable, partiendo de la premisa de que son ellos los que están en la primera línea de los servicios y la gestión y, por tanto, saben dónde las cosas funcionan bien y en dónde se desperdicia, y como se podrían replantear las cosas para lograr mejores servicios con menos gasto.

Para ello, han puesto en marcha la plataforma Spending Challenge, para recoger las propuestas en todos los ámbitos del Estado, desde las fuerzas armadas hasta de empleados de empresas privadas que trabajan para el sector público, con un plan de acción con fases bien definidas.

Aunque es la primera iniciativa a nivel global, en el Reino Unido ya llevan un cierto tiempo desarrollando iniciativas donde los empleados públicos se involucran en procesos de mejora como el caso que recogí en la entrada: Los propios funcionarios pueden asumir la transformación de los servicios públicos. Veremos cual es el resultado, pero es una medida inteligente que corresponsabiliza a todos en la búsqueda de soluciones.

Otro referente a tener en cuenta. ¿Para cuándo en nuestro pesebre?

e-Democracia, el fiasco del alcalde de Barcelona

Que los gobiernos locales, autonómicos o estatales inviten a los ciudadanos a pronunciarse sobre temas concretos que les afecte, es un paso más para el desarrollo de una democracia más participativa. Asimismo, que se propicie el uso de las nuevas tecnologías para facilitar la participación de los ciudadanos, es un avance en la e-Democracia, entendiendo esta como el uso de las TIC para mejorar la democracia y la participación ciudadana en la comunicación y los procesos de decisión.

El Ayuntamiento de Barcelona lanzó una iniciativa para que los ciudadanos se pudiesen pronunciar sobre el nuevo modelo de transformación de la principal avenida de la ciudad, La Diagonal. Una iniciativa pionera por su alcance –todos los ciudadanos- y por la incorporación de todos los canales posibles para la participación, desde el voto vía Web, hasta los puntos presenciales repartidos por la ciudad, pasando por el teléfono móvil, junto con la posibilidad de poder utilizar el DNI electrónico.

Ahora bien, a menos de 24 horas de finalizar el proceso de votación que se inició el lunes pasado, el balance es el de un estrepitoso fracaso y los motivos son diversos, la mayoría ya estaban cantados desde el primer día. En mi opinión han sido los siguientes:

El tipo de consulta y la transparencia de las opciones. La consulta le planteaba al ciudadano la posibilidad de elegir entre tres opciones: dos de ellas  con un modelo de transformación urbanística más favorable al peatón que al automóvil (opción A-Bulevard y opción B-Rambla) y una tercera opción, la C, con el único planteamiento de ninguna de las dos anteriores sin determinar las acciones de intervención del Ayuntamiento. Un enunciado complejo (Bulevard o Rambla) para sustituir a una autopista urbana y una tercera opción, la C, donde el promotor de la consulta la ha estado ocultando en la campaña de promoción y publicidad. Posiblemente una consulta más simple sobre el modelo de ciudad –sostenible o rendida al tráfico- hubiese sido más efectivo y dejar a los técnicos y urbanistas si bulevar o rambla.

La oportunidad política. Como escuche a un tertuliano, hacía tiempo que en el ambiente flotaba una “bofetada popular” contra el consistorio y, por tanto, la consulta se ha convertido en una especie de referéndum contra el alcalde, obviamente la oposición no ha perdido la oportunidad de sacar las navajas y entrar a degüello.

La conveniencia en un momento de crisis. En la crisis en la que está inmerso el país desde casi dos años, plantear una consulta con un coste de más de 3 millones de euros para reformar una avenida que tendrá un coste de más de 200 millones de euros, la verdad es que tiene todos los números para ser mal recibida por la inteligencia colectiva de una ciudadanía cuyas prioridades son más básicas y cotidianas en época de crisis.  Además, como traca final para el desencanto y cabreo colectivo, ha coincidido la consulta con el anuncio del ajuste drástico del gobierno central.

Los fallos técnicos. Con el novedoso despliegue tecnológico para la consulta, han surgido fallos técnicos, algo de preveer y hasta comprensible por su novedad. Pero, en este punto, lo más escandaloso no han sido los fallos en sí, lo más escandaloso ha sido las explicaciones públicas y el propio paripé de un alcalde que fue a votar, como el que corta la cinta,  y no pudo votar porque le falló el sistema informático y montó el número malabarista del votante satisfecho en un contexto de “tierra trágame”.

Si esta primera iniciativa de participación popular en un contexto de e-Democracia, es un fiasco –la participación hasta el momento después de 5 días de votación no llega al 11% del censo- ,  no es por falta de madurez de la ciudadanía, es sobre todo por el cúmulo de despropósitos en el planteamiento, la oportunidad y la transparencia. A partir del lunes, la consulta pasará factura al alcalde y su equipo y me da la impresión que más de uno dirá eso de “Yo no me llamo Javier”.

Una experiencia que plantea, probablemente, el entierro de la e-Democracia en la ciudad de Barcelona y en el resto del país por parte de la clase política actual, quedándose con la rutinaria convocatoria cuatrienal para renovarse en el disfrute del poder.

Actualización: Finalizada la votación, la opción C, la no deseada por el alcalde, suma el 79,84% de los votos en la consulta para la reforma de la Diagonal con una participación del 12,17%.