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La bestia y el soberano: nuestra yihad cultural

HauteCouture04TransportHoy el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (MACBA) ha cancelado en el último momento la exposición “La bestia y el soberano”, una coproducción con la Württemberg Kunstverein de Stuttgart. Según el comunicado del museo: “a causa de las desavenencias entre el equipo de comisarios y la dirección del Museo sobre los contenidos incluidos en la muestra”.

            A todas luces, la desavenencia es simplemente un acto de censura, un atentado más contra la libertad de expresión, eso sí, hoy no han sido los yihadistas del Estado Islámico, ha sido el director del museo, Bartomeu Marí, que ha decidido no incluir la escultura de la artísta austriaca Inés Doujak, “Not dressed for conquering”, por considerarla inapropiada. La escultura, según la autora, es una representación visceral de la explotación, y podemos ver como un perro penetra por las nalgas (¿sodomiza?) a la líder obrera feminista boliviana Domitila Barrios de Chúngara, la cual, a su vez, penetra a alguien con un gran parecido al rey Juan Carlos I que vomita flores sobre un lecho de cascos de guerra nazis.

            Ignoro los motivos finales de este acto de censura, ignoro si es una decisión personal del director del museo o es un acto que obedece a la lógica siniestra de la obediencia debida al “poder”, según el concepto de Hannah Arendt. Lo único cierto es que resulta patético observar a los poderes y a sus lacayos, los que nos gobiernan y deben garantizar nuestras libertades, imponer directamente o indirectamente la censura y delimitar la libertad de expresión. Son los mismos que, hace casi dos meses, se desgarraron las vestiduras al grito de “Je suis Charlie” en defensa de la libertad de expresión pisoteada por los yihadistas. Son los mismos que se indignan de la destrucción de las ruinas de Nimrud, el despedazamiento de las esculturas asirias del museo de Mosul y otros restos arqueológicos en Nínive y Hatra. Para los yihadistas del Estado Islámico es un acto contra la idolatría, para nuestros “yihadistas” culturales es un acto contra representaciones inapropiadas, en este caso de un presunto miembro de la Casa Real. Es cierto, no son comparables los medios y las formas, unos asesinan y utilizan los mazos, martillos y taladros mecánicos contra los que ofenden al profeta, otros se limitan a prohibir o censurar aquello que puede ofender al poder, sin embargo, en el fondo se persigue lo mismo: Prohibir, censurar, imponer. La dirección del MACBA se ha cubierto de gloria porque la suspensión reafirma la propia alegoría en que se basa la exposición: la bestia, que desconoce el derecho, y el soberano, el poder del cual reside precisamente en su capacidad de suspender el derecho.

Lectura del último libro de Sennett sobre la cooperación

Las estructuras sociales actuales, muy formales e infantiloides, ni nos permiten y ni nos enseñan a cooperar. Este sería una de las conclusiones del último libro del sociólogo Richard Sennett: Together: The Rituals, Pleasures and Politics of Co-operation (Juntos: Los Rituales, los Placeres y la Política de la Cooperación).  Un texto que analiza, con una perspectiva histórica, la evolución de los rituales de cooperación en las iglesias medievales y en los gremios; en los talleres del Renacimiento y en los tribunales; o en los primeros laboratorios modernos y en las embajadas diplomáticas.  Además de dicha perspectiva que nos permite contextualizar históricamente como ha ido evolucionando la cultura de la cooperación, para el momento actual, Sennett explora la naturaleza de la cooperación, identifica las razones por la que se ha debilitado y cómo se puede mejorar analizando las experiencias y las nuevas perspectivas en la cooperación a través de Internet; en los conflictos étnicos; y en otros colectivos profesionales y sociales.

Este nuevo texto de Sennett se corresponde con la segunda entrega de su trilogía sobre la “cultura material” y las competencias que los seres humanos necesitan para una coexistencia feliz. En el primer libro (El artesano), Sennett reivindicaba la concepción humanista del trabajo donde el conocimiento y las habilidades se acumulan y se transmiten a través de la interacción social (atributos fundamentales del capital social) junto con la motivación básica del artesano (como concepto) cuyo objetivo es lograr un trabajo bien hecho por la simple satisfacción de conseguirlo.

En Together (Juntos), Sennett destaca que en nuestra sociedad contemporánea, estamos perdiendo la capacidad de la cooperación, la cual es necesaria para comprender la complejidad de nuestra sociedad. Según él, la cooperación se desarrolla a través de la profundización de los vínculos informales entre las personas y requiere siempre una dimensión voluntaria y subjetiva basada en la confianza. Algo difícil si consideramos, según el autor, la dificultad que tienen las personas en establecer y mantener relaciones informales en nuestra sociedad actual.

Hoy en día, las personas están obligadas a seguir los procedimientos preestablecidos y formalizados en vez de cooperar, al mismo tiempo que se estigmatiza las redes informales: lo formal favorece la autoridad y busca evitar sorpresas. Mientras que las relaciones informales son por definición fluidas e imprevisibles. Para Sennett,  los momentos de crisis evidencian la fragilidad de la organización formal, y, en consecuencia, la fuerza de las colaboraciones informales. En este punto, el autor señala que la investigación sobre cómo las comunidades afrontan los desastres indica que las redes informales son mucho más flexibles que las instituciones formales para responder a esas situaciones.

Sin embargo, la formalización de las relaciones en nuestra sociedad actual busca incorporar las relaciones informales con su propia lógica reciclándolas como una herramienta de trabajo. Lo podemos observar en la orquestación del “trabajo en equipo” en muchas empresas, donde la cooperación efectiva sigue siendo escasa porque las personas siguen estando aisladas en sus trabajos aunque les animen a asumir un cierto rol. Aquí Sennett señala que, en el corto plazo, el trabajo en equipo, con su pretendida solidaridad y el conocimiento superficial del otro, es lo opuesto a la cooperación.

Cooperar no es fácil, no forma parte de nuestra tradición cultural. Asimismo, se asume la premisa que las personas, en general, son incapaces de emprender la cooperación. Sennett es consciente de que no hay soluciones sencillas para el desarrollo de dinámicas cooperativas, el principal obstáculo, es que a las personas no se les enseñan las habilidades requeridas para la conducción de las relaciones humanas, como el caso de la cooperación. Por tanto, el camino es largo, pero, como bien señala Sennett, la cuestión es ponerse en ello.

Para él, es un hecho que las organizaciones y las tecnologías a menudo están mal concebidas para facilitar la cooperación. Sennett analiza el fracaso de Google Wave, un entorno destinado a facilitar la colaboración en línea entre grupos de personas.  Para Sennett, Google no entendió las dinámicas sociales de la cooperación y puso a disposición de los usuarios un aplicativo muy complejo y restrictivo. La razón fundamental del fracaso de la aplicación fue porque “el intercambio de información es un ejercicio de definición y precisión, mientras que en la comunicación se trata tanto sobre lo que no se dice como  sobre lo que se dice. La comunicación busca la realidad de la sugerencia y la connotación … En los intercambios en línea como el caso de Google Wave, donde lo visual domina, es difícil transmitir la ironía o la duda. El mero hecho de compartir la información elimina cualquier expresividad. El estudio de empresas, hospitales o escuelas, que a menudo operan con el correo electrónico o tecnologías similares, muestran que la eliminación del contexto a menudo significa la eliminación del sentido y disminuye la comprensión entre las personas.

Una de las claves que señala Sennett son los caminos diferentes (opuestos) que pueden seguir nuestras conversaciones. Uno de ellos es la dialéctica como forma de juego verbal de los opuestos que poco a poco elabora una síntesis. El otro, es la  dialógica como forma de intercambio mutuo por sí mismo, buscando la sintonía con los demás y rebotando en las experiencias de otros de una manera más abierta.  En este sentido, muchas aplicaciones informáticas interpretan la cooperación bajo el prisma de la dialéctica en vez de la dialógica, produciendo un resultado que tiende a limitar la experiencia e inhibir la cooperación. Y resalta Sennett: la sociedad moderna prima la comunicación utilizando argumentos dialecticos en vez de dejarse llevar por los debates dialógicos (la comunidad como proceso).

Sennett denuncia que en el momento actual, hemos pasado de la concurrencia (cooperación a suma cero) a un capitalismo depredador donde el que gana se lo lleva todo. Es decir el capitalismo actual ha desequilibrado la concurrencia y la cooperación. Reivindicar la cooperación es adquirir ciertas habilidades  como la de escuchar, poder expresarse subjetivamente y la empatía. En esta última competencia señala que la conversación dialógica entre internautas prospera gracias a la empatía y el sentido de curiosidad acerca de otras personas.

Para Sennett, la búsqueda constante de la comodidad y la eficiencia va en contra de la cooperación porque se realiza en detrimento de la diferencia y la empatía; y critica el hecho de que tecnología se utiliza frecuentemente para pulir la “eficacia” como forma de control. Reivindica la necesidad de repensar las tecnologías de una forma más humana, porque éstas, por el momento, están bajo el control de organizaciones cuyo único interés es la normalización y el control.

En fin, un texto denso y provocador con grandes dosis de humanismo que, en mi opinión abre nuevas vías para superar la actual crisis económica y, sobre todo, de valores. Es el pensamiento de un autor crítico con toda la cháchara de la meritocracia, porque esta genera una enorme hostilidad entre pares, o crítico contra indiferencia como forma de manejar la diferencia en una sociedad donde la gente se vuelca a los suyos, no a un complejo tejido social en el que las personas se mezclan.

Después de esta segunda entrega, quedamos a la espera de la tercera que versará, según Sennett, sobre las habilidades necesarias para producir y habitar entornos sostenibles (las ciudades).

 

La Enciclopedia Británica, símbolo del fin de una era

La noticia de que la Enciclopedia Británica ya no se imprimirá más después de 244 años, es simplemente un recordatorio del signo de los tiempos en los que vivimos. Es, en cierta manera, una especie del símbolo del fin de una era en la forma de transmisión y producción del conocimiento, no tanto por la irrupción del formato digital como soporte de la información y el conocimiento en detrimento del papel, sino por la forma en la producción y difusión del conocimiento.

La Encyclopædia Britannica publicada por primera vez por Colin Macfarquhar y Andrew Bell, Archibald Constable, entre otros; L’Encyclopédie de Diderot y D’Alembert; y otras iniciativas producto de la ilustración europea durante el siglo XVIII (el Siglo de las Luces), representó una revolución sin parangón al establecer un compendio de conocimientos científicos, artísticos y técnicos que permitió crear un “corpus” de la sabiduría erudita puesta la servicio de la sociedad y, al mismo tiempo, poner un signo glorioso a los valores modernos de los pensadores de la Ilustración que combatían la ignorancia, la superstición y la tiranía, y que buscaban construir un mundo mejor. El enciclopedismo fue, en cierta medida, un soporte intelectual que abrió las sociedades a la Modernidad y a las revoluciones sociales, culturales, políticas y económicas que marcaron los siglos XIX y XX.

Con este pequeño apunte histórico, nos atreveríamos a afirmar que a finales del siglo XX, con Internet, se inició una nueva revolución en la producción y difusión del conocimiento y, sobre todo, el cuestionamiento del rol de los expertos cualificados que actuaban como celosos burócratas de un conocimiento oficial acotado y atrapado en los volúmenes de las enciclopedias, las cuales se actualizaban periódicamente de acuerdo con los intereses de las empresas que las editaban y publicaban. Internet nos abrió la posibilidad del acceso a un caudal de información y conocimiento, así como a una producción colectiva de dicho conocimiento nunca imaginado por la humanidad. El ejemplo más significativo es la Wikipedia, la enciclopedia online que actualizan permanentemente cientos de miles de anónimos editores.

Todavía, algunas personas, podrán considerar que no es comparable la calidad del trabajo de un grupo de “expertos” cualificados con el resultado que se pueda obtener de una producción colectiva sin ninguna acreditación de conocimientos previos. Sin embargo, las diferencias cualitativas no son tan grandes  si consideramos el estudio publicado, en diciembre de 2005, por el semanario científico británico Nature en el que se comparaba la calidad de la Enciclopedia Británica con respecto a la enciclopedia online Wikipedia. Para ello, el seminario entregó 42 artículos sobre diversos temas de ambas enciclopedias a expertos independientes para que pronunciasen sobre el rigor de estas informaciones sin conocer la fuente original, y éstos llegaron a conclusiones que en su momento sorprendió a más de uno:  “solamente han sido detectados ocho errores graves, como equívocos en conceptos importantes; cuatro en cada enciclopedia“, señaló la publicación científica. “Pero los verificadores también han hallado numerosos errores factuales, omisiones o declaraciones engañosas: 162 en Wikipedia y 123 en la Británica“.  En sus conclusiones, Nature afirmaba que la ventaja de Británica con respecto a la Wikipedia “podría no ser grande” en cuestiones científicas, lo que resultó “sorprendente” teniendo en cuenta la forma en que es redactada la obra en Internet.

Hoy nos queda la versión digital de la Enciclopedia Británica con algo más 120 mil artículos en inglés, no es lo mismo, el negocio de la editorial está centrado en otros productos. Sin embargo,  hoy la Wikipedia, es la enciclopedia gratuita de nuestro planeta con más de 21 millones de artículos en más de 270 idiomas, de ellos casi 3,9 millones de artículos en lengua inglesa.

La Wikipedia, reúne artículos de asombroso saber y erudición junto con otros muchos artículos cortos o esbozos que precisan ser ampliados, asimismo nos podemos encontrar con muchos errores y algún que otro artículo malintencionado. Es cierto, no existen supervisores profesionales, sin embargo, la enciclopedia online está en constante revisión y mejora continua gracias a una multitud de “profesionales” y “aficionados”, todos ellos voluntarios, que la alimentan y la mantienen corrigiendo los errores de forma altruista. Es como si un enorme y creciente ejercito de guardianes se comportarse como un ejercito inmunitario, siempre vigilante y dispuesto a responder a cualquier amenaza para el organismo.

Hoy, en el siglo XXI, podríamos afirmar que la Red es el soporte intelectual que está permitiendo desarrollar la inteligencia colectiva-colaborativa. Algo que será decisivo para las grandes transformaciones sociales, culturales, políticas y económicas que se van a producir en los próximos años y que, por el momento, únicamente empezamos a intuir. El fin de la impresión en papel de la Enciclopedia Británica, no deja de ser una manifestación más del fin de una era y de una forma de entender el conocimiento, tanto en la producción como en el acceso.