Archivo de la categoría: Economía

La salida de la crisis de los atrapados en la telaraña financiera

atrapados_telarañaLa presentación del nuevo cuadro macroeconómico del Gobierno en el que rectifica los datos económicos que estaba manejando hasta ahora es una muestra más de que el PowerPoint lo aguanta todo. Eso sí, nos querían transmitir que estamos en una situación crítica, pero en el buen camino de la recuperación y que, al final, en el año 2016 los españoles seremos felices y comeremos perdices con un PIB creciendo un 1,6%, un déficit del 2,7% y una tasa de desempleo del 24,8%. Sin embargo, al margen de nuevos recortes y subidas de impuestos de forma directa o encubierta (mantener el gravamen sobre el IRPF hasta el 2015 es una subida de impuestos), la cuestión clave de un plan de reformas y de medidas económicas para salir de la crisis, sigue pendiente. Creo que podemos afirmar que ni está, ni se le espera.

La realidad es obtusa y escasean los cuerdos. Cualquier economista bien informado, hoy sería incapaz de pronosticar la evolución del actual ciclo de la economía más allá de un horizonte de seis meses. Lo único que se puede hacer en estos momentos es analizar fríamente la realidad de partida y “predecir” tendencias. Por ejemplo,  el último dato de la EPA es estremecedor: un 27,16% de tasa de paro en una sociedad con una economía que en el 2007 estaba situada en el octavo puesto del ranking mundial en función de su PIB.  Teniendo en cuenta que las previsiones es que el PIB continúe descendiendo lo más previsible es que la tasa de paro se incremente en más de un punto de aquí a finales de año superando el 28% (según el Gobierno cerraremos el ejercicio con un 27,1%).

La estructura económica de un país y la capacidad de generar nuevas actividades que aporten valor añadido es crucial para salir de la crisis. En nuestro caso, los sectores de la construcción y del turismo fueron los dos grandes pilares de la España del boom económico. El sector de la construcción se desmoronó con el inicio de la crisis, y el del turismo, a pesar de los buenos resultados globales del 2012, no es capaz, por sí solo, de cubrir en actividad y empleo el vacío que dejó la construcción. Además, las PYMEs, el único sector empresarial generador de empleo neto en nuestro país, no está pasando por su mejor momento: alto endeudamiento, descenso de la actividad y sin acceso al crédito. Por lo tanto, hoy, la única forma de que la economía española pueda crecer será rebajando los salarios y las contribuciones a la seguridad social (desempleo, jubilaciones,…), es decir, la devaluación interna para incrementar las exportaciones. Ya está pasando, lo podemos ver en los datos positivos de las exportaciones de bienes y servicios.

Una estructura económica débil y agrietada con una alta tasa de desempleo configura un escenario futuro, a corto y medio plazo, para que nuestro país se convierta en una plataforma de mano de obra medianamente cualificada barata y flexible para que las multinacionales inviertan en nuestro país.  No debemos de olvidar que más de 6 millones de parados es un stock de mano de obra dispuesta a cobrar poco y renunciar a muchos de los derechos laborales que se conquistaron durante el pasado siglo. Por lo tanto, lo más probable es que nuestra competitividad, para los próximos años, estará basada principalmente en el uso de la mano de obra intensiva y no en la creación de valor por la innovación. No es un dato gratuito, está en las previsiones macroeconómicas del Gobierno que el sector exportador tenga un fuerte crecimiento, del 3,1% previsto para el 2013 al 7,1% para el 2016. Eso sí, unas previsiones que dependerá siempre de la coyuntura económica internacional y de la zona del euro.

En este escenario, los jóvenes mejor formados y con más talento la única salida que tienen es emigrar a otros países con unas estructuras económicas más dinámicas e innovadoras. Forma parte de la lógica de la  globalización.  El emprendimiento y el autoempleo como forma alternativa para escapar del paro, lamentablemente, seguirá siendo marginal. La cultura emprendedora en un país, no se improvisa con unas conferencias o unos cursillos de unas cuantas semanas, requiere un largo proceso de transformación y de creación de condiciones objetivas.

Asimismo, mientras se mantenga el actual modelo económico global basado en la financiarización de la economía, estamos como moscas atrapadas en la telaraña financiera. En nuestro caso, en relación con las finanzas públicas, no está nada claro la reducción del déficit, la deuda pública se sigue acumulando, 882.300 millones al cierre del 2012,  y la financiación es aún frágil y cara, a pesar de que la prima de riesgo, estos días, esté en su mejor momento. España depende del dinero extranjero y del funcionamiento de la economía global.  Los intereses de la deuda ya superan el 3% del PIB, unos 38.660  millones de euros. España nunca había dedicado tanto dinero a pagar exclusivamente los intereses de su deuda.

Tampoco las finanzas privadas están boyantes, aunque el rescate a la banca, el cual cuenta como déficit público, ha mejorado la solvencia de las entidades financieras, la calidad crediticia de los balances seguirá deteriorándose por el crecimiento de la morosidad inmobiliaria y por los impagos de los préstamos de dudosa refinanciación a empresas, estimados en unos 165.000 millones de euros. Además, el descenso de la tasa de ahorros y la caída de la renta disponible de las familias impedirán un crecimiento de los depósitos en los próximos años y, por lo tanto, el crédito continuará sin fluir a empresas y familias. Aún más, según estimaciones de la banca suiza UBS, para llegar a un promedio de créditos sobre depósitos del 110%, ahora está en el 140%, el crédito tendría que caer unos 200.000 millones.  Ahí queda la pregunta: ¿Cómo se va a financiar el crecimiento económico?

Sin un giro radical en las políticas económicas, tanto a nivel nacional como a nivel de zona euro, el austericidio nos devora como las arañas. Primero nos inmoviliza con su picadura (endeudamiento fácil, incentivos a la especulación, etcétera) y a continuación nos escupen sus enzimas para ablandarnos lo suficiente y chuparnos (déficit, intereses, recortes en servicios básicos, …) hasta dejarnos en simples carcasas, en sombras mortuorias de lo que fuimos una vez. No es fácil escapar cuando uno está atrapado en las telarañas.

El derecho a los ingresos o el derecho al trabajo

cola_paradosEl otro día, leí en un tuit la siguiente frase: “A la mayoría no nos educaron para obtener ingresos, sino para pensar que tenemos derecho a ellos“.  Mi primera impresión fue que el espíritu de la reciente fallecida Margaret Thatcher se manifestaba en Twitter, sin embargo, para mi tranquilidad, vi que su autor fue un  tuitero y conferenciante coach muy activo en los corrillos del empleo 2.0.

Ignoro si la frase es original del autor del tuit o simplemente un plagio. Lo que es cierto es que es una frase que casa totalmente con el ideario del neoliberalismo más ultra. Con esto no quiero afirmar que el autor sea un neoliberal acérrimo, me da la impresión de que simplemente quería transmitir que la gente en nuestro país no está mentalizada para el emprendimiento, pero no deja de ser una muestra de cómo el discurso neoliberal está penetrando en los discursos de los que propugnan el emprendimiento como una actitud individual para buscarse la vida.

¿Cuál es el ideario neoliberal de la frase de marras? Si la analizamos con profundidad vemos que en dicha frase desaparece el concepto del trabajo y simplemente se habla de ingresos y derechos a ellos. Es cierto, las personas obtienen ingresos, pero estos son el resultado, o del trabajo propio, la gran mayoría, o de la apropiación del plusvalor del trabajo de los demás, una minoría. No debemos olvidar que el trabajo, es la fuerza física y mental que dedican las personas a producir, prestar servicios, inventar-innovar…, en suma, cualquier actividad humana dedicada a transformar el mundo. Es decir, el trabajo es lo único que crea valor en cualquier sociedad y, por tanto, los “ingresos” son simplemente los elementos monetarios que facilitan los intercambios de bienes y servicios entre las personas que crean valor, sea por cuenta ajena o por cuenta propia.

Eliminar el concepto de trabajo no es un acto neutro porque facilita que se pueda eliminar el derecho a éste. Es la transformación semántica de una ideología que se opone a un derecho humano fruto de las conquistas sociales, con un altísimo coste en vidas humanas  a través de los siglos, y que hoy está plasmado en la Declaración Universal de los Derechos Humanos en su artículo 23:

1. Toda persona tiene derecho al trabajo, a la libre elección de su trabajo, a condiciones equitativas y satisfactorias de trabajo y a la protección contra el desempleo.

2. Toda persona tiene derecho, sin discriminación alguna, a igual salario por trabajo igual.

3. Toda persona que trabaja tiene derecho a una remuneración equitativa y satisfactoria, que le asegure, así como a su familia, una existencia conforme a la dignidad humana y que será completada, en caso necesario, por cualesquiera otros medios de protección social.

4. Toda persona tiene derecho a fundar sindicatos y a sindicarse para la defensa de sus intereses.

El derecho al trabajo no es un lujo o una aspiración, es un compromiso con la dignidad y la justicia universal que todavía no disfruta una gran mayoría de la población humana. Asimismo, no es un derecho que se alcanzan per se, es un derecho que está permanentemente cuestionado por los sectores neoliberales en aquellos países donde, gracias a las conquistas sociales, se habían alcanzado cotas próximas al enunciado de la Declaración Universal. Por cercanía, es nuestro caso, la Constitución Española en su artículo 35 deja bien claro dicho derecho, y, aunque los poderes públicos están sujetos a la norma suprema que rige nuestros destinos, hoy, a más del 26% de la población se les niega este derecho, al mismo tiempo que están cercenando aspectos sustantivos del derecho al trabajo, con continuos recortes y reformas laborales, a golpe de decretos, en nombre de los mercados financieros.

Es importante resaltar que nadie ha regalado los derechos sociales e individuales de todo tipo que disfrutan las personas en las sociedades democráticas más avanzadas, todos han sido fruto de luchas y conquistas a lo largo de la historia de la humanidad.  Nada que ver con la resignación y las opciones individualistas (¡Sálvese quien pueda!) que nos quieren imponer.

José Luis Sampedro. Pequeño gran sabio

sampedroMuchas personas llegan a poseer sólidos y profundos conocimientos en una o múltiples disciplinas, pero muy pocos consiguen convertir esa acumulación de conocimiento en sabiduría. Esa habilidad donde se interrelaciona conocimiento, inteligencia y moral y permite establecer conclusiones que aportan discernimiento sobre la verdad, lo bueno y lo malo. Hoy nos hemos enterado que se ha ido Sampedro, un gran sabio, una estrella que ha estado brillando con luz propia en un universo lleno de la podredumbre moral de los que deciden el destino de la mayoría de los ciudadanos.

Sampedro ha sido un joven con 96 años, más joven que muchos jóvenes. Un joven indignado con un mundo injusto, un joven que invitaba a la revuelta. Una revuelta pacífica pero con la fuerza de la dignidad como valor supremo del ser humano. Es el que nos dijo: En tu hambre mandas tú.

Sampedro se ha ido de forma discreta, nos hemos enterado de su fallecimiento una vez que fue incinerado. Hace poco, en una entrevista con Jordi Évole, nos mostró su amor y solidaridad con su pareja: “Hay que aguantar todo esto porque hay que vivir con dignidad. Por ejemplo, yo ahora no tengo inconveniente en morirme. No tengo ningún interés en seguir. Lo que pasa es que quiero mucho a mi mujer y estaré todo el tiempo que haga falta. Se habla mucho del derecho a la vida pero no del deber de vivirla”.

Hoy es un día triste para muchas personas, pero siempre nos quedará las palabras de un humanista que nos aconsejaba tomar conciencia de que nuestro verdadero destino no es ser unos eficientes productores y consumidores. Nuestro destino es ser personas libres y solidarias.

No te olvidaremos, pequeño gran hombre.