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Operación Palace o la ilusión de la verdad del 23F

manipulacion_elrotoAyer, tuvimos la oportunidad de ver un excelente documental de ficción o falso documental (mockumentary) en la cadena de televisión privada La Sexta bajo el título de Operación Palace, dirigido por Jordi Évole. En el documental se recreaba la idea de que 23F fue un golpe de Estado de ficción ideado y pactado por los políticos de la época con el beneplácito del Rey y de los militares para salvar una democracia débil y consolidar la institución monárquica. Eso sí, Tejero quedaba como el  tonto de la película. Obviamente, el tema no dejó indiferente a nadie.

Desde un punto de vista de la producción, nos encontramos con un buen guión de ficción que junto con la habilidad de Évole y su equipo de conseguir la complicidad de un buen plantel de periodistas y políticos de la época, consiguió engañar a muchos espectadores crédulos. Entre ellos unos cuantos profesionales de la política o de la comunicación, tal como se evidenció en el flujo de tuis que se generó tal como iba desarrollándose la proyección de la farsa histórica-política. Como escribió Pepe Oneto en Twitter (@oneto-p) a las 22:50:  ”La principal repercusión de #OperaciónPalace es que ha sido el acontecimiento que ha provocado más tuits borrados al conocer el final”.

El primer aspecto a señalar, importante, es que cada vez más estamos inmersos en la era de la comunicación líquida (parafraseando al autor de la Modernidad Líquida, Zygmunt Bauman) o la tendencia, generalizada, a reaccionar ante una frase, declaración, imagen o párrafo sin reflexión ni contextualización; y la necesidad imperiosa de ser el primero en opinar o difundir una presunta información sin ningún contraste que permita garantizar su veracidad.  En definitiva, una forma acrítica de la percepción de la realidad y su análisis. Sin olvidar, la falta de vergüenza, por parte de aquellos que dieron crédito a un relato, lo comentaron y, posteriormente, al descubrir el engaño, su reacción fue borrar inmediatamente lo que habían publicado en las redes sociales. Lo más correcto, lo más honesto intelectualmente, hubiese sido reconocer que habían sucumbido a la trampa del relato y felicitar al autor.

El segundo aspecto tiene que ver con la acusación de manipulación de la audiencia. En mi opinión, no existió manipulación si partimos de la premisa de que como un buen relato, al final, se desvela la trama, en este caso, la falsedad o parodia de algo que no ocurrió, pero que, en nuestro imaginario, podía haber ocurrido. Se podrá invocar que el falso documental se proyectó dentro de la parrilla horaria de un programa dedicado a realizar periodismo critico y veraz (Salvados) y, por lo tanto, podía inducir a confusión o engaño a los espectadores. En mi caso personal, los primeros minutos me provocaron sorpresa e interés, era una invitación a una gran relevación. Sin embargo, al poco tiempo, reflexionando sobre tal como se iba explicando la trama y los guiños a la inverosimilitud percibí que era pura ficción y como tal, me relajé y me dedique a disfrutarlo. En todo caso, agradecer a Évole su invitación a reflexionar sobre la veracidad de las noticias, informaciones o relatos que aparecen en los medios de comunicación. La legión de periodistas o pseudoperiodistas que están arremetiendo contra Évole, deberían dedicar sus energías a denunciar y desmontar las constantes manipulaciones que recibimos constantemente desde el poder político y económico.

El tercer aspecto y último, es que, como se deja entrever en el falso documental, todavía no tenemos un relato veraz de lo realmente ocurrió en la génesis, desarrollo y desenlace del golpe militar del 23 de febrero. Hay muchos documentos clasificados y muchos silencios institucionales que invitan a otorgarle una credibilidad a otros relatos más cercano a una presunta “verdad”.

No debemos de olvidar que, en la sociedad del espectáculo, nuestra memoria es frágil. Al fin y al cabo, las famosas imágenes televisivas de la entrada de Tejero en el congreso no se vieron, en realidad, hasta el día siguiente. Sin embargo, muchas de las personas que vivieron aquellos momentos, hoy, están convencidos que las vieron en directo a las 18:23 de aquella tarde. Una forma de alteración del imaginario colectivo.

¿Para cuándo los guiones verdaderos de los relatos del 23F y de la modélica Transición que nos vendieron?

Lampedusa, la banalización de la tragedia humana

La mirada de una niña

La mirada de una niña

Frente a la isla de Lampedusa, la barcaza con medio millar de personas estaba ardiendo, muchas de los inmigrantes tuvieron que arrojarse al mar y en el caos consiguiente la embarcación se escoró hundiéndose rápidamente. Mientras tanto, un par de docenas de barcos contemplaban el incendio y el posterior naufragio sin acudir a socorrer a las víctimas. Agentes de la Guardia Costera se dedicaban a hacer fotos y grabar videos mientras la gente se moría.

Toda esta gentuza (quiero ser suave en mi más profundo desprecio) que contemplaba la tragedia son cumplidores con la ley. Sí, la ley, la ley Bossi-Fini que penaliza la ayuda a los inmigrantes clandestinos. Toda esta gentuza, gente categorizada como normal, probos ciudadanos, padres ejemplares, gente de misa… estaban acatando la ley, no se apartaban un ápice de la norma establecida, al mismo tiempo que, delante de sus ojos, se desarrollaba un drama humano. Esto es, simple y llanamente, la banalización de la tragedia humana.

Vitor Fiorino, patrón de uno de los pesqueros que avistó la barcaza de inmigrantes, no lo dudó, pese a que sólo tenía capacidad para siete personas, consiguió rescatar a 47.  Cuando su barco estaba lleno de inmigrantes pidió a los agentes de Guardia Costera que los subiera a bordo del barco y la respuesta que obtuvo fue “que no era posible, que tenían que respetar el protocolo”. Fiorino, es ese tipo de persona que dignifica a la humanidad, que nos insufla esperanza en la condición humana, que antepone la solidaridad y los derechos humanos (en este caso el derecho más básico, el más elemental, como es el derecho a la vida) a las leyes injustas, leyes que van en contra de los principios básicos de la Declaración de los Derechos Humanos.

El viernes por la tarde, el primer ministro de Italia, anunciaba que todos los fallecidos en el naufragio recibirán la nacionalidad italiana. Al mismo tiempo, la fiscalía de Agrigento (Sicilia) acusaba a los adultos rescatados de un delito de inmigración clandestina, con la consiguiente multa y la expulsión del país. Hay que morir para alcanzar el sueño europeo. Lo más probable es que los supervivientes del naufragio acaben recibiendo algún trato especial por el impacto mundial de la noticia, aunque el interés será efímero, durará un par de telediarios. Acabarán como el resto de los más de mil que llegaron un día antes, hacinados en los inmundos barracones del centro de acogida de Lampedusa o en cualquier otro lugar.

Hoy, los ministros de Interior de la Unión Europea discutirán lo ocurrido frente a las costas de la isla italiana. Tendremos la consiguiente ración de lamentos y buenas palabras en la búsqueda de medidas para paliar las consecuencias “desagradables” de la represión de los flujos humanos migratorios: “Es necesario que todo cambie para que todo siga igual”, lo escribió Giuseppe Tomasi di Lampedusa en Il Gattopardo. En estos momentos, siento vergüenza de ser europeo.

Ilustración: La tragedia de Lampedusa según Graziella Carvana, escolar de Lampedusa. Sin palabras.

La Vía Catalana, la mayoría silenciosa y los cambios sociopolíticos

Slide1Tras el éxito de la Vía Catalana, la reacción del Gobierno y de todos aquellos sectores confrontados con las aspiraciones soberanistas de una parte importante de la sociedad catalana ha sido invocar la superioridad de la mayoría silenciosa recurriendo a la elemental fórmula de restar al total de la población del territorio el número estimado de participantes.  Es decir, si la Vía Catalana concentró en las calles y carreteras de Cataluña entre el 15%-21% de la población catalana hay un 85%-79% de catalanes que no “comulgan” con el ideario soberanista.

Obviamente, estamos ante un argumento primario e infantiloide que no se sostiene ante cualquier análisis sociopolítico y que propicia la utilización de contra-argumentos, también elementales. El primero y más básico es decirle al Gobierno: ¿Por qué que no consulta a los ciudadanos en Cataluña, si considera que la mayoría “silenciosa” es  tan aplastante en “contra” del soberanismo y éste dejaría de dar la lata de una vez por todas?. La realidad es que, hoy por hoy, esta mayoría no es tan mayoritaria como intenta transmitirnos.

Un dato que permite clarificar la mayoría silenciosa es  la encuesta de la Ser; la cual, días antes de la Diada, señalaba que el 80,5% de los catalanes están a favor de un referéndum, el 52,3% votaría a la independencia, el 24,1 %votaría NO, el 7,7% se abstendría y el 13% no sabe todavía lo que votaría. Aún más, si la Unión Europea impidiese la entrada de Cataluña como un Estado independiente, el 47,4 % seguiría votando que sí y el 27,2% No; o si el referéndum fuese declarado inconstitucional, el 59,7% iría a votar de todas formas, mientras que el 23,6% declara que no participaría en un referéndum inconstitucional Ya no sirve ni el miedo de quedarse fuera de la Unión Europea o fuera de la legislación vigente. Cierto, es una encuesta coyuntural y los datos deben interpretarse con cierta cautela en cualquier análisis y proyección, pero muestra que miedo contra Ilusión, gana la ilusión por aplastante mayoría.

Además, la alusión a una presunta “mayoría silenciosa” como argumento político, choca frontalmente con la experiencia de los grandes procesos de los cambios sociopolíticos. La historia nos dice que todos ellos han sido liderados siempre por minorías activas, desde las revoluciones violentas (Francesa, Rusa…)  hasta las transformaciones pacíficas (Independencia de la India…). Porque detrás de una minoría activa siempre hay una importante número de simpatizantes o afines que, aunque no se visualizan su presencia física en las calles y plazas, comparten las reivindicaciones de éstos.

Es cierto que casi una tercera parte de la población catalana es originaría de otros territorios del Estado (19 %) o de otros países (12 %). También es cierto que una gran mayoría de los emigrantes que llegaron a Cataluña en la década de los años 60 del siglo pasado mantienen estrechos lazos emocionales con sus tierra se origen. Por ejemplo, la Feria de Abril de Barcelona es la segunda Feria más grande de España, dentro del entorno sociocultural andaluz, por detrás de Sevilla, pero por delante de Málaga o Córdoba. Posiblemente gran parte de este colectivo forma parte de la invocada mayoría silenciosa; sin embargo muchos de sus hijos y nietos han participado activamente en la Vía Catalana, y cuando tengan que decidir, sus nuevas raíces en Cataluña, unas raíces sólidas basadas en el trabajo duro para conseguir una vida digna que les negó su tierra de origen y las familias que crearon en la tierra de acogida, también influirán en sus decisiones aunque tengan el corazón “partío”.

Por lo que vamos observando, las reacciones del Gobierno, de la clase política centralista y la “Brunete” mediática, lo único que consiguen transmitir es que, en términos coloquiales, están acojonaos con lo que está pasando en Cataluña. No tiene argumentos, no tienen un proyecto ilusionante de país que permita contrarrestar el viaje a Itaca de los catalanes, camino largo, lleno de aventuras, lleno de experiencias, sin miedo a los lestrigones, ni a los cíclopes ni al colérico Poseidón. Son palabras del poema de Kavafis que está presente en el imaginario de muchos catalanes gracias a Lluis Llach.

José Manuel García-Margallo, ministro de Asuntos Exteriores, con su valoración de la Diada, más allá del tópico de la “mayoría silenciosa”, es el que ha manifestado la preocupación real del Estado y sus principales instituciones al admitir que la cadena humana fue un “éxito de convocatoria, organización, logística y comunicación” que le produce “preocupación y tristeza” la “desafección de algunos catalanes hacia el resto de España”, que el Gobierno tiene que “escuchar a la calle” y que “la secesión de Catalunya sería una amputación extraordinariamente dolorosa“. Un análisis más real, más lúcido, del miembro del Gobierno con comunicación directa con las cancillerías del resto del mundo. Es de suponer que desde la noche del 11 de septiembre ya habrá respondido a más de una pregunta sobre el “affaire” Catalán de sus colegas internacionales.

Pues eso, para saber que opina la mayoría silenciosa, lo único que se puede hacer es preguntarle, simple y llanamente, a través de las urnas. Porque, por sus silencios, nadie puede saber lo que piensan realmente. Eso sí, hoy, Itaca está en la mente de muchas personas.