Cumbre Europea. Del déficit público al déficit democrático

El resultado de la Cumbre Europea para rescatar el euro no me provoca un exacerbado optimismo por las medidas que se han acordado buscando transmitir la idea de que se refuerza la unidad de Europa (Véase la Declaración de los Jefes de Estado y de Gobierno de la zona euro PDF) y que cuentan con el beneplácito del BCE y del FMI.

Me preocupa la semántica latente de los términos que se utilizan en la Declaración. Para empezar el término ciudadano está ausente en el texto.  Se habla de gobernanza económica; disciplina presupuestaria; modificación de las constituciones; reformas estructurales; corrección duradera y efectiva de los déficits; supervisión de la ejecución del programa y los planes presupuestarios anuales;  etcétera. Los ciudadanos son los grandes ausentes. Que lejos quedan las grandilocuentes referencias a los ciudadanos de Europa que encabezaban los preámbulos de los tratados y pactos en el pasado.

Es un pacto que impone una disciplina, que exige una coordinación de las políticas económicas de los Estados miembros. Cierto, es algo necesario para profundizar en la unión.  Sin embargo,  en el pacto se pide la alineación de los Estados de forma explícita. Es decir, que se transformen en Estados sin esencia democrática y sin esencia económica. En nuestro caso, aunque no está escrito en la declaración, la Sra. Merkel le ha recordado a Zapatero, el portavoz de Rajoy en la cumbre, que España, además del problema de la deuda pública, tiene otros problemas adicionales como la falta de competitividad, un alto paro juvenil y poca innovación. En este punto, Merkel tiene toda la razón, es un plus adicional para ser diligentes al alinearnos.

Es el pacto de los gobernantes con el beneplácito de las instituciones financieras. No es el pacto de los ciudadanos europeos. Se exige una disciplina que nos conduce a la proletarización de los Estados por la perdida de toda esencia democrática. No debemos de olvidar que la composición de las partidas de los presupuestos de cualquier gobierno soberano, conlleva la defensa de opciones políticas, de posiciones ideológicas. Las enmiendas a los presupuestos, su discusión y su aprobación, hasta ahora, ha sido potestad de los representantes elegidos por los ciudadanos. A partir de ahora, se despolitizan las elecciones económicas y cualquier quintaesencia económica por la subordinación a las políticas de rigor presupuestarias que se derivan del pacto de estabilidad en pro de la gobernanza económica de la zona euro. Todos alineados, marcando el mismo paso.

La democracia formal, su ritual procedimental de las convocatorias cuatrienales,  pierde la poca esencia que le quedaba. Se relega a una democracia sin pueblo, sin el démo de su génesis. Es la democracia de los mercados, es el triunfo de la utopía neoliberal, donde triunfa la élite de propietarios y tecnócratas altamente cualificados, y es la distopía para el resto de los ciudadanos relegados a una casta de trabajadores maleables y flexibles, unos individuos alineados que trabajaran sin cesar para mantener a la élite, con el mínimo imprescindible para vivir, aunque formalmente se sientan libres e iguales. Es el gran proyecto para el control absoluto de unos ciudadanos por los mercados (¿teoría conspirativa?, No… simplemente ideología neoliberal). Tendremos menos déficit público a cambio de más déficit democrático.

En parte, es la trama de la distopía urbana futurista  que recreó Fritz Lang en Metrópolis, un filme que rodó en 1927 y que recreaba un escenario que transcurría en el año 2026, situado en una ciudad imaginaría llamada Metrópolis, donde una élite vive en la superficie disfrutando de la vida viendo el mundo desde los grandes rascacielos y paisajes urbanos, y una casta de trabajadores que viven bajo la ciudad, trabajando sin cesar, para mantener el modo de vida de los de la superficie.

Una película que se considera uno de los máximos exponentes del expresionismo alemán y forma parte del catálogo del patrimonio histórico documental de Memorias del Mundo de la Unesco.

La película Metrópolis duracción 1:58:38

Un pensamiento en “Cumbre Europea. Del déficit público al déficit democrático

  1. Luis Casas Luengo

    En realidad no es nada nuevo. Todo se ha hecho siempre con mucho déficit democrático. No es justo cargar las tintas solo contra los gobernantes. Dinamarca, en referendum, rechazó el Tratado donde se incluía la “Ciudadanía Europea”. Los británicos siguen siendo antieuropeistas con raíces xenófobas. En España, el apoyo a la UE baja, pero no por su falta de democracia, si no porque vienen mal dadas… etc.
    La mayoría en Europa es neoliberal, con un voto ridículo en % en las elecciones al Parlamento Europeo. Nos preocupa cuánto gastan en vuelos, pero no sabemos exigirles ejercer el control.
    ZP apoyó a Barroso, cargándose de paso la poca identidad que tenía la Socialdemocracia Europea.
    Barroso cree en “menos Estado” y es lo que tenemos.
    En fin, muchos barros….
    Un saludo

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