De la bomba del Liceo de Barcelona al tiempo de los DDoS

Karl Marx en 1852 escribió :“Hegel dice en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dijéramos, dos veces. Pero se olvidó de agregar: una vez como tragedia y otra vez, como farsa”.

Una tragedia fue la acción del anarquista Santiago Salvador Franch cuando lanzó una bomba a la platea del Gran Teatro del Liceo el 7 de noviembre de 1893 dejando un balance de 20 muertos y múltiples heridos. Como consecuencia del atentado, el sistema declaró la ley marcial en Barcelona, todos los derechos y libertades civiles fueron suspendidos, cientos de militantes anarquistas inocentes fueron arrestados y torturados, el atentado fue constantemente utilizado como una excusa para la persecución sistemática de la prensa anarquista, los sindicatos y otras organizaciones. Según escribió Santiago Salvador :“mi deseo era destruir la sociedad burguesa, a la cual el anarquismo tiene declarada la guerra abierta; y me propuse atacar la organización actual de la sociedad para implantar el comunismo anárquico. No me propuse matar a unas personas determinadas. Me era indiferente matar a unos u a otros. Mi deseo consistía en sembrar el terror y el espanto”. Esta tragedia fue el reflejo de una época convulsa y de un movimiento con distintas corrientes de pensamiento y acción, pero que compartían algunos puntos en común como el pensamiento de Faure “cualquiera que niegue la autoridad y luche contra ella es un anarquista” o el objetivo de construir una sociedad “sin amo ni soberano” en palabras de Proudhon.

En estos momentos, nos encontramos con una repetición de la historia pero, en palabras de Marx, en su faceta de farsa que podemos observar en la operación PayBack, una serie de “atentados” en la Red contra algunas empresas que cancelaron o denegaron continuar prestando sus servicios a la organización WikiLeaks como PayPal, Visa, Mastercard, EveryDNS, Amazon o el banco suizo PostFinance… o contra organismos y personas relacionadas con las denuncias de acoso sexual contra el propio Julian Assange como la Fiscalía sueca o la Web del abogado de las dos mujeres que lo denunciaron entre otras. Unos atentados que lo único que persiguen es colapsar los servidores Web mediante ataques tipo DDoS.

Unas acciones que están coordinadas por un movimiento denominado Anonymous con un funcionamiento más bien asambleario alrededor de un chat donde discuten estrategias y fijan los objetivos. La cuestión es reunir unos cuantos cientos de internautas que lancen miles de conexiones por segundo a través de sus ordenadores repartidos por todo el mundo contra los servidores donde se encuentran alojada una determinada página Web, algo muy fácil de organizar, porque cualquier internauta puede participar utilizando unas aplicaciones tipo Low Orbit Ion Cannon (LOIC), fácil de descargar en la Red, que  lanzan un número elevado de peticiones de acceso a la página Web en cuestión y que, para el sitio atacado, puede plantear cierta dificultad de resistencia técnica.

Anonymous representa una forma de ciberneoanarquismo, por denominarlo de alguna manera, que persigue convertirse en una fuerza para el “bien caótico” y cuyo objetivo es combatir cualquier censura en la Red recurriendo a acciones de ciberguerrilla.  En su iconografía han incorporado la máscara de Guy Fawkes el conspirador católico inglés que estuvo al servicio del ejercito español y que planeó la “Conspiración de la Pólvora” con el objetivo de hacer volar el Parlamento en 1605 para acabar con las persecuciones religiosas y que adquirió una cierta popularidad con el comic V de Vendetta y la película del mismo nombre.

Aunque más de uno pueda considerar exagerada la comparación entre ambos acontecimientos, existen muchos paralelismos entre la tragedia del Liceo y la farsa del PayBack, la diferencia es que un acontecimiento se escribió en clave de tragedia con víctimas humanas y el otro se está escribiendo en clave de farsa con la paralización durante unas horas de los servidores y algunos daños económicos de poca importancia para unas cuantas empresas. Es una historia donde se comparte una actitud nihilista asumiendo la representación de la mayoría para ir en contra del sistema. En la tragedia el nihilista se jugaba la vida activando la bomba, en la farsa el nihilista está detrás de una pantalla apretando la tecla “Enter”. Con la tragedia el sistema respondió con una represión encarnizada, con la farsa el sistema se establecerá más y más medidas de represión llenas de sutilezas contra las frágiles libertades que disfrutamos en la Red.

En la tragedia, el nihilista asumía un compromiso personal por vida, mientras que en la farsa no hay compromiso, es el vínculo débil y lúdico de un momento determinado que reúne a lammers, algún despistado bien intencionado  y algún que otro personaje aplaudiendo la acción sin abandonar su posición de ideólogo del sistema como el caso de nuestro afamado profesor del IE Business School. Sin embargo, el ciberactivismo para la defensa de las libertades básicas, como cualquier movimiento reivindicativo, requiere la movilización permanente y de acciones ciudadanas masivas que haga llegar su voz al poder utilizando la Red y los espacios públicos. Es el gran reto, pero lamentablemente todavía estamos muy lejos de este escenario. Mientras tanto, en el imaginario de la ciudadanía el tiempo de los DDoS quedará reducido a una simple gamberrada, mientras que para los poderes políticos y económicos  se planteará la necesidad de elaborar una batería de medidas adicionales para defender la seguridad de la Red.

A letter from Anonymous, 9th of December, 2010

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