El derecho a la propiedad intelectual y el derecho del interés común. Reivindicando a Víctor Hugo

Victor HugoVíctor Hugo, uno de los escritores más importante de la literatura francesa del siglo XIX y hombre comprometido con su tiempo, en su discurso de presentación del Congreso Literario Internacional del 1878, refiriéndose a la propiedad intelectual – en el contexto, propiedad literaria-, defendía el derecho de los autores para librarse de las cadenas de las viejas legislaciones monárquicas que negaban el derecho a la propiedad literaria, “¿con qué fin?, con el fin de la esclavitud. El escritor propietario es el escritor libre. Quitarle la propiedad, es quitarle su independencia…. De aquí esta falacia singular, que sería pueril si no fuese pérfido: el pensamiento pertenece a todos, por lo tanto, no puede tener propiedad, por tanto la propiedad literaria no existe. Extraña confusión, en primer lugar, de la facultad de pensar, que es general, con el pensamiento que es individual; el pensamiento, soy yo; a continuación, confusión del pensamiento, cosa abstracta, con el libro, cosa material. El pensamiento del escritor, como pensamiento, escapa a cualquier intento de retenerlo; vuela de alma en alma; tiene este don esta fuerza, -virum volitare per ora-; pero el libro es distinto del pensamiento; como libro, es apropiable, tan apropiable que es a veces apropiado. El libro, producto de la imprenta, pertenece a la industria y determina, en todas sus formas, un vasto movimiento comercial, se vende y se compra; es una propiedad, valor creado y no devengado, riqueza añadida por el escritor a la riqueza nacional y de hecho, desde todos los puntos de vista, la más indiscutible de las propiedades. Esta propiedad inviolable, los gobiernos despóticos la violan; confiscan el libro, esperando así confiscar al escritor. De ahí el sistema de las pensiones reales. Coger todo y dar un poco. Expoliación y sujeción del escritor. Le robamos y luego lo compramos. Esfuerzo inútil, el escritor escapa. Lo hacemos pobre, el queda libre….. “

Para establecer a continuación el derecho del disfrute de la obra por el dominio público:

Señores, entremos en el principio: el respeto de la propiedad. Reconocer la propiedad literaria, pero al mismo tiempo, fundemos el dominio público. Vamos a ir más lejos. Ampliémoslo. Que la ley otorgue a todos los editores el derecho a publicar todos los libros después de la muerte de los autores, con la condición de pagar una tasa muy baja a los herederos directos, que en ningún caso excederá el cinco o diez por ciento de los ingresos netos. Este sistema muy simple, que concilia los incuestionables derechos de la propiedad del escritor con el no menos indiscutible derecho del dominio público……

El principio es doble, no lo debemos olvidar. El libro, como libro pertenece al autor, pero como pensamiento, pertenece –el concepto no es muy extenso- al género humano. Todas las inteligencias tienen derechos. Si uno de los dos derechos, el derecho del autor y el derecho del espíritu humano, debe ser sacrificado, lo cierto es que será el derecho del escritor, porque el interés público es nuestra única preocupación, y todos, yo lo declaro, deben pasar antes que nosotros

Una proclama del siglo XIX que sigue vigente en el siglo XXI, porque el debate de las “descargas ilegales” en Internet, no deja de ser la punta del iceberg de una batalla política en la que los neoliberales y sus acólitos buscan, desde hace tiempo, suprimir el dominio público y hacer de la cultura un producto como cualquier otro. El desarrollo de la Sociedad de la Información y del Conocimiento, requiere hacer extensible la creación y las obras culturales al dominio público y, por tanto, no podemos contemplar la cultura únicamente desde un punto de vista economicista. Porque al punto de vista de la Organización Mundial del Comercio hay que anteponer la “excepción cultural” promulgada por la UNESCO.

 En mi opinión este es el verdadero debate y no la cortina de humo de las “descargas ilegales”. El verdadero debate es la búsqueda del equilibrio entre los derechos de los creadores, autores, artistas para que puedan vivir dignamente de su trabajo y el derecho del bien común, que como bien decía Víctor Hugo, es el prioritario. Lamentablemente, estamos en una época donde los propios artistas  se confunden con simples mercaderes de libros, discos, películas…., donde muchos de ellos ceden todos sus derechos a sociedades y, por tanto, son dependientes, vendiendo su alma por algunas migajas. Como en las pensiones reales de las rancias monarquías absolutistas que denunciaba Víctor Hugo.

Un pensamiento en “El derecho a la propiedad intelectual y el derecho del interés común. Reivindicando a Víctor Hugo

  1. KC

    Bien sabía el bueno de Hugo que escribir, generalmente, significa una inversión de tiempo personal que sólo trae problemas y sabores ácidos. Y que la expresión debía ser libre ya que, de otro modo, peligraba la objetividad de la palabra, como muchas veces pasa con según que líneas editoriales y/o musicales y/o cinematográficas.

    Por eso el equilibrio es tan importante. Ya lo decía Aristóteles.

    Saludos.

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