El impacto de los medios sociales en el activismo político

Cada vez más observamos como los medios sociales empiezan a tener un papel relevante en la política incidiendo de forma significativa en los movimientos sociales rompiendo, en cierta manera, los clásicos esquemas de movilización y protesta. No nos debemos extrañar, la Red ya es un componente con un peso importante, en términos cuantitativos y cualitativos, en la economía y la sociedad y, por tanto, la superestructura de la política no queda indemne de los impactos de los medios sociales.

Sin embargo, las aproximaciones al fenómeno de los efectos de los medios sociales en la política para identificar su naturaleza y sus dinámicas, por su novedad, se basan más en el consenso de las percepciones que en el análisis riguroso. Por este motivo, es de agradecer los estudios que nos permiten acercarnos al tema aportando elementos para un análisis más objetivo. Es el caso del estudio Blogs and Bullets: New Media in Contentious Politic, realizado por un equipo de investigadores de la Universidad George Washington, que a partir del análisis de los movimientos de protestas en Irán en el año 2009, la “revolución Twitter”, proponen un marco teórico de referencia para analizar cómo los medios sociales y las nuevas tecnologías afectan a la lucha por el cambio político, y para ello establecen cinco niveles de impactos. El primero es sobre los propias personas y las transformaciones que les pueden provocar; el segundo es sobre las relaciones intra y inter grupos; el tercero es sobre las acciones colectivas; el cuarto sobre el sistema o régimen político dominante; y, por último, el impacto sobre la atención internacional.

Según los autores, la relación entre los diferentes niveles pueden reforzarse mutuamente o pueden actuar de una forma no lineal y dinámica entre los distintos niveles. En sus tesis, los medios sociales pueden incidir en la acción política a través de su impacto en las personas y las transformaciones que puede conllevar en sus compromisos políticos-sociales por su exposición a los flujos de comunicación.  En otras palabras, algunas personas pueden desarrollar nuevas competencias y participar de manera más rápida o efectiva en la política del mundo real o procesar información de forma más rápida.

Asimismo, los medios sociales impactan en las relaciones intergrupales, al facilitar que se generen nuevas discusiones y debates dentro de los grupos y entres los grupos propiciando cambios en las relaciones y las actitudes. Aunque en este punto, nos encontramos con una visión optimista que considera que Internet está generando conexiones positivas, facilitando la difusión de la información y la proliferación de puntos de contactos entre diferentes corrientes políticas e ideológicas,  al mismo tiempo que facilita el acercamiento geográfico. Sin olvidar que existen corrientes de opinión pesimistas que lo ven como un peligro porque puede facilitar una polarización en posiciones sectarias o el reforzamiento de las afinidades ideológicas.

Con relación a la acción política, consideran que los medios sociales pueden incrementar el potencial de organización de los grupos y personas para protestar o asumir otras formas colectivas de acción. Pueden reducir los costes de transacción para la organización de la acción colectiva, facilitando la comunicación y la coordinación facilitando el acercamiento físico y social de las personas. La propia naturaleza de los medios sociales pueden minar los movimientos jerarquizados, de arriba hacia abajo, y generar nuevas formas de movimientos sociales más participativos y menos jerarquizados. En general, los nuevos medios pueden cambiar la estructura en términos de oportunidad política, socavando los mensajes de las élites, pueden establecer nuevas líneas de comunicación para los aspirantes al activismo político o pueden despertar la atención internacional sobre problemas locales. Sin embargo, otra posibilidad es que los medios sociales pueden distorsionar las percepciones sobre la distribución de la opinión real dentro de una sociedad, en el momento que uno se puede sentir más seguro o confortable en determinadas opiniones al sentirse arropado por otras personas que comparten sus puntos de vistas.

Sobre el impacto en el sistema o el régimen político ya se está asumiendo implícitamente que las nuevas formas de comunicación ayuda en la acción política contra los regímenes totalitarios. Sin embargo, éstos, a pesar de la sorpresa inicial, también pueden aprender de la experiencia en otros países y actuar de forma preventiva en contra de determinados medios sociales. Actuaciones que pueden ir desde la interferencia en los servicios que los soportan bloqueándolos, hasta la movilización de sus adeptos para acciones de contra información y propaganda online. Además, los regímenes totalitarios y represivos tienen la posibilidad de  utilizar los servicios de inteligencia y de la policía para identificar a los activistas en las redes sociales y actuar contra ellos directamente.

Por último, los medios sociales pueden despertar la atención de la opinión internacional la cual, como actores externos, genera corrientes de solidaridad y de hostilidad a los poderes represivos. Sin embargo, estas corrientes de solidaridad virtual, en muchos casos, su repercusión ha durado el tiempo que los flujos informativos han estado vivos en la Red. Por ejemplo, millones de usuarios de Twitter pusieron el color verde en sus avatares en apoyo de los manifestantes iraníes, pero no pudieron evitar que el régimen iraní reprimiera a la oposición. Un “tweet” sarcástico resumió la situación: , “Nota a los aspirantes a revolucionarios: ahora ya se pueden quitar el color verde de sus avatares;. no funcionó “.

Los autores del estudio ponen el énfasis en la necesidad de plantearse una serie de cuestiones concretas y contextualizarlas en cada uno de los diferentes niveles del marco de referencia para abordar un análisis de una acción concreta. Porque la vida real no se corresponde con una ficción holliwoodiana donde los malos, con un amplio arsenal de herramientas para la opresión a su disposición, pueden ser derribados por un grupo de heroicos ciudadanos armados con Smartphones y cuentas en Twitter o Facebook. Asimismo, otras narrativas pintan una imagen idílica o demasiado optimista del papel que pueden jugar los medios sociales en la acción política asumiendo que son un agente para la democracia y la paz. De hecho, las redes sociales y otros nuevos medios de comunicación basados en las nuevas tecnologías pueden ser fácilmente utilizados para radicalizar, excluir y enfurecer a amplios colectivos.

En sus conclusiones, sin negar el potencial y las capacidades de los medios sociales en la coordinación de acciones, plantean una serie de recomendaciones, entre ellas, que tengamos una actitud escéptica a los amplios reclamos “del poder de democratización de los nuevos medios” manteniendo una actitud crítica, analizando tanto los efectos positivos, como los negativos. Consideran que es importante encontrar el equilibrio adecuado entre el escepticismo, reflejo de las promesas tecnológicas,  y la tecno-utopía que, con demasiada frecuencia, impregnan muchos discursos.

En definitiva, un estudio interesante y riguroso que abre múltiples vías de investigación sobre el impacto de los nuevos medios sociales en la política y el activismo político, planteando al mismo tiempo un amplio abanico de preguntas con difícil respuestas por el momento.

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