El Tsunami digital: Estaban avisados

Tsunami Hazard Zone sign from Seward, Alaska. photo by Harriv

Tsunami Hazard Zone sign from Seward, Alaska. photo by Harriv

Juan estaba en una playa tranquilamente disfrutando del buen tiempo, se encontraba relajado porque para él era un día más, sin contratiempos. Mientras estaba tumbado en la arena, ésta le transmitió en todo su cuerpo unas breves vibraciones, pero no le dio importancia. Pasaron varios minutos, y de repente el agua se retiró y pudo ver el fondo marino con algunos peces saltando por la asfixia. Se quedó parado y perplejo, no entendía nada, aún pudo mirar el horizonte durante unos cuantos minutos hasta que, súbitamente, se levantó una gran ola que se dirigió hacia él a toda velocidad, ya no tuvo tiempo de reaccionar, una masa de agua colosal y rugiente le arrasó. El infortunado Juan fue víctima del tsunami provocado por un terremoto submarino que se produjo a varias decenas de kilómetros de su playa.

Y por analogía es lo mismo que le está pasando a muchas empresas. Empresas asentadas en sus modelos de negocios que les habían permitido crecer y desarrollar verdaderos imperios en los medios de comunicación, el cine, la música, y otros sectores.  Los dirigentes de las empresas estaban relajados porque los negocios prosperaban sin grandes contratiempos. Eso sí, en varios momentos sintieron las vibraciones de la revolución digital de los años noventa del siglo pasado, pero no le dieron importancia, pero al poco tiempo, se quedaron parados y perplejos cuando sus mercados empezaron a declinar, a asfixiarse, pero seguían mirando hacia el horizonte sin entender nada, eso sí, algunos agitaban los brazos, daban manotazos en el aíre, hasta que se levantaron grandes olas digitales que se dirigieron hacia ellos a toda velocidad y no tuvieron tiempo para reaccionar,  las masas de bits los arrasaron. Estos infortunados dirigentes empresariales o CEOs –Chief Executive Officer-,  fueron y están siendo víctimas de los continuos tsunamis digitales provocados por los terremotos de la Sociedad de la Información y el Conocimiento.

Pero estaban avisados, la cuestión es si dieron por aludidos. Porque, desde finales de los años sesenta, diversos investigadores sociales y analistas prospectivos estaban trazando las líneas que nos conducía hacia la Sociedad de la Información e identificaron la información como un ingrediente clave en la sociedad postindustrial. Por ejemplo, el norteamericano Daniel Bell, predijo en sus análisis de los cambios sociales y económicos de la época, que el conocimiento y la información en todas sus formas sería el principal enfoque de la economía.

La sociedad post-industrial …., es una sociedad del conocimiento en un doble sentido: primero, las fuentes de innovación derivan cada vez más de la investigación y del desarrollo..; segundo, la carga de la sociedad -que se mide por una mayor proporción del Producto Nacional Bruto y una mayor tasa de empleo-  reside cada vez más  en el campo del conocimiento.

Bell en su análisis constataba, esencialmente, los cambios de orden económico y tecnológico propiciado por el desplazamiento sectorial de las industrias de transformación hacia los servicios y el surgimiento de nuevas industrias con un alto componente científico y especializado que conllevaría el desarrollo de nuevas elites tecnificadas.

También tuvieron la visión del analista y futurólogo Alvin Toffler y el desarrollo de su teoría del conflicto de olas. Porque Toffler detectó que el paso de la era industrial a la era de la información se produjo en los Estados Unidos  a finales de la década de los años setenta del siglo pasado, cuando más de la mitad de su fuerza laboral estaba ya concentrada en la actividad relacionada con la información, y el PNB correspondiente a la actividad informacional se situaba cerca del 45 por ciento.  Para él era el paso de la “segunda ola” -revolución industrial- a la “tercera ola” -la sociedad postindustrial- dando lugar a una nueva era con nuevos requerimientos:

Para la civilización de la tercera ola, la materia prima más básica de todas -y una que nunca puede agotarse- es la información, incluida la imaginación. Por medio de imaginación e información se encontrarán sustitutivos a muchos de los recursos agotables actuales, aunque con demasiada frecuencia esta sustitución se verá acompañada también de dramáticas oscilaciones y sacudidas…….

….Al tornarse la información más importante que nunca, la nueva civilización reestruc­turará la educación, redefinirá la investigación científica y, sobre todo, reorganizará los medios de comunicación. Los medios de comunicación actuales, tanto impresos como electrónicos, son totalmente inadecuados para enfrentarse a la carga de comunicaciones y suministrar la variedad cultural necesaria para la supervivencia. En vez de estar culturalmente dominada por unos cuantos medios de comunicación de masa, la civilización de la tercera ola descansará sobre medios interactivos y desmasificados, introduciendo una imaginería sumamente diversa y a menudo altamente despersonali­zada dentro y fuera de la corriente central de la sociedad.

Sin olvidar la avalancha de análisis que se desarrollaron durante la década de los años noventa que desde diferentes perspectivas y que, con menos o más rigor, avisaban de lo que se avecinaba. Por ejemplo: Nicholas Negroponte, Neil PostmanJosé Terceiro, Javier Echevarria, o Manuel Castells, entre otros; que etiquetaron a las enormes olas digitales con términos como: “Mundo Digital”, “Tecnópolis”,  “Sociedad Digital”, “Telépolis”, o “Sociedad Informacional”.

Al pobre Juan nadie la había avisado que su playa podría sufrir alguna vez un tsunami, mientras que a los CEOs, les estaban avisando desde hacía muchos años.

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