Europa necesita recuperar el espíritu de la innovación

Leonardo da Vinci

Coincido con la hipótesis de que el gran trasfondo de la crisis actual en Europa azotada por el endeudamiento, es su parálisis en la creación de nuevo valor en su economía desde un punto de vista global (se tendría que matizar dicha generalización por países, regiones en cada uno de los países y sectores de actividad). Es una crisis que debemos situarla en el contexto de la globalización y los grandes desafíos que se le plantean a los países que hasta hace pocos años lideraban la economía industrial. Por un lado, la mayor parte de la producción de bienes se ha desplazado masivamente hacia los países con menores costes de mano de obra y con las legislaciones laborales mucho más laxas que en los países occidentales (en algunos casos rayando el esclavismo), mientras que por otro lado, en los sectores relacionados con la nueva economía de la información y el conocimiento no ha sabido, o no ha podido, jugar un papel relevante. Nos referimos, salvo pequeñas iniciativas, a todas las actividades relacionadas con las tecnologías de la información y la comunicación (TIC), los modelos de negocios en la Red o  a la industria de la cultura y el entretenimiento (cine, series televisivas y música); sectores donde los Estados Unidos tienen el liderazgo absoluto en estos momentos.

En cierta medida, para recuperar el espíritu de la innovación tendríamos que recuperar el espíritu del Renacimiento como referente, es decir, el amplio movimiento cultural, social y económico que se produjo en Europa Occidental en los siglos XV y XVI. Sería recuperar un contexto donde el Arte, con mayúsculas, se vea como una finalidad (imaginación,  creación, diseño,..), el hombre como ideal y la técnica como un medio. Preceptos que la innovación, en muchos casos, tiende a olvidar hoy en día.

El periodo del Renacimiento en Europa fue excepcional porque creo un contexto donde la innovación no era una habilidad innata, sino el resultado de un ambiente fructífero de trabajo y desarrollo de habilidades. Fue un periodo con una creación de riqueza impresionante, pero que nunca fue un fin en sí mismo: la superación del hombre era el objetivo. A pesar de todos los claroscuros, los valores humanistas y la reivindicación de la persona autónoma con capacidad para pensar y actuar independientemente guiaron todo el periodo.

Marc Giget, Catedrático de Gestión de la Innovación en el CNAM, nos presenta un extenso análisis sobre lo que significó el Renacimiento en Europa (l’innovation et la Renaissance). Para él, fue una especie de entramado de descubrimientos, progreso científico, técnico, artístico, cultural, jurídico, financiero, comercial y emprendedor que dio lugar a la creación de los códigos de la innovación moderna: el capital riesgo, el sistema bancario, las patentes, la apertura al mundo, la moneda común, los vínculos estrechos entre las distintas artes, la técnica, las finanzas y el comercio.

Giget, nos señala que la mayoría de los inventos atribuidos al Renacimiento ya se habían inventado en otros lugares, especialmente en China (en mi opinión Marco Polo debió ser el precursor del espionaje industrial), sin embargo, lo que hace Europa es ponerlos en valor, una especie de innovación abierta. El Renacimiento pone en valor y desarrolla una infinidad de tecnologías, productos y servicios que establecieron las bases para las posteriores revoluciones industriales.

Según Giget, el humanismo en el Renacimiento, pone al hombre en el centro de todas las cosas, la máxima era: Dios a creado el mundo, el hombre lo ha transformado y mejorado. Se idealiza al niño, al infante, porque es el futuro hombre con todo su potencial independiente de su estatus social. Se configura las bases de la escuela como institución donde se enseñan las humanidades, el dibujo, la música, los idiomas, el comercio, el dominio de la expresión oral, la esgrima, etcétera.  Es cierto, que únicamente unos pocos miles de niños de aquella época se beneficiaban de dicha formación, pero fue la base de una transformación en las sensibilidad del ser y estar en una sociedad que salía de la Edad Media. Los dos pecados capitales de la época eran ser una persona inculta o maleducada. El reconocimiento social del poder económico y político pasaba por su magnificencia aportando riqueza a la ciudad y practicando el mecenazgo. Servir a la comunidad era una necesidad.

En su conferencia, Giget, nos explica extensamente sobre la importancia del Arte en aquella época como motor del conocimiento; el nacimiento del diseño (por primera vez se separa la concepción de la ejecución); la revolución del comercio y la desmaterialización del dinero; además de aportar y comentar una relación exhaustiva de innovaciones.

Lamentablemente, ese espíritu de innovación y de emprendimiento cuya cuna fue Florencia y se extendió por la mayor parte de los países de Europa que nos cuenta Giget no existe hoy en día. El cortoplacismo de los ajustes y corrección de los déficits públicos tiene paralizado a muchos países. En nuestro caso, los recortes afectan directamente a la educación y a la investigación, desarrollo e innovación (I+D+I), una de las principales palancas para la transformación de la economía. Los pocos emprendedores creativos, con nuevas ideas y proyectos innovadores, lo único que encuentran son barreras burocráticas y el desden del sistema financiero. El poder económico, carece del  espíritu renacentista, la magnificencia de ayer, hoy es codicia y desinterés del bien común, la crisis no va con ellos, más aún, muchos lo ven como una oportunidad para obtener más beneficios en detrimento de la mayoría de la población.

¿Podremos reeditar una época donde la creatividad, la innovación y el emprendimiento fue el motor de una de las revoluciones más intensa en la historia de la humanidad?.

A continuación, la excelente conferencia de Giget (en francés):