¿Favorecen las redes sociales la intolerancia?

Las redes sociales están considerados como espacios de hipersocialización, para algunos socialización aumentada, ya que muchas personas estamos compartiendo una ingente cantidad de información que hasta poco se reservaba a círculos de relaciones personales más restrictivos: familia, amigos, colegas de trabajo, etcétera.  Así mismo, se puede observar algunos cambios de comportamiento comunicacional entre la realidad presencial y la realidad virtualizada: ser menos reservados cuando tecleamos que cuando hablamos de viva voz; ser más abiertos a entablar conversación con “extraños”; expresar posiciones políticas mucho más radicales; en determinados foros, una expresión de la sexualidad más allá de las pautas convencionales; etcétera. Es decir, nos encontramos con un “ensanchamiento” de actitudes que se expresan desde el anonimato de un alias o desde la propia identidad personal.

Sin embargo, podemos observar empíricamente que esta hipersocialización, no nos hace ser mucho más tolerantes que en nuestra realidad presencial. Aún más, me permitiría afirmar que aumenta el nivel de intolerancia. Pero antes de justificar esta afirmación creo que deberíamos aclarar qué es lo que se entiende por tolerancia.

Conceptualmente, tolerancia es la aceptación de la diversidad de opinión, social, étnica, sexual, cultural y religiosa. Esto se traduce en la capacidad de saber escuchar y aceptar a los demás, valorando las distintas formas de entender y posicionarse en la vida.  Obviamente, en un marco de respeto básico de los derechos humanos. En cierta medida, podríamos afirmar que, en las sociedades con una cultura democrática, la tolerancia ha ido ganando terreno; sobre todo a partir de la segunda mitad del siglo XX. Ahora bien, el hecho de que la tolerancia gane terreno, no quiere decir que impregne de forma igual al conjunto de las personas. En unas, las menos, la tolerancia se incorpora en su acervo ideológico-cultural, en otras, las más, la tolerancia es simplemente un barniz para la convivencia social de acuerdo con las tendencias dominantes de lo que se considera políticamente y socialmente correcto en un momento determinado. Por cierto, un barniz que se diluye rápidamente en épocas de crisis con el consiguiente incremento de las actitudes intolerantes hacia determinados sectores de la población.

Por lo tanto, en nuestras sociedades cada vez más multiculturales y multiétnicas, convivir con personas diferentes requiere, para muchos, un esfuerzo de tolerancia: con los vecinos, en el trabajo o en nuestras múltiples relaciones sociales. Sin embargo, en las redes sociales no es tan necesario dicho esfuerzo porque la tendencia es reunirnos con aquellos que comparten nuestros criterios, creencias y preferencias y, en general, se suele tomar distancia de aquellos que no los comparten. Es decir, por una parte, en el contexto social virtualizado no estamos obligados a convivir con la diversidad y, por lo tanto, se supone que ganamos en “comodidad” en nuestras relaciones; y, por otra parte, rechazar o ignorar al otro es cuestión de un simple clic sin el coste de las tensiones personales que implicaría un rechazo en un contexto social real cara a cara.

En otras palabras, podríamos afirmar que, como tendencia, las redes sociales, a pesar de su potencial comunicacional y relacional, favorecen las comunidades endogámicas y acríticas. Así mismo, observamos que los discursos de odio, los linchamientos digitales y otras formas de violencia virtual se manifiestan con más virulencia que en la realidad social donde vivimos y convivimos.

¿Visión negativa de las redes sociales? No, simplemente una mirada crítica  de unos medios y la constatación de unos determinados comportamientos sociales que tienen su reflejo en la Red. Los aspectos positivos, que son muchos, se los dejamos a los evangelizadores y expertos con sus excelentes panerígicos sobre los medios sociales.