Google. Castas y proletarios en el siglo XXI

Google, hoy en día, está considerada como uno de los paradigmas en la innovación de productos y servicios y con un ambiente de relaciones laborales que es el espejo de muchas de las startups tecnológicas que inician su singladura en el líquido siglo XXI.

Los Googlers, los chicos y chicas divertidos, inteligentes, relajados y creativos que trabajan en Google, pueblan nuestro imaginario gracias a los miles de videos y fotografías que circulan por la Red. Nos seducen los espacios de sus oficinas donde las zonas de descanso y las zonas lúdicas están omnipresentes. Envidiamos las atenciones al empleado con una serie de servicios como la lavandería y la limpieza en seco, los servicios automovilísticos, los spa con piscina, la comida gourmet, los masajes en el lugar de trabajo, así como la atención sanitaria en la propia oficina. También envidiamos la libertad que tiene un Googler para administrar su tiempo y su trabajo como quiere. No hay horarios pero, eso sí, los plazos de entrega y desarrollo hay que cumplirlos. Además del famoso 20% del tiempo libre que cada uno puede dedicar a proyectos personales hay un 10% de libre disposición absoluta. Los trabajadores pasan sólo una fracción de su tiempo en la mesa de trabajo. Con frecuencia trabajan con el portátil en las zona de descanso compartiendo con los demás, en pequeños grupos, con el fin de favorecer la creatividad y la sociabilidad.

Es el mensaje de que “Google es un paraíso” no únicamente para los Googlers, sino para el resto del mundo. Los Googlers, en la novela “Un mundo feliz” de Aldous Huxley serian los Alfas, los más capacitados en una sociedad de castas, los que realizan las tareas más complejas y que requieren mayor habilidad mental. Para los Googlers el mensaje es más directo: Google es un imperio y para gozar de los beneficios de la cultura organizacional del imperio, primero hay que comprometerse en la construcción del imperio que todo lo ve y todo lo sabe. Como bien señala Martín Fernández en una entrada en su blog, “Trabajar en Google, del paraíso al imperio”, en el trabajo se pasa la mayor parte de nuestra vida activa. Y parte de ese racional es el que utiliza la lógica de resignación que la posmodernidad tiene reservada para el trabajo: “Con nosotros, esa parte de tu vida va a ser mejor”.

Pero en Googleplex, la sede de Google en Mountain View, Santa Clara, California, como en “Un mundo feliz”, se perpetúa la diferenciación en castas y reeditar la condición de proletariado. Es lo que denuncia el antiguo empleado-colaborador de Google y vídeoartista Andrew Norman Wilson en su vídeo-testimonio Workers Leaving the Googleplex, donde los empleados de Google se dividen en cuatro castas, cada una de ellas identificadas con un color.

La primera se corresponde con los empleados con plenos derechos, los Googlers, con su identificativo blanco, La segunda son los becarios, con su identificativo verde, los cachorros llamados a formar parte de la élite. A continuación nos encontramos con los miles de empleados de proveedores de servicios externos, muchos de ellos subcontratados, que con su identificativo rojo conviven y trabajan codo a codo con los Googlers pero que tienen limitadas algunas de las atenciones al empleado.  Unos distintivos que pueden ser necesario en una gran organización para diferenciar responsabilidades y grupos de trabajadores según sus funciones, pero que en el caso de Google va mucho más allá al perpetuar la diferenciación si tenemos en cuenta que, además de los empleados con sus identificativos blancos, verdes y rojos, están los ScanOps, los que escanean libros para Google Book Search, con su identificativo amarillo y que no tienen derecho a ninguna de las atenciones a los empleados que disfrutan las otras “castas”. Además están recluidos en el edificio 3.14159~ (Pi) y tampoco pueden compartir el campus como el resto de empleados. Son los grandes desconocidos, en una división en castas, los ScanOps  forman la casta más baja del universo de Google, el nuevo proletariado. Se corresponderían con los Epsilones en “Un mundo feliz”.

Además, nos encontramos con una casualidad o una mala jugada del inconsciente en los significados con la selección de la simbología de los colores para diferenciar y jerarquizar a las personas. La utilización del amarillo, en el caso de Google, para la casta más inferior, coincide con los criterios aplicados en la Alemania nazi, en su particular burocracia de control en los campos de concentración, para identificar a los judíos, la categoría más subhumana según los nazis.

El testimonio de Andrew Norman Wilson, denuncia algo que vivió hace casi cuatro años y lo publica ahora, a lo mejor estaba limitado por una clausula de confidencialidad. También podríamos pensar que Wilson como artista puede haber creado un fake para provocar una reflexión sobre la gestión de hoy en día. Lo cierto es que el disfrute de beneficios para empleados en función de una división en “castas” está a la orden del día. Personalmente conozco más de una empresa que tiene implantado dicho sistema de segregación, la diferencia con Google es que no venden la imagen del “paraíso del trabajador” tan descaradamente como este último.

Working at Google

2 pensamientos en “Google. Castas y proletarios en el siglo XXI

  1. Topota

    Hombre, sin ir más lejos, en España la Administración Pública, mediante su jerarquización y sus subcontratas impone en todo el país un sistema de castas insultante: Políticos, alto funcionariado, funcionariado y personal contratado.

    Saludos.

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  2. Nacho

    Hola Jose, un gusto leerte, te cuento que soy ex empleado de Microsoft, aquí en Argentina y existe exactamente eso. Se dividian en colores, los de tarjeta azul era los empleados directos, llamados FTE (Full Time Employee) y estaban los de tarjeta amarilla que eran los vendors, tales como comentas, personas subcontratadas.

    Particularmente pertenecía a los de tarjeta azul y veía esa diferencia que comentas con los vendors. A mi me gustaba hacer de cuenta que la identificación de color no existia pero en el día a día se hace notar, por ejemplo, a la hora del almuerzo, un FTE tenía todo cubierto, el vendor, tenía que traerse o pedirse la comida. Si querías compartir un tiempo de relax en el gimnasio, también, no era posible para los Vendors, solo para los FTE.

    Como bien comentas, no se trabajaba por horas de trabajo, si no por objetivos, no importa que estés paseando todo el día, la cuota anual de ventas por año debía cumplirse a como de lugar y no existían excusas.

    Entre lo comentado y más, me rompieron los huevos y me fui.. a un lugar peor (ahora lo sé) Telefonica. Exactamente el mismo modo, acá no habían tarjetas identificables con colores, pero la diferencia en beneficios, era muy marcada.

    Saludos
    Nacho

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