La crisis en la Industria Cultural. Una transformación de las percepciones (parte 2)

CulturalperceptionEn una entrada anterior defendíamos la tesis de que la crisis en la Industria Cultural está motivada por una crisis de su cadena de valor de acuerdo con el modelo de Philip Kotler. Pero, además, deberíamos considerar las transformaciones en la percepción de la Cultura y en las formas de acceso y consumo de los productos culturales de nuestro tiempo.

La cultura por su definición verbal-etimológica es educación, formación y perfeccionamiento de las facultades intelectuales y morales de los seres humanos. Ahora bien, como en todo proceso histórico, a lo largo de la historia de la humanidad, la percepción y el acceso a la cultura occidental ha estado condicionado por el monopolio de los grupos de poder que marcaron determinadas características que fueron dominantes en cada época.  De forma resumida: en la Era Clásica la cultura fue aristocrática,  contemplativa  y naturalista;  en la Edad Media perdió el carácter naturalista y se impuso el religioso-trascendente;  en el Renacimiento, con la revolución humanista, recuperó el carácter naturalista de la Era Clásica;  con la Ilustración perdió su carácter aristocrático y patrimonial de una élite para convertirse en instrumento de renovación de la vida individual y social; y en el siglo XX, con el desarrollo de los Medios de comunicación de Masas, la cultura junto al entretenimiento se industrializó y paso a convertirse en un producto para consumo de masas.

Hoy en día, predomina una cultura industrializada que está mediatizada por las características de los modos de producción y distribución de las empresas del sector. Una producción cultural donde el objetivo final es el beneficio económico, y donde cohabitan la producción de entretenimiento, una determinada “cultura” de masas que actúa como  correa de transmisión de determinados valores –ideología socioeconómica y política- y una creación de nuevas significaciones –la cultura de élite. Por lo tanto, es la industrialización y la mercantilización de las obras quién determina que manifestación cultural será, o no,  socialmente significativa. Es decir, unos productos donde encajan perfectamente, salvando las distancias, Mickey Mouse con Mikel Jackson y con Gabriel García Márquez.

Asimismo, al margen de la cultura industrializada, existe una producción cultura tradicional y artesanal que se caracteriza por el carácter irreproducible del producto final aplicando los modos de producción industrial y que, por tanto, aplica un modelo de producción y comercialización distinto. Por ejemplo, la pintura, escultura o el teatro.

El escenario de la producción cultural se complementa con determinados sectores que impulsan una cultura independiente que persigue una eficacia estrictamente estética, ideológica o política con independencia del beneficio económico que les pueda reportar. Una cultura no industrializada que puede ser más significativa que la industrializada para ciertos individuos o colectivos sociales  y que ha tenido, hasta hace poco, una capacidad de difusión limitada.

Ahora bien, no hemos de perder la visión de que la cultura es algo inseparable de la condición humana y, además, es un componente fundamental para  el desarrollo como seres humanos, como individuos y como miembros de un colectivo social que nunca ha permanecido estático y, por tanto, las transformaciones siempre han estado presente en la humanidad que,  desde los tiempos más remotos, ha propiciado la creación en su búsqueda de nuevas significaciones como podemos observar en los múltiples registros que nos han ido quedando. Con mirar las pinturas de las cuevas de Altamira nos podemos dar cuenta de la dimensión transcendental del ser humano en la búsqueda de nuevas significaciones.

En esta búsqueda de nuevas significaciones, la creación cultural, a lo largo de la historia, ha ido incorporando las tecnologías disponibles y adaptándose a los contextos socio-económicos y políticos de cada época. Una creación donde siempre han surgido vanguardias que han roto con los estilos dominantes y han posicionado a la cultura como un elemento de transformación de valores, entre otros aspectos. Por tanto, es obvio que estando inmersos en un proceso de cambio de paradigma tecnológico, económico y social,  en el ámbito de la cultura también se están produciendo importantes transformaciones.

En este punto la pregunta pertinente sería: ¿Cuáles serían las transformaciones que se están produciendo?.  Pues bien, en estos momentos podemos identificar síntomas que nos permiten perfilar algunas tendencias que se están manifestando.

Por un lado, podemos observar que los sectores de la cultura independiente, gracias a la Red y los medios sociales de comunicación emergentes, están superando la escasa capacidad de difusión que tenía en el entorno donde dominaban los medios de comunicación de masas. Un sector donde surge un movimiento que propicia una cultura más libre y colaborativa sin copyright, el copyleft.

Por otro lado, en la Red se ha asentado una cierta percepción, de que lo digital no se considera “propiedad de nadie”, es decir, “se acepta socialmente que no es de nadie” y la apropiación indebida de lo intangible no está tan moralmente penalizado como la apropiación de lo tangible. No hemos de olvidar que en los primeros años de Internet, desde las propias instancias gubernamentales de medio mundo, los discursos sobre las Autopistas de la Información y la  nueva Sociedad de la Información y del Conocimiento  incidieron sobre aspectos como abundancia informacional y la democratización cultural y política. Abundancia cuantitativa e hiperelección en la terminología de Toffler. Es decir, el conocimiento y la cultura de masas accesible y disponible para cualquier persona que estuviese dispuesta a conectarse.

Por último,  una sensación de malestar, en amplios sectores de usuarios de Internet, de que la Industria Cultural durante estos años había abusado de su posición hegemónica en la distribución y comercialización de los productos culturales aplicando márgenes desorbitados en muchos de sus productos  –por ejemplo en el sector de la música-.

Estas son tendencias que están modificando la percepción en el acceso y consumo de los “productos” culturales de una Industria Cultural que nació y se desarrollo en un contexto donde el régimen tradicional de la protección de los derechos de autores y de propiedad  de los “productos” culturales fue concebido para obras soportadas de forma material y no digital. La Red y las tecnologías afines han “desmaterializado”  dichos productos que pueden reproducirse y circular rápidamente sin necesidad de que se materialicen en un soporte físico concreto o en alguna de las formas envasadas que históricamente han contenido las obras artísticas e intelectuales.

La próxima entrada trataremos el tema de los creadores.

To Be Continued

Véase la entrada anterior:

La crisis en la Industria Cultural. Es la crisis de su cadena de valor (parte 1)

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