La Enciclopedia Británica, símbolo del fin de una era

La noticia de que la Enciclopedia Británica ya no se imprimirá más después de 244 años, es simplemente un recordatorio del signo de los tiempos en los que vivimos. Es, en cierta manera, una especie del símbolo del fin de una era en la forma de transmisión y producción del conocimiento, no tanto por la irrupción del formato digital como soporte de la información y el conocimiento en detrimento del papel, sino por la forma en la producción y difusión del conocimiento.

La Encyclopædia Britannica publicada por primera vez por Colin Macfarquhar y Andrew Bell, Archibald Constable, entre otros; L’Encyclopédie de Diderot y D’Alembert; y otras iniciativas producto de la ilustración europea durante el siglo XVIII (el Siglo de las Luces), representó una revolución sin parangón al establecer un compendio de conocimientos científicos, artísticos y técnicos que permitió crear un “corpus” de la sabiduría erudita puesta la servicio de la sociedad y, al mismo tiempo, poner un signo glorioso a los valores modernos de los pensadores de la Ilustración que combatían la ignorancia, la superstición y la tiranía, y que buscaban construir un mundo mejor. El enciclopedismo fue, en cierta medida, un soporte intelectual que abrió las sociedades a la Modernidad y a las revoluciones sociales, culturales, políticas y económicas que marcaron los siglos XIX y XX.

Con este pequeño apunte histórico, nos atreveríamos a afirmar que a finales del siglo XX, con Internet, se inició una nueva revolución en la producción y difusión del conocimiento y, sobre todo, el cuestionamiento del rol de los expertos cualificados que actuaban como celosos burócratas de un conocimiento oficial acotado y atrapado en los volúmenes de las enciclopedias, las cuales se actualizaban periódicamente de acuerdo con los intereses de las empresas que las editaban y publicaban. Internet nos abrió la posibilidad del acceso a un caudal de información y conocimiento, así como a una producción colectiva de dicho conocimiento nunca imaginado por la humanidad. El ejemplo más significativo es la Wikipedia, la enciclopedia online que actualizan permanentemente cientos de miles de anónimos editores.

Todavía, algunas personas, podrán considerar que no es comparable la calidad del trabajo de un grupo de “expertos” cualificados con el resultado que se pueda obtener de una producción colectiva sin ninguna acreditación de conocimientos previos. Sin embargo, las diferencias cualitativas no son tan grandes  si consideramos el estudio publicado, en diciembre de 2005, por el semanario científico británico Nature en el que se comparaba la calidad de la Enciclopedia Británica con respecto a la enciclopedia online Wikipedia. Para ello, el seminario entregó 42 artículos sobre diversos temas de ambas enciclopedias a expertos independientes para que pronunciasen sobre el rigor de estas informaciones sin conocer la fuente original, y éstos llegaron a conclusiones que en su momento sorprendió a más de uno:  “solamente han sido detectados ocho errores graves, como equívocos en conceptos importantes; cuatro en cada enciclopedia“, señaló la publicación científica. “Pero los verificadores también han hallado numerosos errores factuales, omisiones o declaraciones engañosas: 162 en Wikipedia y 123 en la Británica“.  En sus conclusiones, Nature afirmaba que la ventaja de Británica con respecto a la Wikipedia “podría no ser grande” en cuestiones científicas, lo que resultó “sorprendente” teniendo en cuenta la forma en que es redactada la obra en Internet.

Hoy nos queda la versión digital de la Enciclopedia Británica con algo más 120 mil artículos en inglés, no es lo mismo, el negocio de la editorial está centrado en otros productos. Sin embargo,  hoy la Wikipedia, es la enciclopedia gratuita de nuestro planeta con más de 21 millones de artículos en más de 270 idiomas, de ellos casi 3,9 millones de artículos en lengua inglesa.

La Wikipedia, reúne artículos de asombroso saber y erudición junto con otros muchos artículos cortos o esbozos que precisan ser ampliados, asimismo nos podemos encontrar con muchos errores y algún que otro artículo malintencionado. Es cierto, no existen supervisores profesionales, sin embargo, la enciclopedia online está en constante revisión y mejora continua gracias a una multitud de “profesionales” y “aficionados”, todos ellos voluntarios, que la alimentan y la mantienen corrigiendo los errores de forma altruista. Es como si un enorme y creciente ejercito de guardianes se comportarse como un ejercito inmunitario, siempre vigilante y dispuesto a responder a cualquier amenaza para el organismo.

Hoy, en el siglo XXI, podríamos afirmar que la Red es el soporte intelectual que está permitiendo desarrollar la inteligencia colectiva-colaborativa. Algo que será decisivo para las grandes transformaciones sociales, culturales, políticas y económicas que se van a producir en los próximos años y que, por el momento, únicamente empezamos a intuir. El fin de la impresión en papel de la Enciclopedia Británica, no deja de ser una manifestación más del fin de una era y de una forma de entender el conocimiento, tanto en la producción como en el acceso.