La Marcha Negra o los diamantes de la dignidad

Anoche los mineros después de caminar durante más de 500 kilómetros desde las cuencas mineras de León, Palencia, Asturias y Aragón llegaron a Madrid para alzar la voz por el futuro de las cuencas mineras. La ciudadanía de Madrid, siempre grande, los arropó con generosidad y fraternidad.

El carbón y el diamante, químicamente, son lo mismo. El carbón es el que da el color a la marcha porque el carbón tizna, pero es el sino del trabajo y el modo de vida de miles de personas y de sus familias. Pero no nos dejemos llevar por la superficialidad del color, la marcha nos deslumbra, con las luces en sus cascos, con la belleza de los diamantes de la solidaridad, la dignidad y la libertad.

Nos deslumbra porque los mineros representan la antítesis de lo que propugnan los teóricos panegiristas neoliberales y sus palmeros ensimismados y deslumbrados por el individualismo más radical. El trabajo en la mina, el tener de picar carbón a 200 o 500 metros de profundidad sometidos a graves accidentes y enfermedades laborales, ha forjado el carácter de unos trabajadores donde el trabajo en equipo y la solidaridad son el fundamento de una conciencia de clase para sobrevivir en uno de los trabajos más duros.

Es cierto que el carbón económicamente y medioambientalmente ya no es viable en una sociedad como la nuestra, aunque económicamente sigue siendo viable en otras regiones del planeta donde los mineros están sometidos a situaciones laborales que rayan el esclavismo y nosotros importamos, cuestión de costes y beneficios. Lo que piden los mineros son soluciones, llámese reconversión o continuar con las subvenciones, para la cuenca minera y sus familias. Nos puede escandalizar la palabra subvención, pero nadie discute las millonarias subvenciones, directas o indirectas, a otros sectores como la agricultura o el automóvil. Ayer, mientras los mineros llegaban a la ciudad de Madrid, nuestro gobierno firmó el Memorándum para el rescate financiero a cambio de la cesión de la soberanía del pueblo español al dictado de la troika (FMI, BCE y CE) a cambio de un crédito miles de millones de euros para salvar un sistema financiero corrupto y delictivo por sus prácticas.

En una sociedad donde, de forma machacona, la única vía que nos proponen para conseguir un puesto de trabajo es competir entre nosotros mismos. A través de una reinvención individual para que cada uno se busque la vida como pueda creándose su propio puesto de trabajo o emprendiendo en lo que sea. Los mineros nos muestran que hay que luchar de forma colectiva por unos puestos de trabajo dignos. Reivindicar y luchar desde la colectividad, buscar soluciones como colectivos de trabajadores, no tiene porque anular nuestra capacidad de reinventarnos como personas y como emprendedores, todo lo contrario, nos hace más grande, más solidarios, más dignos y más libres.

Mi agradecimiento a los mineros que, con su marcha, nos recuerdan que la defensa de los principales valores humanos requieren resistencia y lucha permanente para que éstos prevalezcan. Es una de las constantes de la historia de la humanidad, desde la rebelión y la marcha de los esclavos liderados por Espartaco contra los romanos, hasta la Marcha de la Sal, de Gandhi, para conseguir la independencia de la India.