La vía catalana y el castillo español

ViaCatalanaCon la Vía Catalana, la sociedad civil catalana ha vuelto a demostrar su gran capacidad de movilización en pro de la independencia con una cadena humana que ha cubierto de norte a sur el territorio de Cataluña. Una movilización transversal con una potente carga emocional; tanto desde un punto de vista social y político de los participantes, como por su lugar de origen. En una primera lectura podríamos destacar tres aspectos importantes.

El primero es que, para una gran parte de la ciudadanía catalana, la independencia, en estos momentos, es el único proyecto político claro, ilusionante y bien definido, aunque la mayoría de los participantes no tenga conciencia clara de las ventajas o desventajas, tanto socioeconómicas como políticas, que pueda implicar iniciar un proceso histórico de tal calado.  La independencia es percibida como revulsivo contra un sistema podrido, aunque una parte de la podredumbre radique en la propia casa.

Todo apunta a que, en este momento histórico, el debate de si más autonomía o federalismo ha quedado relegado en la cuneta. Es el derecho a decidir en clave binaria: ¿Independencia, si o no?.

El segundo es que nadie se lleve a engaño, no son los partidos políticos los que están articulando el tempo político; es la propia sociedad civil a través de sus plataformas cívicas. Hace un año, la gran manifestación de la Diada sorprendió a tirios y troyanos, porque puso el soberanismo como tema central en el debate político y en las relaciones entre España y Cataluña, y obligó a los partidos políticos a posicionarse sobre el tema tal como señalé en este blog (La masa humana que convulsionó Cataluña y el Estado español / La política en Cataluña vista desde un caleidoscopio).

Lo que se interpretó como un calentón soberanista alentado por la crisis económica sigue vivo y ganando adeptos. No es Artur Mas i Gavarró (Presidente de la Generalitat), por mucho que invoque el sueño de Luther King, el que está conduciendo el proceso. Artur Mas, con su ambigüedad,  está actuando como el recluta renqueante que intenta recuperar el paso de la marcha  hacia el soberanismo desde su posición institucional. Reitero lo dicho, a muchos les costará entender, pero es la ciudadanía la que está marcando, a grandes rasgos, el paso de la hoja de ruta política.

El tercero es que la acción de una cadena humana, pacífica, cívica, respetuosa, lúdica y masiva, sí que va a tener repercusiones internacionales. Aunque es difícil calibrar el alcance, es el tipo de movilización con una gran carga simbólica en la esfera internacional. Con toda probabilidad, favorecerá el eco a nivel internacional de las aspiraciones de Cataluña, al mismo tiempo que contribuye con otra bofetada a la tan debilitada “marca España” de pandereta.

Mientras tanto, el Estado español, el poder que controla la realidad jurídico-política de España, sigue actuando como los muros de un castillo que frena cualquier anhelo de la sociedad catalana y es percibido desde Cataluña, con razón, como el Estado centralista-borbónico heredero de aquel que liquidó los derechos y las libertades de los catalanes en 1714.

Cada vez es más evidente el error histórico de la transición de la Dictadura a la Democracia. Se tuvo la gran oportunidad de encajar las realidades históricas de los territorios de España en un modelo de corte federal, pero se optó por un modelo autonómico descafeinado y a todas luces inviable, tal como se está evidenciando con la crisis actual. Así mismo, señalar que se tuvo una nueva oportunidad con el nuevo Estatuto de Autonomía del 2006 para reconducir las relaciones Estado-Cataluña, el cual fue aprobado por las Cortes Generales y posteriormente refrendado por los ciudadanos de Cataluña.

La declaración de inconstitucionalidad en el 2010 de una series de artículos del nuevo Estatuto del 2006, por parte del Tribunal Constitucional, propiciada por los diputados del Partido Popular (lo que no consiguieron en la cámara de representates de la voluntad popular) paso a ser, visto con cierta perspectiva histórica, el inicio de un proceso de desafección de una importante parte de la sociedad catalana con el Estado español. La manifestación multitudinaria de julio del  2010 con el lema “Som una nació, nosaltres decidim” contra la decisión del Constitucional;  la histórica manifestación de la Diada del 2011 con el lema “Indepèndencia”; y, ahora, la Vía Catalana como acto simbólico de la voluntad de un pueblo enlazado con las manos, son hitos de un proceso de soberanismo creciente.

Hasta ahora, el Estado español no quiere darse por enterado que la sociedad catalana ha cambiado de chip, pasando del catalanismo autonómico al soberanismo. Está por ver cual será su lectura de los nuevos acontecimientos marcados por la Vía Catalana. A lo mejor no son conscientes, pero desde Cataluña el Estado y sus principales instituciones son percibidas como un castillo de alienación, burocracia y de frustración.

El Estado es como “El castillo” de Kafka, la irracionalidad de un sistema caduco anclado en el pasado de un patriotismo tabernario. Niega sistemáticamente, en nombre de la Constitución, el derecho a que los ciudadanos catalanes puedan expresar su opinión sobre si quieren ser independientes o no. Estamos hablando de algo tan elemental, en términos democráticos, como es el derecho a decidir de un territorio que por historia, cultura y lengua es una nación.

Contra la ilusión de una parte de ciudadanía catalana la única respuesta del castillo español son las amenazas el insulto y el desprecio que llegan desde las instituciones del Estado y de la potente “Brunete” mediática asentada en la capital del Reino. Para ellos, es preferible ser temidos que amados. Con tan poca inteligencia política emocional, es fácil de comprender que cada día existan más personas desafectas al “orgullo” de ser español.

Esta aldea es propiedad del castillo; quien ella vive o duerma, en cierto modo vive o duerme en el castillo. Nadie puede hacerlo sin permiso del conde.” Kafka, Franz. El castillo. Madrid: Alianza Editorial, 1992, p.8

4 pensamientos en “La vía catalana y el castillo español

  1. Josep

    Da gusto leer un artículo de opinión teñido de objetividad y sin ‘acaloramientos’ sobre este tema en contraposición con los publicados en muchos medios. Sin duda ésta es la línea a seguir.

    Cada uno debe dar prioridad a sus sentimientos y puede expresarlos siempre que sea de forma correcta esperando que llegue la única ‘solución’ de cualquier país democrático: el referendum.

    Enhorabuena!

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    1. JoseLopezPonce Autor

      Luis, visto desde Cataluña, es el Estado español, el cual incluye la Monarquía, el Gobierno de turno, el Tribunal Constitucional, el sistema de partitocracia y el resto de las instituciones.
      Un saludo

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