Ley Sinde con Fumata Bianca. Paisaje después de la batalla

La noticia: el Gobierno y el Partido Popular llegan a un acuerdo sobre la ‘ley Sinde’ que permitirá el cierre de webs que sirvan sin autorización contenidos sujetos a derechos de autor.

Esta noticia se esperaba desde hacía mucho tiempo ya que las diferencias entre las posiciones del PSOE y el PP eran mínimas a pesar de todo el ruido generado en los últimos meses. La oposición manifestada, hasta el momento, por el PP  obedecía más a una posición de desgaste del Gobierno que a un planteamiento radicalmente distinto al texto propuesto por el Gobierno. Es una Ley hecha a la medida de la Industria de la Cultura y de los intereses de las grandes empresas norteamericanas.  Además, según algunos juristas abre una posible vía para “censurar” enlaces o referencias de terceros que, bajo el amparo de los derechos de autor, se utilicen en los medios sociales.

Lo que es cierto es que la sociedad civil, en general, se ha mantenido al margen de las discusiones, polémicas y oposición a dicha propuesta de ley, salvo unos cientos o pocos miles, muy pocos miles no perdamos las perspectivas, de usuarios de Internet (los internautas) que través de las redes sociales han manifestado su rechazo, a veces en acaloradas discusiones y cruces de insultos con algún que otro “autor-creador”. En estos momentos, al mismo tiempo que escribo esta entrada, en Twitter con el hasgtag #leysinde, unos cientos de “internautas” manifiestan su rabia contra el acuerdo Gobierno-PP. Pasarán unos días y cuando quede ratificada en el Congreso, nadie se acordará. La oposición y movilización contra la Ley se ha centrado en un ciberactivismo de sofá sin ninguna repercusión en la calle, el único sitio que, hoy por hoy, preocupa a la clase política. Esto no es una descalificación, simplemente una constatación de una realidad.

Nos queda un grupito de internautas con una alta popularidad en los medios sociales que han hecho de esta ley su leit motiv  del ser y estar, en algunos casos en busca de  protagonismo desmesurado, al margen de la sociedad civil y por encima de sus canales de representación, que al final ha quedado reducida a un coro de grillos asíncronos y hasta patético por algunas de sus actuaciones. Esto si que es una crítica, porque la mayoría de estos aguerridos defensores de la libertad y de los derechos en Internet, nunca se han pronunciado sobre las perdidas de los derechos sociales y otras injusticias que están sufriendo millones de ciudadanos en este país, da la impresión de que no son de este mundo. En fin, revolucionarios de salón que en la mayoría de los casos defendían intereses económicos propios o de terceros.

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