Los disturbios del Reino Unido o el estilo “inglés”

Los últimos disturbios en varías ciudades del Reino Unido como Londres, Birmingham, Manchester o Wolverhampton, entre otras, no responden a ningún movimiento reivindicativo sociopolítico. Es simplemente la ira y la rabia acumulada en los guetos de los barrios periféricos de las principales ciudades que, cuando alcanza un alto grado de concentración, explota en una violencia descontrolada a partir de algún incidente, en general, con la policía, llevando la destrucción y el saqueo a los propios barrios o a los barrios colindantes de las clases sociales más pudientes.  No es nada nuevo, es algo recurrente desde hace décadas, en barrios como Tottenham en Londres, o en otras grandes urbes de Europa occidental, como en la banlieu de París.

La gran mayoría de los “hoodies”, esos jóvenes con sudaderas con capucha que saquean los comercios destruyendo y llevándose todos aquellos productos que son los iconos de nuestra sociedad del consumo, son los hijos de las bolsas de la marginalidad (el cuarto mundo) de las sociedades desarrolladas del mundo occidental. Son el reflejo de una sociedad acomodada que ignora su composición multicultural y margina a la mayoría por el origen étnico y religioso a cientos de miles de ciudadanos, en este caso, británicos de segunda y tercera generación que junto con otros sectores de ciudadanos, desempleados crónicos y marginados sociales, subsisten en barrios degradados gracias a unas políticas de subsidios sociales orientadas a mantener el status quo y no a superar las situaciones de marginación o exclusión social.

Es un segmento de población que está situado socialmente por debajo del resto de la ciudadanía desde el punto de vista de sus condiciones de trabajo y de vida. En general son desafectos a la política y los movimientos sociopolíticos para luchar por sus reivindicaciones, y suelen canalizar sus protestas a través de una violencia ciega y destructora, entre ellos mismos (las guerras entre comunidades o bandas étnicas) o contra el resto del mundo. Así mismo, es un segmento de población donde una parte de ella, para su subsistencia, desarrolla actividades al margen de la legalidad o en la marginación social (delincuencia, prostitución, drogas, etc.).

Marx definió un término sociológico para describir este segmento de población: el lumpemproletario. Es decir la capa social más baja y sin conciencia de clase. En este punto decir, que el lumpemproletario, es un problema para la cohesión social y una justificación para que el poder acentúe el control policial de toda la sociedad. Lo estamos viendo en las reacciones del Gobierno de David Cameron, desde la amenaza de desplegar el Ejército, implantar el toque de queda o bloquear las redes sociales para que no puedan organizarse. Es decir, en vez de desarrollar políticas sociales, económicas y educativas transversales para potenciar la cohesión social de este segmento de población, se recurre a políticas represivas que, al final, coartan libertades y derechos de la totalidad de la población en nombre de la seguridad.

Es posible que las políticas de los recortes sociales del Gobierno británico incrementen la exasperación de este segmento de la población y que los disturbios vividos únicamente sean un prólogo del futuro inmediato. A priori, es difícil que las revueltas del “lumpemproletariado” puedan converger, otra cuestión es que puedan coincidir, con los movimientos reivindicativos de otros sectores de la población del Reino Unido como el caso de los estudiantes por las tasas universitarias, los funcionarios por los recortes en sus pensiones y las de otros colectivos de trabajadores. Transformar la violencia gratuita e insolidaria generada por la ira y la rabia contra un sistema en un movimiento reivindicativo socioeconómico forma parte de un proceso de toma de conciencia que requiere su tiempo.

Por el momento, decir que el estilo “inglés” de confrontación en el espacio público favorecen las políticas de represión policial por parte del sistema contando con beneplácito de una mayoría de la ciudadanía. Mientras que el estilo “español” de ocupación pacífica del espacio público y la movilización permanente de los ciudadanos, cuya génesis está en el movimiento del 15M, preocupa mucho más a los poderes del sistema, porque es mucho más difícil de reprimir y consigue un amplio respaldo de las reivindicaciones y acciones por parte de la ciudadanía, tal como hemos ido observando durante estos meses.

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