Maruja y José. Cara y cruz del sentir de la izquierda

Ahora que la izquierda institucional, la socialdemocracia,  está en crisis después del varapalo electoral que los ha expulsado del Gobierno del Estado, de las Autonomías y de los Ayuntamientos. Ahora que se plantean renovarse, buscando nuevos líderes y reconstruyendo un discurso que vuelva a conectar con los ciudadanos, deberían mirar a su alrededor, escuchar, reflexionar y pensar el camino que quieren elegir. En este sentido, dos noticias de esta semana relacionadas con dos personas, que comparten un mismo origen, pero no una misma trayectoria, pueden ser dos historias que ayuden a reflexionar sobre el camino a elegir para dicha renovación.

Maruja Ruiz Martos es la mujer que rechazó la medalla de Honor del Ayuntamiento de Barcelona porque venía de las manos de “un Gobierno que sigue recortando derechos sociales“. Maruja es una mujer que llegó a Barcelona a los 13 años desde Guadix (Granada) y desde hace 50 años lleva luchando por las reivindicaciones y la dignidad de los barrios de la Prosperitat y Nou Barris de la ciudad de Barcelona. Maruja es una líder vecinal, una persona que conoce los problemas reales de sus vecinos y que conoce la lucha en la calle reivindicando cosas esenciales como la pavimentación de calles, el transporte público o un centro social para personas mayores. Se siente orgullosa y agradecida de que sus vecinos le hayan propuesto para la medalla, pero no la ha aceptado, por coherencia y dignidad contra unos gobiernos cuyo eje central de las políticas para salir de la crisis pasa por los recortes y privatización de servicios públicos como la salud y la educación.

José Montilla Aguilera es el expresidente de la Generalitat que acaba de ser designado por su partido para la cámara del Senado. José es un hombre que llego a Cataluña a los 16 años desde Iznájar (Córdoba),  fue un joven idealista de trinchera que, desde la extrema izquierda, acabó acomodándose en el PSC después de un corto periodo de militancia en el PSUC. En el  la edad de los 25 años se subió en el tren de los cargos políticos ocupando diversos vagones: teniente alcalde en el Ayuntamiento de Sant Joan Despí; alcalde de la ciudad de Cornellá; presidente de la Diputación de Barcelona; Ministro de Industria, Comercio e Industria; y Presidente de la Generalitat de Cataluña hasta que los ciudadanos le retiraron la confianza. Su carrera política, llena de claroscuros, podría haberla finalizado con la dorada “jubilación “que conlleva el cargo de expresidente: asignación económica personal y una oficina vitalicia con trabajadores y asignación económica a cargo del erario público. Ahora, Montilla será senador sin haber pasado por las urnas (forma parte la cuota de senadores de libre designación por los partidos) renunciará al sueldo de expresidente, porque así lo determina la Ley, sin embargo mantendrá el privilegio de la oficina donde trabajan tres personas, además de disponer de chofer y seguridad con un coste que rondan los 500.000 euros anuales. Montilla justifica que su nuevo cargo es una “gran oportunidad de servicio a la sociedad”.

Maruja tiene 75 años, no vive de nadie y no le debe nada a nadie, seguirá luchando en su barrio, arropada por sus vecinos, como en 1973, en plena represión de la dictadura, cuando encabezó a un grupo de 300 mujeres y niños que se encerraron  en la iglesia de San Andrés del Palomar durante 28 días para reclamar que no despidieran a cientos de trabajadores  de Motor Ibérica (actual Nissan España). Mientras tanto, Montilla, sesteará en una cámara inoperante en su función colegisladora y de articulación de la España autonómica. En cualquier caso, Montilla, al alcanzar la edad de jubilación,  si no recibe ningún otro sueldo público, ya tiene asegurada una pensión equivalente al 60% del sueldo de “president”: 86.418 euros.

Maruja y José son la cara y la cruz del sentir de la izquierda. Como alguien dijo:  “el mejor premio y reconocimiento que una persona puede obtener es el de su propia conciencia”, por este motivo Majura es la cara y José la cruz.

 

 

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