La reforma laboral y el empleo en un contexto globalizado

Cualquier análisis de las implicaciones del reciente decreto de la reforma laboral y sus “pretendidos” efectos directos en la creación de empleo se tiene que realizar en el marco del contexto económico global caracterizado por la flexibilidad en la producción de bienes y servicios. Siendo el referente, para una gran número de economistas y empresarios, el modelo económico de producción de China. En este punto, señalar que el hecho de que la producción manufacturera se haya trasladado a este país asiático no es un hecho de la globalización, sino una elección ideológica, porque para las grandes compañías globales y los grandes inversores, el patriotismo y el proteccionismo son conceptos caducos al mismo tiempo que aplican una responsabilidad social líquida, de doble cara, adaptativa a los contextos locales donde operan (Véase: Zara, Apple, Nike y otros. Los negreros del siglo XXI).

Sin embargo, la deslocalización de la producción no se basa únicamente en los costes de la mano de obra ligada a la desregulación total de las condiciones de trabajo que las empresas globales no encuentran en los países desarrollados, también se han de considerar otros factores. Si China es, hoy por hoy, el paradigma de la flexibilidad en la producción a nivel global, éste no se limita a los costes de producción (en otros países son mucho más baratos) porque está utilizando las inversiones de las empresas occidentales y la transferencia tecnológica de éstas en innovar en sus propios procesos de trabajo. Hoy, el valor añadido de China lo encontramos en la rapidez de respuesta, la flexibilidad, el saber hacer (know-how) y, por supuesto, los costes de la mano de obra ligada a una laxa regulación laboral.

En un reciente artículo publicado por el New York Times (How the U.S. Lost Out on iPhone Work) tenemos una amplia ilustración de estas ventajas competitivas en el análisis de Foxconn Technology Group, el fabricante y ensamblador de hardware más importante del mundo que trabaja para compañías como Apple, Dell, HP, Nokia o Nintendo, entre otras.

La competitividad de la Foxconn está centrada en su capacidad de reaccionar con rapidez y servir un pedido en el plazo más corto de tiempo con una excelente calidad. Hoy la gran cadena de suministro mundial  está en China: ¿Se necesita un millón de juntas de goma?, está en la puerta de la fábrica de al lado;  ¿se requiere un millón de tornillos?, los encontrarás en una fábrica a una manzana de distancia; ¿es necesario un tornillo con unas modificaciones?, lo tendrás en tres horas; ¿se requieren 3.000 personas durante la noche para aumentar la producción y convencerlos que vivan en los dormitorios de la fábrica?, no es un problema, en pocas horas dispondrá de un ejercito de trabajadores dispuestos a ocupar los puestos demandados.  Todo esto es posible en Foxconn City, el ecosistema industrial de grupo Foxconn, el símbolo de la flexibilidad a escala hiperindustrial, gracias a una legislación laboral casi inexistente imposible de encontrar en los países desarrollados. Una flexibilidad que va mucho más allá de la mano de obra de baja o media cualificación. Según el New York Times, los ejecutivos de Apple estimaron que necesitaban alrededor de 8.700 ingenieros industriales para supervisar y guiar a los 200.000 trabajadores de la línea de montaje que intervienen en la fabricación de los iPhone. Para contratar dicho número de personal cualificado en los Estados Unidos se hubiese requerido unos 9 meses, sin embargo, en China únicamente se necesitaron 15 días.

En mi opinión, cualquier lectura de la reforma laboral tiene que encuadrarse en la opción ideológica económica-productiva que tiene como referente el actual modelo chino. Es decir, transformar las legislaciones y las economías nacionales para garantizar una mayor flexibilidad, más habilidades y menos regulación laboral para reducir los costes y ser más competitivos. Es la opción del sistema  político-económico actual dominante.

En este contexto, es posible que, con la reforma laboral, se acabe creando empleo a medio y largo plazo cuando se corrijan aspectos como el déficit y fluya el crédito para las empresas y los particulares. Sin embargo, la cuestión es saber que tipo de empleo, y todo apunta a que este se focalizará en los dos extremos del mercado: mayoritariamente en el empleo de baja cualificación, fácil de reemplazar con salarios bajos (hostelería, limpieza, seguridad, peones…) y, minoritariamente, en puestos superiores (técnicos superiores, servicios de valor añadido, directivos…). Mientras que el empleo de cualificación media (administrativos, empleados de producción y otros perfiles) son los más afectados por la deslocalización, y porque son más fácilmente reemplazables, en parte o totalmente, por la tecnología (las TIC y la robótica). En cierta medida, el efecto más directo de la actual crisis y las perspectivas de la salida pasa por la depauperación de un amplio sector de la clase media actual.

La salida profesional para una gran mayoría de las personas cualificadas pasará, más bien ya está pasando, por la movilidad geográfica a escala global (más de 300.000 jóvenes españoles han dejado España desde 2008 ante la falta de horizonte laboral). También, aprovechando las nuevas tecnologías, la otra vía es inventarse nuevas maneras de ser productivos y crear sus propios puestos de trabajo en nichos empresariales insospechados no cubiertos por las grandes corporaciones. En otras palabras, pasar del concepto de asalariado a emprendedor, un proceso que requiere crear las condiciones favorables (sociales, culturales, educativas y económicas) para dicha transformación.

Una reforma laboral acorde con el orden económico mundial dominante tiene que ir acompañada de una serie de transformaciones que permitan crear el ecosistema favorable para el emprendimiento si realmente se busca, a nivel de país, ganar en competitividad (lo comentábamos en: El Mobile World Congress y el cuento de la lechera). Lamentablemente, hoy por hoy, se está apostando por la reducción de los costes laborales y no por el incremento del talento emprendedor. Una visión cortoplacista que nos  pasará factura en los próximos años.

Violencia de género estructural. Producción y reproducción

Alberto Ruiz-Gallardón, Ministro de Justicia del nuevo Gobierno del Partido Popular, nos acaba de sorprender, en vísperas del Día Internacional de la Mujer,  al afirmar que las mujeres se ven sometidas “en muchas ocasiones” a una “violencia de género estructural por el mero hecho del embarazo” y que va a aumentar la protección del derecho reproductivo “por excelencia”, que es “la maternidad”.  En otras palabras, después de la reforma laboral para ganar competitividad productiva, el Gobierno está planteando la reforma de la ley de aborto para mejorar la reproductividad cercenando derechos básicos de las mujeres en las libertades individuales y sometiéndolas a nuevos tutelajes jurídicos o médicos en nombre de la “maternidad”.  En cierta medida, era un tema que se veía venir  si consideramos que la lucha del Partido Popular contra la interrupción voluntaria del embarazo ha sido larga e intensa contra las distintas regulaciones: la Ley restrictiva del 1985 que despenaliza el aborto en tres supuestos o la del 2010, la actual, que a pesar de establecer una serie de plazos, mucho más abierta hasta la hasta la semana 14 de gestación.

Es lamentable que el Ministro, habiendo introducido un concepto interesante “violencia de género estructural” lo utilice como un eufemismo para justificar posibles “recortes” en las libertades individuales de las mujeres. Porque es cierto que existe una violencia de género estructural generalizada contra las mujeres:  las discriminaciones salariales en relación con el hombre (entre el 27% y el 28%) es casi el doble del porcentaje medio que se registra en la Unión Europea, donde la diferencia de salarios por un trabajo similar o equivalente es de un 15%; el embarazo como freno en las carreras profesionales o causa de no renovación de contratos de trabajo; la falta de recursos públicos para facilitar la conciliación de la maternidad y el trabajo; el “techo” laboral que impide que las mujeres puedan conseguir puestos destacados aunque estén preparadas para ellos (casi el 60% de los licenciados universitarios son del género femenino); las responsabilidades familiares que recaen en su mayoría en las mujeres; la permanencia de la cultura del machismo y sexismo (uno de cada tres adolescente corre el riesgo de convertirse en maltratador), sin olvidar la violencia directa, tanto física como psicológica, contra las mujeres; y un largo etcétera.

Nadie puede bajar la guardia, conseguir que mujeres y hombres puedan compartir y disfrutar los mismos derechos y deberes en igualdad de condiciones  para que ambos puedan desarrollarse íntegramente como personas, es un largo camino lleno de obstáculos de todo tipo. Mañana día 8 de marzo es un gran día para reflexionar y reivindicar.

El Mobile World Congress y el cuento de la lechera

El Mobile World Congress 2012, (MWC) acaba de celebrarse en Barcelona y se consolida como el principal congreso mundial de las TIC relacionadas con la movilidad con un importante éxito en asistencia (67.000 profesionales) y con un impacto económico estimado en unos 300 millones de euros en el sector de servicios y turismo. También es de destacar que su continuidad está garantizada hasta el año 2018 con unas perspectivas de un impacto económico de unos 3.500 millones de euros en los próximos 6 años.  Todo un éxito para la marca Barcelona como ciudad de certámenes y ocio que ayuda a consolidar el sector económico relacionado con el turismo y los eventos. Asimismo, el éxito del certamen ha despertado una cierta euforia en determinados poderes públicos en el sentido de que dicho certamen puede contribuir a dinamizar el sector más innovador de las TIC y  convertir a Barcelona en un referente mundial. En mi opinión, creo que dicha euforia es una reedición del cuento de la lechera, porque es hablar sobre las ilusiones exageradas o los negocios fantásticos.

Una cosa es un evento mundial que concentra todas las novedades y tendencias tecnológicas y los principales profesionales del sector durante una semana, y otra cosa es el desarrollo local de un sector económico innovador operando los 365 días del año, año tras año.  Un buen indicador es la presencia de empresas en el certamen dejando a un lado a las grandes multinacionales y operadoras del sector y, en este punto, hemos observado que la presencia de empresas españolas o catalanas era más bien discreta en términos cualitativos si lo comparamos con el pabellón de Israel que se convirtió en uno de los centros neurálgicos del certamen y punto de referencia para los asistentes con más de un centenar de empresas punteras en el sector (65 de telefonía y 40 de aplicaciones).

El hecho de que las empresas israelitas hayan sido un punto de referencia en el certamen es el resultado de la política económica de un país de 7 millones de habitantes con una hoja de ruta de transformación de la economía basada en una cantera de miles de start-ups tecnológicas que nacen y crecen gracias a la coinversión, compartiendo el riesgo, del sector publico con el sector privado en el marco de una política (Start-up Nation) donde la innovación y la competitividad, junto a una visión de internacionalización en una economía mundial dinámica está generando  más start-ups que en países como Japón, China, India, Corea, Canadá o el Reino Unido, o que, hoy en día, en el NASDAQ coticen 63 compañías israelitas, más que las de cualquier otro país extranjero.

Para que Barcelona, Cataluña o España sea un referente en la innovación tecnológica, es algo que va más allá de ser la sede de un evento internacional durante unos pocos días. Lo que se requiere es que nuestra clase política, junto con los sectores económicos y sociales más dinámicos, sean capaces de establecer la hoja de ruta a medio y largo plazo con las transformaciones del modelo económico que nos ayude a salir de la crisis. Lamentablemente están anclados en el cortoplacismo de los ajustes y recortes con una visión de futuro limitada a unos pocos meses vistas. Ya hemos perdido más de una década asentados en un modelo de crecimiento basado en el ladrillo y la especulación que nos está pasando factura de forma sangrante. Ignoro si todavía nos quedan recursos o fuerzas para afrontar los nuevos retos de una economía productiva y de servicios acorde con el siglo XXI y la dinámica de la globalización de estos últimos años.

Por el momento, en Barcelona, el objetivo es crear el Mobile World Hub, un organismo gestionado por una fundación integrada inicialmente por el Ministerio de Industria, la Generalitat, el Ayuntamiento de Barcelona, la asociación GSMA (que agrupa a los fabricante de telefonía móvil) y Fira de Barcelona, que se centrará en un programa de proyectos industriales y de desarrollo de soluciones y que podría crear unos 150 puestos de trabajo. ¿Será el embrión de algo serio?… o ¿Será un organismo más que acabará languideciendo como otros tantos que se han creado en el pasado?…