Salupedia. Una “alegría” 2.0 financiada con dinero público

Analizando las ponencias del I Congreso de la Blogosfera Sanitaria me he interesado por el caso de Salupedia.org, una red social vertical sobre la Salud que fue financiada, en su totalidad, por el Ministerio de Industria, Turismo y Comercio por un importe de 211.200 euros y cuyo balance,  después de un año y medio de funcionamiento, a pesar de más de 200 impactos en medios de comunicación tradicionales, son más bien pésimos de acuerdo con los datos de los propios patrocinadores: 778 usuarios registrados -196 profesionales y 582 ciudadanos- y un promedio de unas 550 visitas diarias.

Pero en términos de participación efectiva –votar, comentar, visitar enlaces, etc.- los usuarios se reducen a 180  -59 profesionales y 121 ciudadanos-, todo un lujo si consideramos que el ratio inversión a cargo de los presupuestos generales del Estado y participante efectivo en la red es de 1.173 euros per capita.

En la ponencia presentada por el Director del Proyecto, Ignacio Basagoiti, se reconoce que los resultados son “agridulces” en términos de audiencia, pero en ningún momento se analiza los motivos reales del poco éxito del proyecto, por no decir fracaso después de un año y medio de funcionamiento, salvo algunas declaraciones de intenciones generalistas recogidas en las conclusiones.

No es mi intención, hacer leña de un árbol moribundo, pero por transparencia y responsabilidad y por muy proyecto 2.0, sin obviar el interés del tema, un inversor privado estaría pidiendo, después del tiempo transcurrido, aclaraciones y un plan de acción o replanteamiento para reconducirlo. ¿Pedirá el Estado –representante de los ciudadanos accionistas- aclaraciones? Lo dudo y el caso de Salupedia es un claro ejemplo de los efectos burbujeantes del meme 2.0.

Salupedia es una iniciativa dirigida por el Instituto ITACA-TSB y realizado por TSB Tecnologías. Está respaldado por organizaciones como la Asociación Española de Pediatría (AEP), la Asociación Médica Argentina, La Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria (Semfyc) así como la Federación Española de Enfermedades Raras (FEDER) y la Universidad Politécnica de Valencia, y tiene el objetivo de asentar una comunidad de usuarios donde los profesionales -médicos, enfermeros, psicólogos, etc.- recomienden contenidos, ya existentes en la red, a pacientes, familiares y ciudadanos en general.

Participa un pequeño panel de expertos multidisciplinar y  cuenta con dos áreas bien diferencias: la de los profesionales, de acceso restringido, para compartir y valorar la información aportada por los mismos y la de los ciudadanos, de acceso abierto, para comentar y valorar la información que los profesionales han puesto a su disposición. Como objetivos específicos, además de consolidar una plataforma para incentivar la comunicación, la colaboración, y la participación de los actores implicados, persigue crear una completa biblioteca virtual con información sanitaria organizada, jerarquizada y confiable a donde poder dirigirse para obtener información sanitaria de calidad e investigar las posibilidades de las Web colaborativas en el entorno de la salud, para descubrir nuevas funcionalidades y plantear iniciativas de futuro.

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Redes sociales, tribus y burbujas informativas

Lee Rainie, Director del Pew Internet & American Life Project, en una entrevista publicada en El País,  plantea el riesgo , en la Red, de “balcanización, que cada uno vivamos en nuestra burbuja informativa, incapaces o sin ganas de escuchar algo que desafíe nuestro punto de vista“.  Y en cierta medida, Rainie no va desencaminado porque en los medios sociales la tendencia es la búsqueda de zonas de confort intelectual en las se sigue, en la mayoría de los casos, a aquellas personas, sean expertos o no, que más se ajustan a nuestra manera de pensar y actuar, compartiendo aquello que leen y creándose un circulo vicioso de autocomplacencia y autoelogio grupal donde, en general, el cuestionamiento o crítica a determinados comentarios o planteamientos es rechazada implícitamente vía indeferencia o explícitamente vía el desdén que conlleva el epíteto de troll.

Las burbujas informativas, no  son fenómenos exclusivos de los medios sociales, es simplemente un fenómeno social que siempre ha existido bajo la forma de un statu quo de pensamiento grupal o comportamiento tribal, la única diferencia es que la participación activa en las redes sociales evidencia mucho más dichas burbujas informativas.

La Web 2.0, como concepto y como herramientas, fue recibida en determinados círculos como una oportunidad para resucitar el ideal democrático y participativo de la Ágora griega como espacio de debate y confrontación de ideas y pensamientos de forma asertiva. Hoy por hoy, lo único que se ha conseguido es incrementar la participación en espacios grupales virtualizados donde domina el pensamiento acrítico y, por tanto, se acepta todo, o casi todo, sin entrar a cuestionarlo.

La Red ha incrementado la participación de las personas, pero no el desarrollo de un pensamiento crítico independiente en contraposición a un pensamiento acrítico dependiente alineado pragmáticamente en busca de un confort intelectual con las corrientes mayoritarias o los liderazgos de sus correspondientes burbujas informativas.

Es el dilema entre pensar de forma independiente y estar consciente de los efectos que la conducta propia y la de los otros tienen para alcanzar un determinado propósito o pensar tan solo en las posibilidades que nos han planteado y aceptar las ideas de los líderes o de las corrientes dominantes sin pensar. Es el dilema de la Red como fenómeno transformador social o simple espejo de una realidad social aumentada.

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¿Por qué no explican la realidad?. Hacia un desempleo crónico

En una entrada anterior, planteaba la tesis de que hemos de empezar a asumir que el empleo asalariado, tal como lo conocemos hoy en día, cada vez será más escaso y aportaba algunos de los principales argumentos que, en mi opinión, avalaban dicha tesis, sobre todo en nuestro país. Una tesis que se va confirmando si vamos incorporando nuevos datos y valoraciones. No es un mero ejercicio intelectual porque detrás hay millones de personas en un sumidero cuyas esperanzas se van agotando cada día que pasa.

Los datos del mes de mayo sobre el descenso del paro por primera vez tras una 14 de meses de constantes subidas ha sido recibida con una gran alegría por el Gobierno con expresiones como un dato “positivo y alentador” que “debe ser un cambio de tendencia”, que es un “aliciente” para “seguir recorriendo el camino” y encontrar la “mejor reforma laboral” para poder crear empleo “cuanto antes y, a ser posible, de mayor calidad”, aunque, siempre acaban con la coletilla  de que hay que acogerlo con “cautela y prudencia”.

Un descenso que obedece a dos causas, por un lado el mes de mayo, siempre ha sido tradicionalmente bueno para el empleo porque coincide con el grueso de las contrataciones de la temporada turística y, por otro lado, los 8.000 millones del Fondo de Inversión Local han contribuido a crear unos 144.000 nuevos empleos. Pero, son empleos efímeros, la mayoría de las contrataciones de la temporada turística son por un periodo que no superarán los 5 meses y, con los ajustes y recortes presupuestarios difícilmente se podrá mantener la actividad asociada a los planes de inversión municipal. En otras palabras, pan para hoy y hambre para mañana.

La pregunta que nos deberíamos hacer es ¿Con qué plan debería trabajar el gobierno y la oposición, al margen de la visión cortoplacista de los hipotéticos brotes verdes o las expectativas electorales a golpe de encuesta, para afrontar un cambio de paradigma en la tasa de empleabilidad? Porque si observamos las dificultades que está teniendo los Estados Unidos para recuperar el empleo perdido (véase gráfico) con una de las economías más dinámica e innovadora y con una regulación laboral de mínimos, sinceramente nuestro panorama, considerando nuestra estructura económica y las tasas de desempleo, a medio plazo no es nada alentador.

En el gráfico podemos observar, que después de la 2ª Guerra Mundial, de las 11 recesiones de la economía norteamericana, está última es la que ha generado más perdidas de empleo y la que tendrá una más lenta recuperación.  Porque los 400.000 nuevos puestos de trabajos creados en el mes de mayo, la gran mayoría son temporales de poca duración.

Fuente: Business Insider.

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Transformación. De asalariado a emprendedor

En nuestro entorno socio-económico hemos de empezar a asumir que el empleo asalariado, tal como lo conocemos hoy en día, cada vez será más escaso. El empleo masivo asalariado nació con la era industrial y la concentración de la mano de obra en régimen de productividad  en grandes centros fabriles que posteriormente se fue extendiendo a la prestación de servicios públicos y privados de todo tipo.  La condición de asalariado a lo largo del siglo XX ha estado asociado a una situación de “vender” una parte del tiempo y esfuerzo personal -sujeto a unos horarios y ejecución de unas determinadas tareas- a cambio de unos ingresos monetarios y unos beneficios sociales que, en cierta medida, garantizaban una estabilidad laboral y vital a lo largo de la vida de una persona.

En efecto, el empleo asalariado, en los próximos años, será más bien escaso en nuestro país, porque:

  • por el efecto globalización, la producción industrial de bienes de gran consumo y otros bienes manufactureros con poco valor añadido se ha trasladado  a los países emergentes por los costes de la mano de obra;
  • en el sector de la construcción, gran generador de empleo directo e indirecto en otras ramas de la producción y servicios en los últimos años ha acumulado un stock de viviendas que requerirá unos cuantos años para darle salida;
  • el déficit de las AA.PP. conlleva adelgazamiento de las plantillas vía no sustitución por jubilaciones y disminución del personal temporal o laboral, asimismo, la reducción de las inversiones públicas tiene un impacto directo en el empleo de empresas terceras; o
  • en el sector turístico la contratación de personal temporal está sujeto a los vaivenes de los efectos de la crisis. Sin olvidar, el efecto dominó del descenso del consumo en otros sectores como el comercio y otros servicios.

Los sectores económicos más dinámicos y que aportan valor a una economía del siglo XXI, donde sus principales factores de productividad se basan en el empoderamiento del capital humano y tecnológico, en nuestro país todavía están en una fase emergente y, aunque son creadores de empleo de calidad –economía del conocimiento-, su incidencia en las tasas macro de empleabilidad es más bien baja.  Me da la impresión que la tasa actual de desempleo tardará mucho tiempo en descender sin descartar que, en determinados periodos, pueda crecer  aún más en términos absolutos.

Poder trabajar y obtener unos ingresos que permitan a una persona vivir con unos parámetros acordes con nuestro contexto socio-económico, va a requerir, desde una posición personal, incrementar su empleabilidad, es decir, su potencial profesional, para poder incorporarse a empresas en los sectores económicos más dinámicos -muchos son los llamados y pocos son los escogidos- o apostar por emprender, es decir, autocrearse la actividad que aporte valor añadido, la cual puede dar lugar al embrión de una empresa o una prestación de servicios como profesional autónomo altamente cualificado.

Aunque en nuestro país cuesta ser emprendedor, lo explicaba en una entrada anterior, emprendedores  o creadores de autoempleo siempre han existido, no es nada nuevo, pero las opciones o oportunidades han cambiando porque el margen de viabilidad de iniciativas tradicionales como la de abrir un bar, una peluquería, un comercio o crear una pequeña empresa auxiliar de la gran industria, ya está agotado.

Es curioso observar que, en un espacio corto de tiempo, el coaching para emprendedores se ha puesto de moda. Los supuestos “expertos” sobre el tema – coachers-  abundan como las setas en otoño, obviamente entre la maraña nos encontramos con algunos buenos profesionales con experiencia y conocimiento de causa; las conferencias o  las ponencias evangelizadoras están a la orden del día acompañadas del socorrido “power-point” como síntesis de un “bla-bla-bla” copy-paste de terceros; las cátedras sobre emprendeduría empiezan a proliferar en las Universidades pero sin incorporarse en el diseño curricular de las carreras; y hasta existe una campaña –estosololoarreglamosentretodos.org- patrocinada por las principales empresas del IBEX cuyo discurso se articula en la emprendeduría personal como si fuese la búsqueda del Santo Grial.

Pero este coaching aunque le pueda servir de ayuda a determinadas personas para despertar sus motivos para la acción, no va al fondo del problema que, en mi opinión, requiere crear el ambiente cultural, es decir, el ecosistema que favorezca la emprendeduría abordando las transformaciones necesarias:

  • el desarrollo de una cultura emprendedora –en los diferentes ciclos del ámbito educativo-;
  • la simplificación trámites y barreras normativas –ámbito de las administraciones públicas-;
  • las políticas de impulso sectores innovadores y de valor añadido –subvenciones, planes estratégicos del gobierno, etc.-;
  • las políticas para facilitar la proliferación de capital riesgo –gobierno y agentes económicos-; o
  • la potenciación de redes de conocimiento entre otros factores.

Transformaciones que van a requerir su tiempo para que podamos ver sus resultados, pero que son inaplazables porque la economía del siglo XXI requerirá profesionales cualificados, muchos de ellos emprendedores, capacitados para trabajar en un mundo global, polivalentes, en formación permanente, dispersos e interactuando en redes, trabajando por proyectos, etcétera.

Informe Semanal: A la conquista de Silicon Valley

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Transformación. Reforma laboral o mejora de la productividad

En España, uno de los elementos considerado como fundamental para superar la crisis es la mejora de la productividad del país.

En general, se diagnostica que desde mediados de los años ochenta el crecimiento de la productividad total de los factores de la economía española se ha ido desacelerando. Entre los motivos, el principal,  es por la falta de aprovechamiento de la mejora del capital humano –capacitación y conocimiento- y de las Tecnologías de la Comunicación y la Información de los últimos años.  Obviamente, existen otros motivos colaterales que se podrían achacar a una cultura empresarial más bien raquítica o a determinados aspectos regulatorios y políticas de subvenciones en algunos sectores que no han ayudado consolidar una economía más dinámica e eficiente.

En estos momentos, la negociación de la reforma laboral se está planteando exclusivamente en términos de  reducción de los costes del capital humano -vinculando explicitamente el incremento de productividad- pero sin afrontar los dos aspectos fundamentales para una economía del siglo XXI en nuestro entorno: incrementar el capital tecnológico y su uso eficiente por las empresas y el empoderamiento del capital humano -educación y formación permanente-.

Es un hecho que al tejido empresarial español, salvo excepciones, les trae al pairo el empoderamiento del capital humano – sólo el 18% de las empresas utilizaron los fondos de formación de sus empleados el año pasado mediante la deducción de las cuotas a la Seguridad Social- y muchas otras no invierten lo que deberían invertir en capital tecnológico y lo único que desean es mano de obra barata.

Sin negar que la reforma laboral es necesaria, entendiéndola como simplificación de las modalidades de contratación, facilidades de adaptación de plantillas a las necesidades de producción o prestación de servicios de determinados sectores, optimización de costes laborales, etc.. lo importante y lo urgente es que  está tiene que ir acompañada de reformas para el empoderamiento del capital humano y el incremento del capital tecnológico, aspecto que implica que el sector empresarial tenga que asumir importantes compromisos.

La reforma laboral, tal como se está planteando, nos abocará a una economía intensiva en mano de obra con salarios cada vez más devaluados con el único objetivo político de reducir unos cuantos puntos la tasa del paro.

No hace falta recurrir a las series estadísticas para observar que los países con mayor productividad y aportación de valor añadido suelen tener salarios más altos. Mientras que en España, con bajos salarios, las empresas tienden a invertir menos en mejoras de sus capitales humanos y tecnológicos.

El reto está planteado: o economía del conocimiento acorde al siglo XXI o economía de ingenio azucarero del siglo XVIII.

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