Se acabó el Mundial. Es la hora de la política

Ayer la selección española marcó un hito histórico al ganar por primera vez el Mundial del Futbol. Una victoria merecida y reconocida por los propios contrincantes por la calidad de su juego y los valores que han mostrado durante todo el evento deportivo: proyecto, autosuperación, espíritu de equipo, lealtad en la competencia, reconocimiento del mérito, solidaridad….

Se podría decir que una selección formada por jugadores de diferentes equipos, enfrentados, semana a semana, durante la liga hicieron piña para conseguir un objetivo común simbolizado por el brutal abrazo entre Casillas y Puyol, los dos capitanes del Madrid y el Barcelona, en el partido contra Alemania.

Estamos viviendo un delirio de masas en todos los rincones del Estado, simbolizado por el color rojo de las camisetas y los colores de la bandera española, un delirio que podría interpretarse como sentimiento e ilusión, como un deseo interiorizado de que los valores que representa la selección española se trasladen a toda la sociedad. Y aquí, es donde surge la confrontación entre deseos y realidades, porque la realidad, una vez aplacada la euforia, surge con toda su crudeza en el colectivo humano: No hay proyecto de país; la autosuperación y el espíritu de equipo brillan por su ausencia;  y la lealtad en la competencia, el reconocimiento del mérito y la solidaridad es un rara avis.

Acabado el Mundial, es la hora de la política para afrontar los problemas reales que pasan por: un proyecto de Estado donde pueda encajar la pluralidad y la diversidad de las naciones que lo configuran; y un proyecto socio-económico que permita afrontar y superar la crisis impulsando las transformaciones necesarias para asentar una estructura económica acorde con el siglo XXI, al mismo tiempo que se consolida el Estado del bienestar. Proyectos que, por su envergadura y alcance, pueden sonar a utopía pero son los que configuran un proyecto de país y deben afrontarse, aunque el camino sea muy largo.

Mandela utilizó el deporte como vía para arrancar un proyecto de país en Sudáfrica: si los blancos iban a aprender a cantar Nkosi Sikelel’ iAfrika, los negros tendrían que tomarle el gusto a ese deporte hasta entonces elitista, el rugby.  Para él, el deporte fue un medio de reconciliación, cuando alguien le dijo que el rugby era una maniobra política el le respondió: “es una maniobra humana”.

Lamentablemente, todo apunta que la lección de la selección española quedará reducida a una manipulación política, a “Panem et circenses” –literalmente pan y juego de circo-. La derecha utilizando la Roja como arma para el ataque para imponer por la fuerza la razón de un Estado centralista y monolítico, la izquierda en el gobierno como una bocanada de aíre para olvidar, temporalmente, su mala gestión de la crisis, y todos los partidos políticos, sin excepción, pensando las estrategias y tácticas para las confrontaciones electorales que se avecinan.

Siempre nos quedará el anécdota del descubrimiento del pulpo Paul.

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