Archivo de la etiqueta: Activismo

Del #15M al #globalchange. Hoy puede ser un gran día

Los jóvenes sin perspectiva de futuro en el sistema actual, junto con los trabajadores precarios, los pensionistas, los parados y todo tipo de ciudadanos afectados por los recortes sociales y descontentos con la gestión de la crisis, es el mosaico que representa al 99% de la ciudadanía del mundo sometida a la sutil, pero efectiva, dictadura de los mercados financieros y los mamporreros de una parte de la clase política, esos neoconservadores y neosocialdemócratas que confluyen en el neoliberalismo y que, en vez de representar los intereses efectivos de sus electores, es decir, los ciudadanos, están al servicio de ese 1% que acapara la riqueza mundial.

Lo que está caracterizando al movimiento que despegó el 15M es su presión sostenida en el tiempo. Las manifestaciones son simplemente una especie de recordatorio a los bien pensantes del sistema de que el movimiento está vivo, aún más, que cada vez es más fuerte. El 23 de mayo apuntaba en este blog siete hipótesis que caracterizaban el movimiento del 15M, hoy, a tenor de cómo se van desarrollando los acontecimientos, éstas se van verificando (Véase: El movimiento 15M. Un análisis sociopolítico con 7 hipótesis).

Hoy decenas de ciudades en España, junto con cientos de ciudades de más de 80 países se unirán en una marcha por un cambio global sin banderas y logos. Es una oportunidad para que la ciudadanía de diferentes tendencias pueda mostrar pacíficamente su fuerza y su exigencia de ser escuchada. Hoy puede ser un gran día… ¡duro con él!! y date una oportunidad.

Sabina y Serrat – Hoy puede ser un gran día…

El movimiento 15M. Un modelo rizomático de organización

Después de más de un mes, el movimiento 15M está en pleno auge y con una vitalidad que desconcierta a la mayoría de los analistas y políticos. Les cuesta entender, no comprenden, que un movimiento sin líderes identificados, sin una estructura organizativa estable, sin infraestructuras y recursos económicos, es capaz de movilizar a cientos de miles de ciudadanos de toda condición y edad en las principales ciudades del país, como en las manifestaciones del 15 mayo y del 19 de junio, o las ocupaciones multitudinaria de las plazas a las 00:01 horas del día 21 de mayo en contra de la decisión de la Junta Electoral Central. El primer acto masivo de desobediencia civil sin precedente en los últimos 75 años de la historia española.

A los pocos días de producirse la eclosión del movimiento, escribí una entrada en el blog intentando establecer una serie de hipótesis sociopolíticas que me permitiese entender su génesis.  Hoy, mi intención es ir avanzando más en el análisis de un fenómeno sociopolítico singular que no está canalizado por ninguna organización y que mantiene en jaque a los agentes tradicionales en el liderazgo de movimientos de masas, es decir partidos políticos y sindicatos. En mi opinión, analizar la naturaleza y la dinámica del 15M requiere cambiar de paradigma de pensamiento.  No debemos olvidar que todavía estamos sometidos a la dictadura de un pensamiento lineal, basado en la lógica cartesiana, para aproximarnos al conocimiento de los fenómenos aplicando intuitivamente el modelo del árbol de Porfirio. Es decir, buscamos encajar un fenómeno, en este caso un movimiento sociopolítico, en una estructura con una base o raíz que puede dar origen a múltiples ramas, donde la subordinación jerárquica y la organización implícita son sus elementos básicos y definitorios. Sin embargo, el fenómeno 15M, tal como se está manifestando, no encaja con el pensamiento jerárquico de Porfirio, y la cuestión que se plantea es saber si disponemos de un modelo epistemológico que nos permita acercarnos al fenómeno con otra visión. Y la respuesta es sí, porque el pensamiento complejo (véase Edgar Morín), el que está animado por una tensión permanente entre la aspiración a un saber no parcelado, no dividido, no reduccionista y que reconoce inacabado e incompleto todo paradigma de simplicidad, nos permite recurrir a otros modelos epistemológicos que nos permiten aproximarnos a una determinada realidad sin reduccionismos simplificadores.

Por tanto, para acercarnos al modelo del fenómeno del 15M, podemos recurrir al modelo rizomático . En un rizoma (un concepto filosófico desarrollado por Gilles Deleuze y Félix Guattari) la organización de los elementos no sigue líneas de subordinación jerárquica sino que cualquier elemento puede afectar o incidir en cualquier otro sin importar su posición recíproca y, por lo tanto, carece de centro. Internet y las redes sociales son rizomas, la horizontalidad en las interacciones y comunicaciones entre las personas es su característica más destacada, en contraposición con los medios de comunicación de masas donde se impone la jerarquía en la comunicación, el centro elabora el mensaje y lo difunde de forma unidireccional. En el campo de la biología, un rizoma es un tallo subterráneo con varias yemas que crece de forma horizontal emitiendo raíces y brotes herbáceos de sus nudos. Los rizomas crecen indefinidamente, en el curso de los años mueren las partes más viejas pero cada año producen nuevos brotes, pudiendo de ese modo cubrir grandes áreas de terreno. El jengibre es un ejemplo de planta rizomática.

Por analogía, el tallo del movimiento 15M es la indignación de una importante parte de la ciudadanía contra un sistema en crisis. Las raíces y los brotes son múltiples, desde el rechazo contra la Ley Sinde hasta las acciones para frenar los desahucios por impago de las hipotecas, pasando por la denuncia de la falta de transparencia, la corrupción y los privilegios de la política, o la oposición  a los mercados no regulados,  o la reivindicación del sector público al servicio de los ciudadanos, o la crítica a la ilusión del crecimiento infinito, o la reivindicación de los valores que la humanidad ha ido consolidando a lo largo de la historia, o un sinfín de reivindicaciones y denuncias que van brotando y afianzando sus raíces.

En otras palabras, el movimiento 15M es una resistencia, sin centro y con múltiples líneas de fuga con conexiones, contra las jerarquías impuestas, contra una sociedad cada vez más opresiva. La política en su modelo jerárquico-cartesiano institucionalizado, no puede negociar o pactar con el rizoma, porque son modelos contrapuestos, a lo máximo que puede aspirar es a integrar e interiorizar en su discurso-acción algunas de las raíces y brotes del rizoma 15M o esperar que éste pierda su característica rizomática. Asimismo, los intentos de algunos activistas del 15M (véase el manifiesto Yo #soy15m) en jerarquizar las reivindicaciones y organizarlas en unos mínimos como centro común de reivindicación transversal del movimiento, también es una muestra que no entienden, no comprenden, la característica rizomática de éste, porque aunque formen parte del rizoma, su brote y raíz reivindicativa, no es centro de nada.

Asumiendo el carácter rizomático del movimiento, se plantean una serie de cuestiones relacionadas sobre todo con el terreno ideológico en el que se mueve y su incidencia en las instituciones que sustentan un determinado modelo de Estado. Temas que trataremos en próximas entradas.

Democracia, violencia y el movimiento 15M

Transcurrido un mes, desde el momento en que el movimiento 15M se puso en marcha, hoy éste se encuentra en una encrucijada a raíz de los acontecimientos ocurridos en el Parlamento de Cataluña. En efecto, si nos quedamos con la primera imagen, donde un par de miles de personas bloquean la institución, símbolo supremo de la democracia, y unas decenas de manifestantes se dedican a obstaculizar la entrada de los parlamentarios y los agreden físicamente y verbalmente, nos encontramos con unas escenas dignas de actitudes totalitarias, que descalifican un movimiento de ciento de miles de personas que durante un mes han ocupado plazas, se han manifestado o simplemente han mostrado su solidaridad y simpatía contra un sistema que les oprime social y económicamente.

Esta primera imagen es la que han recogido los medios de comunicación y está siendo utilizada, hasta la saciedad, por nuestra fauna particular formada algunos políticos y por una mayoría de tertulianos, columnistas y otros “opinadores”, que marcan nuestro día a día sobre lo que está bien y lo que está mal para desacreditar el movimiento de indignación que se había despertado en nuestro país contra la corrupción, la partitocracia y la sumisión a un sistema donde se privatizan los beneficios y se socializan las pérdidas.

Una imagen que cierra el círculo perfecto de la descalificación. En el inicio del movimiento, para nuestra fauna particular, eran unos perroflautas que empezaron a ocupar plazas incomodando a los ciudadanos de bien, luego callaron cuando el movimiento se impuso en la realidad del país, aún más, mucho de ellos asumieron una actitud paternalista de compresión, hoy con los incidentes del Parlamento, no ahorran en epítetos como el de intolerantes, antidemocráticos o de actitudes digna de los nazis, entre otros.

Sin embargo, no podemos quedarnos con esta primera imagen, porque ha sido un acto puntual de violencia producida por unos pocos y rechazada por la mayoría de los participantes. Un acto de violencia en el que no se deben descartar sospechas de manipulación por parte de terceros. ¿Qué hacia un nutrido grupo de presuntos policías disfrazados con todos los elementos típicos-tópicos de los antisistemas? (Véase el vídeo). No debemos de olvidar que a lo largo de la historia de los movimientos sociales y políticos está plagada de situaciones en la que infiltrados de la policía y otros agentes del sistema dominante provocaban situaciones violentas, algunas de ellas sangrientas, para descalificar la credibilidad de los movimientos. Tampoco hemos de olvidar que en Barcelona existe algún que otro grupo de elementos especializados en agitar y provocar, sistemáticamente, situaciones de violencia en cualquier concentración ciudadana, sean por reivindicaciones sociopolíticas o celebraciones deportivas. Ayer el consejero de Interior, el responsable de la violenta intervención de la policía del 27 de mayo, estuvo exultante en sus manifestaciones no verbales y verbales. No verbales, porque mientras los rostros de la mayoría de parlamentarios y miembros del gobierno manifestaban cierta preocupación y estupor por lo ocurrido, el mantuvo la típica sonrisa de satisfacción cuando se alcanza un objetivo determinado. Verbales: “Seguramente soy el único que entendió lo que pasó el 27 de mayo”.

Sinceramente, con un despliegue de más de 500 policías, un ratio de uno por cada cuatro o cinco concentrados, conociendo con mucha antelación que el objetivo de los concentrados era bloquear la entrada de los diputados en el Parlamento, lo razonable, lo lógico, lo que te dice el sentido común, hubiese sido convocarlos en un punto de la ciudad, subirlos en autocares y escoltarlos abriendo un pasillo hasta las puertas del Parlamento. Esto hubiese sido una medida efectiva. Sin embargo, algo falló o alguien consideró que era más rentable, mediáticamente, la puesta en escena y sus posibles consecuencia de 135 diputados teniendo que atravesar, caminando y solos, una masa de ciudadanos concentrados pacíficamente pero altamente cabreados con la clase política. No nos engañemos,  conscientemente o inconscientemente se buscaba la imagen que permitiesen descalificar el movimiento.  Felip Puig necesitaba las instantáneas. “Y tú, ¿cómo has conseguido entrar?“.

En su momento escribí que el movimiento 15M reunía una serie de características específicas que lo diferenciaba de los movimientos sociopolíticos tradicionales: es la expresión local, con sus características específicas, de un amplio movimiento que empieza a manifestarse a nivel global; es un movimiento social autoorganizado pacífico sin un liderazgo definido según los patrones clásicos; es como un río de reivindicaciones y protesta y con muchos afluentes; su fuerza radica en la conquista del espacio público, las plazas y las calles; está permitiendo que muchos jóvenes descubran que pueden ser los protagonistas de su destino y líderes de sí mismo; no tiene programa, está en un proceso dinámico de reflexión y (re)elaboración de propuestas y su concreción; y el espíritu del movimiento tendrá un largo recorrido mientras los grandes problemas sigan vigentes. Es decir, un movimiento complejo donde, hasta ahora, se reivindica la participación directa como máxima expresión de la democracia y se denuncia el incumplimiento contractual del sistema basado en la participación indirecta.

Las acampadas en las plazas ha permitido la reflexión  sobre las reivindicaciones, han sido verdaderas ágoras de democracia directa, así mismo han articulado una serie de elementos organizativos y de estrategias a seguir, algunas de ellas discutibles según la perspectiva personal de cada observador. Ahora el movimiento ha abandonado la centralidad de las plazas y se expande hacia los barrios y los centros educativos y de trabajo. Es un movimiento heterogéneo, unido por un principio básico, la lucha contra un sistema que no funciona. A partir de ahora, sus acciones van a estar centradas en temas concretos, desde la lucha contra los recortes de derechos sociales, hasta impedir los desahucios de familias enteras azotadas por el paro y no poder abordar el pago de hipotecas. No nos engañemos, se van a enfrentar, se están enfrentando contra la sutil e implacable violencia del sistema amparada por leyes aprobadas por la clase política en las tribunas de los Parlamentos.

Ayer, toda la clase política catalana escenificó una declaración conjunta contra la violencia sufrida en las puertas del Parlamento. Me parece correcta y la suscribo. Sin embargo, me gustaría que toda la clase política del país escenifique una declaración conjunta y asuman el compromiso ineludible de acabar con la violencia del sistema que ha permitido que el 5% de los españoles (2,35 millones) no tiene lo suficiente para comer a diario tal como denuncia Intermón Oxfam en España, o que la mitad de los jóvenes españoles no tienen, a corto o medio plazo, una perspectiva de futuro.

Violencia es que limiten tus derechos de expresión, te insulten, escupan o te tiren pintura en un momento puntual. Pero, si hablamos de violencia, en mayúsculas, ésta es la que se ejerce constantemente en nombre del sacrosanto mercado mediante iniciativas legislativas y decretos contra millones de ciudadanos con reformas y recortes. Violencia, con mayúsculas, es la manipulación de los medios de información y sus pregoneros a sueldo. Violencia, con mayúsculas, son las complicidades de algunas instituciones con la corrupción que degradan los valores de un sistema democrático. Violencia, con mayúsculas, son … Tengamos claro donde están los violentos, los de verdad.

Dicen que el movimiento 15M es un caos, los que utilizan este término para descalificarlo, ignoran que el caos es una forma de orden dentro del desorden. En otras palabras, el movimiento 15M, ha liberado una enorme cantidad de energía para poner orden democrático en el desorden de un sistema que alimenta el huevo de la serpiente de un régimen totalitario basado en la defensa de las “leyes” del mercado. Si no se regenera la política, vamos a vivir tiempos compulsos por los estertores de un sistema agónico.