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Crisis griega o crisis europea: la lucha por la dignidad

TermopilasHace algún tiempo, vivía, como muchos, con la ilusión de que la Unión Europea abriría la senda para construir una Europa de los ciudadanos, solidaria, democrática y más justa en la lucha contra la desigualdad. Hoy, la realidad que se impone es la de una Europa sometida a la dictadura de los “mercados”, cuya cara visible es el triunvirato formado por la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional, es decir, la denominada Troika, fuerza de choque del neoliberalismo que impone decisiones tecnocráticas por encima de las decisiones democrática de los ciudadanos europeos.

            Es cierto que Grecia está inmersa en una crisis, en una gran crisis, pero no perdamos la perspectiva de que es la crisis de Europa, de un modelo de Europa que quería superar los horribles años de la primera mitad del siglo XX. En estos momentos estamos viviendo la batalla de Alexis Tsipras y Syriza contra la Troika. Desde los principales medios de comunicación nos quieren convencer, por activa y por pasiva, de que la crisis la está provocando la intransigencia de un gobierno radical de izquierda contra Europa. Pero no nos llevemos a engaño, el trasfondo es una batalla sobre el modelo de Europa: la Europa democrática de los ciudadanos o la Europa de la dictadura de los mercados y la hegemonía política y económica de Alemania que impone su detestable receta: la austeridad. Unas recetas económicas que van acompañadas del peligroso discurso, de políticos y medios de comunicación, en la propia Alemania, estigmatizando a los ciudadanos de la orilla mediterránea de corruptos e indolentes, al mismo tiempo que exalta un Norte de ciudadanos trabajadores, hacendosos y austeros. Peligrosa y resbaladiza utilización de clichés que alimentan viejos prejuicios xenófobos o racistas que evocan un pasado, no muy lejano, lleno de trágicos recuerdos.

            También es cierto que Grecia tiene una gran deuda financiera, sin embargo, en el contexto de la Unión Europea, no es el gran problema. El problema es el modelo de intervención de la Troika que impone unas condiciones económicas draconianas cuya consecuencia es que hunde, más y más, en la miseria a la mayoría de los ciudadanos griegos sin respetar las reglas más elementales de la democracia. No debemos olvidar que la propia Troika es la principal responsable de la situación económica de Grecia: ¿Por qué la Troika fue condescendiente con los gobiernos griegos derechistas de la Nueva Democracia en la generación de una deuda de escándalo? También, en algún momento, se deberá analizar con objetividad y rigor las políticas, presuntamente fraudulentas, que condujeron a la conversión, en Grecia y otros países de la Unión Europea, de ingentes cantidades de deuda privada en pública para “salvar” el sistema financiero, principalmente alemán y francés. Tampoco debemos olvidar las redes de complicidades del sistema político europeo con los grandes intereses financiero. Para muestra un botón: Mario Draghi, presidente actual del Banco Central Europeo, en los años 2002-2006 fue vicepresidente por Europa de Goldman Sachs International, compañía que asesoró al gobierno griego de Kostas Karamanlís (Nueva Democracia) sobre cómo falsear los datos macroeconómicos para ocultar la verdadera magnitud del déficit griego, un fraude que ha sido determinante en la crisis actual de la deuda soberana en Grecia.

            Syriza no engaño a nadie, ganó unas elecciones democráticas con un programa contra el austericidio y, por tanto, está siendo consecuente con su programa. La Troika sigue proponiendo condiciones draconianas e indignantes a Grecia –no es una afirmación mía, es lo que nos dice el economista y premio Nobel Joseph Stiglitz– y la respuesta de Syriza es no aceptar las nuevas recetas de austeridad, aún más, propone un referéndum para que el pueblo griego decida sobre el plan de ajustes de Bruselas. Frente a un acto de democracia participativa, la primera respuesta de la Troika ha estado plagada de veladas amenazas y represalias. Un referéndum que cada día adquiere un carácter más político y menos económico: el modelo de Europa.

            El avenir de Europa, como el futuro del mundo siempre es abierto e impredecible: ¿Quién hubiera pensado en la primavera de 1914 que un atentado cometido en Sarajevo desencadenaría una guerra mundial, la cual provocaría que en 1916 el ejercito ruso se disgregaría y que un partido marxista minoritario bolchevique llegaría a conducir la revolución comunista de 1917? ¿Quién hubiese pensado en 1919 que el tratado de paz firmado en Versalles llevaba en sí mismo los gérmenes de una segunda guerra mundial que estallaría en 1939? Estamos condenados a la incertidumbre histórica.

            Grecia no es simplemente un pequeño país de 11 millones de personas que representa menos del 2% del PIB de la Unión Europea. Grecia es la primera ficha del dominó que puede provocar una crisis del euro. ¿Puede una ficha de dominó de unos pocos gramos tumbar a otra de varios kilos? La respuesta está en la física según el efecto acumulativo de la energía, un principio que es aplicable en otras ciencias menos exactas como el caso de la economía: una ficha de dominó puede derribar a otra ficha 1,5 veces más grande que sí misma. Una secuencia de fichas de dominó de tamaño cada vez mayor provoca una reacción en cadena, la cual se inicia con un empuje pequeño que acaba derribando una ficha de dominó de gran talla. Si cae Grecia, más pronto que tarde, otros países podrían caer, como España, una ficha muchísimo más grande en términos de PIB de la Unión Europea. El hecho coyuntural de unos datos macroeconómicos en la economía española favorables en estos momentos, no nos tiene que hacer perder la perspectiva de que la deuda pública española actual, como la Griega, es impagable. ¿Quién será el siguiente?

            Europa no se puede permitir perder Grecia. Para algunos, es el ADN de la cultura europea, más aún, de la cultura occidental; para otros representa un punto geoestratégico de vital importancia en los Balcanes, en la confluencia Occidente-Oriente, en la reconfiguración de las fronteras entre la Unión Europea y Rusia. La crisis de Ucrania sigue abierta con guerra incluida, aunque en estos momentos exista un alto el fuego que no se respeta en muchas zonas. Grecia es muy importante para Europa.

            Ignoro como acabará esta “batalla”, hay momentos que pienso que Yanis Varofaukis, el ministro de Finanzas griego y economista especialista en la Teoría de Juegos y Equilibrio de Nash, está aplicando una calculada estrategia para obtener el mejor acuerdo posible para su país utilizando alguna variante inspirada en el “choque de trenes” donde, en algún momento, uno de los dos contendientes cederá ya que en el choque frontal todos pierden. En otros momentos pienso que lo único que está pidiendo Varofaukis al resto de la Unión es racionalidad para afrontar los retos y ajustes necesarios sin castigar más a pensionistas, parados, pobres, etc. Hay miedo a fenómenos políticos como Syriza que defienden la soberanía de los ciudadanos contra la dictadura de los mercados. Los acusan de populistas, será porque defiende, como diría Platón, que: “La libertad está en ser dueños de la propia vida”.

            En estos momentos, en la que estoy escribiendo estas reflexiones personales, Alexis Tsipras se reafirma en la convocatoria del referéndum y en pedir el no. La imagen que me viene a la cabeza, por la dimensión de los contendientes, es la evocación épica de la lucha desigualdad y heroica de Leónidas y sus espartanos defendiendo el desfiladero de las Termópilas y bloqueando el empuje del ejército persa de Jerjes I. Dicen que “un explorador griego les dijo a los espartanos, que los persas tenían tantos arqueros que las flechas de estos ocultarían el sol, un espartano respondió, entonces lucharemos a la sombra“.

Un paseo por el infierno europeo

Inicio esta entrada con una adaptación del texto de un chiste sobre “el infierno alemán y el infierno español” que podemos encontrar por la Red con diversas variantes y que, en mi opinión, es una aproximación, en clave de humor,  a los momentos que vivimos a pesar de su aportación a los típicos tópicos de nuestra idiosincrasia:

Un hombre muere y va al infierno de la Unión Europea. Allí se encuentra con que hay un infierno para cada país miembro. Va primero al infierno alemán y pregunta:

– Qué te hacen aquí?

– Aquí primero te ponen en la parrilla eléctrica por una hora, luego te acuestan en una cama llena de clavos por otra hora, y el resto del día viene el diablo alemán y te da una somanta de latigazos. Al personaje no le gusta nada la perspectiva y se va a ver como funcionan los otros infiernos.

Tanto el inglés como el francés y el resto de los infiernos del norte de Europa hacen lo mismo que el alemán; entonces, ve que en el infierno español hay una fila llena de gente esperando entrar.  Intrigado pregunta al último de la fila:

– ¿Qué es lo que hacen aquí?

– Aquí te ponen en una parrilla eléctrica por una hora, luego en una cama llena de clavos por otra hora, y el resto del día viene el diablo español para darte una somanta de latigazos.

– Pero es exactamente igual a los otros infiernos, ¿porqué aquí hay tanta gente queriendo entrar?

– Porque la parrilla no funciona, han robado los clavos de la cama y el diablo llega… ficha… revisa los e-mails y se larga para su casa.

Hoy, con la prima de riesgo en los 550 puntos y el interés del bono a 10 años rozando el 7%,  la canciller federal alemana, Angela Merker,  en una comparecencia ante la Cámara baja del Parlamento (Bundestag), ha insistido en que las ayudas que solicitará España para la recapitalización de la banca conllevan “condiciones”.  Al mismo tiempo, ha justificado la necesidad de las ayudas por la “burbuja financiera” derivada de “una década irresponsable”. Al margen de no compartir muchos de los aspectos en las orientaciones de las políticas europeas de la canciller alemana, no le falta razón en su reproche: somos un país irresponsable, tanto políticamente como económicamente, donde la corrupción, el fraude y la especulación campan a sus anchas.

Me imagino que para una mentalidad luterana guiada por la austeridad y el rigor, es inconcebible el comportamiento frívolo e irresponsable de mentalidad “católica” de un país como el nuestro (un tema interesante tratado en “La ética protestante y el espíritu del capitalismo” de Max Weber), donde reina el conformismo y las “conciencias se lavan” con la penitencia de “tres avemarías y cinco padrenuestros” quedando uno libre de todo pecado. No debemos olvidar que en la Reforma Protestante liderada por Lutero, en el siglo XVI, uno de los motivos centrales fue el enfrentamiento con el papado de Roma por el tráfico de indulgencias (reducciones de las penas por el perdón de los pecados) a cambio de dinero.

Para muestra algunos botones. En Alemania, el pasado mes de febrero, tuvo que dimitir el Presidente de la República Federal, Christian Wulff, acusado de cohecho por recibir su esposa un ventajoso préstamo hipotecario de medio millón de euros y dejarse pagar las vacaciones por empresarios con los que mantiene una estrecha amistad. También,  hace algo más de un año tuvo que dimitir el Ministro de Defensa, Zu Guttenberg, por plagiar una parte de su tesis doctoral. Sin embargo, aquí,  la primera institución de nuestro Estado, la Casa Real está salpicada de dudosos casos (posiblemente ajustados a la legalidad pero discutibles desde un punto de vista ético) de regalos empresariales (yate pagado a escote por empresarios, viajes privados de caza, …) o de un entorno familiar implicado en fraude a la Administración, prevaricación, falsedad documental y malversación de caudales públicos, y aquí, todos jugando al despiste y el culto a la personalidad del bonachón Borbón. Sin olvidar el asunto de los viajes a Marbella del presidente del Tribunal Supremo y del CGPJ, Carlos Dívar, con su barroca explicación de unas actividades donde se mezcla la actividad privada con la pública y  su negativa a dar explicaciones o dimitir.

Lamentablemente, el respeto y la confianza nos la tenemos que ganar cambiando muchas actitudes y aptitudes para que nuestra “parcela del infierno” sea equiparable a la del resto de los países más responsables.

 

El honor perdido del pepino español y nuestros complejos

Observando la crisis del pepino percibo, a través de los medios de comunicación tradicionales y de los medios sociales, una especie de indignación nacional contra una supuesta conspiración de los pérfidos teutones contra nosotros, los celtibéricos altivos. Para una parte de la clase política el pepino se ha convertido en el tótem del honor mancillado de nuestro pueblo. Para algunos de nuestros tertulianos habituales, ha sido una nueva conspiración de Angela Merkel contra la castigada economía española, para otros, tal como está gestionando los alemanes la crisis sanitaria, el derrumbe del mito de la pretendida eficacia germana. Algún que otro, llega mucho más lejos al reivindicar la aplastante superioridad tecnológica de la agricultura española sobre la alemana incluyendo aspectos tan importantes como el sanitario o la sostenibilidad (véase el alegato de Enrique Dans, no tiene desperdicio).

Da la impresión que la gestión de la crisis sanitaria en Alemania y sus efectos colaterales, en particular la crisis del pepino, está sirviendo como catarsis de nuestros complejos de inferioridad. Aún más, hemos juntado el morbo del pepino junto con la exaltación del ánimo nacional. Las imágenes de la consejera de Agricultura andaluza y su séquito dando sendos mordiscos a unos altivos pepinos, la escena de la cúpula del Partido Popular en una especie de comunión colectiva a base de rodajas de pepino o la intervención del eurodiputado de UPyD Sosa-Wagner alzando un pepino, como si se tratase de la Tizona del Cid Campeador, ya forman parte de la grandilocuencia que caracteriza nuestro clásico show celtibérico. Sin embargo, brillan por su ausencia las muestras de solidaridad, por nuestra parte, con una crisis sanitaria que lleva acumulada 24 víctimas y más de 2.000 afectados. Esperemos que en un futuro no tengamos una crisis similar en el contexto de una Europa donde debe primar la convivencia y la solidaridad.

Es cierto que Alemania no está gestionando correctamente la crisis sanitaria, la sensación que transmite es que no gestionan nada, se mueven en el desconcierto que les provoca lo desconocido con un número tan alto de víctimas concentrada en una determinada área geográfica, ignoran el foco de la contaminación, y parecen que están dando palos de ciegos en busca de dicho foco. En un primer momento achacaron el brote de la contaminación a los pepinos españoles, lo que provocó una importante crisis a las exportaciones españolas hacia varios países europeos, luego propusieron a la población tomar medidas preventivas y no consumir tomates, lechugas y pepinos o cualquier tipo de verdura sin cocinar, provocando una crisis interna en los agricultores alemanes que han destruido verduras por valor de dos millones de euros diarios ante la imposibilidad de dar salida en el mercado a las partidas por el miedo desatado entre los consumidores. Recientemente, pusieron el foco en las semillas germinadas de soja cultivadas en la propia Alemania recomendado que no se consuman una amplia variedad de semillas germinadas. En estos momentos, parece ser que se descarta la pista de las semillas germinadas.

No somos los únicos afectados y hemos de dar gracias por estar integrados en la Unión Europea y disponer de canales para reclamar, negociar y obtener indemnizaciones que permitan paliar los efectos de la crisis en nuestras exportaciones. Me parece desafortunada la actitud de “gallito cabreado sacando pecho” que estamos mostrando con nuestros vecinos y socios comunitarios, porque podemos acabar comiéndonos todos los pepinos y hortalizas, habidas y por haber, en nuestras playas desiertas por nuestra falta de madurez y de solidaridad. Muchos de los puestos de trabajo de este país depende de los pepinos, del sol y de la playa, por tanto, cuando tengamos un sector económico de alto valor añadido ya tendremos tiempo de sacar pecho, por el momento, toca humildad y profesionalidad en lo que sabemos hacer, y dignidad y firmeza en reclamar por los daños producidos en nuestra economía pero sin aspavientos. Porque, lamentablemente, la boina de paleto acomplejado nos la estamos poniendo nosotros mismos.

PD: Curioso, estamos destruyendo miles de kilos de pepino y otras hortalizas y los precios en nuestros mercados son similares a los de otros países con salarios base que duplican los nuestros.