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La corrupción. De la ética de la indignación a la ética de los valores

barcenas_peinetaLamentablemente, la corrupción está asentada en nuestra cultura y actividades, tanto sociales como económicas. Un concepto que vas más allá del abuso del poder de los gestores públicos para provecho propio, sea de tipo económico o de otra índole. La corrupción debe entenderse como degradación ética de una parte importante de nuestra sociedad y esta degradación genera un déficit de valores que afecta la calidad de una sociedad democrática.

En estos momentos, inmersos en la crisis económico-financiera, todo apunta a que se empieza a tomar conciencia del problema y generar una corriente de opinión ciudadana mayoritaria en contra de la corrupción si tomamos como un referente los datos del avance de resultados del último barómetro del CIS (febrero de 2013). En dicho barómetro se señalaba que después del paro (79,9%), el siguiente problema más importante que existe para la ciudadanía en la actualidad es la corrupción y el fraude (40%).  Visto así, a simple vista,  es un dato importante, pero si empezamos a analizar y profundizar sobre esta variable con cierta perspectiva histórica empezamos a observar que probablemente estamos delante de un dato coyuntural producto del tsunami  mediático sobre la corrupción: desde la  información periodística, hasta la más recóndita tertulia pasando por su eco en las redes sociales.

En efecto, el estudio se realizó durante la primera quincena del mes de febrero, es decir, con la salida a la luz de los presuntos papeles de Bárcenas y no es de descartar que el personal entrevistado (muestra representativa de la ciudadanía) estuvo mediatizado por la noticia estrella de aquellos días.  ¿Hay más corrupción y fraude en estos momentos?, la respuesta es no. El fraude y la corrupción han sido una constante durante las últimas décadas y afectando a la mayoría de los partidos políticos y la preocupación por este tema, según el barómetro del CIS, siempre ha estado en valores mínimos. Por ejemplo, en febrero del 2009 estalló el caso Gürtel y el barómetro de aquel momento señalaba la corrupción y el fraude como una preocupación muy menor (1,2%).

Además, si volvemos a mirar el barómetro de febrero de 2013, observamos que la valoración de la variable preocupación por el “fraude fiscal” es del 0,4%, es decir, podemos estar muy indignados con la corrupción y el fraude en los centros del poder económico y político, pero somos altamente tolerantes con el fraude fiscal. Un dato nada extraño si consideramos nuestra posición en el ranking de la economía sumergida: 22,5% del PIB según el último informe (2012) Closing The European Tax Gap del Tax Research Institute del Reino Unido, es decir, 212.125 millones de euros. Lo que provoca que Hacienda deje de ingresar 74.032 millones (el 70% de todo el gasto sanitario anual).  Es decir, estamos delante de una lacra que afecta a amplios sectores económicos y sociales, desde las grandes empresas que recurren a la ingeniería financiera y argucias legales para tributar en otros países con menor fiscalidad, hasta el sector de la hostelería y el turismo, donde se concentra una gran parte del pastel “sobres en B”, pasando por el amplio catálogo de servicios profesionales donde la pregunta “con IVA o sin IVA” está a la orden del día.

Esta convivencia acrítica con la economía sumergida y el fraude fiscal también tiene su reflejo en la preocupación sobre los “recortes”. Si analizamos la serie histórica de los barómetros del CIS desde el mes de marzo de 2012, primera vez que se recoge esta variable, hasta el mes de febrero de 2013, observamos que de media, no supera el 5%. Considerando que durante este periodo tiempo se han producido las mayores movilizaciones contra las políticas de recortes, es preocupante detectar el bajo nivel de preocupación global de la ciudadanía sobre la sostenibilidad del Estado del Bienestar, víctima directa de los recortes en sanidad, educación y dependencia, y único garante de la solidaridad intergeneracional e intersocial.

Formalmente llevemos cerca de tres décadas y media de democracia, el periodo más largo jamás vivido por los ciudadanos de este país, pero la herencia acumulada durante siglos de corrupciones, chalaneos, vasallajes y carencia de cualquier valor ético sigue impregnando nuestro acervo cultural, como si fuese una impronta genética. Hoy, la crisis actual está movilizando un número importante de ciudadanos, algunos porque son consecuentes con su valores éticos y otros, la mayoría, porque están indignados con sus coyunturas vitales, donde se mezclan ideas confusas llenas de pasiones y rabia contra un sistema que les ha fallado. Es la ética de la indignación,  es el inicio del viaje iniciático hacia la ética de los valores. Aunque, lamentablemente, es un largo camino que muchos abandonarán cuando sus circunstancias personales mejoren.

Impacto y usos de las TICs y las redes sociales en España (2012)

En el último barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), junio de 2012, nos encontramos con una serie de preguntas relacionadas con la percepción y valoración de las usos tecnologías de la información y la comunicación (TICs) y las redes sociales. A continuación presento un resumen con las principales conclusiones.

Del análisis de los datos del barómetro, podemos observar que casi la totalidad de la población considera que las nuevas tecnologías han cambiado mucho o bastante nuestra sociedad (94,1%) y, para una amplia mayoría su vida cotidiana (67,1%).  En dicha valoración, observamos que a menor edad, mejor es valoración de los impactos de las nuevas tecnologías en la sociedad y en las vidas cotidianas.

El teléfono móvil es el dispositivo rey, el 72,7% considera que el teléfono móvil es muy o bastante necesario en su vida cotidiana, seguido del ordenador personal (56,4%). Todavía hay un 39,3% que considera que Internet es poco o nada necesario.  Los más jóvenes (18-24) son los que más valoran estos dispositivos y servicios: teléfono móvil (90,9%), conexión a Internet (86,6%) y el ordenador personal (82,2%).

Señalar que todavía más de un tercio de la población (36,1%) no utilizan Internet porque no le gusta o interesa, no sabe utilizarlo o no tiene ordenador. Un porcentaje de no usuarios que se concentra en la población de edades más avanzadas, ya que el 90% de la población entre los 18 y 44 años es usuaria de Internet.

El correo electrónico sigue siendo el servicio considerado muy o bastante necesario para la vida cotidiana (53,2%) mientras que para las redes sociales sólo un 27% las consideran muy o bastante importante, mientras que cerca del 41% consideran que no son nada necesarias. Entre los más jóvenes (18-24 años) el correo electrónico sigue siendo lo más valorado (79,2%) seguido de las redes sociales (57,1%). Con relación a éste último servicio, a partir de los 35 años desciende de forma importante su valoración mostrando que el fenómeno de las redes sociales se concentra en la población más joven.

Destacar la valoración de los efectos negativos del uso de nuevas tecnologías como Internet, teléfonos móviles, servicios de mensajería instantánea, tabletas, reproductores MP3… el 81,1% considera que la gente se aísla más; el 75,5% considera que la gente se vuelve más perezosa; y el 66,1% considera que la gente desaprovecha o desperdicia su tiempo. Destacar que es el segmento de edad entre 25 y 34 años son los que valoran más estos efectos negativos.

Sobre los efectos positivos, el 51,9% considera que facilita hacer nuevas amistades; el 45,5% considera que la gente es más eficiente o competente; y únicamente el 27,7% considera que la gente se relaciona más con su familia, y amigos/as de siempre. Son los más jóvenes (18-24) los que valoran estos efectos positivos.

Sobre cambios de hábitos por utilizar Internet, los personas entre  18 y 35 años, son los que más han acusado una disminución del tiempo dedicado a actividades como dormir, pasear, salir con amigos/as, ver la televisión, leer, practicar algún deporte.  Entre ellos, son estudiantes los más afectados en los cambios de sus hábitos. Sin embargo, son los que más han disminuido el tiempo dedicado a estar sin hacer nada.

Para el 28% Internet es la fuente principal para estar informado de la actualidad y para el 46% es una fuente secundaria pero importante. Destacar que para el 44,4% de los más jóvenes Internet es la fuente fundamental para estar informado de la actualidad ( 59,3% en el caso de los estudiantes), mientras que para el 36,3% es una fuente secundaria pero importante. Observamos que tal como se va incrementando la edad, la valoración de Internet como fuente principal para estar informado decrece y aumenta el porcentaje que lo consideran una fuente secundaria.

En la búsqueda de empleo, únicamente el 29% de las personas utilizan Internet para dicho propósito, siendo los jóvenes entre 18-35 años los que más utilizan éste recurso (41,4%).

Navegar por Internet sin un objetivo concreto, es una actividad con un alto porcentaje (41,7%). De ellos, las personas con edades comprendidas entre los  24 y 35 años son los que alcanzan un mayor porcentaje (49,3%).

Por último, señalar que el 56,7% de los usuarios de Internet declaran haber realizado alguna compra por Internet. Es decir, el 36% de la población total de la muestra. Las compras de servicios relacionados con los viajes, turismo y ocio son los más frecuentes (63,5% billetes de transporte y viajes; 50,6% reservas y alojamientos; y el 46,5% entradas a espectáculos).  Mientras que en la compra de productos, la ropa y complementos lidera el ranking (35,6%) seguido de la electrónica (32,4%), los libros (22,5%), artículos deportivos (14,4%), DVD/música/videojuegos (14,2%) y alimentación y bazar (14,1%).