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Año 2013. Ilusiones y realidades

Monopoly

En el minuto de la medianoche que separa el año viejo y el nuevo, muchas personas lo han vivido como un tiempo mágico donde se concentran los deseos para un futuro mejor. Es el último minuto del año, es el final que significa el principio, una especie de “borrón y cuenta nueva”. Los días previos han estado llenos de balances e inventarios, desde los más introspectivos, desde un punto de vista personal, hasta los puramente económicos. Son momentos donde dominan los deseos de cambios y transformaciones. Pero, no nos engañemos, sólo es la ilusión de la mágica noche de todas las noches que finaliza con el amanecer del día 1 de enero.

Después de la fiesta y el jolgorio, despertar en el primer día del nuevo año es volver a la realidad en la que estamos inmersos. Porque la mayoría de todos estos deseos se diluyen en las realidades individuales y colectivas. Unas realidades que, para la gran mayoría, no son nadas esperanzadoras al estar atrapados en una crisis económica donde la política institucional está cada vez más alejada de los ciudadanos esquilmando sus derechos sociales más básicos en beneficio de unos pocos.

Si miramos la evolución del coeficiente de Gini, un indicador que mide el nivel de desigualdad en la sociedad,  la diferencia entre las rentas de los más ricos y los mas pobres, en España en los últimos años ha subido según Eurostat, 2,7 puntos desde los 31,3 de 2007 a los 34 de 2011, mucho más que ningún otro país europeo. Es decir, España es el país donde la crisis está agudizando la polarización de las rentas entre una mayoría abocada a salarios cada vez más reducidos, al paro masivo y a los recortes sociales, y una minoría con beneficios empresariales crecientes (empresas del IBEX-35) y fortunas personales escalando en los primeros puestos del ranking Forbes. Obviamente, este fuerte crecimiento de la desigualdad es el fruto de las políticas económicas y fiscales, tanto del gobierno actual (PP) como del anterior (PSOE).

La canciller alemana, Angela Merkel, ha advertido a sus conciudadanos de que la situación económica que se prevé para 2013 es “más difícil” que la de 2012. Es un diagnóstico realista y que, obviamente, nos afecta directamente a nosotros. No hay cambio ni transformaciones en las políticas económicas y sociales para este nuevo año y, por lo tanto, la brecha de las desigualdades se irá incrementando. El discurso de la política institucional para el 2013, como en los años anteriores, se reduce a un cínico storytelling en el que nos quieren persuadir para que tengamos paciencia y espíritu de sacrificio porque nuestros poderes e instituciones públicas están adoptando importantes decisiones que nos permitirán salir con éxito de la actual crisis.

Lo llaman “resolver con eficacia y prontitud los desequilibrios y deficiencias estructurales” pero simplemente nos están aplicando las reglas del juego del Monopoly: el ganador es el que se lo lleva todo. Lamentablemente, 2013 no será un año próspero para los trabajadores asalariados, autónomos, profesionales, pequeños empresarios, pensionistas o funcionarios.