Archivo de la etiqueta: Colaboración

Lecturas para entender las transformaciones de nuestro mundo

Es curioso observar que los líderes actuales de los principales países industriales creen que la solución a la crisis actual está en volver a la senda del crecimiento a través de algunos ajustes de variables económicas, reformas laborales y adelgazamiento del estado de bienestar. Llevamos cuatro años, y todavía nadie es capaz de percibir la luz que nos señala el fin del túnel. Si la economía es ciencia y los modelos econométricos infalibles, algo está fallando en la interpretación de la realidad, porque ésta se está mostrando mucho más compleja que las dimensiones tangibles que maneja dicha ciencia.

La primera evidencia de la crisis actual es que estamos viviendo una época donde se van encadenando una serie de cambios en nuestra sociedad, muchos de ellos globales, principalmente en la economía, con una gran incidencia en lo social y lo político. Sin embargo, no nos podemos quedar con esta primera evidencia, porque la hipótesis más plausible es que realmente estamos inmersos en un nuevo cambio de época en la que somos actores y partícipes, activos o pasivos, donde se desvanecen las verdades absolutas y debemos aprender a aprender para entender el nuevo mundo que está emergiendo.

En este contexto, estamos abocados a vivir en la complejidad y nuestro pensamiento debe romper con las visiones simplistas y lineales para entrar en dinámicas continuas donde observar, reflexionar, tantear, valorar, revisar, asumir el  error, escuchar, rectificar, volver a intentar, dialogar, cooperar, relativizar, intercambiar, asumir las diferencias, o asumir la propia responsabilidad, entre otras actitudes, deben formar parte del equipaje que nos tendrán que acompañar en nuestra aventura vital.  No es fácil visualizar la nueva época que está emergiendo, porque el cambio de época no es algo que se produce en un momento dado, es un largo proceso en tensión permanente donde lo “viejo”, condenado a desaparecer, convive o colisiona con lo “nuevo” emergente.

Decíamos que debemos aprender a aprender y para ello proponemos una serie de autores y una selección de sus textos que, en nuestra opinión, nos allana el camino para entender el cambio de época en la que estamos inmersos asumiendo las incertidumbres y el vértigo que nos produce. No es una bibliografía formal, no están todos los autores y todos los textos que nos inspira y alimenta los pensamientos, es únicamente una pequeña selección que nos aporte herramientas conceptuales para emprender el camino y que nos permita:

  • abordar la complejidad de nuestro mundo (Edgar Morin);
  • afrontar la incertidumbre y los miedos que provoca (Zygmunt Bauman);
  • entender la psicología de la economía (lo racional y lo irracional) omnipresente en nuestras vidas (George Akerlof y Robert Shiller);
  • profundizar en el impacto de las tecnologías de la información y el conocimiento en los ámbitos socioeconómicos, culturales y políticos (Manuel Castells);
  • reivindicar el concepto del profesional del siglo XXI (Richard Sennett); y
  • tomar consciencia de los retos que se plantean las grandes transformaciones en la producción y consumo de bienes y servicios  en un modelo económico cada vez más insostenible (Jeremy Rifkin).

Estas herramientas conceptuales las podemos encontrar en:

La mente bien ordenada de Edgar Morin.

Miedo líquido. La sociedad contemporánea y sus temores de Zygmunt Bauman.

Animal Spirits, cómo influye la psicología humana en la economía de George A. Akerlof, y  Robert J. Shiller.

La Era de la Información, la trilogía de Manuel Castells.

El artesano, de Richard Sennet.

La Tercera Revolución Industrial. Cómo el poder lateral está transformando la energía, la economía y el mundo,  de Jeremy Rifkin.

¿Es viable la colaboración 2.0 en las organizaciones actuales?

Cada vez se habla más en la Red de colaboración 2.0 en las organizaciones (empresas y organismos públicos) y la pregunta que nos tenemos que hacer es si ésta es realmente viable.  En mi opinión, la respuesta es NO. Puedo matizar este NO categórico con el añadido de que, hoy por hoy, no es posible con los modelos organizativos del sistema económico dominante que propicia una cultura del individualismo.

El primer problema lo tenemos con el propio concepto de colaboración, el cual tiene diferentes significados según contextos y ámbitos de conocimiento, y, por tanto, es difícil acotar una definición sin contextualizarla en sus mínimos detalles. En el contexto de la Red para un número importante de personas, cuando se refieren a la colaboración, están hablando de tecnología, están hablando de la Web 2.0 y sus herramientas. Y eso es parte del problema porque algunos piensan que con que introducir la Web 2.0 en las organizaciones ya se está desarrollando un espíritu colaborativo. Una premisa que, en mi opinión, es falsa porque las herramientas y tecnologías no crean colaboración si las personas que las usan no poseen una cultura colaborativa previa o están “predispuestas” a asumirla. El hecho de que en la Red han surgido iniciativas colaborativas entre los usuarios, Wikipedia es el paradigma, no quiere decir que en las organizaciones se estén produciendo con la misma intensidad porque no debemos perder la perspectiva de que la cultura organizacional es una derivada de la cultura social dominante, lo contrario es predicar de determinismo tecnológico.

Nuestra cultura social dominante, la que vivimos día a día, la que esta omnipresente en todos los medios de comunicación, sean éstos los tradicionales o los medios sociales propiciados por la Red, está orientada a magnificar al personaje de éxito como individuo, sea en el campo de la empresa, la política o el entretenimiento.  Una cultura social donde predomina, como discurso, el darwinismo social,  es decir , el que está arriba en la escala socioeconómica es el más adaptado el más “brillante” como las estrellas. Sin embargo, salvo excepciones, es un mito porque la mayoría de los individuos que alcanzan el éxito es gracias a la ayuda y el trabajo, directo o indirecto, de otros individuos.

La cultura de las “estrellas” es la antítesis de la cultura de la colaboración y está asentada en la cultura de la competitividad  del sistema socioeconómico dominante. Compiten las empresas para dominar segmentos del mercado, pero también compiten las ciudades, los países, las universidades y las personas en su carrera profesional y social.  Una competitividad que impregna la cultura social donde conceptos como el “ascenso en la pirámide social” o el “techo de cristal”, esa superficie superior invisible y difícil de traspasar en la carrera profesional de las mujeres, están a la orden del día, y obviamente no forman parte de una cultura colaborativa, en el sentido de la contribución de un conjunto de individuos para la realización conjunta de un trabajo o tarea para el logro de un fin común creando valor. El hecho de que, en determinados momentos, colaboren organizaciones y personas para lograr un fin común, son excepciones estratégicas y tácticas.

La cultura organizativa actual dominante está basada en la coordinación con un modelo de mando y control, entendiendo ésta como la acción y efecto de disponer elementos metódicamente y esfuerzos para buscar un objetivo común con arreglo a un modelo organizativo determinado que implica: liderazgo basado en el mando y control, grupos de personas con tareas definidas y procesos, entre otros aspectos. En este modelo organizativo el elemento clave son los procesos que en definitiva son un conjunto de actividades, la gran mayoría estandarizadas, encadenadas unas con otras y con secuencia lógica, donde intervienen grupos de personas especializadas con el objetivo de obtener un resultado final de valor añadido en base a distintos elementos y que requiere una cooperación predeterminada entre los distintos grupos de las personas asignados a las actividades para garantizar el correcto funcionamiento de los procesos.

Esta cultura organizativa está asentada en una sociedad cuya cultura social ha ido reforzando, con el tiempo, el “mando y control” en casi todos los ámbitos y donde se potencia el “pagar” a unas pocas personas para pensar, mandar y controlar, y al resto para ejecutar las ordenes. Es cierto que hoy en día empezamos a encontrar algunas organizaciones, no muchas, donde se están asentando estructuras menos jerárquicas con un liderazgo más proclive a abrir vías de participación en las decisiones con el objetivo de crear un valor mucho mayor aprovechando y, por tanto, potenciando, las capacidades de las personas en entornos cooperativos donde se prima la colaboración para lograr fines comunes. Entornos donde las personas saben que sólo siendo solidarias permitiéndose ser ayudadas y ayudando, obtendrán la finalidad deseada. Queda mucho camino por recorrer para que el modelo en las organizaciones sea más participativo, abierto y transparente y verdaderamente centrado en las personas.

¿Tu entorno organizativo domina el mando-control o tiende a ser colaborativo?

Twitter puede mejorar los resultados académicos

En un estudio, The effect of Twitter on college student engagement and grades, realizado por tres investigadores norteamericanos, se ha demostrado comparando dos grupos de estudiantes, uno experimental utilizando Twitter en su actividad académica y otro de control sin Twitter, que el grupo que utilizaba dicha herramienta, manifestaba sentirse más fluidos en el intercambio de ideas, al  mismo tiempo que se difuminaban las fronteras entre “clanes” y mostraban una mayor implicación en la participación,  obteniendo  mejores resultados académicos que el grupo de control que no utilizó Twitter.

En sus conclusiones señalan que los medios de comunicación social pueden ser utilizado como una herramienta educativa para ayudar a los estudiantes, al mismo tiempo que se han encontrado evidencias para sugerir que profesores y estudiantes pueden implicarse mucho mejor en el proceso de aprendizaje a través de la comunicación y las relaciones apoyándose en una herramienta como Twitter.

En el estudio, los estudiantes, la inmensa mayoría con edades entre 18-19 años, estaban familiarizados con Facebook, pero ninguno de ellos había utilizado Twitter previamente. En la investigación se realizó un pretest académico en la que participaron 125 estudiantes para establecer el punto de partida. Durante la investigación, en el grupo experimental participaron 65 y en el grupo de control 53, posteriormente se realizo un postest académico para evaluar los resultados.

El grupo experimental recibió una formación previa sobre el manejo de la herramienta y durante 14 semanas estuvieron realizando una serie de actividades educativas apoyándose en Twitter, entre ellas:

  • Poder continuar los debates una vez finalizada la clase presencial
  • Facilitar un medio menos estresante para responder preguntas
  • Debatir sobre la lectura previa de un libro
  • Recordatorio de actividades y horarios en clase, y eventos en el Campus
  • Tutoría académica y personal
  • Organización de grupos de estudio

Es decir, en esta investigación han demostrado que una herramienta asíncrona y de multiparticipación, en este caso Twitter, y con unas pautas y actividades bien definidas permite empoderar a los estudiantes. En cierta medida, las conclusiones de esta investigación podrían extrapolarse, con las cautelas previas, a otros entornos como el profesional.

Fuente: Junco, R., Heiberger, G. and Loken, E. The effect of Twitter on college student engagement and grades. Journal of Computer Assisted Learning, doi: 10.1111/j.1365-2729.2010.00387. (PDF)


12