Archivo de la etiqueta: Consumismo

La censura y la vigilancia en los medios sociales

Internet, desde su nacimiento, se ha percibido como un espacio de libre expresión. Es cierto en cierta medida, porque ha facilitado la comunicación y la posibilidad de que millones de personas expresen sus ideas, inquietudes y hasta sentimientos en los temas más diversos: desde el ocio más banal hasta la crítica social y política más ácida.

Sin embargo, en los últimos tiempos vamos observando como este espacio libre y sin fronteras está siendo acotado, vigilado y censurado a medida que va adquiriendo masa crítica y se va mercantilizando, al mismo tiempo que unas pocas empresas están asumiendo su control total.

Los casos de censura empiezan a ser abundantes, vía ReadWriteWeb France, he tenido conocimiento de la censura que Youtube está aplicando a los vídeos de las masacres de las revueltas de Túnez. Como bien señala el artículo no se trata de una censura “automática”, ya que es poco probable que un algoritmo, hoy por hoy, pueda diferenciar las escenas de una película o serie de acción sangrienta con el vídeo censurado. No está claro si obedece a la acción individual de un moderador autista del mundo real situado en California o obedece a una política de empresa.

También tenemos el reciente caso de censura y presión a Wikileaks de empresas como Amazon Web Services, Pay Pal, EveryDNS o Twitter. Una noticia amplimente difundida por todos los medios.

Facebook, se dedica a clausurar perfiles aplicando unos criterios  indiscriminatorios y sin un patrón bien definido. Es capaz de clausular una cuenta por la publicación de una imagen de la portada de una revista erótica y, sin embargo, cientos de perfiles pederastas campan por sus anchas en la red social. Asimismo, Facebook ha estado facilitando la censura directa a iniciativa de los propios usuarios, cualquiera puede señalar con un simple clic a los moderadores que un perfil es inapropiado, si este perfil acumula un determinado número de clics, el perfil es automáticamente eliminado dejando al afectado en una situación de indefensión. Esto pasó con una serie de cuentas de personas árabes críticas con el Islam que fueron “denunciadas” por un grupo de usuarios con una opinión contraria. El problema no es que un grupo de usuarios busque la destrucción de la identidad digital de otros usuarios, el problema es como trata Facebook este tipo de acción. No es solo Facebook, también lo hacen otras redes.

A medida que crece en número de ciudadanos que utilizan la Red como medio de denuncia y protesta social, económica y política, está creciendo el numero de países que aplican medidas de censuras sin contar la represión directa contra las personas.   Lo más grave es que, cada vez más, las grandes empresas que controlan la Red van tomando algunas medidas que favorecen la censura en defensa de sus intereses económicos locales. Algunas de ellas son fervientes defensoras de la “neutralidad” de la Red.

Hace pocos días, una orden judicial del Departamento de Justicia estadounidense solicitaba información a Twitter sobre varias cuentas de ciudadanos extranjeros como parte de una investigación que está realizando el Fiscal General sobre Wikieleaks y Julian Assange. Es decir, considerando que la mayoría de las redes sociales con una presencia global en todo el mundo, tienen su sede en territorio estadounidense, el uso de éstas queda supeditado a la legislación norteamericana en detrimento de las nacionalidades de sus usuarios y los derechos que les amparan las legislaciones de sus respectivos países.

Hoy, estas empresas se doblegan, más o menos, a los requerimientos de los gobiernos, mañana se someterán a los requerimientos de las grandes marcas y corporaciones. Porque lo que está claro es que una marca importante estará dispuesta a pagar para que la red social de turno censure o emprenda acciones de bloqueo contra una campaña que no le sea favorable. Lo hacen en los medios de masas, tampoco se van a cortar en los medios sociales, sobre todo, cuando son ellas las que los financian con sus contratos de marketing y publicidad.

Ya superada la primera década del siglo XXI, nos encontramos con que la Red, la gran esperanza de un espacio de comunicación global, abierto y colaborativo propicio para expandir y compartir el conocimiento, está controlado por una serie de oligopolios, cada vez más concentrado,  de empresas que controlan desde las comunicaciones hasta los contenidos pasando por la interacción entre las personas.  Es obvio que en todas estas empresas el principal leit motiv es el margen comercial y la retribución de sus accionistas, mientras que sus compromisos con las libertades y los derechos humanos, a pesar de formar parte del storytelling  de su narrativa sobre responsabilidad social, es un tema secundario. Más aún, todas persiguen crear un espacio tranquilo, acrítico, propicio al consumo galopante y con mucha conversación buenrollista y con perfiles altamente controlados y geolocalizados, y todo esto pasa porque los instrumentos de las redes sociales están bien equipados para hacer el orden social existente más eficiente.

Todo apunta a que los oligopolios irán definiendo cada vez más, aquello que consideren que son las buenas prácticas y quien no se ajuste a ellas se le expulsa, de acuerdo con sus propios criterios y normas que pueden afectar a derechos civiles considerados básicos, del gran ecosistema virtual. Se está acabando la libertad de las grandes llanuras digitales, la “civilización” y el control se va imponiendo.

El panorama no es nada alentador, porque, en definitiva, nos quieren como los burros con orejeras consumiendo en el pesebre digital. Esto yo no lo quiero, ¿lo quieres tú?.