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La instantánea de Rodrigo Rato

RatoDestronadoMe fascina la instantánea del agente que agarra con su mano derecha por el cogote a Rodrigo Rato; esa mano que le obliga a bajar la cabeza para empujarle dentro del coche. Es la imagen típica de cualquier detenido que es introducido en un vehículo policial. Sin embargo, aquí, esa mano se transforma en la mano metafísica de los humillados, estafados y desahuciados por el poder económico. Es la mano que doblega la corrupción y que nos devuelve la confianza en la justicia humana, aunque únicamente se manifieste de tarde en tarde poniendo en su justo lugar a la escoria humana.

Me fascina la expresión de Rato, son unos segundos, es todo lo contrario a su expresión pública de hombre sobrado, con su media sonrisa permanente y su mirada de ojos achinados displicente. La expresión de prepotencia, de la soberbia de una casta rancia de señoritos de cortijo, se transforma en la expresión del buey recién acabado de uncir; una mezcla de rabia, resignación y sumisión.

Lo siento Rodrigo, no puedo evitar alegrarme ya que nunca más volverás a recuperar la imagen pública del plutócrata desenfadado y sonriente. Fuiste un pata negra del Partido Popular, ahora eres un apestado para la corte de lamedores de culos, metafóricamente hablando, que te rodeaban. Aupaste en el poder a tus colaboradores-discípulos: Luis de Guindos, Cristóbal Montoro, etc. Esa guardia pretoriana ratista que te arropó en los años de la gloria y que ahora te traiciona. Lo tuyo podría sonar a tragedia shakesperiana, pero, no nos engañemos, simplemente queda reducido al pequeño drama de un pícaro chungo con la mano demasiado larga.

La escoria política y los perros de la guerra

dobermanComo ciudadanos estamos inmersos en una tormenta perfecta, por un lado tenemos la crisis económica y, por el otro lado, tenemos que soportar un Gobierno sustentado por lo más selecto de la escoria política española que únicamente defiende los intereses del poder económico-financiero. Es cierto, alcanzaron el poder gracias a las urnas pero con un programa de gobierno que se ha mostrado como el gran fraude para la mayoría de sus propios electores y para el resto de la ciudadanía.

Además, desde hace tiempo, casi cada mañana nos tenemos que desayunar con las noticias de las declaraciones de algunos personajes de la estructura del poder que lo único que logran es manifestar su naturaleza vil y despreciable. Declaraciones donde las mentiras, los eufemismos y las comparaciones odiosas son un insulto a la inteligencia de los ciudadanos. Desde aquel famoso ¡Que se jodan! vomitado por la diputada Andrea Fabra, cuando Rajoy anunció el recorte en las prestaciones de desempleo, tengo la impresión de que se ha levantado la veda para la beligerancia directa, sin pudor ni rubor, del poder económico-político contra los sectores más débiles de la sociedad. Si alguien pensaba que la lucha de clases había desaparecido, descubrimos que los dóbermans del poder andan sueltos y sin bozal mordiendo a diestro y siniestro. Es el resurgir del odio de la rancia casta de caciques y de hidalgos meapilas hacia el pueblo llano.

Es la rabia y la desesperación de una casta contra los desahuciados comparándolos con los nazis. Aquí la Sra. Cospedal, demostró, no su ignorancia, sino su perversión intelectual por su analogía de unas manifestaciones pacíficas con la mayor institucionalización del genocidio de la historia de la humanidad, una actitud que contó con los aplausos o los silencios cómplices de los miembros de su partido y del Gobierno.  Una rabia y desesperación que sigue incrementando esa perversión intelectual al alimentar las descalificaciones con declaraciones que buscan a culpabilizar a los desahuciados de sus desgracias: Los votantes del PP se ajustan el cinturón pero pagan la hipoteca. Otros, con excusas vagas, no hacen lo mismo“. Es el dóberman que vuelve a morder acompañado, esta vez, de un carroñero como Pujalte para rematar la faena: “que algunos deudores quieren la dación en pago para comprarse otro piso”. Para ellos, los desahuciados es una chusma de vagos y maleantes. Lo único que muestran es el desprecio hacia los desfavorecidos y la insensibilidad ante la desgracia ajena.

Podríamos comentar el eufemismo de otra joya del Gobierno, la Sra. Bañez, al calificar de “movilidad exterior” el exilio económico de miles de jóvenes en busca de una oportunidad de trabajo en el extranjero, pero cuando los sindicatos le afearon su conducta, rectificó matizando sus palabras. Esta señora que iba para dóberman se quedó en caniche con su ladrido histérico.

Es un Gobierno y un partido en el poder, constitucionalistas de boquilla, que han olvidado el mandato imperativo constitucional al que están sujeto: el deber, como poder público, de gobernar y garantizar los derechos básicos (trabajo, vivienda, sanidad, educación,…) para TODOS los ciudadanos.  Sin embargo, gritan «¡Devastación!» y sueltan a los perros de la guerra (William Shakespeare en Julio César).

La marca país. ¿Quién se está cargando la marca España?

EspañaEn un mundo globalizado y en el contexto del modelo económico-financiero dominante, la “marca” de un país es fundamental para su desarrollo y competitividad. Hoy, las marcas-país influyen en las decisiones de los inversores, los flujos de visitantes (turismo), la atracción de talento o, entre otros, la venta de productos y servicios al exterior. Una marca sólida crea una identidad, genera confianza, la distingue de otros países y facilita la comunicación entre todos los agentes económicos. Entendiendo por marca-país la reputación que se desarrolla tanto por las actividades públicas como por las privadas.

Existe una relación directa entre la reputación de un país y la creación de valor tangible, lo afirma el Reputation Institute, y esto se traduce, cuando se tiene una mejor reputación, en crecimiento y creación de empleo. Asimismo, el grado de reputación de un país determina la calidad de los flujos inversores. Un país con mala reputación, sobre todo por su alto grado de corrupción, atraerá fundamentalmente a inversores cortoplacista corrompedores y especulativos, mientras que un país con una buena reputación siempre atraerá a inversores largoplacistas orientados hacia los sectores que aporten valor añadido.

En nuestro caso, la crisis está aflorando nuestras debilidades desde el punto de vista económico donde el despilfarro en el sector público, la especulación y la corrupción han estado omnipresente en un modelo económico basado en el ladrillo. Por lo tanto, no nos debe extrañar que nuestro nivel de reputación como país haya descendido en estos últimos años: según el ranking de países del Reputation Institute, en el año 2009, estábamos situado en la posición 10 en el ranking de los 54 primeros países, en el 2011 habíamos decendido a la posición 18.

El ministro de Asuntos Exteriores y de Cooperación, José Manuel García Margallo, declaró ayer que la imputación de la Infanta Cristina no benéfica a la marca España. Es verdad, no beneficia para nada la marca al incorporar un nuevo elemento en el desprestigio acumulado de la primera institución del Estado. Sin embargo, aplicando el sentido común, lo que hay que dilucidar (el objetivo del juez Castro) es si doña Cristina Federica de Borbón y Grecia copropietaria con su marido, Iñaki Urdangarin, de la sociedad Aizoon S.L (receptora de fondos captados por Nóos), la cual firmaba sus cuentas, cargaba gastos y compartía gestiones de orden financiero, actuó simplemente como fiel esposa engañada y sumida en la ignorancia o, por lo contrario, actuó como cómplice o cooperador necesario de los presuntos delitos de su conyugue.  Es decir, estamos ante una situación que puede contribuir en la valoración de la reputación del país, tanto en positivo como en negativo,  dependiendo de cómo nuestras instituciones sean capaces de dilucidar esta cuestión, así como otras  más que intoxican el país. No es nada gratuito que El New York Times califique la noticia de la imputación de la Infanta como otro caso más de la corrupción en España, es la percepción del exterior que tanto preocupa al Sr. Margallo.

¿Quién se está cargando la marca España?…  la lista es extensa: una Jefatura del Estado salpicada por asuntos turbios; un partido en el Gobierno cautivo de los “silencios” de su ex tesorero; un Presidente del Gobierno que exclusivamente se dirige a los medios de comunicación de nuestro país a través de una pantalla de plasma con la intención de convencer a la ciudadanía que 2+2=5; un partido de la oposición ni está ni se le espera; una cohorte de empresarios que se aprovechan de las debilidades de algunos políticos para realizar jugosos negocios; la carencia de un proyecto de país y de un modelo económico para superar la crisis, los casos de corrupción que afectan directamente o indirectamente a los principales partidos político; y un gran etcétera.

Eso sí, siempre nos quedará la Roja para mejorar la “marca” en su camino hacia el Mundial de Brasil 2014.

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