Archivo de la etiqueta: Creative Commons

El creador como ciudadano, el ciudadano como creador

Llevamos 7 años con el PSOE en el Gobierno  y el balance de su política cultural no es nada alentador, en mi opinión:

  • Han sido años en los que los nuevos talentos se mueven en los límites de la supervivencia de su arte.
  • La mercantilización ha multiplicado hasta extremos insoportables la sensación de que lo que no vende no es bueno.
  • Se ha propiciado una estandarización unidireccional y partidista de la oferta cultural de la mano del proceso de concentración que viven las industrias editoriales, cinematográficas y musicales.
  • Se excluye de los espacios para la cultura a los jóvenes creadores inquietos, a los colectivos diferentes, a las redes pluralistas de creadores.
  • No hay programación consistente, ni política de creación y formación de públicos.
  • El clientelismo y el sectarismo son los criterios que rigen la asignación de los presupuestos culturales.
  • Se muestra una absoluta pasividad ante la diversidad cultural histórica de nuestro país y la propiciada más recientemente por la inmigración de culturas distintas.

Lo lamentable es que cada uno de estos puntos del diagnóstico se corresponden, sin quitar ni poner una coma con el diagnóstico que el PSOE realizó en su Programa electoral elecciones generales 2004 sobre los años de gobierno del Partido Popular que, según los redactores del programa electoral, habían demostrado, pública y repetidamente un desprecio por la Cultura.

Uno de sus lemas programáticos fue: “El creador como ciudadano, el ciudadano como creador” y puso el énfasis en que “la  sociedad española y sus poderes públicos no se pueden permitir quedarse al margen de la revolución que las Tecnologías de la Información y la Comunicación suponen: la apuesta por la sociedad del conocimiento tiene un carácter no meramente tecnológico, sino social, cultural e incluso político en el sentido tradicional del término, referido éste a la comunidad”.

Para ello, el PSOE nos proponía “el momento de repensar modelos de gestión pública que administren con inteligencia la avalancha de información, y sean capaces de hacer que ésta se transforme en conocimiento de todos y para todos, porque permitan el acceso cualitativo a los nuevos lenguajes y actitudes”.

Tres personas han pasado por el Ministerio: Carmen Calvo con su polémico Plan Integral para la Disminución y la Eliminación de las Actividades Vulneradoras de la Propiedad Intelectual; César Antonio Molina que se cubrió de gloria con su famosa frase de “con los piratas (refiriéndose a los que descargan contenidos de la Red), como con los terroristas, no hay nada de qué hablar“; y González-Sinde cuya actividad se ha centrado en el desarrollo y la aprobación de su ya famosa Ley Sinde. Tres máximos responsables de la política integral de la Cultura de nuestro país cuyas actividades han estado centrada en criminalizar, por activa y por pasiva, a los ciudadanos internautas.

El único legado que nos va a dejar el PSOE es la Ley Sinde, una fractura entre una importante parte del sector profesional de la cultura y los ciudadanos que utilizan el potencial de la Red para acceder a ella.

Una Ley cuya esencia, sin entrar en el entramado de  los matices jurídicos y al margen de la justificación de que lo único que se persigue con dicha ley es poder acelerar el cierre de webs de descargas ilegales, se fundamenta en una defensa a ultranza del principio de la propiedad intelectual, los derechos de autor y la mercantilización a ultranza de la cultura. Es decir, los dos sacrosantos principios del capitalismo neoliberal: propiedad privada y la cultura para quien pueda pagársela.

Una Ley hecha a medida de los intereses de los Oligopolios del Mainstream,  es decir, productores de obras de carácter excesivamente comercial poco innovadoras o artísticas. Una Ley al servicio de los 6 estudios de cines y las 4 compañías discográficas estadounidenses que dominan el mercado internacional de la producción y distribución de del cine y la música.

Si realmente querían potenciar “el creador como ciudadano, el ciudadano como creador”, podían haberse fijado y potenciado modelos nacidos con la Red para el desarrollo de una cultura compartida, como el Creative Commons, que permiten a la gente expresarse por sí misma y tomar el control de sus propios impulsos creativos.

El PSOE en su Programa electoral del 2004, desarrolló un storytelling lleno de promesas para un mundo mejor. Nos desgranó un mundo imaginario más justo y mejor, muchos jóvenes le dijeron a Zapatero: “no nos falles”, hoy muchos jóvenes están diciendo “no te voy a votar”. El PSOE en vez de defender la gratuidad de la cultura contra el mercado, se ha centrado a proteger las rentas actuales del sector de los medias sin que tengan la necesidad de transformarse y aportar nuevos servicios a sus clientes, protegiendo, asimismo, los privilegios de los proveedores de acceso. Como dijo Jacques Attali, en su denuncia de la Ley Hadopi en Francia, “es escandaloso porque, por una vez que se le podía dar algo gratuito a los jóvenes, las primeras víctimas de la crisis, se prefiere engrasar a los Majors de la música y del cine, que se han convertido, cínicamente y conscientemente, en los primeros parásitos de la cultura”.

Iniciándose el siglo XXI ningún Ministerio de Cultura ha conseguido situar en el centro de sus decisiones a los ciudadanos. La Administración Pública de la cultura sigue centrada en sí misma y en el mundo que rodea directamente a las artes -artistas, obras, museos, productos, servicios, campañas, fastos a “bombo y platillo”-, pero los ciudadanos quedan fuera o son tratados sin más como consumidores, en definitiva sólo como publico”.  Esto nos contaban en el Programa electoral, han transcurrido 7 años y los ciudadanos siguen siendo tratados sin más como consumidores, en definitiva sólo como publico ¡Que gran oportunidad perdida!

González-Sinde. La Contrarreforma del Conocimiento

Por haber descubierto el movimiento de la Tierra. Francisco de Goya

El Ministerio de Cultura y su titular Ángeles González-Sinde, nos va sorprendiendo, día a día, con sus iniciativas que cada vez se asemejan a una especie de Contrarreforma de la Sociedad del Conocimiento.

Ahora nos sorprende con el informe “El libro electrónico” que encargó a un grupo de supuestos “expertos” cuya conclusión es que las  licencias Creative Commons son contraproducentes para el futuro de la industria editorial en general y para los autores en particular.

“La necesidad de acompañar las actuales barreras que dificultan la copia ilegal (DRMs y licencias de acceso y uso de las obras) de modelos legales de acceso para el consumidor en los que además se respeten los límites a la Propiedad Intelectual –especialmente el derecho de copia privada y las garantías del respeto a la intimidad en el tratamiento de datos personales-. Deberían atender también a la posible pérdida de control de la obra al ser difundida de forma masiva en la red bajo licencias Creative Commons, así como a la controversia sobre su naturaleza de contratos y la obligación por Ley de que las entidades de gestión de derechos hagan efectivos los derechos de remuneración aún en el caso de que el autor decidida regalar su obra o no cobrar

Con estos fines, las Administraciones Públicas han desarrollado iniciativas de producción de dichos contenidos con la colaboración de la industria editorial y otros desarrolladores bajo licencia Creative Commons, que no permite su comercialización. Adicionalmente, las administraciones educativas han impulsado el papel del docente como productor de contenidos. No obstante, aunque estas iniciativas públicas se pueden mantener, se considera necesario que ahora, la industria tome el relevo.”

Venimos observando que las continuas medidas impulsadas por la Ministra siempre están dirigidas a la defensa de los intereses de la Industria Cultural y no a los intereses generales de la ciudadanía. En otras palabras, unas acciones y medidas que nada tiene que ver con la democracia y los derechos para el acceso a la Sociedad del Conocimiento.

Ignoro cuales son los conocimientos en historia de la Sra. Gónzalez-Sinde, pero debo recordarle que en la época en la que los libros eran difundidos a través de las copias manuscritas de monjes y frailes dedicados exclusivamente al rezo y a la réplica de ejemplares por encargo del propio clero o de reyes y nobles, Johannes Gutenberg, un herrero alemán, inventó la imprenta de tipos móviles en Europa y contribuyó a que la información y el conocimiento dejase de ser un privilegio de una reducida minoría y sentó las bases para lo que seria toda una revolución tecnológica que cambiaria para siempre el paradigma cultural que regia en la  Europa del siglo XV y XVI cuestionando, a la vez, el poder dominante en aquella época. Uno de los efectos fue la reforma protestante con nuevas ideas de cómo debía ser la iglesia, de cómo esta se tenía que relacionarse con sus fieles y de la necesidad de suprimir privilegios exagerados. Aún más, el sociólogo y economista Max Weber, defendió la tesis de que la reforma protestante llevaba en la sangre el espíritu del capitalismo en su celebre obra “La ética protestante y el espíritu del capitalismo”.

Obviamente, el movimiento de la Reforma propiciado gracias a tecnologías como la imprenta provocó una fuerte resistencia del poder absolutista y la Iglesia Católica puso en marcha una Contrarreforma –Inquisición incluida- para mantener sus privilegios. Una reacción a la Modernidad que costó sangre, sudor y lagrimas, pero como dijo una de sus victimas, Galileo, Eppur si muove” –y sin embargo se mueve-.

Hoy, en la senda de la Sociedad del Conocimiento, González-Sinde, haciendo honor a su profesión de guionista, está escribiendo, junto a las fuerzas y poderes de la reacción, su guión de la contrarreforma, poniendo todas las trabas posibles en defensa de intereses que se remontan a otra época, a otros modelos de relación y producción.

El Creative Commons es una herramienta de difusión del conocimiento en la Red y en la Sociedad, ponerle freno, intentar anularla es ir contra el progreso y la democracia, pero, como nos va demostrando la historia, al final la verdad y el sentido común se va imponiendo, aunque sea con un coste elevado.