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El Toro de la Vega. La crueldad elevada a la condición de interés sociocultural

Tordesilla-FestejoHoy no se trata de hablar de la sociedad de la información y el conocimiento, hoy toca denunciar uno de esos dispositivos socioculturales donde se cultiva la crueldad en una encerrona trágica: el victimario protegido en su pretensión de impunidad y la victima desprotegida de todo auxilio.

En Tordesillas (Valladolid), acaban de celebrar, una vez más, el festejo del Toro de la Vega. El festejo ha consistido en soltar a Moscatel, un astado de 540 kilos y pelo negro para que decenas de caballistas y mozos portando lanzas lo persiguieran, lancearan y matasen jaleados por un gentío de más de 25.000 personas. Este año, el caballista que le ha dado el lanzazo mortal no ha podido recoger su premio –el Ayuntamiento otorga al ganador una insignia de oro y una lanza de hierro forjada- porque el caballista “picó” al toro cuando todavía estaba sobre el asfalto –hasta para ejercer la crueldad existen normas-.

Eso si, algo se ha mejorado en la orgía de acoso, tortura y sangre. Hasta hace unos pocos años, el mozo que conseguía darle el lanzazo mortal tenía el derecho de cortarle los testículos al toro y mostrarlos orgulloso en el extremo de su pica.

Bajo el eufemismo  “el famoso y único espectáculo taurino de LA LIDIA DEL TORO DE LA VEGA”, es un festejo calificado de “Interés Turístico Regional” por la Junta de Castilla y León y cuenta con el respaldo de la mayoría de vecinos y, obviamente, de los aficionados taurinos.

Significativas las palabras de la alcaldesa de Tordesillas, Milagros Zarzuelo:  el animal dio “mucho juego”, la gente “se apartó debido al miedo que infundía” y que “sólo ha podido con él un lancero a caballo”. La alcaldesa insiste en que se trata de “un torneo limpio en el que el toro no sufre”.

Véase el vídeo para corroborar las palabras de la “edil” (sic).

Moscatel, no es el único, se ha unido a los más de 13 mil toros y novillos que murieron en las 3.295 celebraciones  taurinas -corridas, festejos, festivales- que se llevaron a cabo el año pasado.

Con la excusa de que es una ancestral tradición se sigue alimentando la demostración de  brutalidad, crueldad y salvajismo de todo un colectivo humano que basa su diversión en la tortura y la muerte con la complicidad activa de las “autoridades”. En las sabias palabras de Gandhi “Un país, una civilización se puede juzgar por la forma en que trata a sus animales”.