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Los “milenistas” y el nuevo paradigma del mercado laboral

incertidumbreEn síntesis, los “milenistas” o la  “generación del milenio” son los nacidos después de 1980, que han crecido con internet y están preparados para aportar a su actividad profesional una nueva concepción en las actitudes y aptitudes en su quehacer cotidiano gracias al potencial de las herramientas informáticas  y la web social.  Es el tipo de definición que más o menos se maneja para describir un hipotético potencial transformador de una nueva generación que se está incorporando en el mercado de trabajo.

Sin embargo, al margen del gran potencial de las tecnologías de la información y las comunicaciones para empoderar el acceso al conocimiento y la extensión de las interacciones en las relaciones humanas, el hecho de haber nacido en un contexto tecnológico no confiere, a priori, una aureola carismática a un segmento de la población. La historia de la humanidad, nos muestra que la apropiación de una tecnología y la extensión de sus usos económicos y sociales es un proceso pausado, aunque los ritmos tiendan a acelerarse, que va provocando pequeños cambios, en general acumulativos, hasta que se llega a transformaciones sustantivas.

Escribo esto porque en una reciente entrada en el blog de la escritora Natalia Gómez del Pozuelo, se expone una aproximación teórica del nacimiento del nuevo paradigma del mercado laboral que, por los fundamentos y argumentos que utiliza en su texto, invita a una refutación crítica ya que están alineadas, en mi opinión, con un determinado tipo de discurso poblado de hipótesis que se autovalidan y que, por su repetición incesante y monopolista, se tornan en definiciones hipnóticas o simples dictados. En otras palabras, nos encontramos con un cierre del universo del discurso ideológico, con pretensión universal, que nos quieren imponer como pensamiento único los intereses de grandes sectores económicos.

Natalia, en el preámbulo de su texto afirma: “El mercado laboral está en plena revolución. Los jóvenes están redefiniendo sus necesidades y sus deseos (no es solo el mercado, ellos también han tomado las riendas); lo que valía hace unos años, ya no tiene vigencia.” Es cierto, el mercado laboral está en plena revolución, sin embargo, hoy por hoy, lamentablemente los  protagonistas no son los jóvenes, es la financiarización de la economía que conlleva, como tendencia general, una depauperación del trabajo y de la creación de valor en la búsqueda de la maximización del rendimiento financiero en el corto plazo. Las víctimas: 57,2 % de paro juvenil en España, 22,8% en la Unión Europea.

A continuación, se hace eco de los argumentos de la intervención de Sergio Fernández en el pasado Zincshower para reflexionar sobre su trabajo, proyectos y el nuevo paradigma del mercado laboral. A continuación la lista de argumentos nos encontramos con una amalgama donde el “storytelling” del discurso neoliberal, se intercala con la desinformación, ciertas tendencias socioeconómica y, sobre todo, el desconocimiento de los procesos socioeconómicos:

  • No hay crisis, hay globalización
  • Se acabó el capitalismo, comienza el talentismo
  • Ya no se trata de tener un puesto de trabajo sino de participar en proyectos.
  • Del concepto de empresa pasamos al de red de profesionales.
  • De un mundo insostenible a una apuesta por la sostenibilidad.
  • De tener jefes a ser agentes libres asociados.
  • Desaparece el sueldo y aparece la facturación.
  • Desaparece el “de 9 a 7” y aparece la deslocalización horaria y geográfica.

En esta cadencia argumental se afirma que se acabó el capitalismo. También Francis Fukuyama, ideólogo del pensamiento único y del neoliberalismo, afirmó en 1992 el fin de la Historia. Por el momento, el capitalismo, como sistema económico de producción y relaciones sociales no se ha acabado, la globalización es un nuevo estadio de la propia evolución del capitalismo y las crisis económicas son las fases depresivas de la evolución de los procesos económicos recesivos, además, por su propia naturaleza, el capitalismo es incompatible con la sostenibilidad. Con relación al telentismo como sustituto del capitalismo, es simplemente un eufemismo para referirse al ultra individualismo como actitud y aptitud ante la vida y la sociedad. Asimismo, aspectos como red de profesionales, facturación frente a sueldos, deslocalización horaria y geográfica, autonomía frente a jefes… , los cuales se presentan como algo novedoso no aporta nada nuevo en el horizonte: los profesionales liberales y los autónomos, más o menos, lo llevan practicando desde hace décadas.

En el texto, se pone el énfasis en que los milenistas son personas jóvenes que tienen una nueva actitud ante el trabajo; además de un empleo buscan un propósito vital. Se señala como características que los marca como nuevo fenómeno: “no son competitivos porque ya no buscan ganar mucho dinero, ni desean el poder o la seguridad. Ellos quieren: flexibilidad, autonomía, colaboración y creatividad”. ¿Estamos ante un fenómeno nuevo y un cambio sustancial en actitudes y valores?, sinceramente, no creo que en actitudes y valores, estas personas jóvenes difieren, salvo algunos matices condicionados por el contexto histórico, con los anhelos de los jóvenes en otras épocas del siglo XX. Es cierto, hay jóvenes que llevan en su mochila vital algunas de las características que se mencionan en el texto, pero también nos encontramos con una mayoría de jóvenes apáticos atrapados en carreras estudiadas por conveniencia, becas prolongadas indefinidamente, precariedad sentimental y laboral, falta de conciencia política y social y nostalgia de una infancia acogedora y segura. En este punto recomiendo el último libro de la historiadora y filósofa “milenista” Meredith Haaf, Dejad de Lloriquear, en el cual encontramos un excelente radiografía de las miserias, bondades, virtudes y defectos de la tan exaltada generación.

Por último, Natalia identifica que el elemento del cambio de paradigma: son las nuevas tecnologías. Una muestra más del dominio del discurso sobre el determinismo tecnológico dominante en determinados foros (véase determinismo tecnológico y utopismo sobre la Red).

La realidad es que la mayoría de las personas, con independencia de su edad, estamos atrapados en un sistema económico-financiero insolidario, depredador en recursos y especulador, donde el trabajo, sea por cuenta ajena o por cuenta propia, se reduce a la dimensión de su capacidad de producir en el más corto plazo un rendimiento financiero. A partir de este punto, la cuestión es ¿Cómo transformar el modelo socio-económico dominante?.

 

Un mándala vivo. El planeta y su sistema nervioso central

Es un hecho que la Red es cada vez es más tupida, más interconectada. No paran de conectarse personas, objetos –Internet de las cosas- y sistemas de información, estableciéndose conjuntos complejos de relaciones entre todos estos sistemas a su vez complejos que, en cierta medida, nos permitiría afirmar que en el planeta está creciendo de forma exponencial un sistema nervioso central de datos que pueden constituir informaciones, la cual, correctamente asimilada, puede ser usada como conocimiento y que nos abre las puertas de la sabiduría si los utilizamos de la manera mas provechosa y justa posible.

Es lo que nos propone el video de IBM “Internet of Things” publicado hace tres meses con una excelente calidad en su composición y acompañamiento musical de Lee Feldman: un planeta más inteligente con dos dimensiones, una de ellas es ser más eficiente, menos destructiva, para conectar los diferentes aspectos de la vida que nos afectan a cada uno de una forma más consciente y deliberada, e inteligente. La otra, la posibilidad de generar nuevas ideas, nuevas actividades y nuevas formas de relaciones sociales. Por tanto, según IBM, podemos visualizar nuestro planeta como un sistema de información, creación y transmisión.

Es decir, el planeta como un mándala vivo y, por lo tanto, un talismán e instrumento mágico que toca a la totalidad de sus habitantes. Un enfoque que nos recuerda el tratado utópico renacentista “La Ciudad del Sol” del filósofo y dominico Tommaso Campanella, escrito en el año 1602, donde se describe una sociedad teocrática universal donde se registran, ya sabidas, todas las ciencias; “ahí están los nombres de todos los astros y de todos los animales, el remedio para todos los males, un lugar de perfección y racionalidad pura”.

Sin embargo, a pesar de los discursos utópicos y deterministas tecnológicos se impone la realidad obtusa que nos rodea. Vamos hacia un planeta cada vez más interconectado con más datos, informaciones y hasta conocimiento, Pero somos incapaces de detectar, gestionar y resolver la mayoría de las crisis de cualquier tipo. El botón de muestra: la crisis actual en la que estamos inmersos.  Será porque las puertas de la sabiduría todavía se mantienen cerrada para la mayoría de la humanidad y, por tanto, no nos servimos  del conocimiento adquirido de manera más provechosa y justa.

La Red y sus chamanes

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Las sociedades tradicionales se basaban en las creencias religiosas y valores tradicionales que las mantenían estables anulando cualquier amago de individualidad. Hoy en día, en nuestras sociedades desarrolladas, la innovación reemplaza a las creencias. La innovación se presenta como un motor que nos emancipa como individuos aunque esté llenas de riesgos.

Pero afortunadamente tenemos nuestros chamanes modernos, esos seres con la capacidad de modificar la realidad o la percepción colectiva de ésta. Con la facultad de predecir, de comunicarse con el más allá presentando habilidades visionarias y adivinatorias.

Y la Red es terreno abonado para estos nuevos chamanes, que actúan como psicopompos –guías de almas-, nos hablan de cómo será la Red en un futuro. Una Red que, junto a la innovación tecnológica constante, nos conducirá a la Nueva Atlántida de Francis Bacon. Una isla con una sociedad con conocimientos técnicos y científicos muy avanzados en casi todos los campos de la vida del ser humano con la Casa de Salomón, como un lugar de síntesis del saber y a la vez una especie de museo y catedral de la técnica donde se celebraba una suerte de culto tecnocrático.

Llevo tiempo leyendo/escuchando a una fauna de chamanes que escriben/disertan sobre las potencialidades revolucionarias de las nuevas tecnologías y como nos conducirán al nirvana del conocimiento y la abundancia de servicios y bienes virtuales olvidando la realidad más elemental, que cualquier revolución tecnológica tiene que contextualizarse en sus respectivos ámbitos sociales, económicos y culturales y las tensiones que se producen entre tecnología y sociedad. Ámbitos que, hoy por hoy, están mediatizadas por las relaciones entre los individuos y las instituciones –públicas y privadas- como órganos de gestión del poder y el control.

Es cierto, las nuevas tecnologías y la Red conllevan una gran capacidad que podrían transformar nuestras sociedades profundamente, pero, por el momento, los poderes económicos y políticos lo único que persiguen es integrar dichas tecnologías en sus procesos de dominación, eso si, cambiando comportamientos para que nada cambie. Mientras tanto, sus chamanes, disfrazados de expertos, gurús o profesores de escuelas de negocios, mantienen distraídos al personal con gadgets de la innovación y otras parafernalias tecnológicas.

Dicen que una crisis es una oportunidad, me pregunto: ¿Se está aprovechando la crisis actual para transformar realmente nuestra sociedad y las relaciones de poder tanto a nivel macro como micro?  En mi opinión, no.

Video de Simon Hergueta

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