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e-Democracia, el fiasco del alcalde de Barcelona

Que los gobiernos locales, autonómicos o estatales inviten a los ciudadanos a pronunciarse sobre temas concretos que les afecte, es un paso más para el desarrollo de una democracia más participativa. Asimismo, que se propicie el uso de las nuevas tecnologías para facilitar la participación de los ciudadanos, es un avance en la e-Democracia, entendiendo esta como el uso de las TIC para mejorar la democracia y la participación ciudadana en la comunicación y los procesos de decisión.

El Ayuntamiento de Barcelona lanzó una iniciativa para que los ciudadanos se pudiesen pronunciar sobre el nuevo modelo de transformación de la principal avenida de la ciudad, La Diagonal. Una iniciativa pionera por su alcance –todos los ciudadanos- y por la incorporación de todos los canales posibles para la participación, desde el voto vía Web, hasta los puntos presenciales repartidos por la ciudad, pasando por el teléfono móvil, junto con la posibilidad de poder utilizar el DNI electrónico.

Ahora bien, a menos de 24 horas de finalizar el proceso de votación que se inició el lunes pasado, el balance es el de un estrepitoso fracaso y los motivos son diversos, la mayoría ya estaban cantados desde el primer día. En mi opinión han sido los siguientes:

El tipo de consulta y la transparencia de las opciones. La consulta le planteaba al ciudadano la posibilidad de elegir entre tres opciones: dos de ellas  con un modelo de transformación urbanística más favorable al peatón que al automóvil (opción A-Bulevard y opción B-Rambla) y una tercera opción, la C, con el único planteamiento de ninguna de las dos anteriores sin determinar las acciones de intervención del Ayuntamiento. Un enunciado complejo (Bulevard o Rambla) para sustituir a una autopista urbana y una tercera opción, la C, donde el promotor de la consulta la ha estado ocultando en la campaña de promoción y publicidad. Posiblemente una consulta más simple sobre el modelo de ciudad –sostenible o rendida al tráfico- hubiese sido más efectivo y dejar a los técnicos y urbanistas si bulevar o rambla.

La oportunidad política. Como escuche a un tertuliano, hacía tiempo que en el ambiente flotaba una “bofetada popular” contra el consistorio y, por tanto, la consulta se ha convertido en una especie de referéndum contra el alcalde, obviamente la oposición no ha perdido la oportunidad de sacar las navajas y entrar a degüello.

La conveniencia en un momento de crisis. En la crisis en la que está inmerso el país desde casi dos años, plantear una consulta con un coste de más de 3 millones de euros para reformar una avenida que tendrá un coste de más de 200 millones de euros, la verdad es que tiene todos los números para ser mal recibida por la inteligencia colectiva de una ciudadanía cuyas prioridades son más básicas y cotidianas en época de crisis.  Además, como traca final para el desencanto y cabreo colectivo, ha coincidido la consulta con el anuncio del ajuste drástico del gobierno central.

Los fallos técnicos. Con el novedoso despliegue tecnológico para la consulta, han surgido fallos técnicos, algo de preveer y hasta comprensible por su novedad. Pero, en este punto, lo más escandaloso no han sido los fallos en sí, lo más escandaloso ha sido las explicaciones públicas y el propio paripé de un alcalde que fue a votar, como el que corta la cinta,  y no pudo votar porque le falló el sistema informático y montó el número malabarista del votante satisfecho en un contexto de “tierra trágame”.

Si esta primera iniciativa de participación popular en un contexto de e-Democracia, es un fiasco –la participación hasta el momento después de 5 días de votación no llega al 11% del censo- ,  no es por falta de madurez de la ciudadanía, es sobre todo por el cúmulo de despropósitos en el planteamiento, la oportunidad y la transparencia. A partir del lunes, la consulta pasará factura al alcalde y su equipo y me da la impresión que más de uno dirá eso de “Yo no me llamo Javier”.

Una experiencia que plantea, probablemente, el entierro de la e-Democracia en la ciudad de Barcelona y en el resto del país por parte de la clase política actual, quedándose con la rutinaria convocatoria cuatrienal para renovarse en el disfrute del poder.

Actualización: Finalizada la votación, la opción C, la no deseada por el alcalde, suma el 79,84% de los votos en la consulta para la reforma de la Diagonal con una participación del 12,17%.