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Internet es importante para el desarrollo de los jóvenes

23 Noviembre, 2008

Las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones permiten una libertad y una autonomía que los jóvenes no encuentran en las aulas. Los jóvenes se respetan cuando interactúan en la Red y están más abiertos a aprender de sus compañeros que de los adultos. Sus esfuerzos, sobre todo, lo aplican sobre ellos mismos, y las soluciones las encuentran a través de la exploración, aspecto que contrasta con el entorno escolar donde la pedagogía tiene un foco y un programa definido y cerrado.

Estas nuevas formas de aprendizaje son esenciales para integrarse en la sociedad contemporánea. Los nuevos medios digitales de entretenimiento son lugares de aprendizaje. A pesar de la opinión de muchos adultos, el hecho de navegar en Internet, permite a los jóvenes aprender las bases de la socialización y de las tecnologías indispensables, hoy en día, para participar plenamente de la sociedad contemporánea. Privar a los adolescentes de Internet, es privarlos del acceso a esas formas de aprendizaje. “Participar”, en la era digital significa adquirir la capacidad para acceder a informaciones “serias” y a la cultura.

Todo esto lo afirma el estudio Living and Learning with New Media que acaba de presentar la Universidad de Berkeley y la Fundación MacArthur. La investigación más extensa y rigurosa que se ha realizado, hasta el momento, sobre los adolescentes y su relación con los medios digitales y sus usos.

Una investigación de tres años que ha realizado un equipo de los Estados Unidos con la participación de 28 investigadores que entrevistaron a más de 800 jóvenes y sus padres, individualmente y en grupos, dedicando más de 5.000 horas observando a los adolescentes en sitios como Myspace, Youtube, Facebook y otras comunidades y redes sociales en red. Asimismo, realizaron estudios diarios para documentar cómo y con qué fin, los jóvenes se relacionan con las nuevas tecnologías.

En las conclusiones de estudio, se establece que los jóvenes están adquiriendo habilidades básicas, tanto sociales como técnicas, a través del uso de la Red que les son necesarias para participar plenamente en la sociedad contemporánea.

En el estudio se destaca que el mundo social en los que se mueven los jóvenes ofrece una nueva dinámica: la socialización online permanente y pública que implica la gestión continúa de redes de amigos y conocidos y, por tanto, estar siempre conectados.

Según los investigadores, los jóvenes están tan motivados para aprender de sus compañeros como los adultos en la Red. Ésta ofrece nuevos tipos de espacios públicos para que los jóvenes puedan interactuar y recibir información entre ellos. Aspecto que entra, a menudo, en contradicción con las formas de trabajar de las escuelas.

Y podríamos concluir esta reseña como un aviso para navegantes, en este caso padres y educadores.

New role for education? Youths’ participation in this networked world suggests new ways of thinking about the role of education. What would it mean to really exploit the potential of the learning opportunities available through online resources and networks? Rather than assuming that education is primarily about preparing for jobs and careers, what would it mean to think of it as a process guiding youths’ participation in public life more generally? Finally, what would it mean to enlist help in this endeavor from engaged and diverse publics that are broader than what we traditionally think of as educational and civic institutions?

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14 horas al día siendo digital y seis siendo analógico

2 Julio, 2008

En la tribuna del periódico El País, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, ex presidente de la Junta de Extremadura, ha publicado un artículo de opinión: ¿Crisis económica o de modelo?. En el que analiza de forma muy certera, en mi opinión, la crisis del modelo educativo actual en la era de la Red.

En la introducción de su artículo, realiza una aproximación del impacto de las TICs en todos los ámbitos de nuestra sociedad. Señalando, sobre todo, el desarrollo de la Red y de la Sociedad de la Información.

A continuación, se centra en el campo de la educación y señala que:

Se sigue evaluando al sistema educativo con parámetros de la sociedad industrial, desconociendo que, desde 1995, hemos entrado en una nueva sociedad que podemos calificar de posindustrial. Los informes manejados evalúan resultados pero evitan entrar en contenidos, instrumentos y actitudes de los sistemas educativos analizados.

Para Ibarra, una de las claves en la crisis del modelo, es lo que está pasando en el aula escolar y el rol que tiene asumir el docente en la Sociedad de la Información:

Lo primero es que la información ya no es la fuente de poder y autoridad del docente; durante siglos, el profesor era el depositario de la información que iba trasladando, año a año, a los alumnos sin más ayuda que los libros de texto, la pizarra y la tiza y algunos pocos medios didácticos que el alumno sólo podía utilizar en el aula. El profesor era el brujo de la tribu, sabía lo que había que saber y lo transmitía de la forma que se podía transmitir. En líneas generales, en el aula se sigue con la misma metodología, despreciando la evidencia de que la información ya no es patrimonio del docente sino que, en grado superlativo, esa información está a disposición del alumno en un aparato que te permite buscar en segundos todo lo que se necesita saber; Internet es un magnífico instrumento que vomita información en tal cantidad que el profesor que lo desprecie o pretenda competir con él, está dando palos de ciego y dejando de ejercer su nuevo rol que consiste en convertirse en un agente organizador, capaz de hacer que el alumno sepa utilizar las redes pertinentes para pescar lo que necesite y para que la información llegue al estudiante en forma de conocimiento.

Porque para Ibarra:

Los alumnos infantiles y adolescentes nacidos después de 1995, fecha en que se socializa Internet, son digitales y sólo digitales; nacieron con las nuevas tecnologías y su mundo no es analógico por mucho que el sistema educativo se empeñe en verles como tales

………….

Un adolescente de 12 o 13 años pasa 14 horas de cada día siendo digital y seis siendo analógico: digital cuando se encuentra fuera del aula y analógico cuando se sienta en ella. Esa contradicción choca con los intereses del alumno impidiéndole desarrollar sus potencialidades y aburriéndose ante un sistema educativo que no se comporta con las reglas y normas que el adolescente vive en su casa y en la calle. Alumnos que durante la jornada no escolar tienen la oportunidad de asomarse, a través de una pantalla, al resto del mundo globalizado, en el horario escolar se topan con la limitación de una pared blanca adornada con una pizarra que mata su imaginación y su capacidad de asomarse al mundo, además de romperse las muñecas de sus brazos copiando apuntes o subrayando libros de textos que no interesan, por antiguos, a jóvenes y adolescentes que visitan y viven en otro mundo. A nadie puede extrañar que el sistema fracase mientras sigamos empeñados en aplicar modelos educativos alejados del mundo en el que diariamente se desenvuelve el alumno.

Y concluye:

El argumento de muchos de que la educación siempre fue así es una falacia que evita la responsabilidad de implicarse en el adiestramiento y uso de tecnologías que el alumno usa con toda normalidad en la calle y de las que se ve privado en el aula. Ni un solo ciudadano aceptaría que su diagnóstico sanitario le dictara usando tecnología antigua, cuando la ciencia ha puesto a disposición del sistema nuevas tecnologías que evitan, cada vez más, el error de apreciación. No existe un solo profesional de la medicina que rehúya el uso de las nuevas tecnologías en su profesión; el médico se siente responsable de la suerte de su paciente y, en consecuencia, todo lo que ayude a un mejor y certero diagnóstico será demandado y usado por el sanitario, independientemente de que las cosas se hicieran antes de otra manera o de que en los tiempos en que estudió medicina esas tecnologías no existieran. Por el contrario, estamos dispuestos a seguir aceptando la vieja pedagogía que desprecia lo nuevo, tratando de ocultar la pereza que subyace en el argumento de que siempre fue así y así tiene que ser.