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Reino Unido. Los empleados públicos como agentes del cambio

Este verano me hice eco en “Inteligencia colectiva para reducir el déficit público” de la iniciativa del nuevo gobierno Británico de solicitar a los empleados públicos su opinión y recabar ideas acerca de cómo recortar el gasto y reducir el déficit público. La premisa de partida del Primer Ministro del Reino Unido, David Cameron, era que los trabajadores de las AA.PP. están en la primera línea de los servicios y de su gestión, y, por tanto, saben dónde las cosas funcionan bien y en dónde se derrocha, al mismo tiempo, que tienen ideas de cómo se podrían replantear las cosas para lograr mejores servicios con menos gasto. Para ello, desde el Ministerio de Economía y Finanza pusieron en marcha una plataforma, Spending Challenge, para recoger las propuestas en todos los ámbitos del Estado, desde las fuerzas armadas hasta de empleados de empresas privadas que trabajan para el sector público.

El resultado de la campaña, en mi opinión, ha sido excelente, se recibieron más de 100.000 ideas o sugerencias, entre ellos más de 63.000 del sector público. Además, los responsables de diferentes Ministerios  recorrieron el país para recoger ideas y opiniones de primera mano. Al mismo tiempo que los responsables políticos del Tesoro mantenían reuniones con expertos en determinadas áreas como: Salud, Vivienda y Educación.

De todas las propuestas han preseleccionado más de 1.800, algunas de ellas ya las han incluido en los presupuestos para el 2011 como: centralizar la compra de bienes de uso común y servicios, con lo que esperan un ahorro de más de 400 millones de libras por año; reducir los gastos de viajes para reuniones a través del uso de la videoconferencia o la audioconferencia y la eliminación de viajar en primera clase, el ahorro previsto se estima en 100 millones de libras por año; o la de empezar a considerar el software abierto como una opción para todo el Gobierno y, por tanto, analizar los costes y establecer un plan de acción y una estrategía para empezar a impulsar esta opción a partir de este año.

Lo interesante es que las propuestas seleccionadas permetirán ahorrar miles de millones de libras con una gestión más eficiente de los recursos, al mismo tiempo que se empodera y motiva a los empleados públicos.

Además, en un ejercicio de transparencia, tienen previsto publicar todas las propuestas que se recibieron en su definición original en el repositorio de datos abiertos en data.gov.uk.

Según el propio Gobierno, este es un proyecto con continuidad y los diferentes Departamentos están revisando y evaluando las propuesta recibidas con el objetivo de identificar aquellas que mejoren la eficiencia de la Administración. Una lección inteligente de política al servicio de los ciudadanos y utlización de los empleados públicos como agentes del cambio.

Para más información sobre la relación de las más de 1.800 propuestas preseleccionadas se puede consultar: Summary of policy proposals submitted by the public sector (Excel 336KB).

Code For America. De la Web Social a la Web Cívica

En la evolución de la Red se ha ido consolidando en los últimos años la Web Social articulada en los conceptos y herramientas Web 2.0, dando lugar a lo que se denominan Medios Sociales. Todo apunta a que la extensión de la Web Social y sus características es una oportunidad para el desarrollo del concepto de la Web Cívica.

Hemos de ser consciente que cada vez que en una entrada en uno de los muros de Facebook seleccionamos el “Me gusta” estamos votando, además de poder comentar –incorporar nuestra opinión- o compartir –hacer participes a terceros de algo-. De la misma manera actuamos en Twitter y otros sitios Web: votando, comentando y compartiendo. Unas acciones con un alto componente cívico  que pueden ser un referente para los gobiernos locales –Ayuntamientos, CC.AA.- y el gobierno de nuestros propios barrios.

Extender la participación ciudadana implica poder conectar los gobiernos locales de las ciudades y de los barrios con los ciudadanos. Es potenciar que los gobiernos sean más transparentes y abiertos a sus ciudadanos propiciando el diálogo y desarrollando una democracia más directa y participativa.

No es algo nuevo, es un tema sobre el que se ha escrito mucho –eGovernance– y se han desarrollado algunos proyectos pilotos de participación directa. La inmensa mayoría impulsados por los propios gobiernos locales con sus propios recursos sin compartir, en la mayoría de los casos, sus experiencias y resultados con otros gobiernos.

Pero fuera de nuestro entorno más inmediato caracterizado por sistemas altamente burocratizados, con poderes políticos centralizados, con un alto déficit en lo relativo a la transparencia y pocos proclives a potenciar la participación ciudadana, podemos observar como se impulsan iniciativas de gran calado como el caso de Code for America –CFA-.

CFA es  una organización independiente sin vinculaciones políticas y sin ánimo de lucro que pretende ayudar a los gobiernos locales para que sean más trasparentes, estén más conectados y sean más eficientes. El objetivo es, aprovechando el impacto de la Red, movilizar a desarrolladores de software y responsables de los servicios a los ciudadanos para poner en marcha aplicaciones que permitan potenciar la participación ciudadana.

CFA es un proyecto inspirado, en parte, por Teach for America –un movimiento para eliminar la desigualdad educacional movilizando a profesionales de excelencia para dicho objetivo-.  El modo de operar es simple y efectivo: un gobierno local solicita a CFA el desarrollo de una determinada aplicación o servicio, CFA realiza una evaluación y si lo aprueba, asigna un equipo de desarrolladores, diseñadores y jefes de proyectos con las requeridas capacitaciones para ponerlo en marcha en 11 meses.  Una vez implantado en el gobierno local, la aplicación queda a disposición de cualquier gobierno local que quiera implantarlo en su ciudad.

CFA va mucho más allá del puro desarrollo de aplicaciones, su objetivo es promover la participación ciudadana, trabajando con los funcionarios locales y profesionales de la Web para desarrollar el talento Web 2.0.

CFA tiene previsto reclutar a 2.011 becarios para el año 2011 –de enero a noviembre- y los requerimientos son: el talento, la pasión, la madurez y el deseo de hacer algo importante. A cambio recibirán unos 35.000 dólares, gastos de viajes y seguro médico.

En el comité de CFA podemos encontrar a personas como Jennifer Pahlka, Leonard Lin o Tim O’Reilly entre otros.

Una iniciativa que persigue rentabilizar la sinergía que pueden generar una multitud de proyectos en unos gobiernos locales con grandes déficits presupuestarios que no podrían abordarlos individualmente. ¿Qué tal un Code for Spain aunque sea con recursos del Plan E?

Open Government. La larga marcha

oGovLa primera cuestión es delimitar el concepto de Open Government –oGov-. En una primera aproximación, es un modelo de relación de las AA.PP. y sus gestores con los ciudadanos basado en la racionalización de los procesos administrativos, la transparencia, la accesibilidad y la receptividad.

Si hacemos un poco de historia, desde el famoso manifiesto de David Osborne y Ted Gaebler: Reinventing Government, en el que se planteaba la necesidad del Estado y que una sociedad civilizada no puede funcionar sin un gobierno eficiente; que la gente que está en el gobierno no es el problema, lo son los sistemas en que trabajan… los intentos de racionalizar la operativa de las AA.PP. y sus relaciones con los ciudadanos con las tecnologías de la información y las comunicaciones se remonta a la época de la apertura de Internet a la sociedad y el desarrollo de los discursos sobre Autopistas de la Información, Sociedad de la Información y otros.

Un botón de muestra: cuando en el informe “From Red Tape to Results Creating a Government that Works Better & Costs Less Report”  y la iniciativa “Reinventing Government Online en el marco del programa  National Performance Review del año 1993, liderado por Al Gore durante la Administración Clinton, se establecieron las bases para transformar un modelo de  administración burocrática construido bajo los postulados dominantes en el siglo XIX,  a un modelo de administración electrónica -eAdministración- flexible, interactiva y accesible por la Red.

Desde que se lanzó la iniciativa de Al Gore, hasta hoy, ha llovido mucho, las iniciativas han proliferado –eEuropa o INFO XXI: La sociedad de la información para todos, entre otras-  y hemos vivido algunos cambios. Es cierto que en los últimos 15 años se han producido avances, no los suficientes en mi opinión, en la implantación de servicios online de tramitación para los ciudadanos y se van consolidando iniciativas legislativas para facilitar el desarrollo y la implantación de éstos, por ejemplo, en nuestro país la Ley de Acceso Electrónico de los Ciudadanos a los Servicios Públicos (LAECSP).

Hoy, en los discursos sobre una Administración más abierta se impone la meme 2.0. En una entrada anterior, decíamos que la “Web 2.0, como filosofía, es una postura mental, una actitud, una forma de concebir las relaciones y compartir la información y el conocimiento y, por tanto, se entiende que cualquier actividad con el sufijo 2.0, debería compartir dicha postura mental”.

Y el concepto de oGov se alinea con la meme 2.0. Javier Llinares, en su blog, publicó una excelente entrada: Open Governement Transformation, donde analizó el concepto desde distintas perspectivas. De su entrada retomo dos de los principios básicos que se manejan en dicho concepto:

  • Administración Transparente: En el sentido de que las AA.PP. aún siendo valedora de la veracidad y la integridad de la información que maneja, no es propietaria de ésta y, por lo tanto, debería poner sus datos a disposición de la sociedad para que cualquiera pueda interactuar mediante el uso de aplicaciones sobre dichos datos, de tal forma que el concepto de servicio público quede liberalizado. Es obvio que este principio de transparencia no implica liberar el acceso a datos personales y privativos de los ciudadanos o aquellos datos que puedan ser considerados sensibles para la seguridad o los intereses del país.
  • Administración Conversacional: Las AA.PP. deben abrirse a los ciudadanos, entablar una conversación con el fin de escucharlos y tomar decisiones basadas en sus necesidades y preferencias,  que facilite la colaboración de los ciudadanos y funcionarios en el desarrollo de los servicios que presta  y que comunica todo lo que decide y lo hace de forma abierta y transparente.

 Asimismo, señalar que en el desarrollo del oGov podemos considerar que, hoy en día, aunque las tecnologías de la información y las comunicaciones son un elemento clave, son herramientas e infraestructuras meramente instrumentales, más bien triviales en el momento en que una parte importante de la sociedad se han apropiado de ellas y todo el mundo las considera como algo natural.

Pues bien, de acuerdo con estos principios básicos del oGov, es decir una Administración transparente y conversacional. La pregunta que nos hacemos es: ¿Cuál es el avance del oGov en nuestro país? Y la respuesta, en mi opinión, es bastante desalentadora, porque, por el momento, quien lidera las iniciativas 2.0 son algunos ciudadanos, nativos o emigrantes digitales, que están interiorizando dichos valores junto con una avanzadilla que actúan como fuerza de transformación.

Una avanzadilla de profesionales del sector privado y del sector público que actúan como evangelizadores o guerrilleros 2.0. Unos calificativos que no los aplico en plan despectivo, ya que yo mismo me considero un evangelizador que lleva más de 20 años dedicado profesionalmente a llevar el mensaje de las bondades de la transformación por esas tierra de “paganos”.  

Por el momento, las iniciativas son escasas, a pesar de lo mucho que se escribe sobre el tema, más bien testimoniales, y es debido a dos motivos:

  • El primero, el más fundamental, es que los poderes económicos y políticos, aquí y allá –efecto globalización ideológica- lo único que persiguen, en estos momentos, es integrar dichas tecnologías en sus procesos de dominación y control, eso si, cambiando o más bien maquillando algunos comportamientos para que nada cambie.
  • El segundo, en nuestra realidad más próxima, es el bajo nivel de confianza que la clase política hegemónica deposita en los ciudadanos. Una clase política donde, salvo raras excepciones, domina la mediocridad, con unas estructuras de partido monolíticas y con una férrea disciplina –el que se mueva no sale en la foto-, sin una visión de país –con proyección de futuro- y que únicamente se dirige a los ciudadanos una vez cada cuatro años en busca de su voto con una “conversación” unidireccional -“mitinera”-, y que, cuando gobierna, si hay algo que no practica es la transparencia.

El camino hacia el oGov, será largo, muy largo. Se requieren grandes cambios políticos y sociales para asentar una cultura donde dominen los valores de una democracia verdaderamente participativa, tanto en los gestores de lo público como en los ciudadanos, para garantizar los dos principios fundamentales de oGov: Transparencia y Conversación. Algo que suena, hoy por hoy, a utopía.

Considerando que las grandes transformaciones sociales, económicas y políticas siempre se han producido por amplios movimientos sociales que van tomando conciencia de la necesidad de dichas transformaciones, pues eso, los “evangelizadores” tenemos que seguir llevando, en una larga marcha, nuestro mensaje a todos los rincones y consolidar espacios, aunque sean pequeños, donde se puedan desarrollar los principios fundamentales de un oGov.