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El derecho a los ingresos o el derecho al trabajo

cola_paradosEl otro día, leí en un tuit la siguiente frase: “A la mayoría no nos educaron para obtener ingresos, sino para pensar que tenemos derecho a ellos“.  Mi primera impresión fue que el espíritu de la reciente fallecida Margaret Thatcher se manifestaba en Twitter, sin embargo, para mi tranquilidad, vi que su autor fue un  tuitero y conferenciante coach muy activo en los corrillos del empleo 2.0.

Ignoro si la frase es original del autor del tuit o simplemente un plagio. Lo que es cierto es que es una frase que casa totalmente con el ideario del neoliberalismo más ultra. Con esto no quiero afirmar que el autor sea un neoliberal acérrimo, me da la impresión de que simplemente quería transmitir que la gente en nuestro país no está mentalizada para el emprendimiento, pero no deja de ser una muestra de cómo el discurso neoliberal está penetrando en los discursos de los que propugnan el emprendimiento como una actitud individual para buscarse la vida.

¿Cuál es el ideario neoliberal de la frase de marras? Si la analizamos con profundidad vemos que en dicha frase desaparece el concepto del trabajo y simplemente se habla de ingresos y derechos a ellos. Es cierto, las personas obtienen ingresos, pero estos son el resultado, o del trabajo propio, la gran mayoría, o de la apropiación del plusvalor del trabajo de los demás, una minoría. No debemos olvidar que el trabajo, es la fuerza física y mental que dedican las personas a producir, prestar servicios, inventar-innovar…, en suma, cualquier actividad humana dedicada a transformar el mundo. Es decir, el trabajo es lo único que crea valor en cualquier sociedad y, por tanto, los “ingresos” son simplemente los elementos monetarios que facilitan los intercambios de bienes y servicios entre las personas que crean valor, sea por cuenta ajena o por cuenta propia.

Eliminar el concepto de trabajo no es un acto neutro porque facilita que se pueda eliminar el derecho a éste. Es la transformación semántica de una ideología que se opone a un derecho humano fruto de las conquistas sociales, con un altísimo coste en vidas humanas  a través de los siglos, y que hoy está plasmado en la Declaración Universal de los Derechos Humanos en su artículo 23:

1. Toda persona tiene derecho al trabajo, a la libre elección de su trabajo, a condiciones equitativas y satisfactorias de trabajo y a la protección contra el desempleo.

2. Toda persona tiene derecho, sin discriminación alguna, a igual salario por trabajo igual.

3. Toda persona que trabaja tiene derecho a una remuneración equitativa y satisfactoria, que le asegure, así como a su familia, una existencia conforme a la dignidad humana y que será completada, en caso necesario, por cualesquiera otros medios de protección social.

4. Toda persona tiene derecho a fundar sindicatos y a sindicarse para la defensa de sus intereses.

El derecho al trabajo no es un lujo o una aspiración, es un compromiso con la dignidad y la justicia universal que todavía no disfruta una gran mayoría de la población humana. Asimismo, no es un derecho que se alcanzan per se, es un derecho que está permanentemente cuestionado por los sectores neoliberales en aquellos países donde, gracias a las conquistas sociales, se habían alcanzado cotas próximas al enunciado de la Declaración Universal. Por cercanía, es nuestro caso, la Constitución Española en su artículo 35 deja bien claro dicho derecho, y, aunque los poderes públicos están sujetos a la norma suprema que rige nuestros destinos, hoy, a más del 26% de la población se les niega este derecho, al mismo tiempo que están cercenando aspectos sustantivos del derecho al trabajo, con continuos recortes y reformas laborales, a golpe de decretos, en nombre de los mercados financieros.

Es importante resaltar que nadie ha regalado los derechos sociales e individuales de todo tipo que disfrutan las personas en las sociedades democráticas más avanzadas, todos han sido fruto de luchas y conquistas a lo largo de la historia de la humanidad.  Nada que ver con la resignación y las opciones individualistas (¡Sálvese quien pueda!) que nos quieren imponer.

Emprendedores y los “Yo S.L.”. Danzad, Danzad Malditos

Yo_SLAño 2007, la tasa de desempleo registrada por la EPA no superó de media los 8,3%, la tasa de paro más baja en treinta años. En aquella época de bonanza nadie hablaba de emprendimiento en nuestro país, se hablaba de especulación, de obtener dinero de forma rápida en un modelo económico intensivo en mano de obra impulsado por sectores de bajo valor añadido como la construcción y el turismo. Hoy, con una tasa de desempleo del 26% y con casi 6 millones de personas sin posibilidad de trabajar, el término emprendimiento, se ha convertido en una especie de mantra que se invoca desde todos los foros como la única opción individual para salir del paro. Son innumerables los eventos sobre emprendimiento que se realizan a lo largo y ancho de nuestra geografía, en el que un reducido número de emprendedores de “éxito” se pasean explicando sus experiencias, casi siempre son los mismos. Son como los enanos, los gigantes o las mujeres barbudas que mostraban los circos a finales del siglo XIX y principio del XX. El espectáculo de los seres exóticos.

También, han aflorado los consultores “expertos” en emprendimiento y otros afines que conforman una fauna presente en conferencias, tertulias, artículos en medios de comunicación y, sobre todo, en las redes sociales. Salvo algunos casos donde brilla la honestidad, la gran mayoría son simples charlatanes, que nunca han afrontado la realidad emprendedora, y que a lo máximo consiguen hilvanar un discurso a base de frases hechas para encandilar a una audiencia desesperada.

En España, emprender no es fácil, no existe el ecosistema social y económico que lo propicie. Lo explicábamos en ¿Por qué cuesta ser emprendedor en España?. Es cierto que nos encontramos con algunos casos de personas emprendedoras que consiguen tirar adelante sus proyectos, pero la excepción no confirma la regla. Estamos en una especie de cul-de-sac, en un callejón sin salida: un empleo asalariado, tal como lo conocemos hoy en día, cada vez es más escaso y la opción del emprendimiento, como forma de autoempleo, en un contexto nada favorable. Obviamente queda la opción de la emigración, una opción que van asumiendo, cada vez más, los jóvenes cualificados en busca de nuevas oportunidades.

Es posible que el nuevo escenario socio-económico que se empieza a dibujar en nuestro país acelere la transformación de asalariado a emprendedor. Porque este nuevo escenario no es nada alentador para el trabajo asalariado ya que estamos inmersos en una importante devaluación de los costes laborales (bajadas de salarios y reducción beneficios sociales) y en una flexibilización de las plantillas (precariedad en los puestos de trabajo) como una vía para incrementar la competitividad de las empresas actuales. La Reforma Laboral del 2012 está siendo el instrumento de dicha devaluación. Asimismo, nos encontramos con una falta de iniciativas en la generación de nuevas actividades empresariales acordes con los retos del siglo XXI. Esta falta de iniciativa está propiciada por un capitalismo financiero que actualmente busca una rentabilidad cortoplacista sin ningún interés en la naturaleza de las actividades en las que invierte.  A modo de ejemplo, en todo este tiempo de crisis, los dos grandes proyectos empresariales que se están planteando es el de Eurovegas en Madrid o el BCN World en Barcelona. Son proyectos que aportan poco valor añadido a la economía, salvo lo relacionado con el ocio, el juego y el hedonismo.

Mientras tanto, la resignación, más que la indignación, se impone en el mundo laboral con las continuas pérdidas de derechos laborales. En el año 2007, en una situación de pleno empleo, la preocupación por la calidad del empleo, según el barómetro del CIS, se situaba en los diez puntos (10%), hoy, con el 26% de desempleo está en el 1,1% (febrero del 2013). La cuestión es conseguir trabajo, sea lo que sea. Se está imponiendo un pragmatismo conformista y oportunista. Hay que reinventarse, hay que adaptarse a la situación. Son las muletillas en los discursos dominantes donde se dibuja la figura del joven pragmático y practico que no deja pasar sus oportunidades. Se impone la creación de la marca personal “Yo S.L.” para destacar en un mercado laboral apretado y escaso, es la salida indivudualista. Las redes sociales son el escaparate de los “Yo S.L.”, los atrapados por la precariedad laboral, sin conciencia política y social. Una gran mayoría acríticos buenrollistas engatusados por charlatanes del dospuntocerismo que se comportan como los desolados personajes de la excelente película de Sydney Pollack, Danzad, Danzad, Malditos.

Unos considerarán pesimista esta entrada en blog, otros la considerarán una invitación al sentido de la responsabilidad y conciencia social y política, a la revuelta, a la solidaridad y la lucha contra un sistema cada vez más individualista e inhumano. Que cada uno lo interprete según su conciencia y experiencia vital.

La reforma laboral y el empleo en un contexto globalizado

Cualquier análisis de las implicaciones del reciente decreto de la reforma laboral y sus “pretendidos” efectos directos en la creación de empleo se tiene que realizar en el marco del contexto económico global caracterizado por la flexibilidad en la producción de bienes y servicios. Siendo el referente, para una gran número de economistas y empresarios, el modelo económico de producción de China. En este punto, señalar que el hecho de que la producción manufacturera se haya trasladado a este país asiático no es un hecho de la globalización, sino una elección ideológica, porque para las grandes compañías globales y los grandes inversores, el patriotismo y el proteccionismo son conceptos caducos al mismo tiempo que aplican una responsabilidad social líquida, de doble cara, adaptativa a los contextos locales donde operan (Véase: Zara, Apple, Nike y otros. Los negreros del siglo XXI).

Sin embargo, la deslocalización de la producción no se basa únicamente en los costes de la mano de obra ligada a la desregulación total de las condiciones de trabajo que las empresas globales no encuentran en los países desarrollados, también se han de considerar otros factores. Si China es, hoy por hoy, el paradigma de la flexibilidad en la producción a nivel global, éste no se limita a los costes de producción (en otros países son mucho más baratos) porque está utilizando las inversiones de las empresas occidentales y la transferencia tecnológica de éstas en innovar en sus propios procesos de trabajo. Hoy, el valor añadido de China lo encontramos en la rapidez de respuesta, la flexibilidad, el saber hacer (know-how) y, por supuesto, los costes de la mano de obra ligada a una laxa regulación laboral.

En un reciente artículo publicado por el New York Times (How the U.S. Lost Out on iPhone Work) tenemos una amplia ilustración de estas ventajas competitivas en el análisis de Foxconn Technology Group, el fabricante y ensamblador de hardware más importante del mundo que trabaja para compañías como Apple, Dell, HP, Nokia o Nintendo, entre otras.

La competitividad de la Foxconn está centrada en su capacidad de reaccionar con rapidez y servir un pedido en el plazo más corto de tiempo con una excelente calidad. Hoy la gran cadena de suministro mundial  está en China: ¿Se necesita un millón de juntas de goma?, está en la puerta de la fábrica de al lado;  ¿se requiere un millón de tornillos?, los encontrarás en una fábrica a una manzana de distancia; ¿es necesario un tornillo con unas modificaciones?, lo tendrás en tres horas; ¿se requieren 3.000 personas durante la noche para aumentar la producción y convencerlos que vivan en los dormitorios de la fábrica?, no es un problema, en pocas horas dispondrá de un ejercito de trabajadores dispuestos a ocupar los puestos demandados.  Todo esto es posible en Foxconn City, el ecosistema industrial de grupo Foxconn, el símbolo de la flexibilidad a escala hiperindustrial, gracias a una legislación laboral casi inexistente imposible de encontrar en los países desarrollados. Una flexibilidad que va mucho más allá de la mano de obra de baja o media cualificación. Según el New York Times, los ejecutivos de Apple estimaron que necesitaban alrededor de 8.700 ingenieros industriales para supervisar y guiar a los 200.000 trabajadores de la línea de montaje que intervienen en la fabricación de los iPhone. Para contratar dicho número de personal cualificado en los Estados Unidos se hubiese requerido unos 9 meses, sin embargo, en China únicamente se necesitaron 15 días.

En mi opinión, cualquier lectura de la reforma laboral tiene que encuadrarse en la opción ideológica económica-productiva que tiene como referente el actual modelo chino. Es decir, transformar las legislaciones y las economías nacionales para garantizar una mayor flexibilidad, más habilidades y menos regulación laboral para reducir los costes y ser más competitivos. Es la opción del sistema  político-económico actual dominante.

En este contexto, es posible que, con la reforma laboral, se acabe creando empleo a medio y largo plazo cuando se corrijan aspectos como el déficit y fluya el crédito para las empresas y los particulares. Sin embargo, la cuestión es saber que tipo de empleo, y todo apunta a que este se focalizará en los dos extremos del mercado: mayoritariamente en el empleo de baja cualificación, fácil de reemplazar con salarios bajos (hostelería, limpieza, seguridad, peones…) y, minoritariamente, en puestos superiores (técnicos superiores, servicios de valor añadido, directivos…). Mientras que el empleo de cualificación media (administrativos, empleados de producción y otros perfiles) son los más afectados por la deslocalización, y porque son más fácilmente reemplazables, en parte o totalmente, por la tecnología (las TIC y la robótica). En cierta medida, el efecto más directo de la actual crisis y las perspectivas de la salida pasa por la depauperación de un amplio sector de la clase media actual.

La salida profesional para una gran mayoría de las personas cualificadas pasará, más bien ya está pasando, por la movilidad geográfica a escala global (más de 300.000 jóvenes españoles han dejado España desde 2008 ante la falta de horizonte laboral). También, aprovechando las nuevas tecnologías, la otra vía es inventarse nuevas maneras de ser productivos y crear sus propios puestos de trabajo en nichos empresariales insospechados no cubiertos por las grandes corporaciones. En otras palabras, pasar del concepto de asalariado a emprendedor, un proceso que requiere crear las condiciones favorables (sociales, culturales, educativas y económicas) para dicha transformación.

Una reforma laboral acorde con el orden económico mundial dominante tiene que ir acompañada de una serie de transformaciones que permitan crear el ecosistema favorable para el emprendimiento si realmente se busca, a nivel de país, ganar en competitividad (lo comentábamos en: El Mobile World Congress y el cuento de la lechera). Lamentablemente, hoy por hoy, se está apostando por la reducción de los costes laborales y no por el incremento del talento emprendedor. Una visión cortoplacista que nos  pasará factura en los próximos años.

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