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La EPA, un indicador de la sutil violencia del Sistema

Los números y gráficas de las estadísticas socioeconómicas, en una primera mirada, muestran con frialdad los datos objetivos de determinadas realidades. En su interpretación y análisis pasamos de los fríos datos objetivos a las complejas realidades de las personas y, en la situación actual, vemos como se evidencia la sutil y efectiva violencia (mobbing) de un Sistema económico, político y social contra los sectores más débiles de nuestra sociedad. Reitero el concepto de violencia, porque estamos delante de una violencia psicológica que implica una coerción, aunque no haya uso de la fuerza física. No debemos olvidar que la coacción psicológica también es una forma de violencia.

El INE acaba de publicar la Encuesta de Población Activa (EPA) del primer trimestre del 2012 y sus datos siguen siendo desalentadores: un persistente deterioro del mercado laboral con un nuevo máximo histórico de 5.639.500 desempleados (24,44%). Un dato global que incluye una tasa de desempleo de los menores de 25 años del 52%; cuatro comunidades que superan el 30% de desempleo: Ceuta (35,50%), Andalucía (33,17%), Canarias (32,28%) y Extremadura (32,05%); o el hecho de que el número de hogares que tienen a todos sus miembros activos en paro sigue aumentado y asciende a 1.728.400 (10%)  de los 17,4 millones de familias que hay en España.

Una situación socioeconómica que se traduce en el incremento de las ejecuciones hipotecarias. En el periodo 2007-2011, la justicia española ha ejecutado casi 350 mil hipotecas (un dato que no da la “idea real” de todos los inmuebles que se están ejecutando en los juzgados, porque una única petición puede conllevar la subasta de varios bienes) que van acompañadas, la mayoría, de los correspondientes desahucios (58.241 expedientes de desahucios en 2011, según los datos del Consejo General del Poder Judicial). Sin empleo y sin vivienda, dos derechos consagrados en la Constitución (artículos 35 y 47), nos encontramos con cientos de miles de personas condenadas al tránsito de la miseria cuyo único recurso son los Bancos de Alimentos o los comedores de las ONG como Cáritas.

La violencia física produce un traumatismo u otro daño y lo produce inmediatamente. La violencia psicológica actúa en el tiempo. Es un daño que se va acentuando y consolidando en el tiempo. Cuanto más tiempo transcurra, mayor y más sólido será el daño. El Sistema utiliza una violencia psicológica con mil caras.  Practica una manipulación mental de la ciudadanía, desconoce el valor de la víctima como ser humano, en lo que concierne a su libertad, a su autonomía, a su derecho a tomar decisiones propias acerca de su propia vida y de sus propios valores. Quiere convencer a la ciudadanía (es su storytelling) que todos hemos vivido sobre nuestras posibilidades y, por lo tanto, se requiere un extenso tratamiento de reformas, ajustes y recortes que merman derechos laborales (objetivo: una mano de obra más barata y más dócil), y merman servicios básicos como la educación y la salud que afectan a la mayoría de la ciudadanía. Sin embargo, los que realmente se han beneficiado de los excesos de estos últimos años no les afectan las reformas, ajustes y recortes, al contrario, están obteniendo beneficios o esperan obtener beneficios a medio plazo de todas estas medidas. Simplemente porque son el núcleo del poder económico, social y político del Sistema, y como tales van estableciendo las reglas (normas y leyes) según su conveniencia.

Es una forma de violencia que se ejerce sobre la ciudadanía, con una estrategia y un objetivo. Buscan socavar su seguridad, su autoafirmación y su autoestima e introducen malestar, preocupación, angustia, inseguridad, duda y culpabilidad. Su metodología es perversa, va seleccionando grupos de población y pone foco en ellos para determinadas acciones programadas: los funcionarios, los pensionistas, los emigrantes, los estudiantes, los parados …  Los van culpabilizando de los males generales: unos son poco productivos (deben “olvidarse de leer el periódico y tomar el cafelito”); otros consumen abusivamente medicinas; personas sin papeles que hacen turismo sanitario; estudiantes que son unos vagos; parados que trabajan en negro… En la estigmatización de un determinado colectivo de ciudadanos, el Sistema busca la complicidad implícita o el consentimiento del resto de los ciudadanos, que, o bien colaboran, o bien son testigos silenciosos de la injusticia, pero callan por satisfacción íntima o simplemente por egoísmo: “mientras no me toque a mí“.

El Sistema es incapaz de corregir y optimizar su propio funcionamiento en beneficio de la mayoría de los ciudadanos. Le beneficia el despilfarro que se produce en la mayoría de sus estructuras de servicios públicos por una deficiente gestión. Posiblemente porque facilita la corrupción, la especulación y la demagogia en sus proclamas. Además, garantiza a sus más fieles servidores en los puestos públicos, cuando cesan, un puesto en el sector privado. Es una forma para mantener la cohesión en el núcleo del poder.

Tampoco debemos olvidar que el Sistema se reserva el derecho a la violencia y coacción física cuando considere que su sutil y efectiva violencia psicológica no es suficiente para tener dominados al resto de las personas. Porque la violencia física es el último recurso del incompetente (Isaac Asimov) y esta ha sido la constante del Sistema a lo largo de la historia de la humanidad. Espera un mes de Mayo reivindicativo, ya está amenazando: la resistencia pacífica de los ciudadanos será delito; no permitiremos la ocupación de las plazas…

Y más de uno aún se pregunta: ¿Por qué hay tanta gente indignada?…

De EPA a EPA y desempleo porque toca en una economía enferma

Hoy se ha vuelto a publicar la Encuesta de Población Activa (EPA) correspondiente al primer trimestre de 2011. Los datos son demoledores para la economía y la sociedad española a pesar de que el Gobierno, en su tradicional optimismo “brotes verdes”  declare que no son “datos sorprendentes” y no comprometen la previsión del Gobierno de que haya “clara y sostenida” creación de empleo neta a partir del segundo semestre.

Hemos de señalar que la EPA es la principal fuente estadística para el estudio de la relación de la población española con la actividad laboral y es el referente oficial para la Oficina Estadística de la Comisión Europea (Eurostat). Según la EPA de este trimestre la tasa de paro crece casi un punto y se sitúa en el 21,29%, es decir 4.910.200 desempleados. Todos los sectores reducen su número de ocupados este trimestre y el número de asalariados con contrato indefinido descienden en 139.100 mientras que los asalariados con contrato temporal lo hacen en 54.300, respecto del trimestre anterior. Solo crece el empleo a tiempo parcial (91.900) mientras que desciende en 348.400 personas el empleo a tiempo completo, es decir que además de los 4,91 millones de parados, hay un nuevo récord de 2,18 millones de trabajadores subempleados.

Con un importante impacto social, porque el número de hogares con todos sus miembros activos en paro se sitúa en 1.386.000 y el paro en los jóvenes alcanza el 45,39% en el conjunto de España (Andalucía, Canarias, Valencia y Extremadura supera el 50%).

Esta es la triste foto de un país cuya tasa de paro triplica a Alemania tras haber arrancado la crisis en el mismo nivel. La primera valoración es que el crecimiento económico de nuestro país estuvo basado fundamentalmente en la especulación y el derroche propiciado por las políticas de los Gobiernos del Partido Popular y el PSOE sin consolidar una estructura económica sostenible y competitiva.

La segunda valoración es que las grandes empresas, sobre todo las del IBEX 34, no van a crear empleo de forma significativa. Más bien continuarán con la sangría de empleo estable a través de EREs (Véase Telefónica, Bimbo, BBVA. Adiós al empleo fijo). Las PYMEs, verdaderos artífices en la creación de empleo continúan con su particular vía crucis con estructuras que no ayudan a la competitividad sin flujos del crédito (necesarios para acometer cambios en sus estructuras productivas) y con poca perspectiva de que vuelvan a fluir en el medio plazo.

La tercera valoración es que el crecimiento del paro, junto con el crecimiento de la inflación y las subidas constantes del euríbor es una combinación explosiva para el consumo interno y, por tanto, nuevo elemento en la realimentación de las tasas de desempleo. Es probable que la EPA de los dos próximos trimestres mejore gracias al empleo temporal y estacionario del sector turismo favorecido por los acontecimientos en el Norte de África y Oriente Medio, pero la EPA del cuarto trimestre volverá a mostrarnos la cruel realidad.

Por último, la cuarta valoración intenta explicar por qué con 4,9 millones  de parados (el 45,39% jóvenes) y 2,18 millones de trabajadores subempleados no hay un estallido social o las movilizaciones son más bien escasas. La respuesta es doble, por un lado la economía sumergida absorbe una parte del desempleo declarado y, por otra parte, las estructuras familiares y otras fuentes de rentas están actuando de colchón para que el 45,39% de los jóvenes y el  casi 1,4 millones de hogares con todos sus miembros activos en paro no salgan a la calle manifestando su rabia e indignación. Un parche que no se sostendrá con el tiempo y un mal remedio para una economía y una sociedad enferma después de adorar al becerro de oro durante varios años.

Estamos delante de un panorama complicado y de difícil solución a corto y medio plazo, las actuaciones cortoplacistas de la clase política y los agentes sociales y económicos únicamente sirven para ir capeando el temporal, mientras tanto, las actuaciones pensando en el largo plazo, es decir, en abordar transformaciones que permitan consolidar una economía verdaderamente sostenible y competitiva brillan por su ausencia. Esperemos que no estemos ante una reedición de la metáfora del huevo de la serpiente que asoló la Europa de los años 20 del siglo pasado.