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Martín Varsavsky. Universidades o Escuelas de Gladiadores

Martín Varsavsky, según el mismo, profesor de negocios y emprendedor, hace unos días escribió una entrada en su blog titulada “Por qué los que triunfan en la universidad rara vez triunfan en la vida”. En su tesis afirma que “No hay una altísima correlación entre los profesionales más exitosos y los alumnos mejores. En general les va bien, pero pocas veces son los más exitosos. Y lo opuesto ocurre frecuentemente”, sin embargo, en el desarrollo de su argumentación, vemos que más que una tesis es una simple opinión sin ningún fundamento, más aún, se hace un flaco favor al reivindicar su “autoridad” como profesor y no aportar ningún dato que avale la “correlación” que menciona, y su única evidencia científica es: “muchas veces los más exitosos ni siquiera terminan la carrera como se ve bien en La Red Social”. Eso sí, reivindica para sí mismo que él fue un estudiante mediocre pero que ahora es profesor de un centro de enseñanza privado que lidera rankings internacionales, al mismo tiempo que demoniza a la Universidad como reducto de alumnos brillantes con vidas mediocres.

Ignoro si Varsavsky conoce las diferencias entre los fines y objetivos de las Universidades y las Escuelas de Negocios. Le recuerdo, utilizando una alegoría con el pasado, que las primeras serian equivalente a un Ágora, a la Academia de Platón, donde se reflexiona y se sintetiza el conocimiento, mientras que la segunda tendría su equivalente en las escuelas que forman a los gladiadores para luchar en las arenas del sacrosanto mercado.

Hay una gran diferencia entre los dos tipos de centros educativos. Las Universidades nacieron entre los siglos XI y XIII, y permitieron que una parte de la humanidad viese la luz después de la larga oscuridad que reinó durante toda la Edad Media. Es por eso que la Universidad requiere alumnos brillantes, requiere rigor científico, requiere reflexión e investigación en todas las materias del conocimiento humano. Otra cuestión es que la Universidad esté en crisis en algunos países, como el nuestro, donde domina una cierta mediocridad y prolifera la endogamia. Pero esto no quita que, hoy por hoy, sigue siendo el reducto del debate y el conocimiento profundo, y estoy convencido que hay muchas personas brillantes que se consideran triunfadores en las aulas universitarias. Mientras que las Escuelas de Negocios nacieron en la segunda mitad del siglo XIX para preparar a la élite que debía dirigir y gobernar las empresas en el capitalismo de la era industrial.

Para Varsavsky, triunfar está relacionado con volverse rico, ya que es una consecuencia directa del éxito en el mundo empresarial. Nadie duda de su experiencia en su larga carrera como emprendedor, ha levantado varios negocios en el sector de las TICs y ha tenido la habilidad de venderlos en el momento adecuado. Es un buen gladiador, sabe “vencer” en las arenas de los circos que visita. Me imagino que su emprendeduría también está llena de claroscuros, no es una crítica, es la constatación de una realidad. En el mundo de los negocios se requiere arte y maña, y la mayoría de los éxitos nunca van acompañado del juego limpio ni de la transparencia total. Pero él se considera triunfador habiendo sido un alumno mediocre.

Hoy en día estamos asistiendo a una ofensiva generalizada contra la Universidad, el argumento fundamental es que no se prepara profesionalmente a los alumnos para el mercado laboral. Argumento falso, porque nunca fue el objetivo principal de la Universidad, el foco de su objetivo es la de potenciar intelectualmente a las personas, dotarles de conocimientos y de capacidad de reflexión. Se oyen voces que piden eliminar los estudios sin salidas profesionales. Son las voces de la hiperracionalización de acuerdo con las “leyes” del mercado. Es cierto que la Universidad tiene que transformarse de la misma manera que se transforma la sociedad y que se tendrá que potenciar y adecuar la Formación Profesional u otro tipo de centros para dotar de habilidades profesionales a los alumnos para que puedan “competir” en el mercado laboral del siglo XXI. Sin embargo, la Universidad o la institución que la suceda seguirá siendo importante, porque además de las personas que diseñen y construyan puentes, seguimos necesitando las personas que investiguen sobre los metales, las resistencias y la geología para que los puentes sean más óptimos desde diferentes puntos de vistas y no únicamente desde la rentabilidad económica cortoplacista. Seguiremos necesitando a personas que reflexionen sobre la metafísica y la ética, que investiguen sobre los efectos de las interacciones en los grafos sociales en Facebook, o personas que dediquen su vida a estudiar el cortejo sexual en el vuelo de las moscas.

Sin la Universidad, volveríamos a una reedición de la Edad Media, eso sí, en su versión 2.0. Algunas Escuelas de Negocios podrán estar en el ranking mundial, pero lo cierto es que no han sido los alumnos brillantes que terminaron la Universidad y están haciendo trabajos aburridos y mediocres, como los califica Varsavsky, los que han conducido al mundo occidental a una de las crisis más importante. Más bien han sido los aguerridos y ambiciosos gladiadores formados en las Escuelas de Negocios más exitosas, muchos de ellos alumnos mediocres en su vida universitaria, los que han contribuido, con sus ganas de triunfar en la vida, con sus ambiciones y con sus carencia de valores, a la debacle económica y social de muchos países.

¡Hermanos! ¡Lo que hacemos en la vida tiene su eco en la eternidad! By Gladiator.