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El ciclo electoral 2015: ni de derechas, ni de izquierda

2015Podemos y Ciudadanos aparecen como las promesas de la regeneración de la política española y se ofrecen como la alternativa de los partidos que han protagonizado la vida política española desde la Transición. Comparten algo en común: se manifiestan desde un punto de vista ideológico como transversales: ni de derechas, ni de izquierda; ni rojos, ni azules. No son los únicos, hay otros partidos minoritarios que también se manifiestan en la misma línea, sin embargo, de acuerdo con las instantáneas demoscópicas actuales, los partidos citados son los que tienen una alta expectativa de voto.

            Las reiteradas declaraciones sobre la transversalidad como ideología de los principales líderes de ambos partidos no deja de suscitar interés (en todo caso mi interés). Hasta ahora, los planteamientos transversales en las sociedades democráticas se han dado cuando un conjunto de partidos políticos, con diferentes posiciones ideológicas, confluyen para perseguir un determinado objetivo estratégico que puede ser compartido por un amplio espectro ideológico, por ejemplo: la independencia de Cataluña o la lucha contra la corrupción. Por tanto, el que un partido político declare que se encuentra o se extiende atravesado de un lado a otro del espectro ideológico puede considerarse, en la primera década del siglo XXI, como una invitación al fin de las ideologías o, como mínimo, al fin de la dicotomía ideológica izquierda-derecha. Es decir, podemos entender que en el partido transversalmente ideológico cabe cualquier persona con ideas tanto propias como distintas en una variedad de temas, pero, eso sí, alineados en el proyecto político y en las líneas estratégicas para su consecución.

            Ahora bien, para los que tenemos memoria histórica no podemos evitar una cierta desazón, porque son planteamientos que rápidamente evocan a tiempos pasados y son coincidentes, en el núcleo del concepto (“el encuadramiento unitario de una sociedad en crisis dentro de una dimensión dinámica y trágica promoviendo la movilización de masas por medio de la identificación de las reivindicaciones sociales” Noberto Bobbio), con los discursos de los movimientos fascistas o fascistizantes de la Europa de entreguerras (1918-1939) o la retórica simplificadora de algunos populismos y caudillajes de América Latina. Obviamente, con esta observación no intento establecer ningún paralelismo entre el pasado y el presente a pesar de la coincidencia en la literalidad de los discursos sobre la “transversalidad ideológica” y el foco en la clase social objetivo: las clases medias pauperizadas por las crisis. No obstante, por una cuestión de “salud” democrática, es recomendable mantenerse alerta y centrarse en discernir los objetivos estratégicos finales del partido político que invoca la transversalidad, sobre todo en tiempos líquidos. Cuando hablamos de objetivos estratégicos nos referimos al modelo de sociedad que propugnan y la calidad democrática de ésta.

            Profundizando más, con una visión más formal, la transversalidad como ideología instrumental que supera la dicotomía izquierda-derecha intenta eliminar un criterio ordenador de lo ideológico, el cual, tal como señalan diversos investigadores, facilita a actores y observadores ubicar temas políticamente relevantes en un marco comprensible y significativo. El verbo “ubicar” es la clave si consideramos que detrás de muchas de las acciones humanas siempre hay una cosmovisión, un modo de ver e interpretar el mundo de una forma integral que abarca aspectos en todos los ámbitos de la vida. Las doctrinas políticas como las religiones y los sistemas filosóficos forman cosmovisiones aportando un marco interpretativo para interactuar con la realidad y desarrollar ciertos patrones éticos y morales en temas como: el reparto del poder y la riqueza, la justicia o la solidaridad, entre otros. Por lo tanto, es pertinente la diferenciación ideológica y, en consecuencia, la confrontación ideológica entre diferentes cosmovisiones de la realidad. Debemos recordar que izquierda y derecha son términos que surgieron con la Revolución Francesa cuando los parlamentarios de la Asamblea Nacional Constituyente que votaron contra el poder absoluto del rey se situaron a la izquierda del presidente de la Asamblea y los que estaban a favor a la derecha. El termino fue una simple cuestión de ubicación de un grupo de personas en un espacio en un momento dado, es decir, fue una simple casualidad. Lo importante fue lo que dio vida a los conceptos de izquierda o de derecha, su significado: las experiencias y los compromisos de las personas que estaban en contra o a favor del absolutismo monárquico.

            Es cierto, el mundo ha cambiado en mucho aspectos en los dos últimos siglos, sin embargo, en otros aspectos nada ha cambiado. Se mantiene la explotación de hombres, mujeres y niños, en condiciones inadmisibles, ayer en los suburbios de las ciudades de Inglaterra durante la Primera Revolución Industrial, hoy, con la Globalización, en los suburbios de las ciudades de la India, Sudeste asiático, China o Sudamérica. Por tanto, mientras la desigualdad y la injusticia en el reparto de la riqueza se mantenga o se acreciente, tal como está pasando con la actual crisis, sigue siendo pertinente la dicotomía y la confrontación ideológica. En este punto señalar que el neoliberalismo es el principal interesado en reivindicar la transversalidad ideológica con el objetivo de uniformar las cosmovisiones políticas y reducirlas a simples “leyes de los mercados” como única forma de ver e interpretar el mundo.

            Sin embargo, las personas comunes y corrientes no se declaran ideológicamente “transversales”. Pueden manifestar un rechazo a la política motivado por el desencanto que les provoca la falta de coherencia ideológica o la corrupción de los partidos políticos hegemónicos, pero si les preguntamos, en general, se autoubican en el espectro ideológico izquierda-derecha tal como podemos observar en los barómetros del CIS. En efecto, analizadas las series históricas de dichos barómetros, los ciudadanos se ubican, preferentemente, en el segmento que va del centro a la izquierda. Pocas variaciones ha sufrido esta autoubicación ideológica tal como podemos observar si comparamos los datos de la situación actual con los de antes de la crisis (enero 2007) o con los anteriores a las elecciones generales 2011 que dio la mayoría al Partido Popular. Asimismo, es de destacar que más del 50% de los encuestados están claramente situado en el centro y, por lo tanto, éste es el caladero de votos donde se dirige cualquier partido que busca ganar las elecciones. No olvidemos que la alternancia en el poder del PSOE y el PP se ha producido por los pequeños desplazamientos en el centro hacia la izquierda o la derecha y, sobre todo, en la abstención como forma de rechazo o refugio de la decepción.

Autoubicacion_ideologica

            Todo apunta que las declaraciones y reivindicaciones de la transversalidad ideológica de las nuevas fuerzas políticas obedece, principalmente, a planteamientos tácticos para captar la atención del centro ideológico y posicionarse como alternativas al bipartidismo dominante desde la Transacción. Por tanto, para ubicar ideológicamente a un partido, la cuestión es intentar discernir cuales son sus planteamientos y objetivos estratégicos, porque estos, en definitiva, son los que marcan el posicionamiento ideológico en la dicotomía izquierda-derecha. Podríamos concluir que transversalidad ideológica, tal como se está planteando, es como el estribillo de “La Yenka”, aquella canción del verano de hace medio siglo obligatoria en toda fiesta o guateque, que decía: “izquierda, izquierda, derecha, derecha, adelante, atrás, un, dos, tres,…” que acompañaba un baile saltarín sobre un solo pie para terminar brincando con los dos pies juntos.

Varcelona a las 17:14. Del 11/09 al 09/11

Diada 2014Ayer, 11 de septiembre de 2014 a las 17:14 de la tarde, una inmensa concentración, por y para la independencia, configuró un mosaico cuatribarrado (la senyera) en forma de la letra V que cubrió 11 Km de las dos principales avenidas de la ciudad de Barcelona reclamando, de nuevo, el derecho a poder elegir el marco de relación con el Estado central.

Con camisetas, unas rojas y otras amarillas, cientos de miles de personas volvieron a ocupar las calles. Como en los años anteriores, la movilización ciudadana mantuvo su carácter transversal; tanto desde un punto de vista social y político de los participantes, como por su lugar de origen. Yo estuve allí y había de todo: independentistas activos –los menos-, independentistas pasivos –los más- y un sinfín de personas que acudieron por: resistencia, simpatía, omisión, suicidio, ofensa, extralimitación, estética, delicadeza, jolgorio, etc.

Si la manifestación del 11 de septiembre del 2012, la masa humana que convulsionó Cataluña y el Estado español, se caracterizó por la espontaneidad de las personas que acudieron, la de ayer fue una demostración de organización y disciplina (lo tengo que decir, no me gustan las masas uniformadas, organizadas y disciplinadas aunque se trate de una perfomance, de una puesta en escena) que superó la movilización de la cadena humana (la Vía Catalana del 11 de septiembre del 2013) que cubrió de norte a sur el litoral de Cataluña. A destacar, como un hecho de pluralidad y normalidad, el que los unionistas o “constitucionalistas de puertas trancadas” rompan su silencio (dejen de escudarse en la mayoría silenciosa) y manifiesten su presencia en las calles cívicamente y pacíficamente: ayer, unos pocos miles de ciudadanos se concentraron en el recinto del anfiteatro romano de Tarragona a favor del status quo actual.

Durante tres años, la ciudadanía catalana ha desbordado la política institucional, tanto la central como la autonómica, manifestando sus reivindicaciones. No es baladí, en términos cuantitativos y cualitativos, que entre el 15% o el 25% (en la era de la información, todavía, cuesta cuantificar las masas humanas que ocupan espacios públicos) de la población de Cataluña estuviese en las calles. Confirma, empíricamente, la voluntad de una mayoría por el derecho a decidir, el reconocimiento como nación y la soberanía sobre una cultura y lengua propia, que va más allá del pacto constitucional del año 1978, el cual estuvo condicionado, no lo olvidemos, por la transición de una dictadura a una democracia formal sin cuestionar la mayoría de las estructuras fundamentales de un Estado que nació de un golpe militar. Hoy, a la política, en su vertiente de dar respuesta y soluciones a los problemas que plantean los ciudadanos, se le acumula el trabajo de aquí al 9 de noviembre y los meses sucesivos.

Para aquellos que le guste la política, las próximos meses serán intensos, emocionantes diría yo, en la confrontación de una gran parte de Cataluña con el Estado, donde intervienen múltiples variables no controladas, tanto en el plano de política interna como externa: el impacto del referéndum de Escocia, la continuidad de la crisis económica y el desmantelamiento progresivo de los servicios públicos que afecta a la gran mayoría de la población, la corrupción política e institucional, el juego estratégico de la geopolítica en el Este de Europa, etc.

Fernández Díaz, el piadoso con 15 víctimas en su conciencia

ahogandoseEl Ministro del Interior, Fernández Díaz, ha necesitado más de un mes para admitir que: una vez comprobado lo sucedido en Ceuta hubiese sido mejor no haber lanzado pelotas de goma. ¿Una dosis más de cinismo político y humano? si tenemos en cuenta tal como han ido evolucionando las declaraciones desde aquella en la que afirmó que: las autopsias han demostrado que los inmigrantes fallecieron por ahogamiento y no como consecuencia del uso de ese material antidisturbios; pasando por: Han muerto 15 personas en Ceuta, perdón, formalmente ha sido en Marruecos.

La verdad, no era muy difícil imaginar, para cualquier persona con dos dedos de frente, que unas personas estresadas nadando hacia la playa, a las 5 de la mañana, en las aguas del Estrecho, con una temperatura que rondaría los 10 grados, sin trajes de neopreno, acosados a pelotazos de goma de los antidisturbios de la Guardia Civil (nada que ver con las pelotas hinchables de playa), estaban condenandas  “disuasoriamente” al ahogamiento.  Por supuesto, era una medida que estaba regulada por el protocolo pertinente, según el cual, se debe suponer que, por sus resultados, está por encima del sentido común, la conciencia humanitaria o el respeto de los derechos humanos más básicos. El Ministro siempre ha puesto el énfasis en que se estaba cumpliendo la normativa establecida.

El resultado es que al menos 15 personas murieron en su intento de llegar a la playa del Tarajal.  ¿Cómo calificar esta actuación?: para cualquier persona humanamente sensible es fácil deducir que no tendrá problemas para encontrar el adjetivo que le permitan calificar, sin ambigüedad y con contundencia, dicha acción tan abyecta y, al mismo tiempo, reclamar responsabilidades políticas y penales por actuaciones contra la vida y a integridad física de las personas. Sin embargo, para el Sr. Fernández Díaz, hombre de misa diaria y de rosario, fue simplemente una acción con “carácter disuasorio”.

En estos momentos, me imagino que, por coherencia, el Sr. Fernández Díaz estará realizando su acto de contrición rezando, más o menos: Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío; por ser vos quien sois, bondad infinita, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberos ofendido; también me pesa porque podéis castigarme con las penas del infierno. Ayudado de vuestra divina gracia, propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta. Amén.