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Túnez. La fe etnocentrista 2.0 en una revolución 1.0

Hace unos meses, Malcolm Gladwell publicó un interesante artículo en The New Yorker titulado “Small Change. Why the revolution will not be tweeted”, en el cual Gladwell critica la extendida opinión de que Twitter se ha convertido en un instrumento imprescindible en la lucha por los derechos civiles, así como para movilizar a la gente contra opresores y dictaduras de toda laya. Su tesis, de forma resumida es la siguiente: Twitter es eficaz para movilizaciones “débiles” y sin riesgo, pero no para las que implican compromisos “fuertes” y personalmente arriesgados, que requieren un tipo de comunicación menos virtual y más enraizada en la auténtica amistad y en la comunidad de ideas y sentimientos cotidianamente compartidos. Obviamente, la reacción de muchos tuiteros y blogueros fue inmediata, a Gladwell lo acusaron de momia anclada en el pasado porque para sus detractores Twitter es una herramienta revolucionaria que cambia las mentalidades, porque provoca la toma de consciencia en la gente sobre las actuaciones de los gobiernos.

A raíz de las revueltas-revolución en Túnez, en la blogosfera y la redes sociales han empezado a proliferar los “análisis” y mensajes precipitados y buscando la rápida notoriedad y posicionamiento en los “rankings” a partir de un par de fuentes de cuarta mano y sin haber realizado una mínima aproximación a la complejidad de las revueltas para destacar el “importantísimo papel que la red y los medios sociales han tenido en la explosión y la coordinación de las acciones que llevaron al desenlace final” (edans).  Dudo que nadie va negar que los medios sociales han estado presentes en la revuelta, pero ni han tenido un “importantísimo papel” en la explosión, ni en la coordinación.

Porque en Túnez, desde años, se estaba acumulando suficiente descontento para una insurrección popular motivada por la situación económica, social y política, y únicamente faltaba un desencadenante para su estallido y este llegó de la mano del Mohamed Bouaziz que se inmoló a lo bonzo delante de la prefectura de Sidi Bouzid, ciudad de 40 mil habitantes del centro del país. Un joven diplomado en paro, como muchos jóvenes tunecinos, que vendía fruta y legumbres en el mercado sin autorización y que, después de sufrir la confiscación de su mercancía y de apelar a las autoridades sin respuesta, decidió inmolarse por desesperación. Nada más conocer la noticia, varias decenas de jóvenes y de comerciantes realizaron una sentada pacífica de protesta y ésta fue brutalmente reprimida por la policía, a partir de este momento, la rabia y la ira acumulada contra el régimen corrió como la pólvora por todo el país. En el periódico Liberatión podemos encontrar una excelente cronología de los acontecimientos desde su inicio el día 17 de diciembre hasta la huida del Presidente Ben Alí (Véase: La “révolution du Jasmin”, de Sidi Bouzid à la fuite de Ben Ali), en estos 27 días miles y miles de personas han estado en la calle manifestándose y enfrentándose contra la policía con decenas de víctimas.

Es una revuelta donde los jóvenes han jugado un papel revelante y no se han dedicado a tuitear desde sus smarphones en la vorágine de las batallas campales, ni tampoco se organizaban desde una página en Facebook. Los centros de organización y movilización estaban presentes en los barrios, en los centros de estudios, en los cafés, en las mezquitas, en los hammans –baños públicos-, en los zocos –mercados- y en las aldeas. Para quién no conozca los países árabes, señalar que el grado de socialización de los hombres en los espacios públicos es altísimo, nada que ver con los países occidentales.

Repasando la incidencia de los medios sociales en las revueltas-revolución tunecina, ante todo señalar que una parte importante de los flujos de información que se han generado en las redes sociales son provenientes de fuera de Túnez, sobre todo en Francia, donde reside una importante población de origen tunecino y que han contado con el apoyo y la solidaridad de franceses y magrebíes de otros países. Es decir, las redes sociales ha servido para difundir e informar al resto del mundo de lo que estaba pasando en Túnez a partir de la información que se generaba internamente. Es lo mismo que pasó en el caso de Irán que se puso como ejemplo como una “revolución” 2.0 por la cantidad de flujos de información que se generaron y que casi nadie, se paro a pensar porqué la gran mayoría estaban en inglés y no en farsi, el idioma de los iraníes, tal como señaló Gladwell en su artículo.

Twitter, aunque pudo evitar la censura, no ha tenido el gran papel relevante como herramienta de coordinación y movilización, más bien ha se ha utilizado para difusión de información desde el interior o la generación de algún que otro aviso o alarma. Si alguien ha seguido durante todo este tiempo en Twitter los mensajes bajo el hashtag #sidibouzid, habrá observado que la inmensa mayoría de los tweets son en francés o inglés y una minúscula parte en lengua árabe.

Facebook, muy popular en Túnez, era la única red social sin una censura generalizada, pero todo apunta que ha actuado como caja de resonancia y crónica de los acontecimientos pero sin una incidencia destacable en las movilizaciones o en la toma de conciencia.

Las revelaciones de Wikileaks sobre Túnez han servido únicamente para que el resto del mundo descubriese que en la realidad tunecina existía la corrupción, porque nos les aportó nada nuevo a Mohamed Bouaziz y a los millones de sus compatriotas que tenían que lidiar con ella cada día.

En otras palabras, los puntos de vistas sobre el rol de los medios sociales en las revueltas-revolución son muy distintos si se analiza desde fuera o internamente. Desde fuera se ha construido el ideal de una revolución 2.0, mientras que para los tunecinos ha sido una vía abierta en un sistema con una fuerte censura en todos los medios de comunicación (de masas y sociales) para informar al mundo, e informarse ellos mismos, sobre lo que estaba ocurriendo. Importante sí, pero no determinante.

Sin censura, será interesante ver el papel real que tendrán los medios sociales en la transición política de un sistema autoritario y corrupto a un sistema democrático en un país con más del 30% de personas con acceso a Internet y una población con un alto nivel de educación según los parámetros de la región.  Será en este momento, donde se podrá evaluar la incidencia del ciberactivismo en el devenir de la política. Al mismo tiempo, los medios sociales servirán para (re)construir la historia de los acontecimientos a partir de los testimonios de las personas involucradas en las revueltas-revolución, en este punto, se señala a Facebook como un espacio ideal para estructurar y coordinar, desde las ideas, la transición política. Porque Facebook con casi 1.5 millones de usuarios concentra a toda la élite intelectual del país, desde los políticos a los poetas pasando por los profesores.

Empezamos a tener información de primera mano, como la síntesis de Al Jazeera, Tunisia’s bitter cyberwar, que rompe con la visión dominante  etnocentrista occidental más acorde con un ciberactivismo de sofá. También disponemos del sitio tunecino Nawaat.org, que durante el antiguo régimen era un espacio de información política sorteando continuamente la censura y que ha jugado un papel relevante, en estos 27 días, al romper el bloqueo informativo de Ben Ali.

Coincido con Gladwell,  las revoluciones o los movimientos reivindicativos requieren de vínculos fuertes en los compromiso y en las ideas, porque uno puede llegar a poner en juego su vida. Por el momento, para aquellos que carecen de vínculos fuertes, los medios sociales lo único que aportan y desarrollan son vínculos débiles que se deshacen a la primera de cambio. Existe un gran abismo entre el activismo en la calle y el activismo en el sofá tecleando cómodamente.

Etnocentrismo 2.0. Una visión sesgada de la realidad

En el ecosistema de gurús, profesionales y otras especies que se mueven, en general, en los entornos de la web 2.0 y, en particular, en las redes sociales online, domina una visión etnocentrista en muchos de sus análisis y opiniones y, por tanto, transmiten una visión sesgada de la compleja y diversa realidad del mundo en que vivimos.

¿Qué es el etnocentrismo?  El etnocentrismo es un concepto del ámbito de la antropología para definir la tendencia que lleva a una persona o grupo social a interpretar la realidad a partir de sus propios parámetros culturales. Asimismo, un etnocentrista considera que su grupo y sus propias experiencias  o prácticas son superiores a los comportamientos de otros grupos. Por tanto, una visión etnocentrista juzga y califica las costumbres, comportamientos, creencias y prácticas de los otros de acuerdo con una visión propia considerada como la deseable. Se asume una posición prepotente al considerar que los elementos de la propia cultura son los positivos y los lógicos mientras que los ajenos son  los negativos, atrasados o dispares.

La visión etnocentrista 2.0 considera que todo el mundo vive las mismas experiencias en la Red, sin embargo el uso de dispositivos y servicios web únicamente afecta a un determinado grupo de personas. Ni todos tienen un iPhone o una Blackberry en la mano, ni todos están en Twitter o en Facebook y ni todos están hiperconectados en la Red. Aún más, todos los que tienen un smarphone o están presentes en las redes sociales las usan y experimentan de la misma forma. Un aspecto son determinadas tendencias en las apropiaciones de unas herramientas y sus usos y otro la diversidad de las realidades que configuran nuestro mundo.

La visión etnocentrista 2.0 se asienta en un determinismo tecnológico abonado de ilusiones y mistificaciones que desembocan en falsas euforias y expectativas que conduce a una visión uniformadora y  plana, aún más, bloquea el aprendizaje porque el etnocentrista no puede aprender de algo que considera inferior o menos valioso que lo que ya tiene. El discurso del etnocentrista 2.0 se construye en oposición a lo que denomina mundo 1.0, ese mundo real donde toda la humanidad, conectada o no conectada,  se enfrenta a todo tipo de problemas o disfruta de lo cotidiano.

Es cierto que en estos momentos estamos en el final de una era, las tecnologías de la información y las comunicaciones –TICs- están aquí para quedarse, con la particularidad de que son transversales en todos los ámbitos de la vida y significa un salto cualitativo en el largo proceso de la humanidad de extender nuestros cuerpos en todas nuestras herramientas y motores para dominar la naturaleza. Con las TICs se abre la posibilidad de que se extienda y libere la memoria del ser humano así como su imaginación creadora, potenciando la interactividad, la cooperación y la colaboración entre los sujetos humanos, una posibilidad que se traducirá en transformaciones muy profundas, de la cuales únicamente percibimos algunos indicios. Aun más, aunque sea cierto que en los países considerados más “avanzados” el ritmo de las cosas van cada vez más rápido, esto no quiere decir que los cambios que provoca la Red sean igual de rápido. Esto lo podemos observar en el caso del acceso a la información y su producción que está  creciendo de forma exponencial, mientras que el conocimiento, a duras penas, crece de forma aritmética.

El etnocentrista 2.0 son como los martillos que piensan todo lo que sobresale es un clavo, sin considerar que también existen los tornillos y, por tanto, se requiere otras técnicas y herramientas para introducirlo en la madera.

El etnocentrista 2.0 señala una dirección, que se corresponde con su camino, pontifica sobre lo correcto y lo incorrecto y su posición –popularidad o influencia-  lo convierte en referente y guía en su círculo de afines. La cuestión:  si todos caminamos en la misma dirección, ¿Cómo sabremos que no hay otra?.

¿Eres un etnocentrista 2.0?….