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Fast Knowledge. Twitter propicia el conocimiento basura

Si la comida rápida –Fast Food– es considerada comida basura, el conocimiento rápido –Fast Knowledge– también podría ser considerado conocimiento basura.

Una rápida mirada al Fast Food o “comida basura” observamos que ésta  se caracteriza por su facilidad de consumo al estar acompañado de componentes que estimulan el apetito y la sed y aditivos alimentarios que potencian el sabor y la presentación, aportando mucha grasa y pocas vitaminas y proteínas, sin olvidar un cierto prestigio social de consumo al ligada a formas de ocio juvenil. Además, el Fast Food se fundamenta en un modelo de producción y distribución caracterizado por la homogenización de todos los procesos,  no hay espacio para la improvisación o las sorpresas y  todo el mundo come y saborea la misma comida – en Barcelona o en Beijing-. Lo contrario al Fast Food es el Slow Food o la recuperación del placer gastronómico que proporcionan los alimentos, aprendiendo a disfrutar de la diversidad de sabores y recetas, a reconocer la variedad y a respetar el ritmo de las estaciones del año.

Y lo mismo pasa con el Slow Knowledge conocimiento o conjunto de información que acumulamos mediante la experiencia, el aprendizaje o través de la introspección, y que interrelacionamos para generar nueva información la cual, a su vez, es fuente de nuevo conocimiento. Una espiral que crece y crece a través de  un proceso lento de percepción sensorial, entendimiento y razón. Un proceso donde la dialógica es clave con la aportación de argumentos y refutaciones basados en pretensiones de validez y no de poder.

Lo contrario es ese conocimiento explícito basado en la creencia, la opinión o la sentencia que forman parte del ámbito de lo probable y lo aparente, un conocimiento basura –Fast Knowledge– por su rapidez en la adquisición saltándose todo el proceso cognitivo. Y Twitter, por sus características, es como un local de comida rápida donde la transmisión de conocimiento queda estandarizada en un formato de 140 caracteres sujeto al flujo continuo de los timelines y los retuiteos, un flujo donde domina el divagar, la ocurrencia y la sentencia sin fundamentos y sin argumentos. Además, por su componente social –seguidores/seguidos- se consolidan ciertos clanes de “poder-influencia”, donde las fobias y las filias están al orden del día, y donde se tiende a hacer piña con los afines rehuyendo de la razón de la crítica para pensar y analizar la realidad en que vivimos. Se evita la confrontación de las ideas, se intenta desviar la atención o no contestar nada, callando o fingiendo que lo aducido por otra persona no existe y, por tanto no necesita réplica.

El resultado es que para un número indeterminado de personas el flujo de su timeline es su fuente de conocimiento, tanto en la producción como en el consumo,  y, por tanto, como en la comida basura mucha grasa y pocas vitaminas y proteínas.

Esta reflexión no invalida Twitter como espacio social virtual/real de relación, comunicación, promoción o para compartir referencias a terceros –artículos, libros, blogs, noticias, etc.- que nos permite alimentar nuestro Slow Knowledge.

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