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Medios Sociales. Ubicuos en hiperrealidades recreadas

La Red se consolida como un ecosistema donde podemos ser ubicuos gracias al alto grado de hiperconectivdad entre los espacios públicos y los privados, entre las personas, entre los objetos y entre los sistemas de información. Un ecosistema donde sus actores podrán mostrar su capacidad de dispersión, variabilidad y flexibilidad, que les permita tolerar y adaptarse rápidamente a nuevas condiciones cambiantes en muchos de sus ámbitos de la vida.

La interacción objetos y personas en la sutil araña que los envuelve, en nubes deslocalizadas de servicios y prestaciones en un híbrido real-virtual, es el terreno abonado para las hiperrealidades que, cada vez más, modelarán y filtrarán de manera radical la manera en que percibimos un evento o experiencia. En otras palabras, vamos hacia una conciencia donde experimentamos la realidad a través de la ayuda de otros y, por tanto, nos dificultará la distinción entre la realidad y la fantasía. Por ejemplo, la imagen de aplicaciones sociales como Twitter o Facebook, puede crear, para muchos de sus usuarios, la ilusión de un mundo que promete en “cantidades” infinitas una serie de valores asociados a los medios sociales (el mundo 2.0) como la comunicación horizontal, la colaboración desinteresada, la transparencia, etcétera. Sin embargo, en realidad estas herramientas no representan nada (salvo su utilidad como facilitadoras de algo), y los valores que se vehiculan no son ni idénticos ni infinitos por la propia complejidad social y humana. No olvidemos que para un número significativo de usuarios estar presentes de forma activa en Twitter o en Facebook tiene un valor de signo, es decir que indican algo sobre él en el contexto de un sistema social, en este caso, afirmar su condición de “puntero” tecnosocial, una actitud que no está tan lejos de la del rico que compra un yate para reivindicar su estatus de rico.

La ubicuidad como acto de estar presente y vivir en continuo movimiento siempre hiperconectados, hipergeolocalizados, hiperinformados, con una superabundancia de servicios a nuestra disposición es la tendencia que se percibe en el horizonte más próximo. Por ejemplo, el iPhone de Apple o los smartphones con el Android de Google nos permiten estar siempre conectados, geolocalizados con ciento de miles de aplicaciones de todo tipo a las que podemos acceder y que nos prometen una vida mejor.

Ni bueno ni malo, es el mundo, es el sistema social que estamos construyendo, algunos de forma activa y otros de forma pasiva. ¿Qué opinas?

Hacia una Red ubicua: La hiperconectividad objetos/personas

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Si dispones de un televisor LCD de Sony “Bravia” de última generación conectado a Internet con un telemando que integre un lector “FeliCa“, puedes acceder a una plataforma de servicios y , por ejemplo, obtener video bajo demanda, realizar compras online, consultar diversas informaciones o efectuar otras muchas transacciones. Para pagar estos servicios, lo único que tienes que hacer es acercar tu tarjeta de pago con un chip tipo RFID (Identificación por Radiofrecuencia) al telemando del televisor y la transacción se realizará automáticamente. Estas tarjetas actúan como  un monedero virtual de  crédito/debito con cargo a una cuenta bancaria encriptada o de prepago anónimo, la cual se puede recargar con el saldo que se desee en comercios, distribuidores de billetes y otros puntos acreditados.

Pero el concepto de FeliCa va mucho más allá de un simple mecanismo de pago. Por ejemplo, en la cadena de TV que estamos viendo,  aparece la publicidad de un restaurante, de un hotel, de un comercio cuyo “glamour” nos seduce, nada de levantarse del sofá para buscar papel y lápiz para anotar la dirección, con solo acercar nuestro teléfono móvil con el chip RFID al telemando y pulsando la tecla “FeliCa”  la dirección, el teléfono y otras informaciones quedarán grabadas en nuestro móvil.

Otra situación, si practicas footing cada mañana para mantener el tono corporal y llevas un podómetro con el chip RFID, cuando regreses a casa, lo acercas al telemando y pulsando la tecla “mágica” los datos se trasferirán  automáticamente a la plataforma de servicios y en el televisor dispondremos de gráficos con el número de pasos, las calorías quemadas, los kilómetros recorridos, etc. Y así, cientos de aplicaciones que los japoneses ya están utilizando. Se estima que en estos momentos están en circulación más de 350 millones de chips RFID del tipo FeliCa comercializados por Sony. En el Japón ya son un estándar de facto y están incorporados en decenas de variantes de tarjetas (transporte, pago, fidelización, empresa, club deportivo, escuela…) en plástico o integradas en los teléfonos móviles.

Los chips RFID integrados en cualquier objeto susceptible de ser marcado electrónicamente de la misma forma que si marcamos con un código de barras, permiten el acceso y la interacción con lectores integrados en un número cada vez más creciente de equipos conectados a la Red. Una especie de “¡Ábrete Sésamo!” que nos da entrada a una inmensidad de aplicaciones utilizando dos dispositivos básicos asentados en nuestras vidas cotidianas para interactuar con la Red: el telemando del televisor y el teléfono móvil.

Pero no únicamente hablamos de objetos conectados a la Red,  la hiperconectividad va mucho más allá, desde la posibilidad de utilizar píldoras RFID especiales para los seres humanos y animales, un sistema patentado por Kodak,  con el fin de obtener y transmitir información fisiológica o como un componente de identificación incorporado en los seres vivos. Además, no sólo incorporamos a la Red objetos y seres vivos, también se pueden inundar los espacios públicos y privados de marcadores electrónicos, los “ucodes”,  como propone y está desplegando en las calles de Tokio  Ken Sakamura, Director del Ubiquitous Networking Laboratory, para obtener información e interaccionar con nuestro entorno exterior. Sus aplicaciones son numerosas, dos ejemplos:  los ucodes en las aceras pueden guiar vocalmente a los ciegos utilizando su bastón que actúa como un dispositivo de lectura y comunicación, o la aplicación como  guía para que los turistas vayan recibiendo por el teléfono móvil información sobre monumentos u otros sitios de interés en su recorrido turístico.

Esta tendencia hacia una Red ubicua, hiperconectada donde el espacio público y privado, los objetos y las personas interaccionan constantemente, plantea el dilema de las dos caras de la tecnología vigente en nuestra sociedad del siglo XXI: el debate permanente  sobre su bondad (factor de progreso) o su perversidad (los peligros inconmensurables, sobre todo, para los derechos de la privacidad).  Un tema con amplías e importantes connotaciones sociales, económicas y culturales.

Sony BRAVIA W5/F5 Official Video

FeliCa Video about NFC RFID